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Tema: Caballeros del zodiaco-La saga de ofiuco (CdZLSdO)

  1. #1
    My road goes on forever Virizion/Mod Avatar de Muerte_Rigurosa
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    Caballeros del zodiaco-La saga de ofiuco (CdZLSdO)



    Clasificación: PG +13
    Género: Fantasia/Aventuras/Gore
    Resumen: ¿Qué misterios corren tras una armadura dorada perdida?, ¿Quienes son esos adoradores de lucifer que la buscan?, ¿quién es aquel que la desea únicamente para sí con fines malévolos?
    La historia se remonta hacia el año 1602 cuando dos caballeros de plata se topan con esta realidad, y casi costándoles sus vidas comienzan con la costumbre de ocultar el objeto, para evitar que caiga en malas manos.
    Hacia 1657 un joven consigue convertirse en caballero de plata en las australes tierras antárticas, y así continúa la misión que le encargó su maestro.
    Ese es el punto inicial de una historia que unos siglos después volverá con más fuerza y dispuesta a sumir al planeta en el caos total.
    Tras años de guerras las fuerzas del Santuario en Grecia están mermadas, y un improvisado y variopinto grupo de caballeros de plata y bronce deberá junto a su diosa lidiar con la destrucción que no solo corroe a la tierra sino también a las almas de sus habitantes.
    Comentarios y críticas Aquí



    Lista de capítulos

    1. Preludio de un incierto destino ---
    2. La agonía de un alma ---
    3. Un horizonte helado ---
    4. Batalla en tierras antárticas ---
    5. Cuando el dolor no nubla la esperanza ---
    6. Rugir de guardián ---
    7. El ángel de la muerte PRÓXIMAMENTE AVANCE:
    Más de trescientos años han pasado desde la trágica historia de Daeru, las fuerzas contra las que este se enfrentaba secretamente han ganado fuerza, mientras que las del santuario ante tantas batallas han mermado. ¿Qué hacer en este contexto en donde ataques ocurren cada vez más a menudo en un mundo convulsionado?
    Las pocas fuerzas del ejército de Athena se separan en búsqueda de la identidad de los atacantes.
    ¿Quién es ese sujeto triste que parece que perdió todo lo que amaba en su vida?, ¿Quién es ese al que algunos llaman “El ángel de la muerte” y por qué ese apodo? ¿Qué lo motiva a continuar a pesar de que la alegría para sí es algo pasado?...¿Es a caso el odio hacia quienes lo llevaron hasta ese punto(incluso sí mismo)?, ¿O por los sueños que guardaban aquellos que fenecieron?
    8. Al sur donde el hielo flota, como navío en la tormenta, como esperanza en dolor INCIERTO AVANCE:
    Hacia el extremo sur del continente americano es enviado un caballero de particular apariencia, el cual padece una gran falta de autoestima, que a menudo amenaza con llevarlo a un punto sin retorno.
    Golpeado por el destino y de manera inesperada encuentra en aquellas tierras una revancha, que le devuelve cierto optimismo, pero que ala vez también revive un temor profundo.
    Así mismo, un hallazgo del caballero de plata llevará respuestas y también más preguntas a las interrogantes del santuario.
    9. Buscando un indicio. INCIERTO AVANCE:
    Una serie de desapariciones misteriosas en el santuario agravan su situación. En éste contexto un caballero muy peculiar, que no parece importarle la supervivencia de esos compañeros, y que tampoco parece llevarse bien con nadie, es el encargado de indagar en el caso. Esa búsqueda no solo lo llevará a viajar largas distancias sino también a confrontar con otros caballeros de Athena, inclusive con la misma diosa. ¿Qué estará pasando?

    ¿Qué es Caballeros del zodiaco?

    Llamada en latinoamérica -y creo que en españa- como "Los caballeros del zodíaco", en japón se la conoce como "Saint seiya".
    Es un animé que comenzó con un manga (como en la mayoría de los casos), creado por masami kurumada en el año 1986, que posteriormente pasó a la tv. Es una de esas series clásicas estilo dragon ball.
    Es preciada en parte (al menos en mi caso xD) por los valores como la amistad que se reflejan, la música, que es un punto fuerte en la serie, y la mitología que la envuelve (en mi caso no me gustaba la mitología griega, pero con esta serie ya cambió mi percepción al respecto xD).

    Lo básico a saber es que la historia gira entorno de la diosa Athena y sus caballeros que deben protegerla. Las categoría de los caballeros son tres (claro que si no cuentas los soldados ), están los caballeros de bronce (el rango más bajo), los de plata (rango medio), y los de oro(rango más alto). En total deberían de haber 88 caballeros, uno por cada una de las constelaciones. Los caballeros de oro representan los doce signos del zodiaco.
    El templo de la diosa se encuentra en Grecia, y para llegar a el, primero debe pasarse por las doce casas custodiadas por los santos dorados.

    Athena en este universo representa a la deidad que protege el mundo, y por lo general es la única que defiende a la humanidad que otros dioses consideran ya perdida.

    Esto solo es una breve reseña, por más y mejor información aquí la encontrarás.

    O sino aquí una parte extraída de una web que explica el porqué del éxito de la serie =]





    Última edición por Muerte_Rigurosa; 07-11-2018 a las 04:41 AM.


    CdZLSdO / PKAR / OSs y Drabbles / Galería

    "it's easy to condemn without looking in the mirror, behind the scenes opens reality! "

    "De la Ilusión me conduzco a la Verdad, de la Oscuridad me conduzco a la Luz, de la Muerte me conduzco a la Inmortalidad"

  2. #2
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    Personajes


    Fichas de los personajes

    -------------------------


    -------------------------
    Nombre: Daeru
    Constelación: Piscis volans (Pez volador)
    Signo: Piscis
    Edad: 21 años
    Altura: 176 cm
    Peso: 70 kg
    Fecha de Nacimiento: 28 de febrero
    Lugar de Nacimiento: Antártida
    Lugar de Entrenamiento: Antártida
    Maestro: Gamel de Cetus
    Especialidad: Ofensiva
    Forma de ser:
    Antes: De muy buen humor a pesar de su negatividad. Bastante osado.
    Después: Cambia su su buen humor por ansias de venganza, de manera que se vuelve más serio. Continúa osado.
    Relación con los demás:
    Antes: Muy fraternal y de respeto
    Después: Debido a lo ocurrido solo mantiene su relación de respeto.
    Personajes relacionados: Gamel(Maestro), Kaira ("Hermana")
    Descripción física: Pendiente
    Otros: -
    -------------------------


    -------------------------
    Nombre: Gamel
    Constelación: Cetus (Ballena o Monstruo marino)
    Signo: Leo
    Edad: 72 años // 17 años (capítulo 3, 4, 5 y 6)
    Altura: 195 cm
    Peso: 86 kg
    Fecha de Nacimiento: 14 de agosto
    Lugar de Nacimiento: Islas Svalbard, Noruega
    Lugar de Entrenamiento: Noruega
    Maestro: Regeru, un wyvern de tierra, y Daegea, una wyvern de hielo.
    Especialidad: Ofensiva, después Ofensiva y defensiva.
    Forma de ser: Bueno con quienes aprecia o tiene algún respeto. Bastante rencoroso. Suele enojarse, pero intenta no reaccionar de mala manera ante quienes aprecia o respeta. En su juventud era muy negativo pero al dejarla de lado comenzó a disfrutar de las pequeñas cosas de la vida, y suele mostrarse de buen humor.
    Relación con los demás: Si es por aquellos que aprecia o respeta tiene un trato cordial. Intenta protegerlos con todos sus medios aunque estos no sean suficientes. Es una tendencia que desde cierto hecho en su juventud aumentó.
    Personajes relacionados: Daeru(Alumno), Kaira (Alumna), Telos (Mejor amigo)
    Descripción física: Pendiente
    Otros: -
    -------------------------

    -------------------------
    Nombre: Telos
    Constelación: Cerberus (Cancerbero)
    Signo: Aries
    Edad: 17 años (capítulo 3, 4, 5 y 6)
    Altura: 177 cm
    Peso: 65 kg
    Fecha de Nacimiento: 7 de abril
    Lugar de Nacimiento: Algún lugar de los himalayas Tibetanos
    Lugar de Entrenamiento: Noruega / Libia
    Maestro: Regeru, un wyvern de tierra, y Kalegeo, un wyvern de fuego.
    Especialidad: Resistencia y velocidad.
    Forma de ser: Pacífico, Cordial, Perseverante
    Relación con los demás: Muy fraterna, tiende a preocuparse por el bienestar de los demás y no duda en ayudarlos de la manera que le sea posible.
    Personajes relacionados: Gamel (Mejor Amigo)
    Descripción física: Pendiente
    Otros: -
    -------------------------

    -------------------------
    (Por OS "Desdichado")
    Nombre: Canopus
    Constelación: Argo navis (Navío Argos)
    Signo: Tauro
    Edad: 15 años
    Altura: 211 cm
    Peso: 82 kg
    Fecha de Nacimiento: 18 de mayo
    Lugar de Nacimiento: Matto Grosso, Brasil
    Lugar de Entrenamiento: Matto Grosso, Brasil
    Maestro: Arandú.
    Especialidad: Ofensiva y defensiva.
    Forma de ser: Voluntarioso, respetuoso, tranquilo, a veces serio, no suele enojarse. Tiende a tener un ánimo más melancólico.
    Relación con los demás: Suele ser bastante tímido debido a las cosas que le han tocado vivir, a pesar de ello no duda en mostrar su (paradógicamente) gran corazón en momentos que los demás lo necesiten.
    Personajes relacionados: Arandú (Maestro), Akatu (...¿Amigo?)
    Descripción física: Pendiente
    Otros: Desconoce sus orígenes. Físicamente hablando tiene un corazón más pequeño que lo normal para su gran tamaño, lo que hace que se fatigue con facilidad.
    -------------------------

    -------------------------
    (Por Drabble "2 de noviembre")
    Nombre: Juan
    Constelación: Corvus (Cuervo)
    Signo: Virgo
    Edad: 21 años
    Altura: 184 cm
    Peso: 74 kg
    Fecha de Nacimiento: 18 de setiembre
    Lugar de Nacimiento: Uruguay
    Lugar de Entrenamiento: Escocia
    Maestro: Kentigern.
    Especialidad: Ofensiva y resistencia.
    Forma de ser: Serio, solitario, introvertido, y extremadamente melancólico.
    Relación con los demás: Distante.
    Personajes relacionados: Lena (Novia fallecida), Kentigern (Maestro)
    Descripción física: Pendiente
    Otros: Entre sus pares es bastante respetado. Tiene el apodo de "Ángel de la muerte". Los delincuentes despiertan su lado más cruel.


