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Tema: Pokémon Snatcher Airen

  1. #1
    Thief Egg/Usuario Avatar de Seth White
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    Pokémon Snatcher Airen

    Una nueva aventura llena de oportunidades, ¿ilusionante, verdad? No cuando las cosas se tuercen de semejante manera. Ahora es el turno de Airen de avanzar, pokécepo en mano, en su busca desesperada de la verdad en una guerra clandestina que no perdona vidas de propios ni de extraños.

    Pokémon Snatcher Airen (+16)
    Género: Dramático, Bélico, Acción.

    El fic ya estaba escrito en otro foro, donde contaba con +90 episodios, yo lo he continuado en mi ordenador, llegando hasta casi 130, por tanto, es muy posible que se publique muy rápido, invito a todos los lectores a comentar independientemente de en qué punto de la historia estén, toda ayuda será muy agradecida. Y sí, el fic data desde mis comienzos como escritor y no ha sido reescrito, por lo que cuenta con errores de aúpa durante las primeras entregas que irán mejorando a medida que la historia avance, me gustaría que se notara mi evolución al teclado durante estos tres años en los que he aprendido a amar el bonito arte de la literatura. Sin más, las aventuras de Airen

  2. #2
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    Prólogo/Prologue

    Un joven de unos dieciséis años estaba tirado, de una manera que podía ser considerada de mala educación, en el asiento de un avión que lo conduciría al destino que llevaba esperando desde que entró a estudiar.

    El chico, de pelo castaño oscuro enmarañado y despeinado, se asomó a la ventanilla y contempló el azul del cielo de aquel día catorce de septiembre a través de sus ojos marrones. Echó la mano al interior del bolsillo del pantalón vaquero largo que llevaba y sacó una especie de tarjeta en la que una foto de carné de su rostro estaba dispuesta junto a algunos datos.

    Nombre: Airen
    Apellido: Sidos
    Fecha de nacimiento: 7/11/1994

    Airen iba a empezar una nueva etapa en su vida, pero detuvo todos sus pensamientos grandilocuentes cuando el avión aterrizó. Bajó del avión entre una marabunta de chavales de su edad que descendían las escaleras visiblemente apresurados y se introdujo en la estructura del aeropuerto. Recogió su maleta dentro de aquel edificio en el que parecía que se había puesto esfuerzo arquitectónico para intentar embellecerlo a parte de hacerlo útil, con sus paredes color crema.

    El aspirante a estudiante agarró su maleta por el asa y echó a caminar hasta llegar fuera de la estructura, el nuevo objetivo: encontrar el autobús que los llevaría a la residencia donde todos aquellos estudiantes pasarían prácticamente un año entero; finalmente localizo aquel autobús, cubierto por capas de diversos tonos de azul y se internó en el vehículo, no sin antes cargar su maleta. El autobús se fue llenando de lo que podían ser otros estudiantes, hasta que finalmente el conductor optó por arrancar y el viaje empezó. Airen se amenizaba el viaje mirando por la ventana, observando el paisaje cambiar, o simplemente mirando hacia los diversos coches que adelantaban al bus mientras jugueteaba con algunas de sus pokéballs, consciente de que para un estudiante de su edad era relativamente poderoso, lo cual había demostrado ganándose una beca para una prestigiosa academia que le había captado para su proyecto de formación.

    Airen iba solo en el autobús, no conocía a ninguno de los jóvenes que estaban apuntados al curso, la mayoría, se imaginó, vendría de familias adineradas o serían becados como él. Pero nada de eso importaba, él tenía que aprovechar e intentar brillar y destacar, como fuera.

    A los diez minutos el autobús se detuvo en lo que parecía una urbanización de alojamientos y las puertas del vehículo se abrieron de par en par con el característico sonido de puertas de bus deslizándose hacia afuera. El joven bajó, entre la muchedumbre de otros tantos chavales de su edad, a por sus maletas, las cuales logró, exitosamente, extraer del maletero del vehículo de motor, antes de dirigirse a la recepción del alojamiento, donde varias recepcionistas atendían del mejor humor posible a todos los estudiantes que se les ponían por delante en búsqueda de su habitación.

    — ¿Cómo te llamas?

    — Airen, Airen Sidos

    — Vale, aquí tienes— respondió la recepcionista

    Airen cogió de las manos de la mujer una tarjeta llave con un número “117” grabado. Undécimo mes, séptimo día, el cumpleaños de Airen, más sencillo de recordar. Airen agarró sus cosas y emprendió el camino a su habitación. Por el camino tuvo que subir unas escaleras que lo llevarían a la primera planta. El edificio realmente parecía un hotel, con sus paredes cuidadas, su suelo enmoquetado y su sinfín de puertas que parecían totalmente metálicas, aunque realmente era madera con una simple cobertura de metal. El chico al fin localizó la habitación, introdujo su tarjeta en la ranura y con “clic”, la puerta se abrió. El joven sacó la tarjeta llave y entró en la habitación.

    Airen estaba sorprendido, era bastante mejor de lo que esperaba. Una habitación individual, con una cama en un lado y al lado un escritorio con tres cajones y, sobre él, un ordenador portátil de última generación. En el extremo opuesto a la cama había una enorme y larga mesa presidida por un televisor plano, que no era demasiado grande, pero sí lo suficiente y además de excelente calidad. Al otro lado de la cama, paralelo al escritorio, se disponían dos armarios donde se suponía que debía ir su ropa, a su lado una puerta que llevaba al baño y justo en el lado opuesto al lado del escritorio, un enorme ventanal que daba a la terraza. De repente algo sacó al joven del análisis de entorno que estaba realizando. Una profunda y grave voz masculina retumbo por las paredes, ya que todo el edificio debía de llevar un sistema de megafonía, de acuerdo con las deducciones del estudiante.

    — Estudiantes, hoy tienen el día libre, desempaqueten sus cosas y exploren los alrededores, mañana comenzaran las clases en una carta personalizada que recibirá cada estudiante— retumbó la voz.

    Airen escuchó atentamente las instrucciones y procedió a abrir su maleta, fue colocando ordenadamente todas sus prendas en los armarios. El proceso le llevaría al joven entrenador más o menos un cuarto de hora, tras lo cual se duchó en la cabina de ducha que tenía el cuarto de baño y se cambió. Cogió sus Pokémon y salió a dar una vuelta, a contemplar los alrededores. Algo lejos del edificio se disponía un bosque muy cuidado y que parecía no haber tenido que soportar la mano destructora del hombre. En él los Pokémon correteaban libres, sin las ataduras de un humano. Cerca de las residencias había un enorme edificio, blanco, construido en placas de metal y con enormes cristaleras. Era un laboratorio Pokémon. Airen empezó a divagar con la posibilidad de visitarlo en las clases. Una voz le sacó de su ensoñación.

    — ¿Eres nuevo aquí, verdad?

    Una cierta chulería emanaba de aquella voz. Airen sabía que estaba ante el primer reto de la nueva página del libro de su vida. Se dio la vuelta y encaró a su adversario. El retador iba vestido con unas bermudas a cuadros y una camiseta morada. Llevaba el pelo engominado y se volvió a dirigir al silencioso Airen.

    — ¿Qué pasa, novato? ¿Quieres pelea?

    Airen sacó una pokéball rápido del bolsillo y la dejó caer a su lado, un estallido de luz reveló al Pokémon de preferencia del joven Sidos, su Infernape, su piel marrón oscura de mono cubierta en el torso por pelaje blanco más denso y por muñequeras y rodilleras doradas, las piernas dobladas, la marca de color rojo sangre sobre los ojos y las llamas emergiendo con fiereza desde su cabeza presagiaban que una tempestad de fuego y golpes brutales lloverían cual salvaje tormenta sobre su oponente.

    — Uy, el novatito quiere pelear

    Airen se mantuvo en silencio mientras su oponente arrojaba una ball al suelo, de la que emergió un fuerte Swampert. El Pokémon pez lodo, caracterizado por su brutal fuerza física, gracias a su gran cuerpo, tenía dos aletas sobre la cabeza, bajo las cuales se alojaban unos ojos de globo amarillento que estaban clavados en un Infernape que le retaba con su sonrisa picaresca, trato compartido con su entrenador, Airen Sidos. El chico de pocos modales que había retado a Airen dio la primera orden:

    — ¡Hidrobomba!

    Swampert se puso a cuatro patas y lanzó un enorme chorro de agua a gran presión por su boca, abierta de par en par.

    — Esquiva— contestó Airen

    Infernape se movió a un lado y escapó del rango de acción del ataque con facilidad. A fin de cuentas eran un Pokémon muy rápido. Era la hora del contraataque

    — Ultrapuño.

    Infernape echó un brazo hacia atrás y cerró el puño, que comenzó a desprender un aura blanco-azulada. El mono, con un rápido salto se lanzó a gran velocidad sobre Swampert y le estrelló su puño en la cara con ferocidad. El impacto logró levantar a Swampert del suelo y hacerlo retroceder varios metros, hasta que finalmente aterrizó, herido. Con esfuerzo, ya que el golpe había sido doloroso, Swampert se levantó, con la expresión del dolor en el rostro. El retador de Airen cambió su estrategia…

    — ¡Danza lluvia!

    — Mofa— replicó Airen

    Swampert rugió y se rodeó de un aura azul, pero Infernape le hizo una provocación con su dedo que le cabreó y detuvo el movimiento. “Perfecto”, pensaba Airen, sabiendo que la situación se estaba decantando de su favor…

    — Hierba lazo.

    Los ojos de Infernape desprendieron un brillo verde y unas hierbas del suelo ataron los pies de Swampert, forzándolo a caer al suelo. Swampert ya no se volvería a levantar. Fin del juego. Sin mediar más palabra, un frío Airen guardó a Infernape y dio la vuelta, hacia su habitación, para descansar.
    Última edición por Seth White; 23-02-2014 a las 09:17 PM.

  3. #3
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    Capítulo 1/Chapter 1
    Lo que más valoras/What you value the most

    — ¿Qué es lo que más valoras?

    De repente Airen se despertó con un escalofrío recorriendo su cuerpo sudoroso. Una voz de pesadilla lo había sacado de su estado de sueño. Airen estaba bien despierto, sin ninguna somnolencia, debido a la pesadilla que acababa de experimentar. Era justo la hora de levantarse. Airen salió rápido de la cama, y fue a ducharse y a vestirse. Era la hora de desayunar, para lo cual debería ir al comedor que estaba en la planta baja del edificio.

    Ya vestido, el entrenador sacó de una caja con una tapa transparente seis cápsulas que comprimían sus seis pokémon y echó un vistazo a las zonas superiores de las seis, de color carmesí, para poder ver por la parte traslúcida a sus chicos, a los cuales les dedicó una sonrisa matutina, antes de introducir en sus bolsillos las seis balls. Estaba listo para ir a desayunar.

    El comedor era inmenso, con grandes mesas repletas de sillas a ambos lados. En las esquinas, comida en plan buffet libre. Airen comió unas tostadas y un café a toda velocidad y volvió a su habitación a la carrera, donde encontró un sobre bajo la puerta. El joven entrenador abrió la puerta y recogió y abrió el sobre, cuyo contenido rezaba:

    “Estimado alumno Airen Sidos

    Deberá usted dirigirse a las 9:00 horas a las instalaciones del laboratorio cercano a la residencia, donde recibirá sus clases desde septiembre hasta diciembre.

    Atte. El director”

    Airen dejó escapar una sonrisa pícara y dejó la carta en la mesa, dejó su cazadora negra en la cama y se quedó con una camiseta azul marino y unos vaqueros. Salió de la habitación, cerró la puerta y echó a andar hacia el laboratorio…

    Subió una pequeña escalera y se plantó ante las puertas del edificio, transparentes como su principal material, el cristal. Las puertas salieron hacia fuera y se abrieron, para regocijo del joven estudiante, que se internó en el edificio.

    Aquello por dentro era una maravilla. Las paredes metálicas blancas, las puertas automáticas, todo lo que daba al exterior estaba acristalado. Transmitía sobriedad y elegancia a la vez. A Airen le encantaba aquel edificio.

    —Oh, tú eres el nuevo— una voz femenina sacó a Airen de su ensoñación.

    Airen bajó la vista y vio a la susodicha persona. Era una asistenta de laboratorio, Con una blusa blanca y unos vaqueros cubiertos por una clásica bata blanca que llevaba desabrochada, tenía ojos verdes y el pelo castaño claro recogido en un moño. Airen le echó unos veinte años más o menos. Tenía pinta de ser la novata de la instalación.

    — Sí— contestó Airen

    — Sígueme. Por cierto, me llamo Cecile.

    — Airen, encantado.

    Airen le estrechó la mano a Cecile, que le guió al lugar donde pasarían la mañana en labores de investigación. El estudiante en prácticas no reconocía ningún rostro familiar, por lo que preguntó a su nueva profesora:

    — ¿No han venido más estudiantes?

    A lo que Cecile respondió:

    — No, los demás habrán ido en grupos a otros lugares. El único destinado al laboratorio eres tú.

    — Vale…
    Subieron a la segunda planta en ascensor. El ascensor también estaba acristalado, dando sensación de elegancia y deleitando al personal con unas esplendorosas vistas de la residencia de estudiantes, la pradera y el bosque del fondo, atravesado por una carretera.

    — Vamos— le avisó Cecile

    Cecile y Airen bajaron del ascensor y el joven entrenador le siguió los pasos a la que sería su mentora. Cruzaron un pasillo, y tras pasar dos puertas, entraron por la tercera a mano derecha.

    Era una habitación amplia, con microscopios, piezas metálicas pequeñas de distintas formas y tamaño, pokéballs y un montón de dispositivos de diferentes formas y utilidades que Airen fue incapaz de identificar. A un lado de la sala, un buen escritorio de un tamaño considerable lleno de papeles cuidadosamente apilados y ordenados. Sobre el escritorio también descansaba un pequeño contenedor

    — Bienvenido a mi despacho

    — (Tiene despacho propio…)

    — ¿Te gusta?

    — Está bien

    — Aquí me organizo. También tengo mis pequeños logros personales. — Dijo Cecile mientras señalaba los distintos dispositivos.

    La investigadora cogió unos papeles de su mesa.

    — Vamos a una sala de investigación cercana.

    Cecile abandonó el despachó y Airen la siguió. Bajaron por unas escaleras de caracol, con peldaños de madera, aunque fuertes y resistentes, a una zona de la planta baja totalmente inaccesible por otros medios. Era un pasillo corto, con cuatro puertas que llevaban a cuatro salas de investigación distintas.

    — Bienvenido a…— El mensaje de Cecile fue cortado repentinamente por el brutal sonido de una explosión y el subsecuente temblor. La pared del fondo había recibido daños considerables y por el enorme agujero que le había causado la explosión entraba el humo a raudales. El fuerte rugido de un motor empezó a hacer temblar los tímpanos de Airen y Cecile. Una enorme motocicleta de gran tamaño entró por el agujero de la pared, iba directa a embestir a la joven investigadora.

    — ¡Te tenemos, asquerosa!— Gritó al asaltante desde la moto. Un hombre rapado al cero con un chaleco de cuero negro y unos vaqueros.

    Airen no supo lo que le empujó a actuar en ese momento, pero simplemente reaccionó. Su cuerpo simplemente se movió. Se movió de un salto hacia Cecile. Le apoyó las manos en la espalda y aplicó la fuerza necesaria para sacarla de la trayectoria de la moto. Al precio de recibir el impacto él mismo.

    ¡ZAS!

    La motocicleta embistió brutalmente a Airen en el pecho y lo lanzó volando varios metros hacia atrás, hasta que se golpeó con la pared. Tras el impacto, Airen, con un hilo de sangre cayendo de su boca, cerró los ojos y cayó seco al suelo…

    Cecile huyó de la escena, para buscar ayuda. Cuando llegó, acompañada por un par de científicos con sus Pokémon, ya parecía demasiado tarde. El asaltante había desahuciado a Airen de sus Pokémon, y el joven yacía más muerto que vivo en el suelo de aquella sala. Pero no estaba solo… Alguien cuidaba ya de él…

  4. #4
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    Capítulo 2/Chapter 2
    Renacimiento/Rebirth


    Airen abrió los ojos, tras unas horas en coma inducido. Lo único que vio fue un techo blanco sobre él, así que, con fuerzas renovadas, se incorporó. Estaba tumbado, en una cama, de un hospital quizás. La puerta se abrió al momento, lo cual identificó por el típico ruido del deslizamiento del mecanismo y una persona que no le sonaba de nada entró por la puerta. Se trataba de una mujer con una blusa blanca y unos vaqueros cubiertos por una clásica bata blanca que llevaba desabrochada, tenía ojos verdes y el pelo castaño claro recogido en un moño. El paciente estimó que estaba en sus veintes mientras le echaba una mirada analítica, preguntándose qué narices hacían tanto él como ella allí. A Airen no le sonaba absolutamente de nada. De hecho, ¿qué hacía él en un hospital?

    Sin comerlo ni beberlo la mujer sonrió y se asomó a su rostro la expresión de la felicidad.

    — ¡Estás bien!

    — Eh…— balbuceó dubitativo Airen.

    Airen estaba dudoso. No sabía quién era esa mujer, por qué se alegraba de su buen estado ni mucho menos el motivo de su estancia en el hospital. Pero, yendo al origen de todo esto: ¿Cuál era su nombre?

    — Errr… ¿Qué hago aquí? ¿Quién eres? ¿Quién soy?

    —Airen... Soy Cecile, ¿te pasa algo?— contestó ella

    ¬— ¿Ce… Cecile?

    De repente, un hombre vestido de bata blanca y con lo que se suponía que era una identificación colgada del pecho abrió la puerta y entró en aquella sala de rugosas paredes,. Tenía una calva considerable y un poco de pelo canoso en el cogote, de 50 años no bajaba, pensaba Cecile. Era el médico de Airen:


    — Señorita, por favor, deje descansar al paciente, lo necesita. Padece de amnesia retrógrada severa.

    Pero Cecile no se calmó. Seguía nerviosa, temblando como gelatina agitada.

    — Este chico está aquí por mi culpa, por lo menos, déjeme pedirle perdón, se lo ruego.

    Airen y Cecile tuvieron una breve conversación en aquella sala. La investigadora le dio sus datos, los pocos que conocía y le relató su encuentro en el centro de investigación y el ataque de los hombres misteriosos, como Airen le salvó y como fue encontrado con dos Pokémon, un Espeon y un Umbreon, que se suponía que le pertenecían. Airen no podía reconocer si eran suyos o no debido a la amnesia, pero tenía las dos balls en su mesilla y consideraba que un amnésico desarmado era como un suicida con una cuerda, quizá alguien quisiera sacar ventaja de su trastorno mental…

    Dos semanas más tarde…

    Unas puertas automáticas de cristal se abrían de par en par reflejando la luz del Sol de la mañana y Airen atravesaba su umbral con calma. Tenía lo que buscaba inicialmente, la estabilidad psíquica y el alta médica, recuerdos ninguno, pero ya irían llegando. Lo único que tenía era su puesto como estudiante en una prestigiosa academia, una reclamación de Cecile, a la que ya “reconocía”, para ser su asistente personal, que le fue concedida (Airen y ella tenían que verse en su despacho aquel día) y a un Espeon y un Umbreon con los que ya había peleado contra algunos médicos, con excelentes resultados.

    En cuanto Airen llegó al centro de investigación, llegó, con un poco de ayuda de los empleados, al despacho de Cecile, donde ella ya le esperaba. Se la notaba seria, mucho más de las veces que había ido a visitarle al hospital.

    — Toma asiento.

    Airen sabía que no era momento de tonterías y se sentó, también con un semblante muy serio.

    — Airen, tenemos que hablar de algo importante, de los que te atacaron…

    —¿Venganza, tal vez?— respondió Airen con más calma de lo esperado.

    Cecile le contestó aún más seria e ignorando la respuesta de Airen.

    — Son ladrones de Pokémon. No vinieron aquí por casualidad, buscaban esto…

    La joven investigadora bajó la cabeza y rebuscó entre los cajones de su escritorio hasta encontrar una especie de guante sin tela cubriendo los dedos. Era de color negro, con una línea quebrada roja oscura rodeándolo por la parte central.