    Particularidades inherentes a los personajes

    Daeru: Fue el primer personaje que inventé de éste universo que es Saint seiya. Su fecha de nacimiento es un homenaje a mi anterior mascota, Kimba, ya que justamente había nacido ése día.
    En el desconocimiento que tenía en ese momento sobre las armaduras de plata o de la constelación misma, le dí ése rango, siendo que por importancia en el cielo debiera haber sido de bronce.

    Gamel: Debido a que a Daeru le había puesto como armadura la del "Pez volador" y de manera "extraoficial" la que le debía haber correspondido a Kaira era la del "Pez austral", decidí darle la armadura de la Ballena a Gamel, para que los tres quedaran con constelaciones que representan animales marinos. En su caso un cetáceo, en el de ambos alumnos peces.
    Comparte en sus inicios la misma tendencia de negatividad que tiene Daeru, pero en ése momento ya la había superado.
    Si dividis entre dos el día y mes de nacimiento, obtenes la fecha de nacimiento de Telos (14/2=7, 8/2=4, 14 de agosto y 7 de abril).

    Telos: Tiene una historia en particular fuera del universo de saint seiya, siendo personal y que explica porqué es sin ningún tipo de duda mi personaje favorito de los propios. Era agosto o setiembre de 2010, hacía poco que mi abuela materna había fallecido, y por ésa razón nos turnábamos para ir a acompañar al abuelo a su casa. Yo aprovechaba las noches para dibujar, jugar en la computadora o hacer búsquedas en internet. Y un día tocó buscarle un nombre al personaje. Primero comencé con nombres de ciudades de Lemuria, que si bien es un continente mítico, creí que podría haber algo escrito, pero nada. Persistí hasta que me topé con una lectura que me resultó como un "despertar" de conciencia. Fue un antes y un después de lo que era mi vida. Eso fue sobre una supuesta ciudad Intraterrena de origen Lemuriano y llamada "Telos", y que en su lengua significaría "uno con el alma". Y eso fue en parte por lo cual el personaje terminó convirtiéndose en una especie de "ser de luz" y que sus técnicas estén ligadas precisamente al alma.
    Después de ése día, me han pasado sueños extraños y llegué a ver rayos dorados a la cercanía (¿quizá seres de luz?) en múltiples ocasiones.
    Otra particularidad, es que una vez tuve un sueño en el que tanto Telos como Gamel luchaban en contra de Thanatos, un Dios de Saint seiya, y de ahí surgió una de sus técnicas, la que llamé "armonía".
    Si multiplicas entre dos el día y mes de nacimiento, obtenes la fecha de nacimiento de Gamel (7*2=14, 4*2=8, 7 de abril y 14 de agosto).

    Canopus: Surgió gracias a algo por fuera del universo de saint seiya, con una raiz que deriva de lo que me ocurrió con Telos.
    En su caso su lugar natal está definido por una supuesta ciudad intraterrena llamada "Posid" que se encontraría en el Matto Grosso.
    En cuanto a su historia, se me hizo interesante indagar en temas de discriminación, dificultades físicas y depresión, intentándole dar un giro de esperanza.
    Su fecha de nacimiento fue dada más que nada por ser un feriado de Uruguay, no su significado xP "La batalla de las Piedras"

    Juan: Es mi segundo personaje favorito de los que he inventado en éste universo, rivalizando el puesto con Canopus, y un tercer personaje que no ha aparecido todavía. La razón en específico es que en cierto modo representa en mi interior la contraparte de Telos, "el Ying y el yang". Si bien no representa una parte literal de mi persona en cuanto a personalidad, representa mi tendencia a escribir cosas crueles contra mis personajes, leer sobre ciertas torturas medievales y mi inspiración más fuertemente deprimente.
    El hecho que le pusiera la armadura del cuervo tampoco es de menos, al estar éstos ligados a la muerte. En fin...es el "muerte_rigurosa" de la historia xD
    Además de sus cuervos, tiene un "cuervillo de cabeza roja", siendo éste en verdad una especie de buitre, ésto simbolizando el hecho que en sudamérica no hay ninguna especie de cuervo.
    Última edición por Muerte_Rigurosa; 09-04-2016 a las 04:12 AM.

  3. #3
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    Canciones usadas

    Canción Aparición Significado
    Dead or dead - Hironobu Kageyama "Opening" del fic
    -----
    Fue la canción que iba a ser el opening de la "Saga de Hades" del anime pero en los 90, pero debido a que se canceló cuando por fin hicieron esa saga en 2003 no la usaron.
    Como me parece una gran canción, y me encanta ese sonido de la época, como "homenaje" se convirtió en el "opening" de mi fic.
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    Time - Hironobu Kageyama & Broadway "Ending" del fic
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    Al oír el disco en que estaba incluida me sorprendió el hecho que no haya sido usada en la serie, y de ahí debido a cuánto me gustó su sonido y que me pareció idóneo como para un ending fue entonces que le di ese lugar simbólico en mi fic.
    -----
    Theme from Antarctica - Vangelis Capítulo 1 - Preludio de un incierto destino
    -----
    Marca el comienzo del fic, en un lugar bastante inusual para las historias oficiales como lo es la Antártida. La música remite de una manera espléndida a ese gran continente.
    -----
    Farewell - Apocalyptica Capítulo 1 - Preludio de un incierto destino
    -----
    El nombre remite mucho al motivo por el cual aparece esta canción al final del capítulo. Su sonido trasmite ese sentido de despedida para los personajes involucrados, cómo se habrán sentido y a si mismo el hecho de que deben continuar adelante a pesar de todo. Aunque sea música que proviene de un ámbito diferente a la del principio del capítulo, le da mucha expresión al fin.
    -----
    Moondance - Nightwish Capítulo 2 - La agonía de un alma
    -----
    Si bien es un comienzo con mucha fuerza para el capítulo, es un contraste entre la tristeza de los personajes y la vivacidad de las auroras astrales en el comienzo del largo invierno Antártico. Así mismo, enmarca el comienzo de una batalla.
    -----
    Grey - Tarot Capítulo 2 - La agonía de un alma
    -----
    Una de las pocas canciones cantadas que aparecerán en el fic. Grey es una canción la cual expresa incluso en su letra el sentir de uno de los personajes en el contexto en que se encontraba al final del capítulo, con sus leves excepciones. Como dice una frase de la canción "Grey is everything I see, grey is everything around me"
    -----
    Witchdrums - Nightwish Capítulo 3 - Un horizonte helado
    -----
    Dado el comienzo misterioso de éste capítulo, la canción es acorde.
    -----
    Caribbean blue - Enya Capítulo 3 - Un horizonte helado
    -----
    A pesar de hablar del azul del caribe y éste en el contexto de la historia no aparece, lo tomé precisamente porque habla de ese tipo de color pero en el cielo. Algo muy significativo para un personaje. Aunque en esa parte del capítulo se encuentra lloviendo y cuando termina ya es noche, de todas maneras el sentimiento que transmite es el de esa parte. Cierta paz.
    -----
    Flowers of the sea - ERA Capítulo 4 - Batalla en tierras Antárticas
    -----
    Esa música encuadra muy bien pensando en el relato de lo que fue la vida de los personajes en varios meses. En especial el mar en la noche con la luna en el horizonte.
    -----
    Black blade - Two steps from hell Capítulo 4 - Batalla en tierras Antárticas
    -----
    La música refleja que a pesar de ser el final de un capítulo, la batalla recién empieza, y ya desde esos momentos comienza a mostrar la crudeza que tiene y tendrá. Sin embargo también toma importancia por la escena del final ya que la canción tiene ese espíritu.
    -----
    Interludium - Therion Capítulo 5 - Cuando el dolor no nubla la esperanza
    -----
    Estamos en el capítulo intermedio de una batalla que se extiende por tres capítulos extensos. En un momento que refleja la potencia, la crueldad y en cierto modo el sentir de uno de los personajes al respecto.
    -----
    Quutamo - Apocalyptica Capítulo 5 - Cuando el dolor no nubla la esperanza
    -----
    Representa un cambio repentino hacia el final del capítulo en el que a pesar de que denota furia también contrasta con mesura a pesar de las circunstancias. Hay dos momentos en la canción que parecen reflejar esos ánimos, algo de esperanza, y así mismo la incertidumbre de cómo continuará.
    -----
    A growing feeling - Two steps from hell Capítulo 6 - Rugir de guardián
    -----
    Su significado se encuentra ligado a ese comienzo en apariencia distante del final del capítulo anterior. La música va muy bien con las escenas de aquellos prados, pero que esconden algo oscuro, algo que tiene su reflejo en el estado de ánimo descrito en esa parte.
    -----
    Ameno - Era Capítulo 6 - Rugir de guardián
    -----
    La última parte de la batalla da comienzo y ésta canción trasmite esa sensación en la que ésta se vuelve pareja.
    En cuanto a letra es conocido que no tiene un significado sino que es una especie de latín mal hablado y de ahí que no influye en el porqué de que la haya puesto en esta parte del episodio.
    -----
    Imaginaerum - Nightwish Capítulo 6 - Rugir de guardián
    -----
    De la película de 2012 del mismo nombre.
    A través de su música hizo imaginarme múltiples escenas que han ocurrido a lo largo del capítulo, y en especial lo más cercano al final, ya que en muchos tramos da una sensación esperanzadora. Marca el final de algo, en este caso de la tanda de capítulos que viene desde el tercero, en donde a pesar de las interrogantes y cuantas cosas negativas hayan salido, lo principal que se rescata es lo positivo.
    -----

    Puedes escuchar en una lista esta desigual selección musical AQUI. O si no encuentras la página, AQUI
    Última edición por Muerte_Rigurosa; 06-06-2016 a las 09:39 PM.

  4. #4
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    Capítulo 1- Preludio de un incierto destino

    Capítulo 1- Preludio de un incierto destino



    La Antártida, el continente helado del sur, el desierto de hielo. Tierra de extremos, uno de los lugares más fríos, las reservas más grandes de agua dulce, uno de los lugares con menos precipitaciones en el mundo.
    Excluyendo a los científicos que estudian la zona, en la actualidad nadie habita este lugar, y no es de extrañar, por las duras condiciones de este. Se dice que el paraje está deshabitado hace miles de años, ¿será del todo cierto?

    Una fuerte ventisca azotaba las níveas y desoladas tierras. El frío era insoportable, posiblemente veinticinco grados por debajo de los cero grados. Pero en este gélido infierno, podían verse dos personas en medio del peligroso lugar.
    Un anciano de gran estatura, y escuálido estaba parado en medio de la congelante tormenta. Sus largos cabellos que hacían buena combinación con el ambiente eran mecidos violentamente por la turbulencia.
    Este sujeto vestido con una especie de sotana de color blanco que llegaba al suelo y de largas mangas que ocultaban sus manos, estaba rodeado de una especie de aura multicolor. A su lado estaba un chico de cabellos largos y negros que contrastaban con el lugar. Era un poco más bajo en estatura del que era su maestro.
    A pesar del frío típico de aquellas tierras del sur, vestía un buzo de manga corta, amarillento por lo viejo que era y que había sido remendado numerosas veces. Los pantalones eran de un color amarronado, y las botas de un color marrón casi negro estaban puestas sobre la terminación.
    El joven también se encontraba circundado con un aura similar a la del anciano, esta vez de color blanco-azulado, pero que apenas era visible.
    En sus celestes ojos que recordaban al cielo, se podía ver la dificultad por la que estaba pasando al estar en aquel sitio.

    -Daeru, las tormentas como esta en la que estamos, normalmente serían peligrosas para cualquiera, provocan la muerte por congelamiento, pero si logras evitar sus efectos, la experiencia te será valiosa para otras situaciones que puedan ocurrir en el futuro. Imagina que esto es un ataque en tu contra, elevando tu cosmos deberías de ser capaz de evitar el daño-Respondió el anciano de níveos cabellos serenamente.

    -Maestro, está en lo cierto, pero por más que lo intento, no creo poder llegar a lo que usted está haciendo. A duras penas puedo evitar que el viento me congele- Respondió el aprendiz tiritando de frío.

    -El problema no radica en la técnica, veo que te desempeñas en ese sentido muy bien. El problema no es el cosmos, ya que el tuyo no es débil. El problema radica en la mente. Mientras no puedas liberarte de los pensamientos negativos, jamás podrás llegar a resistir satisfactoriamente una tormenta de este tipo. Y esto también puede aplicarse a otros ámbitos de la vida. Ese es tu obstáculo personal, si no puedes sortearlo, nunca podrás convertirte en caballero- Respondió el anciano.
    El muchacho de escasos veinte años no respondió, solo continuó en su lugar, sufriendo el frío y reflexionando las palabras dichas por su interlocutor.

    -Se que puedes hacerlo-Dijo el maestro brevemente al ver a su pupilo sumido en sus pensamientos, y el dolor físico que el frío le provocaba.

    -Moriré aquí si no hago lo que dice el maestro, pero esto es demasiado…no, no puedo pensar así, es cierto, si creo que voy a morir por esto, es casi seguro que así será. Igualmente es un frío que intimida, y congela hasta los huesos…-Pensó Daeru.

    -Es necesario que superes esto, ya que tu último reto, estará relacionado-Dijo el maestro.
    -¿Último reto?-Preguntó el pupilo.

    -Ah sido mucho tiempo el que has estado entrenándote, créeme, más de lo normal, pero es que será necesario que te de una misión importante, y debes de estar preparado para ello-Respondió el anciano.

    -¿Misión importante?, ¿qué podría hacer yo que desconozco el mundo del que me hablas más allá del mar?, ¿Cómo podría ser de ayuda a la diosa Athena en un lugar tan remoto como este?-Indagó Daeru.

    -No subestimes lo que puedes hacer, quizá no tengas conocimiento de muchas cosas, a mí también me ocurre lo mismo, hace muchos años que desconozco la situación fuera de estos parajes, pero mi misión ha sido la de proteger estas tierras, y si pasas las últimas pruebas, esta responsabilidad te será legada-Dijo el canoso.

    -Comprendo-Respondió brevemente el alumno.
    A muchos metros se alzaba una nívea montaña, y a sus pies se habría una caverna. De allí se asomó una niña de cabellos níveos que, contrastando con el clima del lugar, mostraba una cálida mirada y una gran sonrisa.

    -¡No vengas!, hace mucho más frío aquí que ahí donde estás-Dijo el anciano con tono alegre a la pequeña mientras esta observaba con sus ojos verdes a Daeru y al Maestro.

    -Es que Daeru se va a enfermar-Se excusó la infante mientras bajaba la cabeza aún dirigiendo la mirada hacia el viejo, e intentaba ocultar sus manos que se enfriaban aún más con el clima, en las mangas de su saco largo color café.

    Entre tanto el aprendiz de caballero miraba hacia arriba de la montaña con cierta preocupación. Y no era de menos, ya que parecía que la nieve en el pico comenzaba a venirse abajo.
    -¡Cuidado!-Exclamó ante la inminente avalancha que se avecinaba, y corrió hacia el pie de la cumbre en donde estaba la niña, agarrándola como pudo. En el trascurso de la acción, el cosmos que hasta ese entonces se había mostrado como un aura de poco grosor, comenzó a arder como llamas alimentadas por la madera. El problema en ese momento era que no les daría el tiempo de escapar del terrible monstruo helado de la naturaleza que ya estaba casi sobre ellos.

    -¡Infierno de hielo!-Gritó el desesperado Daeru señalando enérgicamente hacia la avalancha con la mano que no sostenía a la pequeña. Pero la nieve embravecida ya estaba encima de ellos, a instantes de aplastarlos. Esto último no fue impedimento, como para que detrás del aprendiz comenzara una especie de contra-avalancha, que pasó sobre ellos sin hacerles daño y dio de lleno con su homónima natural, como si fuese una batalla de dos bestias titánicas. El ataque del joven arrastró con fuerza a la precipitada nieve, que acabó por ceder y unirse a su contra que subió la montaña y allí se quedó.
    Casi que sin creerse de lo que se habían salvado el pupilo deja a la infante en el suelo y después se sienta mirando aún hacia el pico.
    Entre tanto el anciano observaba lo que ocurría con serenidad y caminó hacia la cueva, pero al pasar por el lado de Daeru se detuvo.

    -Has pasado la prueba. Solo algo tan imprevisto como esto pudo hacer que por un momento la negatividad que en ti reinaba desapareciera, y tu cosmos se elevara. Te felicito. Ahora descansa, más tarde llegará el último desafío del que te hablé, que deberás pasar si quieres la armadura plateada del pez volador-Dijo sin mirar hacia el aprendiz, y se alejó con una tranquila sonrisa de satisfacción al ver que su alumno estaba llegando ya hacia el final de su instrucción.

    -¡Lo lograste hermano!-Exclamó la niña mientras abrazó al aspirante a caballero, que le devolvió una sonrisa.
    -Kaira, me alegro que todo haya salido bien-Respondió este último, mientras se tumbaba en la nieve.
    -¡Te vas a enfermar!-Reprochó la niña de corta edad mientras graciosamente jalaba de un brazo a Daeru sin poder siquiera moverlo de donde estaba.
    -Estoy bien- respondió el muchacho, a lo que la infante desistió en su intento de quitarlo de ahí, pero en cambio dio un salto como quien quisiera lanzarse a una piscina de panza y cayó sobre su hermano.
    -¡Estaba bien!-Exclamó este último mientras sus ojos se convertían en una cruz de manera cómica.
    -¡Ups!- Respondió Kaira brevemente
    -Solo bromeaba-Respondió el aplastado entre risas.

    Tras la escena se dirigieron hacia la cueva, ya que el clima aún estaba embravecido.

    -Señor Gamel, ¿Cuándo termina la tormenta?-Preguntó curiosa la niña al anciano, ya que no había nada que hacer allí dentro, salvo ver la nieve de las pareces de la caverna.
    -Se paciente, en cuanto acabe iremos de pesca. Hay que aprovechar los últimos días de verano, ya que el invierno comenzara pronto, y ya saben, será duro-Respondió el peli-blanco.
    -¡Luces!-Exclamó la infante, refiriéndose a las auroras australes, ya que le agradaba mucho verlas.
    -Invierno, eso significará que pasaremos mucho tiempo a oscuras, las auroras al menos nos van a animar como siempre-Dijo su hermano.
    -Claro que si, además que puede que se vengan tiempos difíciles, y eso hablando en otros aspectos-agregó el anciano.

    -¿A qué se refiere?-Preguntó Daeru.
    -Hay personas que nos perseguirán aprovechando las condiciones venideras, y no tienen buenas intenciones-Respondió el señor de níveos cabellos.
    -Pero, ¿porqué?, ¿Cómo sabe eso?, ¿qué hemos hecho como para que nos busquen?-Continuó indagando el aprendiz.
    -Eso no puedo decírtelo en este momento, pero espero que pronto pueda hacerles saber-Respondió serio su maestro.
    -Está bien, en ese caso deberemos de tener cuidado, y si nos encuentran, prometo intentar vencerlos-Dijo sonriendo Daeru.
    -De eso estoy seguro, no obstante hay uno de esos enemigos que me preocupa mucho, has mejorado demasiado en tus habilidades, pero…-Respondió el anciano mientras miraba hacia la tormenta de nieve.
    -Entiendo lo que quiere decir, de todas maneras no estaría a su altura-Interrumpió el pupilo.
    -No era lo que iba a decir. Estoy seguro de que podrías vencerlo, de proponértelo, no obstante, eso depende de cómo se den los hechos. Ya que es capaz de destrozarte con una sola técnica, pero si te alcanza estoy dudando de lo que podría pasar…-Contestó el maestro.
    -¿Pero en qué cosas que podrían pasar duda?-Preguntó el aspirante a caballero.
    -Si sobrevivirías o no, una de sus técnicas puede ser mortal con solo tocarte, incluso un roce con el ataque es riesgoso. Nunca he visto alguien que viviera después de esto para contarlo. Pero se dice que si te salvas, de todas maneras se acortará tu vida-contó el canoso.
    -¿Entonces si me encuentro con este enemigo quiere decir que moriré, y no podré vencerlo? , ¿entonces para que dudaba?, un ataque así sería el fin -Respondió en tono de resignación Daeru.
    -Allí es donde radica el problema, tu mentalidad, eres incluso más negativo que un número negativo. Sin voluntad no lograrás nada, y el pesimismo es lo que genera esto, de continuar así puedo asegurarte que ante este enemigo morirás al instante, pero si lograras llegar a ver las cosas desde otra perspectiva, y tienes la voluntad necesaria podrás salir victorioso, o al menos sobrevivir a ello.
    Disculpa por haber sido directo, pero ese es el único aspecto al que veo, tienes que mejorar-Dijo el anciano.
    -¿Pero entonces como es que solo me falta una última prueba?...¿Y por qué me ha elegido a mí como para convertirme en caballero entonces?-Preguntó el alumno.
    -Porque si no tienes voluntad, nunca pasarás esa prueba. Y la respuesta a esa segunda pregunta, es que tienes el deseo y las aptitudes para ello, lo que te acabo de decir es la única contra que veo, pero de superarla, me sentiré feliz de que te habré ayudado en este sentido, ya que te será útil en la vida misma-Respondió el maestro.
    -Está bien, entendido, haré lo que pueda por cambiar-Dijo el pupilo.
    Después de aquello, todos permanecieron en silencio, mirando el níveo paisaje de afuera de donde estaban.