    — Es mi último invento, el Pokécepo, permite robar Pokémon en combate. Ellos saben de mi invento, lo quieren y además —soltó una lágrima— tienen a mi… a mi hermano, un año mayor que yo. Y a los Pokémon que llevabas contigo aquel día.

    Airen se mantenía frío y distante, era un amnésico, no tenía ni idea de en quién confiar

    — Deduzco una cosa, no puedes denunciarlo a la ley porque sería un lío enorme si descubrieran lo del Pokécepo y no eres buena luchadora, por lo que no puedes resolver el lío tu solita.

    Cecile dejó escapar una leve sonrisa pícara

    — Eres muy agudo, Airen, por eso te necesito, ahí entras tú. Han robado Pokémon de toda la isla. Nuestros objetivos, recuperarlos, incluyendo a los tuyos y averiguar lo que ha sido de mi hermano. Te vi en tus combates de práctica en el hospital. Eres muy bueno, además el cepo estará más seguro contigo que conmigo, tú lo podrás proteger y usarlo para arrebatarles los Pokémon a esos tipos.

    Y le tiró el apreciado dispositivo a Airen, que comprobó agradablemente como encajaba perfectamente en su mano derecha.

    — Recuerda aquí a las 9:30 todos los días para las clases prácticas, ya iremos maquinando luego. Ah y… sé que no tienes por qué tomar parte en esta guerra pero…

    — No tengo a dónde ir, ni qué hacer, además tienen algo que es mío—replicó tajantemente Airen.

  5. #5
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    Capítulo 3/Chapter 3
    Primer asalto/Round 1


    El mundo de Airen después de sus problemas amnésicos era todo un misterio, sabía que estaba escolarizado pero no sabía cómo ni por qué, un par de llamadas de personas que decían ser sus padres le dejaron algo en claro, pero él no se creyó nada del todo. Podían intentar manipularle. Solo confiaba en Cecile, ya que si tenía en su mano (como guante en la derecha) un dispositivo tan preciado, sería que ella confiaba en él.

    Airen seguía asistiendo a clases prácticas con Cecile, por lo que veía menos con los otros alumnos de los que no sabía nada. Dudaba que el tema de su extraño mitón les importara en absoluto. Como mucho le dirían “que no va a la moda”. A Airen le daba igual, él solo quería sus Pokémon y sus recuerdos, además por culpa de la amnesia había olvidado su clave del sistema de almacenamiento y no podía acceder a los demás (si es que los tenía). Meterse en la “guerra” que planteaba Cecile era un suicidio y el amnésico lo sabía, solo era un entrenador amnésico con dos Pokémon…

    Tras una clase de Cecile teniendo como tema central los Pokémon de fuego,volvió al enorme comedor escolar. Aquello parecía un hotel, un lugar enorme con montones de mesas y buffet libre. Se hizo un bocadillo rápido y salió a los prados de fuera a comérselo. Quería estar solo y no llamar la atención…

    ¡FLASH!

    Airen sintió cómo una bola de fuego pasaba por delante de su cara y cómo la temperatura de su cuerpo subía varios grados mientras unas gotas de sudor empezaban a recorrer su rostro.

    — Ese guante es muy chulo, y me darán una buena suma si lo entrego—pronunció una voz desconocida para el joven.

    El enfermo de amnesia se giró y vio una figura que no le parecía familiar para nada. Tenía pinta de ser otro estudiante, camisa y pantalones con pinta de caros… dedujo que se trataba del típico chico al que le habían pagado sus estudios por ser de buena familia, al contrario que él, que había recibido una beca, según le habían informado tras el accidente. Al lado del chico, de pelo rubio sucio engominado, había un Charmeleon, lagarto bípedo cubierto en escamas rojas con una llameante cola, el autor del fuego que había intimidado a Airen y un Donphan, cuyos potentes colmillos brillaban con la luz del sol y cuya armadura de color negruzco parecía impenetrable para los Pokémon de Airen. El estudiante desconocido se cebó más con el entrenador, parecía saber más de lo que debería…

    — Ahora ya no tienes a ese Infernape tuyo, ¿qué harás?

    Airen no tenía ni idea de a qué se refería con lo del Infernape contestó con palabras sino con actos, dejó caer las dos balls al suelo, que revelaron las dos Eeveeluciones, diametralmente opuestas, luz y oscuridad, día y noche, psíquico y siniestro, Espeon y Umbreon.

    — Dime tu nombre—exigió Airen

    — Me llamo Arthur, y por lo que sé, tú te llamas Airen—respondió Arthur— esto no es nada personal, pero lo siento… ¡Lanzallamas!

    Airen había pasado poco tiempo con Espeon y Umbreon, pero sabía perfectamente cómo combatir con ellos y dio comandos a ambos

    — Espeon, pantalla luz, Umbreon, bloquea.

    Charmeleon abrió la boca y un chorro de fulgurantes llamas salió disparado hacia Airen, pero Umbreon, protegido por un aura cristalina de tonos amarillos, encajó el bloque sin ningún problema, dejando a Arthur un poco descolocado. Airen continuó con su asalto.

    — ¡Tóxico a Donphan y psicorrayo a Charmeleon!

    Espeon saltó desde detrás de Umbreon y disparó un fino rayo de energía psíquica con tonalidades variantes, como los colores de un arcoíris, mientras Umbreon lanzaba una nube de veneno en dirección al mismo Pokémon.

    — Evadirlo—ordenó Arthur

    Pero la orden no funcionó, sus dos Pokémon no se esperaban que Umbreon pudiera frenar el lanzallamas y eso permitió a Airen cazarlos por sorpresa. Ante el impacto del rayo y la cara de sorpresa de su entrenador, Charmeleon cedió y Arthur lo guardó en su ball. Se quedaba en un dos contra uno con su único Pokémon sufriendo a causa del tóxico. Pero Donphan no iba a ceder, era demasiado fuerte. Arthur sonrió, sabedor de ello.

    — ¡Psicorrayo!—ordenó Airen

    De nuevo el haz irisado salió disparado de la joya rojiza de Espeon, pero esta vez con dirección a Donphan que encajó el golpe sin problemas, a pesar del veneno, parecía que podía con todo… En ese momento, una luz se iluminó dentro de Airen…

    — Ese Pokémon no te pertenece. Te lo han prestado quienquiera que quiera mi guante, ¿no?

    — Muy agudo—replicó Arthur— pero tus conjeturas no te servirán de nada ¡Desenrollar!

    Donphan se enrolló sobre su cuerpo y salió rodando. Airen sabía que era demasiado fuerte para que Espeon y Umbreon juntos pudieran pararlo, pero tenía una última esperanza, estaba envenado, eso significaba que…

    — ¡Psíquico y pulso umbrío con todo! — gritó Airen mientras apretaba una ball fuertemente en su mano derecha como última esperanza.

    Umbreon disparó una onda de energía negativa y Espeon dio un fuerte golpe telekinético. Ambos ataques impactaron contra Donphan, y a pesar de lograr frenarlo un poco, ni mucho menos consiguieron detener al Pokémon en su ataque sádico sobre Airen en un combate que Arthur ya veía como ganado. Pero Airen reaccionó en una fracción de segundo y lanzó la ball que había cargado en el pokécepo

    — ¡¿Qué?!—exclamó Arthur

    La ball de Airen logró atrapar a Donphan y se pasó un rato temblando en el suelo 1, 2, y 3 segundos que se hicieron una eternidad para ambos combatientes, la ball se paró. Airen la miraba con sorpresa desde el suelo, había robado su primer Pokémon. Arthur iba a echar a correr pero un haz irisado le alcanzó de lleno en la cabeza, dejándolo noqueado con una explosión arcoíris. El entrenador agradeció a Espeon el movimiento y cogió la ball de Donphan del suelo. Arrastró el cuerpo a un lugar apartado en el bosque y sacó el teléfono, para llamar al último número que tenía apuntado…
    Última edición por Seth White; 28-01-2014 a las 09:46 PM.

  6. #6
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    Capítulo 4/Chapter 4
    El lado oscuro de Airen/Airen’s dark side

    En un lugar apartado del bosque que rodeaba el colegio, el laboratorio y demás infraestructuras adyacentes, Airen esperaba con el “paquete”, Arthur, un estudiante del colegio, sobornado y/o aliado con la misteriosa organización que había arrebatado a Cecile su hermano y a Seth sus Pokémon y sus recuerdos. La venganza de Seth ya se había puesto en marcha poco a poco, les había robado un Pokémon, un fuerte Donphan, que sería el tanque físico de su equipo. El joven de pelo castaño jugaba con la ball de Donphan mientras esperaba a Cecile, a la que había dado por móvil las indicaciones para llegar al punto donde su compañero mantenía al nuevo “prisionero de guerra” inconsciente, preparado para el interrogatorio. Al minuto, la figura de Cecile se presentó en aquel bosque, difícilmente distinguible por la escasa luz que lograba atravesar las copas de los enormes árboles. Airen clavó sus ojos marrones en los ojos verdes de su aliada.

    — Aquí tienes al primero. Llevémoslo a un sitio aislado para interrogarlo.

    — ¿Es alumno del colegio?— preguntó Cecile.

    — Se le mata y se esconde el cadáver. Nadie vio el combate, no pueden acusarme.

    — Es demasiado extremo pero bueno, tengo algo de idea de hipnoterapia, a mi hermano le encataba la mente humana, pensaba dominar los juegos mentales para intentar conseguir rehenes y extraerles información. Lo vieron como un peligro y por eso se lo llevaron— replicó Cecile, mientras dejaba caer una lágrima que Airen ignoró.

    Pero Airen contestó:

    — Pues más le vale cantar rápido porque si no le daré una paliza mientras Umbreon lo envenena…— murmuro Airen con rabia— por cierto, le robé un Pokémon con tu invento…

    — ¡Estás loco!— replicó Cecile, totalmente fuera de sí— ¿Y si te pillan? Te di el Pokécepo para que lo protegieras, no para que lo usaras.

    — Lo usé por necesidad— le atajó el estudiante— Ahora vamos a un sitio seguro.

    — Mi hermano tenía una cabaña por aquí cerca, donde venía a relajarse a y a ver a los Pokémon en plena naturaleza, decía que eso le encantaba…

    — Pues vamos— le sacó Airen de su ensoñación— Voy a torturar a este hijo de puta hasta que no le quede más sangre en el cuerpo que la que necesite para cantar de una puta vez.

    Cecile frunció el ceño.

    — Tranquilízate, después de todo lo sucedido no me extraña cómo te compartas, pero estás fuera de sí, no actúes de manera tan impulsiva.

    — Vale…— acató el joven.

    Los dos ¿amigos?, ya que habían empezado a formar un vínculo entre ambos, arrastraron el cuerpo inconsciente de Arthur, mientras Espeon y Umbreon, a los que Airen no había guardado desde el combate, escoltaban a ambos, en caso de que alguien decidiera hacer un movimiento imprevisto.

    Transcurridos unos quince minutos de caminata, llegaron al lugar al que se dirigían. Era precioso: un claro enorme en el bosque cuyo centro era un bello lago de aguas cristalinas que constituía hogar para muchos Pokémon de agua, reflejaba la luz del Sol, que podía entrar en esta zona con todo su potencial, al contrario que en la zona más frondosa del bosque, dónde las copas lo impedían. El lago estaba rodeado por pradera aunque no muy extensas, y justo al extremo del cuerpo de agua contrario al que se hallaban los visitantes, en una zona algo elevada, con unas bellas vistas del lago, se hallaba el “refugio” del hermano de Cecile. Era una cabaña de madera ordinaria, aunque en perfecto estado para el tiempo, que, según Airen, debería tener, nada rompía aquella belleza, estando aquella cabaña en perfecta consonancia con la naturaleza que la rodeaba. A la investigadora, todavía con su impecable bata blanca puesta sobre una blusa azul marino, todavía le daban ligeros ataques de nostalgia, pero se contuvo.

    — Vamos— le ordenó al amnésico, que la siguió sin vacilar.

    Rodearon el lago sin detenerse a admirar la belleza del paisaje, pero percibiéndola de todos modos, y subieron un pequeño terraplén hasta llegar hasta la cabaña. Ambos se plantaron ante la puerta, aún flanqueados por el dúo Espeon-Umbreon. Ambos Pokémon miraban a Cecile de manera extraña, como si les fuera un personaje familiar, aunque ninguno de los dos humanos se había percatado de esto. La científica saco una llave del bolsillo de su bata y la introdujo en la cerradura de aquella cabaña de perfectas formas de madera y la puerta se abrió, con suavidad, sin ningún tipo de ruido decrépito. Se abrió una cabaña que concentraba en una sola sala dormitorio, con una cama en el lado izquierdo; cocina, justo enfrente de la cama tenía su horno y vitro, con los consecuentes armarios, sillas y una mesa; salón, con su sofá y televisión de plasma en el lado opuesto, al lado del salón había una puerta de lo que se presumía sería un baño. Airen entró con paso rápido y arrojó a su rehén contra una pared, donde permanecía incorporado ligeramente, con la espalda reposando contra la pared.

    — ¡Despierta, hijo de puta!— le gritó un furioso Airen.

    Arthur no respondió y permaneció en el letargo al que Espeon le había condenado anteriormente con su psicorrayo. El furioso secuestrador sacó dos pokéballs de su bolsillo y las utilizó para guardar a sus queridos Espeon y Umbreon, a los que ya no conocía necesarios. Pero Airen sintió un empujón, que lo apartó de enfrente del sujeto inconsciente, era Cecile, que levantó el cuerpo, lo sentó en una silla y lo ató fuertemente con una cuerda que había llevado guardada en su bata. Venía prevenida para el interrogatorio. La mujer terminó de hacer los consecuentes nudos y miró a Airen:

    — Calma y paciencia, hasta que se despierte ni se te ocurra hacer nada.

    Airen se apoyó contra una pared, sumiso ante la orden de su “compañera de crimen” y esperó, mientras la elegante mujer mantenía la mirada fija en Arthur. A los dos minutos despertó el sujeto, con la vista un poco nublada y la mente aún más…

    — ¿D… dónde estoy?— preguntó vacilante el secuestrado.

    Airen se acercó a la silla y pudo ver como la figura de su profesora personal se enderezaba y se ponía más fría y seria que nunca (o por lo menos, desde que tenía memoria). Aunque ella intentó ser buena con el pobre rehén, considerándolo solo una víctima de las circunstancias

    — Me llamo Cecile Joanna Fayth, ¿y tú?

    Arthur se vio totalmente atado a la silla, de pies y manos, y visto que no se podía mover, reaccionó con toda la agresividad que el modus operandi del dúo le permitió.

    — ¡No te pienso decir nada asquerosa zorra hija de p…!

    Pero se cortó en la última palabra, donde su boca en vez de emitir un sonido que supondría la conclusión de los improperios hacia la cómplice de su secuestrador, emitió sangre y un profundo alarido de dolor. Un furioso Airen le había propinado un brutal puñetazo al estómago, acto seguido, le agarró de la camisa y le espetó:

    — ¡Escúchame bien basura asquerosa, como vuelvas a gritarle a ella juro por lo que más quieras te abro en canal y te saco las vísceras, ¿entendido, bastardo?!

    — Ai… Ai... Airen— balbuceaba una aterrorizada Cecile, que se encontraba detrás de los dos adolescentes.

    Arthur se dejó intimidar por las palabras de su compañero de clase y, medio llorando y con un hilo de sangre saliendo por su boca.

    — Yo, estaba dando un paseo por el bosque buscando Pokémon y entonces… entonces…— balbuceó con voz temblorosa.

    — ¡¿Entonces qué?!— le gritó Airen, ante la cara de terror, tanto de su aliada Cecile como de su rehén.

    — Llegué a este claro, a esta zona del bosque, y se me acercó un hombre… me dijo que me enfrentara al chico del Infernape, el que me había vencido, y que le llevara el guante raro que llevaba y a él a ser posible, me dijo que me pagaría bien y me dio una pokéball con un Donphan para que me ayudara, porque mi Swampert estaba muy débil y…

    Cecile interrumpió el violento interrogatorio llevado a cabo por Airen:

    — Descríbenoslo, por fav…

    ¡BOOM!

    Una tremenda explosión cortó la amable (comparada con las de su compañero) frase de la científica. Se levantó una enorme humareda que no permitía ninguna visión y los dos aliados para enfrentarse a la misteriosa organización salieron volando, mientras se oía un alarido de dolor, que ambos pudieron identificar como proveniente de Arthur. Sería el último que oirían.

    Airen y Cecile esperaban en el suelo, francamente con el miedo recorriendo cada célula de su cuerpo, que era lo que les esperaba, el humo se despejó un loco y pudieron apreciar cual erala causa de semejante grito. Un Pokémon grande y fuerte, con forma de tiburón y un cuerpo compuesto por escamas en su mayoría de un color azul marino, exceptuando la parte del abdomen, donde se tornaban naranjas hasta alcanzar la boca, con dos potentes mandíbulas que podían partir cualquier objetivo en dos. Por un lado de su cuerpo se asomaba una enorme cola escamosa de color azul, que culminaba en dos aletas, como si se tratara de la cola de un pez, sus dos brazos también aterrorizaban al dúo, con una aleta cubierta de escamas que parecía tan afilada como la culminación de cada brazo, un filo similar a una espada. Pronto desviaron la vista del Pokémon para apreciar dos cosas: La primera, un Forretress con su férrea y brillante coraza destrozada y totalmente noqueado, que sería el causante de la explosión y la segunda, que horrorizó aún más a ambos, El cuerpo de Arthur yacía a un lado de la destrozada cabaña, con una enorme perforación de un lado a otro del cuerpo en el pecho, obra de las afiladas garras del Pokémon que amenazaba las vidas de Airen y Cecile. Estaba muerto, pero el joven amnésico rompió el silencio del terror:

    — ¿Qué Pokémon es ese, Ceci?— preguntó, intentando mostrarle al Pokémon que no dudaba en enfrentarse a él.

    — ¡Es un Garchomp y es demasiado fuerte para ti! ¡Huye mientras puedas!

    Airen le hizo caso y los dos salieron corriendo con los corazones a 200 latidos por minuto, rodeando el lago igual que antes, pero con la prisa del que lleva la muerte en los talones, mientras hablaban…

    — Este Pokémon lo controla alguien, ya que no hay muchos Garchomps salvajes y menos por aquí, y no entiendo porque iba a atacarnos y tener tanto interés en nuestro testigo, además de la explosión del Forretress.

    Su acompañante en la carrera escuchó el comentario con atención, sabedor de que lo que Cecile proponía era muy probable. Pero Garchomp les perseguía, y era muy rápido, no tenían tiempo para hablar ni para huir… hasta que Airen finalmente tomó una decisión:

    — Ceci, saca un Pokémon, entre los dos a lo mejor podemos contenerlo. Tenemos que tener fe, aunque solo sea para aturdirlo un poco.

    La investigadora le asintió con la cabeza, y a media carrera, cada uno con una Pokéball, se dieron la vuelta y lanzaron las balls, todo ello con perfecta sincronía.

    — ¡Vamos!— exclamaron los dos a la vez.

  7. #7
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    Capítulo 5/Chapter 5
    Una situación desesperada/A desperate situation


    Las dos pokéballs se abrieron en el aire y revelaron a las elecciones de la pareja de amigos para enfrentar al peligroso Garchomp. La de Airen reveló a su Espeon, con su corto y suave pelaje de color violeta que brillaba con la luz del Sol que invadía aquel claro, en aquella zona a un lado del lago, aquello le daba un aspecto elegante junto con la joya roja de su frente. La ball de Cecile reveló con una explosión de luz a su Pokémon favorito: su Politoed, con el aspecto de una simpática ranita verde, con la piel de color amarillo en la barriga y bajo la boca, además de una espiral verde en la barriga, contaba también con una especie de antenita azul algo enrollada y unos mofletes rosados que le daban apariencia de inofensivo. Ambos Pokémon encararon al Garchomp, Politoed con más miedo que Espeon y Cecile con el pulso más salvaje que Airen.

    — ¡Psicorrayo!— ordenó Airen.

    — ¡Rayo hielo!— comandó su compañera al Pokémon rana.