    -Maestro…¿cómo es el mundo más allá del océano?-Cambió de tema Daeru. Una conversación sería mejor que estar sin hacer nada, o viendo como la nieve se acumulaba.
    -El planeta tiene mucha diversidad, tanta que si quisiera decir todo lo que hay, tardaría mucho tiempo, o aún, no podría. Pero en general, hay lugares de climas más calurosos, que llegan al otro extremo de la Antártida, hay otros en donde está más templado, y es más probable que llueva...-Respondió el viejo tutor, antes de ser interrumpido.
    -¿Qué es llueva?-Preguntó Kaira con curiosidad.
    -Es cuando cae agua líquida del cielo Respondió Gamel, a lo que Daeru se imaginó al agua cayendo violentamente como un bloque solo.
    -¿Pero nadie se ahoga por ello?-Preguntó consternado el alumno.
    -No, al menos es lo que supongo, olvidé mencionar que el agua cae en gotas, y que no sería como estar bajo el océano, con lo más cercano con lo que la podría comparar es con las tormentas de nieve -Respondió entre risas el anciano a aquella pregunta mientras señalaba hacia la ventisca de afuera.
    -¡Que tonto soy!, si eso pasara, usted no estaría aquí para contarlo, y ¿Cómo podría ser que cayera el océano sobre nuestras cabezas?-Dijo el pupilo de buen humor pero avergonzado.
    -¡Quisiera estar bajo una “llueva”!-Exclamó la niña con entusiasmo.
    -No se le llama “llueva” sino “lluvia”-Aclaró Gamel.
    -¿Y qué más hay en el mundo?-Preguntó Daeru.
    -¡Sí!, ¿qué más?, ¿qué más?-Apoyó Kaira.
    -Está bien, está bien, les diré algo más…en cuanto a colores, encontrarán más variedades de los que pueden ver aquí, incluso encontrarán mucho verde-Dijo el anciano mirando a la infante.
    -¿Cómo el de los ojos de Kaira?, eso sería digno de ver-Dijo el muchacho.
    -Hay muchas cosas por ver, de seguro alguna vez podrán descubrir muchas de estas, nadie sabe lo que nos depara el futuro, pero si tienen la voluntad u oportunidad para llegar a esto, de seguro se maravillarán con lo que encontrarán-Concluyó Gamel.

    -¿Podría hacerle otra pregunta?-Dijo Daeru pensativo.
    -Claro, ¿qué es lo que quieres saber?-Respondió el canoso.
    -Es sobre Athena y el santuario. Me gustaría saber si algún día podré conocer este lugar y a la diosa-Preguntó el alumno.
    -Es posible que debas ir al santuario alguna vez, si es que surgen problemas que ameriten esto, no obstante, creo que no te será posible conocer a la diosa en persona, esta renace cada doscientos años aproximadamente, y no estamos en la época en la que podría regresar-Dijo el anciano.
    -Comprendo-Respondió brevemente Daeru.
    -Pero si quieres saber en dónde queda el santuario, como te he dicho muchas veces, está en Grecia, y aquí quedaría el lugar aproximadamente, pero es mucha distancia-Indicó Gamel en un mapa de cuero que tenía marcado el lugar del sagrado sitio, y que había sacado de una bolsa de trapo vieja que llevaba atada a un cinturón de la misma tela blanca que el resto de su atuendo.
    -La tormenta merma, es una suerte, ahora hay que moverse-Cambió de tema al ver hacia afuera.


    Así todos emprendieron la caminata que los hizo pasar por el bello paisaje eternamente nevado, grandes picos blancos se elevaban a la lejanía, el cielo era celeste intenso, sin nubes, lo único que interrumpía aquella armonía de colores era el sol que iluminaba y hacía a la vez de acompañante.
    Estaban acostumbrados a aquel camino de modo que este no les resultaba muy cansador, incluso Daeru recordaba los días en que su maestro lo hacía cargar con un gran bloque de hielo, lo que de seguro le fue de mucha ayuda, aunque en aquel momento hubiese deseado no haber salido de la cueva.

    -¿Cuánto falta para llegar?-Preguntó la niña mientras jalaba de la larga túnica de Gamel para llamarle la atención.
    -¡Recién hemos salido!, eres impaciente, aún nos falta para llegar-Respondió el anciano de buen humor.

    Así continuaron por largo rato, aproximadamente una hora, en donde lo único que veían frente suyo era nieve, nieve, y más nieve. Pero de repente, en el horizonte se divisó el gran océano.
    En ese momento Kaira corrió felizmente hacia la costa, le gustaba mucho ver las criaturas que allí rondaban, pero sin dudas sus favoritas eran aquellas aves de torpes movimientos en tierra, que a veces para evitar caminar, preferían deslizarse por la nieve.

    -¡Espera!, ¡Yo también voy!-Exclamó el joven que corrió tras ella.
    -¡No me dejen!, ¡no puedo ir más rápido!-Suplicó el maestro graciosamente mientras intentaba perseguir a su alumno y a la niña.

    Después que todos llegaron (Gamel tardó bastante), ya era hora de pescar.
    -Daeru, la mayor parte de la pesca correrá por tu cuenta, a la vez te servirá de entrenamiento para lo que viene-Dijo el anciano mientras hacía que del cielo surgiera una bola de nieve que al parecer era de considerable peso a pesar de su tamaño, ya que esta se precipitó sobre el océano y tras caer levantó unas gotas del líquido como si algo hubiese explotado. Al instante un pescado subió a la superficie, a uno de sus lados salían muchos picos de hielo, marcando el lugar en el que había sido golpeado.
    -Oh, muy bien, este es grande-Comentó a cerca de lo que había pescado.
    -Está bien, lo haré-Respondió el pupilo, entonces comenzó a hacer lo mismo que había hecho su maestro para pescar al pez. Observar, esperar y atacar.

    -¿Recuerda que me dijo que me ha estado entrenando más de lo normal?, ¿cuánto tiempo de más aproximadamente?-Preguntó el alumno.
    -¿Cuánto tiempo?, por lo general se entrena de dos a seis años, pero tú has comenzado a entrenar un tiempo después desde que me conociste, si tuviese que decir el tiempo, creo que han sido quince años-Comentó Gamel
    -¿Tanta diferencia?, no me explico para que tanto tiempo-Indagó Daeru, eran nueve años de diferencia con lo normal.
    -Eso pronto lo sabrás, pero ahora deberías de preocuparte por lo que estás pescando-indicó el anciano ya que el aspirante a caballero estaba golpeando con el ataque a un indefenso trozo de hielo que flotaba.
    -Tiene razón, lo ciento-Respondió el pupilo sorprendido y avergonzado, continuando tras esto con su labor.

    Entre tanto Kaira observaba fascinada la naturaleza, las aves volaban, y a la lejanía podían divisarse ballenas. Pero el mejor espectáculo ocurría cuando las rechonchas aves de color negro y blanco salían del agua y se arrastraban por el hielo. Aunque algo andaba mal, y es que ya sabía lo que ocurriría si veía cerca una criatura gorda de color gris con punzantes dientes amarillentos en su gran boca. Con dos aletas a modo de brazos y en la punta de la cola otras dos.

    Gamel ya le había dicho que lo que ocurriría era una ley de la naturaleza. De todas maneras, no le gustaba nada que aquella bestia devorara pingüinos. Entonces corrió hacia esta con el fin de ahuyentarla. Pero al ver que no se iba, extendió uno de sus brazos con la palma de la mano hacia el animal, y del cielo surgió un copo de nieve, que al caer en el suelo, estalló en cientos de cristales de hielo que volaron hacia la foca, que enfadada comenzó a perseguir a Kaira.

    -¡¡¡Ahhh!!!, ¡me quiere comer!- Gritó con mucho temor mientras intentaba escapar.
    Aunque la persecución no duró mucho, ya que sin previo aviso, un pescado congelado golpeó a la criatura, que huyó lanzándose al mar.
    -¿Estás bien?, no deberías de haber hecho eso-Dijo preocupado Daeru, que había dejado la labor en la que estaba para salvar a la niña.
    -Sí, pero se quería comer a los pingüinos-Respondió Kaira con la cabeza baja, pero mirando a su hermano.
    -Sé lo que sientes, pero para sobrevivir las focas deben comerse a los pingüinos, pero no se los comen a todos-Explicó el muchacho sonriendo.
    -¿No?, ¿y cómo hiciste que se vaya?-Preguntó la infante que no sabía cómo había echado al furioso animal.
    -Simplemente es...¡el poder de la pesca!-Respondió Daeru entre risas, mientras tomaba lo que le había arrojado a la bestia y se lo mostraba a la niña.
    -Es muy poderoso…-Comentó sonriendo, siguiendo el hilo a la broma Kaira.

    Entonces el aspirante a caballero, continuó con su tarea, ya que debían tener una buena reserva porque en invierno el mar se congelaría y si querían pescar deberían recorrer una mayor distancia hacia donde estaría la costa. Ese camino de seguro lo tendrían que hacer, pero lo mejor era evitar llegar a eso prontamente.

    Mucho tiempo pasó en el ahora pacífico lugar. Daeru había conseguido una buena cantidad de pescado, Gamel que hasta ese entonces había estado mirando la pesca, se acercó y extendió su mano por sobre la pila de alimento y esta comenzó a congelarse, a tal modo que en un rato era un gran trozo de hielo.

    -Ahora debes llevar de regreso este bloque hacia la caverna-Comentó.
    -Si señor-Respondió brevemente el alumno, pensando en que ya sabía que le diría eso, y que debería empujar el helado objeto.