    Espeon echó la cabeza adelante y disparó el potente rayo irisado de energía psíquica desde la joya de su frente, mientras su aliada Politoed (una hembra), lanzaba un fino y perforador haz de puro frío desde su boca, ambos ataques impactaron brutalmente contra Garchomp, con una explosión de hielo y energía psíquica que hizo a Garchomp tambalearse ligeramente, al borde de caer derrotado…

    — ¡Lo tenemos! ¡El pokécepo, Airen!— gritó Cecile.

    El ladrón de Pokémon saco una ball y la apretó fuerte con la mano derecha, cubierta por un mitón negro con alguna línea roja que dejaba salir sus dedos por cinco agujeros, y la lanzó…

    La ball impactó contra Garchomp y lo logró atrapar, con una explosión de luz y la ball cayó al suelo con suavidad. El dispositivo de captura temblaba suavemente, en unos segundos que se hacían eternos.

    — (¡Vamos, vamos!)— pensaba el entrenador.

    Pero no pudo ser, con otro fulgor, el Pokémon Mach escapó de la cepoball y, envuelto por un aura azul celeste, cargó hacia delante con tal brutalidad que derribó tanto a Pokémon como a entrenadores, produciéndoles heridas de gravedad media, aunque Airen se había llevado un golpe más fuerte que Cecile. Pero eso no era lo peor: el ladrón miraba con un hilo de sangre cayendo desde su boca como su Espeon caía en combate, inconsciente, gravemente herido y sin posibilidades de volver a levantarse. Un Airen decepcionado sacó la ball y guardó al Pokémon pero, mientras sacaba la ball de Umbreon…

    ¡ZAS!

    Otra carga dragón impactaba directa contra el estudiante, derribando de paso a Politoed y dejándolo fuera de combate; mientras Cecile solo podía mirar horrorizada como su compañero caía malherido. El joven entrenador se levantó, pero escupió sangre e hincó la rodilla, no podía pelear más. Si Airen hubiera tenido recuerdos de su vida todos se le hubieran pasado por la cabeza en aquel momento en el que, con un brillo fogoso, una de las garras del Garchomp, con un brillo fogoso, se aproximaba a su cabeza. “Punto y final”, pensaba el chico…

    ¡BAM!

    Un fuerte martillazo de un brazo de pura roca machacaba contra el suelo al tiburón de la arena, conmocionándolo ligeramente y obligándolo a recular, con un grito de dolor, Airen se dio la vuelta y vio al autor de semejante golpe. Un Rhyperior, con su cuerpo de pura roca de color gris con tonos de marrón y unas piezas de “armadura” naranjas formando un cinturón a la altura de la barriga y también en codos, hombros, rodillas y sobre la cabeza. Su colosal tamaño y los dos cuernos sobre su cráneo remataban su apariencia inmediatamente.

    — Otra machada— ordenó una voz desconocida.

    Rhyperior alzó de nuevo su pétreo brazo y lo dejó caer con toda su fuerza sobre la cabeza de un intimidado Garchomp, mandándolo al suelo, fuera de combate. Airen y Cecile no podían salir de su asombro mientras la última guardaba a su herido Politoed. El joven vio al mastodóntico Pokémon tierra/roca desaparecer al ser llamado de vuelta a su ball y vio para su sorpresa al director del colegio. Un hombre de raza caucásica, no muy alto, con un rostro arrugado que denotaba unos 50 años de edad y con ojos marrones cubiertos por un par de gafas de culo de vaso

    — Airen Sidos, ¿qué estás haciendo aquí?— preguntó el docente, notablemente airado.

    — Es una historia muy larga…— contestó un Airen que sonreía, por hacer algo.

    Dos horas después, en despacho del director…

    Era un despacho grande, aunque bastante sobrio, con una estantería llena de libros sobre los Pokémon y la enseñanza a la derecha de la puerta y al fondo la mesa, de negra madera de ébano y ligeras formas curvadas; sobre ella descansaba el monitor plano de un ordenador cuya CPU se encontraba detrás, junto al butacón reservado para el director. Justo enfrente del butacón, al otro lado de la mesa, dos cómodas sillas sobre una de las cuales estaba sentado con el pulso a ciento ochenta pulsaciones por minuto, el ladrón de Pokémon Airen Sidos

    El profesor Egil, director del prestigioso colegio, estaba sentado en su butacón, con sus facciones mostrando una seriedad algo fuera de lo normal, y con sus ojos clavados en los del alumno a través de sus gafas.

    — Airen Sidos, ¿qué estabas haciendo en aquel lugar con ese Garchomp?— preguntó el docente con seriedad.


    — Solo estaba buscando Pokémon con la Srta. Cecile Joanna Fayth, y el Pokémon salió de la nada y nos atacó— replicó Airen, procurando que no le temblara el pulso a la hora de mentir.

    — Últimamente no se encuentran Garchomps salvajes por la zona, de hecho, los Garchomps salvajes son muy poco comunes, ¿no es así, Sr. Sidos?

    — Eso creo, Profesor Egil.

    — Airen Sidos— le intimidó el profesor— ese Garchomp era de alguien que quería haceros daño o a ti o a la investigadora, pero la pregunta es: ¿Por qué?

    — No sé, a lo mejor era un psicópata— contestó Airen fríamente.

    — ¿Y el mitón de tu mano derecha? ¿No tendrá nada que ver con robar Pokémon verdad? ¿Lo del “Pokécepo”?— replicó rápidamente el profesor.

    — Solo es un guante normal y corriente…

    — Vi lo del Garchomp, la Srta. Cecile Joanna te dijo que lo sacarás. Y ese Garchomp era de alguien, aún así, tú lograste meterlo en una pokéball, ¿no serás un ladrón de Pokémon, verdad?

    Airen bajó la cabeza, lo habían pillado, tan pronto…

    — Lo ha visto todo, ¿verdad?

    — Si, todo, aunque solo pasaba a admirar el paisaje— le contestó Egil— desde la muerte de Arthur a manos del Garchomp hasta vuestro intento de robárselo a su legítimo dueño. Ese “pokécepo” tuyo, me imaginó que será un diseño de la Srta. Cecile, pero aún así, aunque fuese un robo a un criminal de verdad y un acto de defensa propia, no debe quedar impune, el fin no justifica los medios.

    — ¿Me va a expulsar?—balbuceó un cabizbajo Airen.

    — No, al menos, no directamente. Eres un estudiante de primera y demasiado valioso para nuestra escuela. Así que te quedarás, pero bajo ciertas condiciones: la primera, menos contacto con Cecile Joanna Fayth y la segunda, entrégame tu pokécepo, no queremos ningún ladrón de Pokémon en un sitio de tanto prestigio— impuso el profesor.

    Airen frunció el ceño.

    — ¿Usted sabe lo que es que le arrebaten algo?— la intensidad del tono del joven iba in crescendo— ¡A mí me lo han robado todo! ¡Me han robado mi alma, mis recuerdos, me han robado a mí mismo, ni siquiera tengo claro ni quién soy ni en quién puedo confiar y en quién no! ¡Creo que robarles Pokémon a unos delincuentes que posiblemente los maltraten debería recompensarse más que castigarse!

    El profesor cambió sus facciones a una leve sonrisa pícara.

    — Haremos un trato, Airen. Hoy es martes, así que desde mañana miércoles hasta el viernes irás a clase normalmente por las mañanas, y, el sábado, lucharás contra uno de los de segundo año, uno de los buenos además. Será un combate a tres Pokémon, y, si vences, te quedas con tu pokécepo y con las clases con Cecile; si pierdes, debes irte, ¿aceptas?

    Airen levantó la cabeza, no podía echarse atrás, cuando robó a Donphan había quedado sellado. Él era un ladrón de Pokémon que iba a consagrar su nueva vida a luchar contra la misteriosa organización y no podía quedarse atrás en aquella batalla. El joven asintió con la cabeza y le tendió la mano derecha (con el pokécepo) al profesor

    — Acepto— contestó con determinación

    Egil le estrechó la mano a su alumno y le despidió, dejándole salir de su despacho con su pokécepo. Con todo esto, el chico tenía su principal objetivo cumplido: sobrevivir. Pero, a pesar de tener los Pokémon suficientes para el combate, sus posibilidades en batalla estaban muy limitadas al tener solamente tres Pokémon para enfrentar a uno de segundo año, uno de los que se graduarían. Airen caminó pensativo por los pasillos del edificio principal de la academia, hasta la salida, donde se dio un paseo por los jardines, pensando cómo y de dónde podía sacar un Pokémon más. Pero no desconsideró la opción de usar a su equipo actual…

  8. #8
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    Capítulo 6/Chapter 6
    Instinto de entrenador/A trainer’s instinct


    Airen realmente odiaba las clases normales. Entrenamiento con la profesora Allegra era horroroso como poco: “Y tú Airen, ¿cómo has entrenado a tus Pokémon?”; “Y que se supone que te tengo que decir si soy amnésico”, pensó él. El chico logro salir del apuro diciendo que había entrenado a Espeon para el ataque y a Umbreon para la defensa.

    Eran las 16:30 del viernes y Airen se cambiaba en su habitación después de comer para ir a dar un paseo y a entrenar con Espeon, Umbreon y Donphan, cosa que llevaba haciendo varios días seguidos, preparando aquel fatídico combate. Un simple atuendo compuesto por unos vaqueros y una camiseta negra le valía. Se calzó, guardó sus balls, salió de la habitación, cerró de llave, y a relajarse un poco (pokécepo en mano, eso sí).

    El joven paseaba tranquilamente alrededor del edificio, solo, como a él le gustaba, para relajarse y pensar en el combate del sábado, que le desgastaba mentalmente de manera continuada. Esto, sumado a los eventos de la amnesia, el pokécepo, el robo de Donphan, el secuestro de Arthur y el ataque del Garchomp hacían conciliar el sueño imposible para el joven estudiante, que quería rehuir el contacto con el colegio todo lo posible, no hablando con sus compañeros, quién sabe si podrían buscar el pokécepo…

    Durante su paseo por los jardines, otro joven estudiante le interrumpió por detrás, aparentemente curioso:

    —Oye, ¿tú eres Airen Sidos, no?— le preguntó el desconocido, al que Airen no se alegraba mucho de ver.

    — Sí— replicó fríamente.

    — ¿Vas a luchar contra uno de los de segundo?

    — ¿Cómo sabes tú eso?— contestó el ladrón de Pokémon, visiblemente enojado

    — Está puesto en el tablón de anuncios, en el hall; deberías estar mejor informado. Ah, por cierto, me llamó Peter, ¿podemos luchar un combate de práctica?, es que tengo que entrenar cierto Pokémon…

    — Vale— contestó Airen con una pícara sonrisa, ya que él también necesitaba probar a cierto Pokémon— vamos a un lugar más apartado.

    Ambos entrenadores se alejaron bastante del edificio, lo suficiente para que nadie los viera (lo cual estaba cuidadosamente planeado por Airen en caso de necesitar hacer un robo), y se dispusieron frente a frente.

    Peter a un lado, con una sudadera de color azul turquesa y unos pantalones negros como ropa, encaraba a Airen a través de sus ojos, también marrones. El pelo del retador, con raya al medio y marrón claro, no tenía nada que ver con el del desafiado, castaño y despeinado. Peter sacó una ball de su bolsillo y la miró con seriedad, “más te vale hacerlo bien…”, pensó.

    — Cuando quieras— le sacó Airen de sus pensamientos.

    — Pues entonces, ¡ya!— replicó Peter a la vez que lanzaba una ball, mientras Airen hacía lo propio.

    La pokéball del protegido de Cecile enseñó al primer “producto” del Pokécepo. El Donphan de Airen, de forma similar a un elefante y con una dura piel de color gris claro, protegida con una dura especie de “tira” de coraza que recorría toda su espalda, con aspecto similar a piel de neumático, hasta acabar en una trompa, flanqueada por dos enormes colmillos. Mientras tanto, un Grovyle emergía con un estallido de luz de la ball de Peter. Tenía piel de color verde como la hierba, con una parte roja que llegaba desde la mandíbula hasta la cola, estando esta última formada por un puñado de hojas; el Pokémon gecko bosque tenía garras, junto con hojas en sus brazos y una enorme hoja sobre su cabeza. Sus ojos de globo ovular amarillo enseguida se encararon con los de Donphan.

    — ¡Hoja aguda!— ordenó Peter.

    — ¡Canto helado!— contraatacó Airen.

    Las hojas del brazo derecho de Grovyle comenzaron a brillar y a crecer para convertirse en una espada que partiría a Donphan en dos, pero antes de eso, un afilado cristal de hielo lanzado por Donphan impactó contra Grovyle, rompiéndose en el acto y forzando al Pokémon del retador a irse al suelo, pero se levantó rápido

    — Muy listo, con canto helado golpeas rápido y a distancia, y es especialmente efectivo contra un tipo planta pero a ver cómo te libras de esta, ¡recurrente!

    Grovyle echó el cuerpo hacia adelante y abrió la boca, dejando ir una oleada de semillas contra Donphan.

    — Excavar—ordenó el ladrón al Pokémon robado.

    Donphan dio un pequeño salto y se metió bajo tierra como el que se pega un chapuzón en el agua, evitando el ataque y sorprendiendo a Peter, que no tardó en reaccionar

    — ¡Muévete!— le ordenó a Grovyle.

    El Pokémon de tipo planta se apartó, ya que Donphan surgió bajo sus pies partiendo la tierra, pegando un salto colmillos por delante; aún así, no logró evitar un ligero roce con uno de los colmillos de Donphan, ya que el Pokémon de tipo planta no lo estaba haciendo bien, le estaba dando vueltas a la cabeza a algo…


    — ¡Usa el golpe cuerpo!— le ordenó el joven entrenador a su Donphan, que aún estaba en el aire tras el salto.

    El Pokémon acorazado logró caer justo encima de Grovyle, aplastándole contra el suelo en un movimiento que podía ser fatal para el combate, que dejó a su rival gravemente herido. Donphan dio un salto atrás, mientras Grovyle a duras penas se levantaba, teniendo que apoyarse sobre una rodilla. Airen decidió que iba a parar el combate, Grovyle ya no estaba para más trotes al nivel de un Donphan muy superior…

    ¡BAM!

    El Pokémon verde volvió a caer al suelo, víctima de una violenta patada proveniente de un Peter cuyas facciones lo denotaban tremendamente airado.

    — ¡Tú nunca debiste venir conmigo, nuca debí atraparte, pedazo de inútil de mièrda!—bramó el estudiante de pelo castaño claro mientras le propinaba otra patada a su Pokémon, que gritaba de dolor.

    Airen se sentía avergonzado ante la visión de aquella escena. Espeon y Umbreon le habían sido siempre fieles como buenos amigos desde que despertó aquel día en el hospital, no podía concebir que un entrenador tratara a su fiel Pokémon de aquella manera, así que decidió cortar todo como solo él podía.

    — ¡Desenrollar al chico!— ordenó a Donphan.

    El Pokémon elefante se enrolló, adquiriendo forma de rueda y rodó a toda velocidad contra Peter, embistiéndolo y convirtiendo su cara, la pura expresión del terror, en la de “placidez del sueño”, noqueándolo. Mientras tanto, Airen cargaba una pokéball en su cepo, las líneas rojas del mitón brillaron para indicarle al chico que la ball estaba lista. El ladrón lanzó la ball contra Grovyle, que con un estallido de luz, entró dentro de la ball. El Pokémon estaba demasiado débil y no opuso resistencia a la captura, tras la cual, Airen se acercó y recogió la ball, pero mientras la levantaba del suelo con satisfacción, una voz misteriosa lo sacó de sus pensamientos.
    — Hola, ladronzuelo– decía la misteriosa voz.
    Airen se dio la vuelta y vio a una extraña figura que no pudo distinguir, llevaba una abrigo negro con hasta el cuello con capucha incluida y los ojos cubiertos por unas oscuras gafas de sol.

    — Me llamo Vayu y no vengo a herirte— dijo el misterioso hombre, anticipándose a un Airen que iba a ordenar el ataque de Donphan.

    Vayu, rodeado por su halo de misterio le tiró un extraño dispositivo a Airen. Era como una especie de pequeño tubo amarillo metalizado con una mira verde cuadrada, como si fuera la pantalla de un radar en el lado derecho

    —Se llama hipnotrón, úsalo con la ayuda de un Pokémon psíquico sobre alguien inconsciente y podrás hipnotizarle y alterarle psíquicamente.

    Antes de que Airen pudiera responderle, el misterioso hombre despareció, volando en un Honchkrow. Pero el ladrón no perdió el tiempo, sacó a Espeon, cuyo tierno pelaje morado poco podía reflejar la luz del sol en aquel día nublado, y apuntó a Peter con el dispositivo, mientras tocaba la frente de Espeon.

    — Tú liberaste a Grovyle— pronunció Airen con voz profunda.

    Airen se encomendó a todos los santos conocidos y por conocer para que el aparto funcionara y guardó a sus Pokémon, de vuelta a su habitación. Esa noche tenía mucho que entrenar con Grovyle…

  9. #9
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    Capítulo 7/Chapter 7
    Un buen enfrentamiento/A good match-up


    Airen Sidos estaba en un vestuario, pensativo, sentado en un banco, con los dedos de ambas manos entrecruzados y mirando al suelo. Llevaba unos vaqueros y una camiseta negra, invisible bajo una sudadera gris para protegerse del frío. “Es el sábado fatídico”, pensaba el chico mientras repasaba sus opciones: Espeon para el ataque, Umbreon para la defensa, Donphan era un tanque, y Grovyle, tras la fuga de Airen para entrenar con él toda la noche, era un baluarte considerable dada su velocidad. Había logrado abstraerse del tema del tal “Vayu” y del no tener contacto con Cecile en toda la semana; pero lo que importaba era el combate.

    Airen subió las escaleras que daban al estadio concentrado, pensando únicamente en su estrategia y en la manera de ganar a un entrenador que seguramente contaría con Pokémon poderosísimos. Al lograr salir del todo, le iluminó una fuerte luz, ya que el estadio era un recinto abierto al cielo, aún encontrándose dentro del edificio de la academia, que Airen no había tenido el deleite de ver. La zona de batalla era un simple rectángulo de tierra, con una línea central en cuyo respectivo centro tenía el símbolo de una pokéball. Estaba rodeado por gradas que formaban una elipse alrededor del campo de batalla, llenas hasta los topes. En la grada había una esperanzada Cecile Joanna Fayth, que a pesar de no haber contactado con su alumno, se había enterado de lo que se cocía en el colegio con el joven ladrón de Pokémon.

    Airen se dispuso a un lado de la arena de batalla y encaró a su rival. Era notablemente más alto que él, midiendo 1,85 aproximadamente, de complexión algo delgada y raza caucásica. Tenía facciones suaves y ojos color miel, que no combinaban (según Airen) con su pelo, negro como la noche y que llevaba estilo casco. En ese momento, una voz por megafonía retumbó por el estadio.

    — Hoy se enfrentarán Airen Sidos y Ethan Jacobs. Será un combate a tres Pokémon— sonó la voz que todos reconocieron como la del profesor Egil— Pueden comenzar.


    — ¿Estás listo para esto?— pregunto Ethan intentando picar y descentrar a su contrincante.

    — Por supuesto— contestó frío y resuelto su rival de primer año.

    Ambos entrenadores lanzaron las balls a la arena sin mediar más palabras. De la de Airen salió uno de sus dos Pokémon firma: su Umbreon, cuya piel oscura, negra como la noche, con formas elípticas con brillos dorados en la cabeza y en las patas. Sus ojos tenían irises rojos y pupilas negras, que encararon al Pokémon de Ethan. Era un Pokémon de gran tamaño comparado con Umbreon, era algo gordo y su cuerpo tenía un patrón de símbolos de fuego mientras sus hombros y su cabeza ardían; al final de sus brazos había dos agujeros, potentísimos cañones de fuego, que le daban al fuerte ser, un Magmortar, potencia suficiente para enfrentarse al resistente Umbreon. Ambos Pokémon se encararon, con ganas de batirse en combate.

    — Lanzallamas— ordenó Ethan para abrir el combate.

    Magmortar levantó un brazo y preparó un cañón, que dejó ir un intensísimo haz de llamas, ante la expectación del público

    — Danza lluvia— ordenó Airen en respuesta.