    Así emprendieron el recorrido de vuelta, la fría brisa del aire mecía los cabellos de todos, que a excepción de Daeru, estaban tranquilos. Pero la razón era que se acercaba el momento de aquella prueba final. El aspirante a caballero se encontraba en la duda. Sabía muy bien que debía confiar en que podría pasarla, pero una parte de si le decía que quizá eso no ocurriría.
    -Solo lleva el pedazo de hielo y no te preocupes por eso, el maestro dijo que debo sacar la negatividad de mi mente-Se decía.
    Por su parte, el anciano miraba hacia su pupilo, como sabiendo de esa batalla interna que estaba librando contra la negatividad, más no dijo nada al respecto. Tenía la esperanza que el optimismo podría alzarse victorioso.

    El camino de regreso hacia la cueva en la que se alojaban en ese momento (los tres eran nómadas), no tuvo sobresaltos, tan solo fue un tiempo de reflexión para los caminantes.

    Cuando estaban a pocos metros de la caverna, la nieve en frente del grupo, vuela por los cielos como una violenta erupción volcánica pero de poco tamaño, lo que toma por sorpresa a Daeru y Keira y los hace dar un salto hacia atrás.

    -¿Otra vez hace eso sin previo aviso?, uno de estos días nos va a matar-Dijo el pupilo en el suelo producto del brinco dado, y sobándose la cabeza.
    -Ahora puedes dejar el hielo en el hueco que se formó, y no, no creo que eso suceda-Rió el anciano -Keira, puedes regresar a la caverna-agregó, dirigiéndose a la niña.
    -¡No es justo!, yo quiero ver-Respondió esta, refiriéndose a la última prueba de su hermano, que sabía que se avecinaba.
    -Desde ahí podrás ver, ya que puede ser peligroso-Dijo el septuagenario.
    -Bueno…-Contestó de mala gana la niña, aunque después de eso regresó al lugar indicado con una sonrisa en su rostro.
    El aprendiz de caballero ya había dejado el pedazo de hielo, por lo que su maestro hizo que la misma nieve que hace un rato los asustó, se levantara y se lanzara contra el agujero.

    -Daeru, ha llegado el momento de la prueba final…-Dijo serio Gamel a su pupilo.
    -¿De qué se trata?-Interrumpió intrigado este último, mientras la duda sobre si estaría a la altura de tal desafío volvía a crecer dentro de él.
    -…Para lograr el derecho a portar la armadura de plata, primero deberás vencerme-Concluyó el anciano.
    -¿Está hablando usted enserio?, pero…no quisiera hacerlo…-Respondió el alumno con mucha sorpresa, nunca se le habría ocurrido un escenario así.
    -Nadie te dijo si estabas de acuerdo o no, en la vida suelen haber situaciones en las que no se te da otra opción. En este caso, si existen dos posibilidades, o luchas, o sino pierdes toda posibilidad de convertirte en caballero-Dijo el maestro de manera seria-debes demostrarme que estás listo para ello, quisiera comprobarlo de esta manera-agregó
    -De tener oportunidad, no quisiera hacerle daño. No a usted- Puso como razón para negarse a tal prueba el pupilo.
    -¿Alguien dijo que sería una batalla a muerte?-Preguntó Gamel.
    -Ahora que lo dice, no-Respondió brevemente Daeru, ya estaba entregado, sabía que no había otra opción que enfrentarse, ninguna de las dos posibilidades le agradaban, pero al menos, el saber que no sería un duelo de desenlace fatal lo confortaba.
    -En ese caso, ¿Qué te lleva a rechazar la batalla?, ya te lo he dicho, quisiera ver por mi cuenta si estás preparado para ser caballero o si aún no, ¿o quizá tus dudas están llevándote a rendirte tan rápido?-Indagó el anciano.
    -Maestro…para serle sincero lo que sucede es que es muy difícil enfrentarse a alguien que se le aprecia, supongo que nadie quisiera tener que pasar por algo así, y más sabiendo de su edad.
    Y créame que en este momento dudo de mí, como siempre, pero de una duda, surge una respuesta, y espero encontrarla. No se preocupe por ello, haré lo mejor que pueda-Contestó el aspirante a caballero.
    -¿Me estás tratando de viejo?, bueno, eso es cierto, con la edad uno pierde habilidad, no obstante no te preocupes por mí, y espero que puedas dar lo mejor de ti-Dijo de buen humor Gamel, al menos parecía que ya se habían puesto de acuerdo.

    Mientras tomaba distancia recordaba vivencias pasadas de aquellos años de entrenamiento que precedieron al encuentro que se avecinaba. ¿Aquel muchacho de buen corazón y humor, lleno de alegría, aquel que por circunstancias de la vida, nació en esos parajes helados, y le tocó ser huérfano a muy poca edad, sería el indicado para convertirse en santo de plata y además cumplir con otra función y una misión bastante importante?, por lo vivido a lo largo de todo ese tiempo, le parecía que era el indicado, pero ahora se revelaría si el arduo entrenamiento había dado resultado.

    -Por cortesía, puedes comenzar tú-Habló el peliblanco parado tranquilamente a varios metros de su alumno.
    -Si así lo desea…-Respondió Daeru que hasta ese entonces estaba a la defensiva, ya que sabía que su maestro era fuerte aún con sus muchos años encima. O al menos eso le pareció al recordar las veces en las que este le enseñó alguna técnica.

    Entonces levantó el brazo derecho, extendiéndolo hacia la dirección en la que se encontraba el septuagenario que aún seguía en su lugar apaciblemente, tranquilidad que era bastante intimidante para su pupilo. Del cielo se formaron copos de nieve que se precipitaron con velocidad-como si su peso fuese más grande que el que debería tener algo así- hacia el sitio indicado, pero el ataque fue repelido sin molestarse mucho por el anciano, quien puso sus brazos en posición de equis mientras un resplandor blanco lo cubría, y al extenderlos rápidamente toda esa luz formó una onda expansiva que barrió con la explosiva nieve.

    -Ahora es mi turno-Informó el peliblanco, indicando hacia el aspirante a caballero de una manera similar a la que este último había hecho. Pero copos de nieve no fue lo que sucedió esta acción, sino que la nieve que se arremolinó en torno a él, se levantó en una columna y dirigiéndose hacia el objetivo, cayó violentamente formando una avalancha.
    Daeru no tenía mucho tiempo para pensar en qué hacer ante tal situación.
    -Como me lo imaginaba-Pensó, mientras veía acercarse al imponente monstruo helado, pero no se quedaría viendo como arrasaba con él, así que respiró hondo para intentar calmarse, y corrió al encuentro de la bestia, levantando su cosmos de color azul blanquecino. Y tal como hizo su maestro, se envolvió en un resplandor blanco. Pero al estar frente a frente con la avalancha, se lanzó al suelo, dejando que esta pasara sobre él.
    Por un momento Gamel creyó que aquel acto arriesgado no había servido de nada, pero su pensamiento cambió, al ver que en un sitio donde yacía la nieve, esta voló hacia todos lados producto de la onda expansiva de nívea luz.
    -Ya veo, levantó su cosmos tal y como en la tormenta para poder protegerse del frío y después esperó para usar la técnica defensiva, lo que le dio protección extra, estuvo bien pensado, pero aún así fue arriesgado-Pensó el anciano.

    -Maestro, no sé si yo conozca todas las técnicas que usted sabe, pero las mías las conoce todas. ¿Cuál es el fin entonces de esta batalla?, dijo que quería probar si estaba preparado, ¿pero a caso lo que se propone es que intente demostrarlo contra alguien que sabe todos los movimientos que voy a hacer?-Preguntó el alumno.
    -Demuéstrame que a pesar de tener todo en contra, puedes dejar de lado tus pensamientos pesimistas, y puedes vencer, ese es el objetivo, si no lo logras y te rindes por ello, demostrarás que no podrías ser un buen caballero, ya que de estar en una situación difícil, no podrías sobrellevarla y en casos extremos, esto significaría la muerte-Respondió el septuagenario teniendo en mente el arriesgado movimiento que hace un momento hizo su pupilo, ya que eso fue algo lo cual no pudo predecir, contrariando lo que expresó Daeru –Ahora, basta de palabras, continuemos-Agregó, e hizo que la nieve alrededor de su alumno se levantara, formando una especie de fauces que lo “engulleron” de una manera nada pacífica. La formación voló por los aires un momento, para estrellarse contra el suelo, junto con su “presa”.

    El aprendiz se levantó costosamente, la acción de Gamel le decía que la batalla sí que iba enserio.

    -¡Toques de cristal!-Insistió el alumno, lanzando bolas de nieve explosivas, no obstante el helado suelo alrededor de su maestro se levantó con fuerza y golpeó al ataque, haciendo que cayeran estrellas formadas por muchos picos de hielo, producto del estallar de la técnica, y que golpearon a Daeru. Pero el anciano no dio respiro y lanzó el mismo ataque con el que insistía su pupilo. Desde el suelo, lo único que pudo hacer este último, fue contraatacar de la misma manera. No obstante, no pudo con cada una de las bolas de nieve, y varias de ellas lo golpearon, pero otras de ellas al estallar en la contra, cayeron como estrellas.

    -¡Infierno de hielo!- Se dignó a cambiar de estrategia el muchacho, y el monstruo helado se dirigió hacia Gamel, quien seguía tranquilo en su posición, y que cuando faltaba poco para que el ataque llegara, hizo que otra técnica de la misma naturaleza se levantara y tragara a la otra. Pero no se dedicó solo a esto, sino que también engulló al de cabellos negros, y lo lanzó a gran altura.
    Aunque esta vez el receptor logró caer de pie.

    Daeru se encontraba en problemas, y es que la superioridad del anciano era en ese momento evidente, ya había atacado con éxito al pupilo varias veces, y este no había logrado siquiera acercarse. No obstante, no se rendiría, en su mente rondaba la idea, pero no iba a dejar que esta lo venciera.

    Otra vez se levantó e invocó la técnica que hizo que cayera nieve “explosiva”, pero invariablemente esta fue fácilmente contrarrestada por el peliblanco con el poder del infierno de hielo, y tras esto contraatacó con la avalancha de gran majestuosidad y bestialidad.

    Pero el alumno permaneció en el sitio donde se encontraba, dio un suspiro, intentando calmarse e insistió en lanzar la misma técnica que había utilizado antes, aunque esta vez ante la gigantesca ola blanca que se avecinaba.
    De repente esta arrasó con el muchacho quien si quiera le había dado el tiempo de defenderse, y tras avanzar un pequeño tramo, termina lanzando a Daeru por los aires, tal y como si fuese un muñeco, cayendo este boca abajo y a pocos metros del anciano. Fue vencido, o al menos eso parecía, estaba frío producto del clima, y no se movía, pero estaba con vida.

    -No evitó el ataque, ni siquiera levantó su cosmos como la vez anterior, para evitar las gélidas temperaturas y reducir el daño. Si esto continúa, lo voy a matar, y no es lo que deseo-Pensó Gamel sin llegar a comprender del todo aquella acción imprudente-Todo acabó…-Expresó serio con aire de desilusión.

    -¡Se equivoca!-Interrumpió el pupilo con una sonrisa en su rostro, levantándose de repente con bastante dificultad, y con el brazo derecho en alto hacia la posición de su maestro.
    La nieve se levantó violentamente formando una especie de tubo-en cuyo centro se encontraba inmutable el anciano- que en su parte superior se estaba cerrando -como si fuese a engullir al septuagenario-, y al estar haciendo esto lanzaba nieve a su interior.

    Parecía un ataque sorpresa bueno, por el hecho que el peliblanco estaba acorralado por todos lados, no obstante, la nieve de la zona en que se encontraba este salió disparada hacia todos lados producto de la onda expansiva que uso, y con esto la formación en tubo fue destruida. Aunque el viejo fue sorprendido por toques de cristal-lanzados por Daeru-, que se estaba preparando para repeler con facilidad, pero algo lo descolocó, la poca nieve que estaba cayendo de lo que había sido aquella especie de cilindro lo golpeó, pero no eran simples copos como se esperaba que fueran, ya que estallaron, además formaciones de hielo conformadas por picos que salían desde un centro a su alrededor, y que daban aspecto de estrellas de cristal le cayeron encima. Y sumando a esta sorpresa-entre todas las que le había dado el muchacho, la mayor- el ataque que repelería se le vino encima. Producto de esto, y por primera vez en lo que iba la batalla, el anciano cayó de bruces al suelo.

    -Ya lo entiendo del todo, no es que se estuviese rindiendo, se estaba usando de señuelo, quería hacerme creer que estaba en clara desventaja, y lo logro, algo muy imprudente. En algunos casos recibió mis ataques a propósito, el hielo fue el proveniente del choque de los toque de cristal hace un rato, ¿pero en qué…en qué momento juntó esa nieve explosiva?-Pensaba el peliblanco mientras observaba a su alumno, quien se acercaba.

    -Me rindo-Dijo este –Quería demostrarme que no perdería, no sin antes acercar o acertar un ataque hacia usted, aunque de todas maneras, desde el principio no quería hacerle daño, pero si era lo que deseaba, quería demostrar que por lo menos podría llegar. Ya no deseo continuar con esto, por eso le digo, que he perdido, usted gana-Concluyó.

    -Te equivocas, aquí quienes han perdido han sido yo y tu negatividad, y ganaron tanto tu astucia, como tu voluntad. Felicidades caballero de plata, Daeru del Pez volador-Respondió el septuagenario.

    -Pero…no vencí…-Dijo brevemente el alumno sorprendido por haber conseguido su objetivo.

    -Claro que si, desde el principio mi intención no fue que alguien terminara gravemente herido, sino que deseaba ver como habías desarrollado tus habilidades a lo largo de todo el tiempo que has entrenado. Y por lo que veo, estás listo.
    Seré viejo, pero a pesar de los años, uno no deja de ser caballero de Athena, por lo que ahora, eres un camarada-Contó Gamel –y tengo una duda que me deberás de aclarar…¿de dónde sacaste esa nieve que explotó sobre mí?, ¿en qué momento la dejaste allí…?-Agregó.

    -Bueno …en verdad cuando intentaba atacar a sus técnicas, no es que de alguna manera quisiese evitar que me hicieran daño, sino que quería intentar mezclar las nieves, y después de eso, para tratar de no ser descubierto, intenté correrla hacia los lados fingiendo que mi infierno de hielo era engullido por el suyo-Respondió Daeru de manera animada.

    -Ya veo, ¡en verdad que te arriesgaste mucho al hacer eso!, pero valió la pena-Rió el anciano –regresemos, que Kaira nos espera-agregó.

    De esta manera, se dirigieron a la cueva, en donde la niña observaba, aún sin saber el desenlace de esa pelea.

    -¿Qué pasó?-Preguntaba esta mientras corría al encuentro del viejo, y su hermano.
    -Daeru se ha convertido en santo de plata, ha cumplido con los requerimientos-Respondió el septuagenario, de buen humor.
    -¡¡¡¡¡¡Sí!!!!!!-Gritó alegremente esta mientras de un salto daba un abrazo al ahora caballero, pero a su vez hacía que este resbalara y cayera.
    -¡Ay!, ¡Mi espalda!- Exclamó este graciosamente con una cruz en vez de ojos.
    -Ahora, entremos en la caverna-Sugirió el anciano viendo la escena, e intentando no estallar en risa.

    De esta manera entraron en el lugar, que se encontraba un poco más agradable que en el exterior, aunque de todas maneras el frío era tremendo. Pero acostumbrados al clima, el trío se encontraba a gusto.
    -Encontré esto en la playa, y en verdad combina bien contigo, y te lo quiero dar-Dijo la niña, al muchacho, mostrándole algo que pendía en una cuerda. Era un dije de color plateado, que representaba un pequeño pez alado.
    -Muchas gracias, parece una coincidencia que justo sea un pez con alas- Respondió Daeru. En verdad le agradaba el pendiente.
    -Pero si te lo di porque eres el hombre pescado-Comentó cómicamente Kaira haciendo referencia a aquel suceso de la foca y del desenlace.
    -¿Qué tengo cara de pescado?-Rió el muchacho, a lo que la infante también se le unió.

    -Daeru, ha llegado el momento de explicarte sobre las responsabilidades que tienes a partir de ahora…-Interrumpió Gamel -…tengo que advertirte que no será algo fácil, quizá pueda llegar a costarte la vida.
    Como primer punto, y como ya lo sabías de antemano, desde ahora tienes la responsabilidad de proteger estas tierras…-Agregó.
    -¿Proteger?, ¿Pero qué he de proteger aquí?, ¿se refiere a la vida que hay, como los pingüinos?-Interrumpió el muchacho con mucha curiosidad, en verdad le interesaba saber eso, pero también la otra razón que tanto tiempo había sido escondida suyo.
    -Exactamente, créaslo o no, en este mundo todo es importante para mantener su equilibrio. No importa cuántas personas residan aquí. Sé que tu deseo es ser de ayuda al santuario por Athena, la justicia. Y lo eres, por más lejos que te encuentres-Respondió el anciano.
    -Comprendo, o al menos eso creo- Dijo el ahora caballero de plata.

    -Si no tienes más preguntas al respecto, ya puedo revelar el otro punto, el porqué de tenerte tantos años en entrenamiento-Manifestó el peliblanco, a lo que la respuesta de Daeru fue más atención, ya que sabía que se le diría algo importante, o al menos era lo que pensaba.

    -Básicamente, tu otro deber es el de ocultar cierta información, y si la situación lo requiere, en convertirte en mensajero. Quizá no suene como algo que importe, pero cuando pase a darte más detalles, comprenderás que necesito a alguien de confianza.

    Te contaré una anécdota de mi juventud. Existía un grupo de personas ocultas en estas tierras, que –lamentablemente- como en otros lugares, alababan a Lucifer, y su líder planeaba encontrar una armadura que se creía perdida, con fin de vencer al bien y así ayudar a su señor. Uno de sus enviados, con gran facilidad, como si ya supiese de antemano la ubicación de esta, la halló…-
    -¿Y de qué tipo de armadura se trataba?-Preguntó con intriga el muchacho de largo cabello negro.
    -Era una de oro. ¿Recuerdas que te había dicho que estas pertenecen al rango más alto del santuario, y que son doce?, pues no dije la verdad sobre lo último. Existe una treceava, la de ofiuco, que se decía que había sido perdida en tiempos de antaño, después que su portador desapareciera misteriosamente sin dejar rastro-Respondió el anciano.
    -Eso no es posible, ¿o así lo es?, usted mismo dijo que existe una armadura de plata de dicha constelación-Volvió a indagar el caballero.
    -Es cierto, por razones que desconozco, convivieron ambas, hasta que la de oro desapareció-Comentó el septuagenario –Continuando con la historia, el tema del ropaje de oro, y aquel sujeto que la encontró, no se supo en el santuario antes de terminado el dilema, y es que en estos remotos lares, la comunicación es muy difícil. De modo que en ese momento solo éramos dos caballeros de plata, contra el que portaba la armadura de oro…-
    -Espere… ¿Cómo es que uno de ellos la pudo usar?, ¿no había dicho que las armaduras están vivas y que sirven a la justicia?-Preguntó confundido Daeru.
    -Sí, eso es cierto, pero en este caso tampoco sé porqué se pondría al servicio del mal-Aclaró Gamel, y continuó el relato-…superar ese problema que de fracasar, afectaría poco a poco al resto del mundo, fue probablemente el mayor reto que tuve en mi vida, pero afortunadamente no estaba solo, junto a un gran amigo luchamos hasta el final, y de no ser por él, incluso hoy no estaría aquí para contarlo-dijo, y tras esto se quedó en silencio, con tristeza en su mirada que intentaba ocultar bajo sus níveos cabellos.

    -¿Qué sucedió?-Preguntó el muchacho de ojos azul cielo, al notar como estaba su maestro, quizá era una pregunta sin mucho sentido, ya que por la tristeza de su maestro, era posible que este camarada hubiese muerto.
    -Quedamos cara a cara con el maléfico personaje vestido en oro. Este nos superó ampliamente, a tal punto que nos pudo dejar casi vencidos en poco tiempo. Aunque mi compañero estaba en mejores condiciones de todas formas, ya que pudo continuar por un rato más la batalla, a base de evitar ataques, pero en un momento, el malvado decidió que el primero en morir sería yo…-Respondió mientras continuaba con su profundo pesar.
    -¿Entonces su amigo se sacrificó para que siguiera con vida?-Interrumpió el alumno con cierta sorpresa porque nunca había sabido que le haya ocurrido algo así a su maestro.
    -Exactamente, pero este sacrificio afortunadamente no significó su muerte. No obstante al hablar de esto me vienen a la mente esos recuerdos de cómo sucedió todo, y no quisiera hablar de ello…-Dijo el viejo, quedándose después en silencio.