    Con un aullido del Pokémon lunar, el cielo se llenó de nubes y comenzó a caer una intensa lluvia que empapó a entrenadores y a Pokémon, creando un microclima que debilitó seriamente la fuerza del lanzallamas, junto con las posibilidades de Magmortar.

    — Luz lunar— comandó el chico de 1º.

    Umbreon empezó a brillar y se curó del leve daño del lanzallamas, mientras, con un estallido de luz, Magmortar volvía a su ball, para ser sustituido por un Pokémon que pudiera sacar ventaja de la intensa lluvia. Su elección fue un Pokémon con forma de de caballito de mar, pero de mayor tamaño, con dos especies de aletas dorsales que parecían pequeñas alas de mariposa, su estómago hasta su curvada cola era de color amarillo, mientras que el resto de su cuerpo estaba cubierto de escamas color celeste. Era un poderoso Kingdra

    — ¡Cascada!— ordenó el chico de 2º.

    El Kingdra cruzó la lluvia a gran velocidad, rodeado por un aura de agua y embistió rápidamente a un Umbreon que nada pudo hacer por evadirlo, derribándolo ante la atónita mirada de Airen, que se acordaba del nado rápido de Kingdra. Pero el resistente Pokémon de tipo siniestro se levantó, con ganas de dar guerra hasta el final.

    — Rayo confuso— ordenó Airen en respuesta al golpe recibido.

    Umbreon emitió un brillo de luz fantasmagórica que impresionó a Kingdra, dejándolo confuso…

    — ¡Remátalo con cascada!— vociferó Ethan que no se dejó impresionar.

    Kingdra volvió a embestir, pero dio un giro extraño en el aire y se golpeó fuertemente contra el suelo, quedando un poco grogui.

    — (Esta es la nuestra) ¡Tóxico!— ordenó un Airen que se venía arriba.

    Umbreon, con la euforia del momento, se echó adelante y expulsó un gas morado tóxico por su boca, que enveneno de gravedad al indefenso Kingdra; que al rato volvía a su ball, habiendo tomado su entrenador la decisión de hacer otro cambio para acabar con el peligroso Umbreon de una vez por todas. Ethan tiró a la arena la pokéball de su tercer y último Pokémon…

    Era un Pokémon grande, de forma humanoide con piel de color gris azulado, extremadamente musculoso, en su cabeza tenía lo que parecían tres crestas y de sus hombros salían cuatro brazos de pura fibra muscular que hubieran amedrantado a cualquiera, era un Machamp, un peligroso Pokémon de lucha, que podía ser realmente molesto para uno de tipo siniestro como Umbreon.

    — Puño dinámico.

    El Pokémon luchador se precipitó sobre su rival con uno de sus puños emitiendo un brillo blanquecino, el puño con el que intentó machacar a Umbreon…

    — Evádelo.

    Pero solo logró abrir un gran cráter en el suelo, estando Umbreon mucho más rápido que él

    — Psíquico— ordenaba Airen para continuar su reacción.

    Los ojos de Umbreon empezaron a brillar en azul y, Machamp, ante su sorpresa, emitió un brillo azul y fue arrastrado hacia atrás por un golpe de telekinesis, fruto del movimiento que Umbreon había logrado copiar de Espeon. Sin embargo Machamp ni mucho menos se dejó derribar a pesar del golpe supereficaz y de nuevo, sin necesidad de orden de su entrenador, intentó otro puño dinámico ante el que ni Airen ni su Pokémon pudieron reaccionar, siendo el resultado de esto un brutal golpe supereficaz que mandó a Umbreon al suelo para no volver a levantarse…

    — Umbreon no puede seguir peleando. Elija otro Pokémon, Airen Sidos— sonó la voz del director por megafonía.

    Airen cogió la ball de Umbreon y la guardó. Tiró rápidamente a la arena de batalla su siguiente elección, planeada para un duelo de músculo contra músculo. Con un estallido de luz, Donphan salió de su ball y aterrizó sobre el estadio causando cierto temblor con su masivo peso.

    — ¡Una vez más, puño dinámico!— insistió Ethan.

    El Pokémon luchador repitió el ataque por enésima vez, con su puño brillando intentando impactar contra Donphan, si bien no era tan rápido como Umbreon tenía un as en la manga

    — Protección— ordenó el joven de 1º.

    Donphan se enroscó, tomando forma de rueda y una burbuja verde recibió de lleno el impacto del fuerte puño dinámico de Machamp, obligándolo a recular por la inercia. Machamp estaba cansado de hacer puños dinámicos, se le notaba, y Ethan se había dado cuenta, por lo que decidió variar en su estrategia ofensiva, mientras Donphan volvía a posición normal.

    — ¡Golpe kárate!

    Machamp de nuevo alzó uno de sus brazos y lo dejó caer de canto, como un sable con toda su fuerza sobre Donphan…

    — Cúbrete con rizo defensa— comandó Airen.

    El Pokémon acorazado volvió a su forma rueda para incrementar su resistencia, logrando así aguantar el tremendo impacto del brazo del Pokémon de tipo lucha.

    — ¡Usa desenrollar!— contraatacó el joven que más se jugaba en este combate.

    Sin abandonar su forma de rueda, Donphan echó a rodar a toda velocidad contra Machamp, propinándole un brutal golpe en el estomago que lo hizo retroceder varios metros, aprovechando que rizo defensa aumenta el poder de desenrollar, para volver a ir a por él, sin dejarle respirar.

    — ¡Agárralo y usa movimiento sísmico!

    Machamp preparó sus cuatro poderosos brazos para interceptar a Donphan que volvía contra él atravesando la lluvia una velocidad endiablada…

    — ¡Salta!— ordenó el dueño del Pokémon rodante.

    Donphan pegó un suave bote mientras iba a por Machamp y logró evitar el agarre de este último, para, finalmente, golpearle con gran brutalidad en la cabeza. Donphan cayó al suelo, ya a cuatro patas y enseñando sus colmillos al fuerte Pokémon luchador, que, mientras se tambaleaba por culpa del golpe, terminó por ceder ante el abrazo de la inconsciencia, cayendo al suelo y provocando un fuerte temblor.

    — Machamp no puede seguir peleando— anunció la voz de Egil por megafonía.

    Airen había derrotado al primero de los Pokémon de Ethan para igualar la baja de Umbreon, pero mientras su oponente retiraba a su Machamp caído, él aprovecho para hacer lo propio y retirar a un cansado Donphan, que con un estallido de luz, volvió a meterse en su ball mientras la lluvia cesaba y las nubes se despejaban.

    — Este combate me empieza a gustar— comentó Ethan.

    — A mí también— le respondió su rival, con una pícara sonrisa en la cara.

  10. #10
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    Capítulo 8/Chapter 8
    Luchando por la supervivencia/Struggling for survival


    La grada rugía ante el feroz combate que estaban presenciando. Airen Sidos había logrado empatarle el combate a su rival Ethan Jacobs, derribando su Machamp con una buena combinación de ataques de Donphan, quedando ambos con dos Pokémon cada uno. Los contendientes lanzaron dos nuevas pokéballs a la arena, para volver a disfrutar del frenesí de la batalla.

    La ball de Airen reveló a su adquisición más reciente, caracterizado por su piel verde, con una parte roja en el abdomen; Grovyle, con las hojas de sus brazos y de su cola en tensión, preparado para la batalla; su entrenador se había escapado del instituto la noche anterior para entrenar con él y Grovyle había adquirido fuerza, velocidad y confianza; mientras su anterior amo miraba desde la grada penando: “Se parece al Pokémon que solté ayer… Coincidencias, este parece más fuerte”.

    Ethan, que ya había revelado sus tres Pokémon, se decantó por su Kingdra, cuyas escamas azules, en perfecta armonía con las amarillas, le deberían permitir resistir los ataques de Grovyle, ya que “Magmortar era un comodín para más tarde”. Pero Kingdra flojeó un poco, estaba envenenado de gravedad, sentía bastante abatido, mientras que enfrente, Grovyle sonreía pícara y provocadoramente, queriendo devolverle a Airen lo que había hecho por él, sintiéndose realmente agradecido y con ganas de combatir. El Pokémon dragón lo miraba con mala cara, sabiendo que no tenía las de ganar…

    — (La baja de Umbreon no fue en vano)— pensó el contendiente de primer año al ver al Pokémon rival.

    Sin más dilaciones, la calma que precede a la tempestad desapareció y el la intensidad volvió a subir…

    — ¡Rayo hielo!— comandó Ethan, intentando derrotar rápido a Grovyle para que el veneno no surtiera más efecto.

    — A un lado— respondió Airen.

    El Pokémon agua/dragón disparó por su fina boca circular un perforador haz de puro frio que fue evitado sin ningún tipo de problema por su contrincante, que se echó a un lado con velocidad y avanzó hacia Kingdra con determinación…


    — ¡Ataque rápido!— mandó el chico de 1º, aprovechando el momento.

    — ¡Cascada!— vociferó su rival para contrarrestar la ofensiva de Grovyle.

    Ambos Pokémon chocaron en sendas embestidas, una con un aura de agua y otra con una estela blanca fruto de la pura velocidad. El choque produjo una brutal sacudida del suelo y ambos Pokémon salieron disparados para atrás, aunque Grovyle pudo aterrizar bien y de pie, al contrario que Kingdra, que cada vez flojeaba más, fruto del veneno.

    — ¡Pulso dragón!— mandó Airen a su Pokémon

    El Pokémon gecko bosque echó el cuerpo hacia delante y abrió la boca, dejando ir una bola de energía de color azul oscuro, que impactó directamente contra un indefenso Kingdra, que no hubiera podido esquivarlo debido a lo débil que se encontraba, ya que había pasado el tiempo suficiente para que el potente veneno de Umbreon carcomiera por dentro a Kingdra. Tras el impacto, Kingdra cayó al suelo con un golpe seco, inconsciente, ante la atónita mirada de un Ethan que no podía hacer nada al comprobar cómo un chico de 1er año se le ponía por delante en el marcado, ante la enorme satisfacción de un Grovyle que mantenía su rostro serio, pensando que el combate ni mucho menos se había terminado.

    — Kingdra no puede seguir peleando— anunció, puntual como siempre, la voz del director por megafonía.