    -Está bien, lo comprendo, no preguntaré más al respecto, pero al menos lo bueno es saber que no murió…
    ¿Qué hacían dos caballeros de plata en un lugar tan remoto?, ¿porqué el santuario los haría venir hasta aquí?- Interrogó Daeru sobre el tema de la armadura.
    -Faltaba quien protegiera estas tierras, por lo que al ser proveniente del ártico, y estar por lo tanto bastante adaptado a las condiciones climáticas, fui el escogido. No obstante dentro de mi no quería venir, y es que al elegir este lugar también exige rigidez de espíritu…-
    -¿De espíritu? Interrumpió el ahora caballero.
    -Claro que sí, no solo se trata de sobrevivir en estas condiciones, sino también de sobrellevar la falta de comunicación, el constante silencio, y no quedar demente en el proceso…-Aclaró Gamel –En aquel momento no creía ser el indicado, no obstante Telos, este gran amigo que mencioné, a pesar de preferir climas más cálidos, sugirió al patriarca que podría venir a estos remotos parajes en mi lugar, cosa a la que me opuse, pero como insistió, el patriarca accedió, Decidiendo al final que viniésemos los dos.
    Continuando con la historia, logramos destruir la armadura de oro y creímos vencer al enemigo, fue muy difícil pero conseguimos ese objetivo, no obstante ese sujeto sobrevivió y anda por los alrededores en busca de lo que tomó como suyo-

    -Pero si era tan poderoso…¿cómo hicieron para vencerlo en las condiciones en que estaban?-Preguntó el muchacho.
    -No deberías de aprender de lo que ocurrió…estaba tan furioso con ese sujeto, e incluso conmigo mismo por tener la culpa de que mi compañero haya quedado en tal grave estado, que elevé mi cosmos al máximo posible usándolo todo en un ataque, con lo que conseguí acabar con la armadura, más no con el malvado, que de todas maneras se dispuso a asesinarnos ya que solo conseguí dañar el ropaje de oro. No podía seguir luchando, ni yo ni Telos, pero este de todas maneras se levantó y terminó la batalla. Ya que consideró que al encontrarse sin armadura (el ladrón la había destrozado) ahora estaba en igualdad de condiciones, y me pidió que no interviniera. De esta manera, y tras una batalla difícil, el infierno pareció terminar. Después usó su propia sangre, producto de las heridas que tenía, y logró revivir la armadura. Pero el desenlace no termina aquí, y es que con el ropaje dorado reparado, decidimos ocultarlo en estas tierras. Y actualmente, solo yo sé donde se encuentra…-Respondió el anciano.

    -No sabía nada de ello, pero me pregunto el porqué de tomar esa decisión, siendo que podría haber regresado la armadura al santuario…-Dijo Daeru.

    -Es que esa armadura espera por su portador original…perdido hace miles de años, se dice que regresará para ayudar a Athena y a los demás santos en un momento crítico. Por tal razón, ocultar la armadura en el santuario solo sería atraer a los enemigos. Pero descuida, el patriarca está al tanto de esto. Tras la batalla, Telos regresó a Grecia, e informó sobre la decisión. Desde entonces me prometí ocultar la ubicación del ropaje aun a costa de mi vida.

    Y aquí está la razón de tus años de entrenamiento…debes ser capaz de no debelar esa información, aun cuando la situación pueda parecer demasiado amenazante. Créeme, si este enemigo vuelve a conseguirla, será más peligroso que la última vez. Ahora tienes dos opciones, una es no aceptar esta encomienda, y que cuando llegue mi hora la armadura vuelva a perderse, o la otra es que accedas y de esta manera al menos tendremos la certeza de la ubicación de esta, y que no será un peligro ni para la seguridad del santuario, ni de otras personas. ¿Qué es lo que decides?-explicó Gamel.
    -Está claro que ocultaré el lugar en donde se encuentra la armadura, si con esta tarea soy de utilidad al santuario, con gusto lo haré-Respondió sin dudar el chico de largo cabello negro.
    -Sabía que aceptarías, pero también tendrás otra tarea más, y es que debes de ser un mensajero. Esa no es la única información que debes de ocultar. Si en Grecia necesitan enviar algún mensaje, deberás hacerlo, y asegurar el que no llegue a oídos no indicados. Pero descuida, te he entrenado por tanto tiempo, intentándome asegurar de que no serás una barrera fácil de pasar para aquellos enemigos que deseen beneficiarse con la información, aunque eso no sea todo y debas dar mucho de ti-Dijo con una sonrisa el viejo mirando hacia el gélido techo de la cueva.
    -No dejaré que nadie me desvíe de lo que me sea encomendado, se lo prometo-Juró el muchacho.

    -¿Pasa algo?-preguntó, al ver que el anciano observaba hacia afuera de la caverna.
    -No, por ahora no-Respondió este intentando sacar algo nerviosamente de la vieja bolsa que llevaba atada a la cintura por un pedazo de tela, pero lo que hizo evidente que no sucedería nada bueno, fue que esta se le cayó de las manos, volteando todo lo que tenía en el suelo. Varios lienzos pequeños, trozos de cuero, papeles viejos, un saco con quien sabe que dentro, un pequeño libro en el que al parecer escribía o había escrito.
    -¿Está seguro?, no parece tranquilo-Dijo Daeru estando alerta, ya que si su maestro estaba alterado por algo, no debería de ser bueno.
    -Ya lo he dicho…por ahora no hay problema, solo buscaba algo en especial-Respondió Gamel intentando calmarse y aparentar que todo estaba bien, y comenzó a juntar los papeles y demás que estaban regados en el suelo.
    -¿Quiénes son?-Preguntó Kaira, quien hasta ese entonces había estado cayada, pero ahora tenía un pequeño lienzo de esos que se le habían caído al peliblanco, el cual había atraído su atención, en parte por los colores que poseía –¿Y qué lugar es ese?-Agregó mientras mostraba aquel retrato.



    -¿Es usted y aquel es el camarada suyo que luchó ante aquel malvado?-Preguntó el muchacho de ojos color cielo, observando la imagen que tenía retratado dos caballeros estrechando la parte posterior de sus puños entre sí, y que alrededor de estos salían llamas y trozos de hielo. Estaban en un fondo con una formación vertical de roca que le recordaba a un cilindro, pero que parecían talladas por manos humanas, y montañas como las de nieve que en ese lugar veía, pero de color verde. En el centro de esos campos había una formación del mismo color, que se levantaba sobre una base marrón. El suelo en el que se encontraban parados los santos también parecía rocoso, pero con unos flecos verdes que sobresalían en el fondo.

    El sujeto que se encontraba a la izquierda era alto, de ojos color miel, con largos cabellos castaños.
    Sus bigotes y un triángulo invertido formado por lo que no había sido cortado de su barba, y que se encontraba bajo su boca, además de los rasgos de su rostro, le daban un toque elegante. En sus labios podía verse dibujada una sonrisa que contagiaba alegría. Sin dudas, ese debía ser el anciano que conocía muy bien, pero en sus tiempos de juventud.
    La armadura que llevaba era predominantemente blanca y azul, las hombreras, en dos capas, eran del primer color y los bordes del segundo. La parte del antebrazo, que era del color de aquellas tierras, tenía una especie de aleta.
    Un rasgo que llamaba la atención en esta eran sus rodilleras, que tenían una púa que se doblaba hacia arriba.
    Bajo todo esto, poseía un traje celeste al cuerpo y que carecía de mangas.
    Poco conocía sobre la vida de su maestro como caballero, y por lo tanto no sabía de que armadura se trataba.

    A su derecha se veía al otro caballero, más bajo de estatura, pero tenía algo que le llamaba la atención, y es que en vez de cejas tenía un círculo de color bordó en los sitios en donde deberían estar estas. Sus ojos, que reflejaban calma, le sorprendían, por el hecho que combinaban el verde, color de los ojos de su hermana, y celeste, el de los suyos, además que le daban la sensación de ser alguien transparente y puro, como el hielo del lugar. Sus cabellos eran azules claros, y más cortos pero con más volumen que los de su compañero de la izquierda, y eran mecidos por el viento. Su rostro, que era de rasgos delicados, mostraba una sonrisa serena. Sin conocerlo le parecía alguien que trasmitía amor y paz, además de que parecía de confianza. Casi que, de ser quien pensaba, le costaba creer que ese caballero hubiese luchado alguna vez.
    Su armadura de plata era color azulado, con bordes negros que sobresalían. Las hombreras eran grandes y se dividían en dos capas bajas color negro verdoso, y una por fuera de los tonos que predominaban más en el ropaje. Bajo todo esto, vestía un traje al cuerpo color gris oscuro y sin mangas. En su mano derecha, tomaba una cadena que en uno de sus extremos tenía una bola de metal con púas. Por lo poco que sabía sobre los distintos tipos de armadura, y a juzgar por esa característica, le parecía que esa era la armadura de cerbero.

    -Sí, estás en lo correcto, ese es mi gran amigo Telos. Si les llama la atención sus cejas es que se dice que sus ancestros pertenecían a un antiguo continente llamado Lemuria. A mí también me llamó la atención ese detalle la primera vez que vi a alguien de Jamir, no crean que no-Respondió Gamel recuperando el buen humor y adivinando la curiosidad de los hermanos ante el caballero -Y ese sitio que se ve, es un lugar del santuario en Grecia-Agregó.
    -¡Yo quiero ir!- Exclamó con entusiasmo la niña al saber que tal bello lugar era lo que hace tanto tiempo estaba oyendo y no sabía cómo era.
    -Yo también creo que es genial, pero…solo tengo un problema…-Dijo Daeru pensativo.
    -¿Cuál es?- Preguntó brevemente el anciano.
    -¿Dónde queda Jamir, y qué es lemuriano?-Indagó el ahora caballero, a lo que de manera cómica el anciano cayó de costado.
    -Lo ciento, olvidé mencionarlo, Jamir es un lugar que queda en el tibet , por esta zona-Indicó el viejo en su mapa grabado en un trozo de cuero, tras levantarse avergonzado –Y se dice que existió un continente el cual se hundió bajo el mar, llamado mu o lemuria. ** En Jamir viven los descendientes de los que pudieron huir de la catástrofe- Aclaró.
    – Pensar que el enemigo está cerca, y nosotros estamos calmos en este lugar…-Concluyó.

    -¿El enemigo cerca?, ¿es por eso que se encontraba nervioso?, ¿y por qué ahora se encuentra tranquilo?-Preguntó el muchacho de largo cabello negro sin obtener respuesta. Kaira miraba hacia afuera con temor a que apareciera algún malvado. Por su parte, el peliblanco tomó uno de esos viejos trozos de papel y escribió algo. Mensaje que le dio a su alumno sin decir aun nada.
    Daeru leyó lo que decía, allí se encontraba la ubicación de la armadura dorada, más una indicación de Gamel: Ahora que lo había leído, debía destruir el mensaje.
    Mientras esto ocurría, el anciano caminaba hacia la entrada de la cueva.