    A la vez que Kingdra se desvanecía en luz de vuelta a su ball, Grovyle, también lo hacía, queriendo Airen recurrir a su Donphan para enfrentar a Magmortar. Ambos entrenadores lanzaron las balls y los Pokémon se encararon en el campo de batalla; a pesar de haber entrado los dos en acción, no se habían enfrentado hasta ahora, el llameante Magmortar y el acorazado Donphan. El Pokémon de tipo tierra se sentía bien con su ventaja de tipo y vio el enfrentamiento pícaro, desconocedor de la enorme fuerza de Magmortar, que mantenía una sonrisa pícara pensando que su rival no tenía ni idea del infierno que le esperaba…

    — Desenrollar— mandó a su Pokémon Airen

    Donphan se hizo una rueda y se lanzó rodando como una bala a por Magmortar.

    — ¡Lanzallamas con todo!

    Magmortar echó adelante una mano, que se ocultó mostrando un enorme cañón, que lanzó un fuerte chorro de llamas que impactó de lleno contra Donphan, que intentó vencer las llamas con pura fuerza física, El Pokémon robado, avanzaba poco a poco, resistiendo el fuego, convencido de que podía hacerlo, hasta que al final lo logró. Las llamas cesaron, el impulsó de Donphan rodando había sido el suficiente para atravesarlas y propinarle a Magmortar un brutal golpe en el estómago, que hizo que el Pokémon llama mirara a su contendiente en el momento del impacto sin saber si le había golpeado una rueda o una bala, justo antes de salir despedido fruto de la inmensa fuerza física de Donphan. El Pokémon acorazado aterrizó a cuatro patas, confiado en lograr la victoria mientras Magmortar se levantaba tras el terrible impacto, con una extraña sonrisa, que compartía su entrenador. De repente Donphan empezó a sentir como un calor enorme le sobrecogía y le abrasaba, ante el enorme susto de su entrenador, el Pokémon n o veía nada más que las siluetas de Ethan y Magmortar desvaneciéndose levemente, mientras él caía al suelo, inconsciente…

    — Donphan no puede seguir peleando— anunció la megafonía.

    Airen, con un rostro de lamento, apuntó al Pokémon de tipo tierra con su ball y lo guardó, mientras Ethan sonreía e intentaba hacerle jueguecitos mentales:

    — Sidos, estás perdido. No te diste cuenta que yo sabía que tu Donphan vencería el fuego porque vi esa determinación en su mirada antes de echar a rodar. Pero aún así, el cuerpo llama de Magmortar le quemó, y junto con el daño del lanzallamas, fue demasiado para tu elefantito. Solo te queda Grovyle y no es un Pokémon con opciones reales ante Magmortar…

    Mientras Ethan daba su discursito de superioridad, un furioso Airen lanzó la ball que contenía su última esperanza, su Grovyle, el Pokémon volvió a la arena, con el miedo en el rostro, incapaz de mirarle a los ojos de Magmortar, incapaz de recibir la determinación que su entrenador intentaba transmitirle.

    — Como ya te he dicho, deberías rendirte, no quiero que tu Grovyle salga herido, es un Pokémon que no tiene ninguna posibilidad de…

    — ¡Y tú qué sabes!— le cortó un furioso Airen— he llegado demasiado lejos para rendirme aquí, mis Pokémon lo han dado todo para que yo coja y lo tire al traste aquí. Y Grovyle es fuerte, mucho más fuerte de lo que te piensas, yo soy su entrenador y él es mi Pokémon y voy a tener fe en él hasta el final…

    Al oír ese discurso se le pasaron al Pokémon de tipo planta muchas cosas por la cabeza: su (mal) tiempo con Peter, cuando (el aún desconocía cómo) lo capturó (robó) Airen, el entrenamiento toda la noche en el bosque, en el que el joven nunca perdió la fe de hacerle más fuerte y, cómo, desde su ball, había visto caer a Umbreon y a Donphan, que habían luchado hasta la extenuación. “No puedo perder, los demás han luchado hasta el final, y él tiene fe en mí, y si él tiene fe, ¡yo también la tendré!

    Grovyle rugió y cambió su determinación respecto al combate, iba a ganar como fuera, quizá eso fue el interruptor que terminó de cerrar el circuito que ya se había empezado a cerrar con la fuerza del entrenamiento y la experiencia de la victoria sobre Kingdra, para que se encendiera la bombilla… Grovyle empezó a emitir un fulgor blanco y a cambiar de forma: se hizo más alto su cuerpo se enderezó, su cola y sus extremidades crecieron, hasta que el brillo terminó de liberar a una auténtica bestia ante los ilusionados ojos de Airen. Un Pokémon similar a un lagarto, casi verde por completo salvo el “cinturón” de piel roja y la parte de debajo de la boca. Tenía una cola más larga con lo que parecían espinas saliendo en un patrón uniforme de cuatro en cuatro en forma de X. En cada brazo tenía tres garras finas como dagas, que no eran nada comparados con las auténticas cuchillas de hoja que poseía en los antebrazos. Su apariencia la remataban seis semillas redondas de color amarillo en la espalda. Grovyle había evolucionado, con su nueva forma de Sceptile, podía darle la vuelta al combate.

    — ¿Preparado, Sceptile?— le preguntó su entrenador.

    El Pokémon asintió con la cabeza, preparado para repartir estopa. Sin embargo, ni Ethan ni Magmortar parecían sorprendidos los más mínimo. Desde la grada se oían murmullos por una evolución tan repentina y Cecile sonreía al ver como su querido alumno no le perdía la cara al combate.

    — ¡Corta ya con todo este rollo! ¡Lanzallamas!— vocifero confiado el entrenador de segundo.
    Magmortar preparó su cañón que empezó a aumentar la temperatura y disparó un haz de llamas contra el recién evolucionado Sceptile…

    — Esquiva y abatidoras— ordenó un, de nuevo, tranquilo Airen.

    El Pokémon monte lo evadió hacia un lado con mucha facilidad, sorprendiendo tanto a propios como extraños, y respondió al ataque disparando unas extrañas semillas que soltaron leves explosiones de humo al impactar contra Magmortar, que miraba extrañado, sin saber lo que pasaba al igual que su entrenador.

    — ¡Hoja aguda!— comandó el contendiente de primer año, aprovechando el momento.

    Sceptile estaba crecido y se le notaba, se plantó ante Magmortar en una exhalación y le atacó con las cuchillas de su brazo derecho que eran largas como sables emitían un particular brillo verde, Magmortar retrocedió varios metros, y aunque dio muestras de estar herido, seguía considerando el combate como ganado, esperando a que Sceptile sufriera la quemadura, sin saber que su entrenador no pensaba así...

    — (Las abatidoras cambian la habilidad a insomnio, ahora podrá atacar de cerca con Sceptile… Pero aún así, lo tengo en mi mano) — Pensó Ethan.

    — ¡Hoja aguda a su espalda!— ordenó Airen.

    El veloz Pokémon de tipo planta corrió y se plantó en una fracción de segundo a la espalda de sorprendido Magmortar, con sus cuchillas extendidas y brillando para un nuevo golpe…

    — ¡Puño fuego!— contraatacó su rival

    El cañón de Magmortar cambió a “modo mano” y empezó a arder, para chocar fuertemente contra las espadas de hoja de Sceptile con una explosión de luz que forzó a recular a ambos, con un Sceptile algo más herido

    — Vamos a acabar ya con esto, ¡usa sofoco!

    Un furioso Magmortar armó los dos cañones y los echó hacia delante, empezando a acumular fuego para disparar un enorme y abrasador haz de llamas que reduciría a Sceptile a cenizas, Airen le susurró algo a su Pokémon pero el ensordecedor sonido de las llamas, no permitió a nadie oírlo.

    ¡BUM!

    Una enorme explosión se levantó frente a los pies de Airen, fruto del impacto del sofoco. El ensordecedor rugido de la grada y un Magmortar que sonreía de manera algo arrogante eran indicadores de que este combate podía haberse acabado… Pero una silueta salió ágilmente del humo, con dirección a Magmortar. El Pokémon llama, sorprendido, no podía entender como Sceptile había esquivado aquel ataque, ahora el Pokémon de planta iba con sus cuatro “espadas” levantadas, con las que propinó a Magmortar un inesperado corte cuádruple brutal en el torso ante la mirada de asombro de Ethan y de todo el público, y para el júbilo de Airen y de Cecile. Magmortar no podía aguantar más y se vino abajo, siendo la silueta de un vencedor Sceptile lo último que vería en aquel combate…

    — Magmortar no puede seguir peleando. Ethan Jacobs se ha quedado sin Pokémon, por tanto, ¡el ganador es Airen Sidos! — anunció finalmente el profesor Egil por megafonia

    El joven vencedor miró al cielo despejado y suspiró, sabiendo que se había librado de una buena, pero volvió a bajar los ojos a la arena de batalla, al ver como Sceptile giraba el cuello para mirarle y le sonreía, en señal de agradecimiento.

    — Lo has hecho muy bien, Sceptile, descansa.

    Y Airen le apuntó con su ball para guardarlo, mientras su rival derrotado hacía lo propio con el Magmortar. Los aplausos de la grada daban igual, lo único que le importaba al ladrón de Pokémon era que podía conservar su título, el de “Ladrón de Pokémon Airen” y seguir metido en esta guerra encubierta contra la misteriosa organización, que tenía lo único que le ataba a su pasado en lo que el confiara: sus Pokémon. Pero una voz le sacó de sus ensoñaciones:

    — Bien peleado, no debí subestimaros ni a ti ni a Grovyle, o Sceptile, mejor dicho.

    Era Ethan que estaba frente a él, felicitándole y tendiéndole la mano. Airen como buen rival le estrechó la mano.

    — Ha sido un gran combate. Sin rencores, ¿vale?— le contestó el vencedor.

    — Sin rencores, pero no creas que me voy a estancar— le respondió el perdedor de aquella batalla.

    Airen volvió al vestuario y de ahí salió a los pasillos del edificio, por donde ya era reconocido por la enorme victoria. Pero, evitando toda su atención, se fue hasta su habitación, pensando en Vayu, el hipnotrón, el pokécepo y en todo lo que le tenía que decir a Cecile mañana…
    Última edición por Seth White; 28-01-2014 a las 09:51 PM.

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