    -Toma esto, ahora les será de más utilidad que a mí. Estoy tranquilo por saber que ya te he enseñado lo que debías aprender, y ya sabes lo que has legado. La armadura de plata de piscis volantis –el pez volador- se encuentra bajo el mar, en las costas de estas tierras, hay muchos sitios en donde podría estar, pero estoy seguro que cuando la necesites, la hallarás.
    Les digo, que ha sido un gusto compartir tantos años a su lado, se los agradezco, ahora debo ir a enfrentar al destino, por una promesa, por Athena, y por ustedes. Ya huyan, y yo los distraeré- Se despidió el septuagenario lanzándole a su pupilo el mapa de cuero.

    -¡Señor Gamel!-Lloriqueó la niña.
    -Yo lo ayudaré, ¡esto no puede ser el adiós!-Exclamó Daeru corriendo al lado de su maestro.
    -¡Alto ahí!, ese cosmos maligno que siento, se me es demasiado familiar, de hecho sé de quién se trata. Prefiero que intenten huir, ahora que pueden, y yo por mi parte trataré de enfrentarlo-Dijo con aire más rudo el anciano.
    -¡Si están aquí por lo de la armadura, me seguirán después de todos modos!-Replicó el muchacho.
    -¡Eso lo sé!... pero esta vez no quiero dejar que alguien se sacrifique por mí, esta vez seré el sacrificio si es que debo serlo, no quiero verlos morir, además que en este momento nosotros conocemos ese secreto.
    Ustedes dos que querían conocer el mundo fuera de estas tierras, ahora es el momento, Daeru, lleva a Kaira a un lugar seguro-Respondió serio el anciano, mientras sus palabras evocaban casi que en contra de su voluntad, viejos y malos recuerdos.
    -¿Sacrificio?, yo tampoco quisiera que a alguien le pasara algo por mi culpa, por eso me niego a moverme de aquí-Objetó este.
    -Yo tampoco me quiero ir-Comentó aún entre lágrimas la niña.
    El septuagenario no dijo nada más al respecto. Solo observaba a la lejanía, con su cosmos multicolor visible, no obstante, de repente, la nieve alrededor de los hermanos formó un embudo, engulléndolos.



    -Lo comprendo, pero si puedo evitar que mueran ahora, será lo mejor. A ustedes les queda mucha vida por delante, o al menos eso espero…-Reflexionó Gamel, aún viendo al puro cielo azul.

    -¡Que viejo tonto!, reusar ayuda cuando nosotros somos veinte-Dijo una voz desde una cumbre, eran muchas personas de miradas hostiles.
    -Cuantos años han pasado, mírate, estás anciano, y más patético que la última vez que nos vimos-Rió otra voz del que parecía el líder del pelotón, este le era lamentablemente muy familiar a Gamel. De cabellos cortos rojizos, ojos verdes que trasmitían malicia, orejas puntiagudas, colmillos aguzados que sobresalían de su boca que mostraba una siniestra sonrisa, parecía la encarnación del mal. Estaba vestido con un buzo marrón, viejo, y de manga larga. Sus pantalones también eran del mismo material y estaban en las mismas condiciones. En su cuello estaba puesta una gran bufanda de tela de color marrón más oscuro que el de sus ropajos. Y sus botas tenían la misma tonalidad. Pero lo que más llamaba la atención, era que su atuendo estaba salpicado por sangre, algunas gotas parecían viejas, y estaban secas, otras eran más recientes.
    -Morten…y tú no has cambiado en nada…cualquiera sea lo que busques, ¡aquí no lo hallarás!-Respondió el septuagenario, levantando sus dos brazos, y de esta manera haciendo que los secuaces del maleante volaran golpeados por nieve que se desprendió violentamente del suelo, siendo vencidos posteriormente por las bolas de nieve explosivas que les cayeron encima, haciendo un efecto de choque entre ambas fuerzas.
    -Así está mejor…no necesito de nadie que me ayude como para llevarte ante el jefe-Comentó el maquiavélico sujeto al ver derrotados a sus acompañantes.
    -Te llevaré sano o sangrando, bueno, creo que de todas maneras te llevaré herido, ya que no puedo matarte, pero si herirte. O de otra manera, me podrías decir en donde está esa armadura de oro y te dejaré ir con vida, más no te aseguro si en buen estado- Rió malvadamente revelando su propósito de aquella visita.
    -Creo que no has comprendido el mensaje…no voy a revelarte lo que quieres, por lo que puedes ahorrarte las palabras-Dijo Gamel, estando alerta a lo que el hombre malvado pudiese hacer.
    -Ya veo, pero porqué te negarías si ya sé que si no puedo extraer la información de ti, lo haré de tu también patético pupilo-Comentó el de cabello colorado.
    -Daeru jamás te entregará esa información, de eso estoy seguro, por lo que recurras a quien recurras, no obtendrás tu fin, así que da igual si te enfrentas a mi o no. Claro que si pretendes irte, te lo voy a impedir, aún no olvido lo que pasó hace exactamente cincuenta y cinco años- Respondió el anciano.
    -¡Ah!, así que ya veo, eres un viejo rencoroso, quieres vengar lo que a tu flamífero e inútil amigo se le quitó. Das vergüenza, y te haces llamar caballero de Athena. ¿Y qué piensas hacer?, ¿darme un poco de hielo para beber con whisky?- Se burló Morten.
    -Sí, lo sé…seré un anciano, decrépito y que ha guardado por tantos años un rencor profundo, pero tampoco puedo dejar de pensar que lo mismo que hiciste aquella vez, podrías repetirlo con cualquiera que se te interponga, y más aún portando la dorada armadura de ofiuco, no tienes corazón…-Dijo seriamente Gamel.
    - Te enfadas por muy poco, pero si no me vas a dejar ir, pues deberé hacerte a un lado-Respondió con una sonrisa siniestra el pelirrojo. Entonces lanzó un rayo luminoso de color violeta que fue bloqueado por una gran cantidad de nieve que el septuagenario lanzó desde el frente suyo.
    La batalla había comenzado…


    Lejos de allí, en otro sitio de los helados parajes del sur, se abre un hoyo que “escupe” a Daeru y Keira, y tras esto se cierra.

    -¡No!-Exclama golpeando con fuerza en el suelo el muchacho.
    -Señor Gamel…-Solloza la niña al darse cuenta de que probablemente no lo volvería a ver.
    -¡Hay que regresar de algún modo!, ¿pero hacia qué lado estará?-Se dijo nerviosamente el de cabello negro. Viendo que a su alrededor, todo era una llanura nevada, sin referencia para donde debería ir.
    -…no, Kaira…creo que deberemos de hacer lo que nos indicó el maestro que hiciéramos. Hay que partir hacia la costa, y ver si de alguna manera podemos atravesar el mar…-Comentó el caballero al darse cuenta que no encontrarían a Gamel, o si lo hacían, pudiere que fuese demasiado tarde.
    -¿Porqué?, ¿porqué hay gente mala en el mundo?-Preguntó aún entre lagrimas la niña.
    -No lo sé, solo sé que debemos de luchar por la diosa Athena, para así buscar el bien en el mundo-Respondió Daeru, mostrando la misma congoja que su hermana –Ahora vamos, que si nos quedamos en este lugar, no llegaremos a ninguna parte…-
    Así, partieron, sin un rumbo fijo, sin certeza de lo que se encontrarían en su camino, y sin saber si volverían a ver a Gamel, pero con la seguridad de que aunque se vinieran tiempos oscuros, estarían del lado del bien…



    -Kaira, Daeru, este viejo no ha podido detener al enemigo, pero sé que al menos, ahora estarán por un tiempo seguros. Se vienen momentos de desesperanza, pero confío en que ustedes no dependen de mí, y podrán intentar sortear los obstáculos que vengan. No les aseguro que vayan a sobrevivir, pero si lo hacen, les deseo un gran futuro.
    Telos, siento haber faltado a tu palabra, pero no podía perdonar a alguien que se, que torturará y matará a mucha gente sin remordimientos. Aun que me hayas dicho que este sujeto no es en verdad malo…lo siento…
    Espero que el futuro sea auspicioso para el mundo, así como para Athena y para todos los santos, por mi parte, hice todo lo posible en esta vida para defender esos valores que han de perdurar en la humanidad-Reflexionó el anciano, desde donde luchaba con el malvado Morten. En ese momento estaba cayendo envuelto totalmente en hielo, tras un ataque fallido de toque de cristal, en una gran bola de nieve que maquiavélico logro hacer que estallara hacia Gamel.
    -Adiós-Concluyó mientras a través del hielo se veía un destello en sus ojos. Una lágrima final…


    ** Según Saint seiya sería solo el continente de Mu, pero hay quienes consideran a Lemuria como otra manera de llamarle a ese lugar, y en mi caso particular es lo que uso. Y si de aquí en adelante me refiero como "Muviano" o "Lemuriano" a esos personajes, es por sus raíces.
    Última edición por Muerte_Rigurosa; 01-01-2017 a las 10:49 AM.

  5. #5
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    Capítulo 2-La agonía de un alma

    Capítulo 2-La agonía de un alma



    Tristemente estaban los dos hermanos, solos y sin saber exactamente como harían para ir hacia tierras desconocidas, fuera de la Antártida, varios días habían pasado desde la última vez que habían visto a Gamel.
    Hacía poco tiempo que el cielo se había oscurecido, era el perfecto contraste con las heladas tierras. No obstante, en el monocromático paisaje, destacaban grandes zonas iluminadas en las alturas, estas luces bailaban con entusiasmo y sus colores iban desde azul, pasando por tonos violáceos, y llegando a un verde eléctrico.
    El viento soplaba en el desierto de hielo, levantaba y arrastraba nieve del suelo.

    Dentro de este panorama, en medio de la nada, estaban Daeru y Kaira, entre la oscuridad. Podía distinguirse el cosmos azul blancuzco del caballero que no solo rodeaba a este, sino que también a la niña que se encontraba a su lado. Ambos estaban sentados, y la infante estaba recostada sobre su hermano, intentando conciliar el sueño. Los dos permanecían en silencio, cada quien sumido en sus pensamientos, aunque en ese momento sabían perfectamente que pasaba por la mente del otro: La sorpresiva despedida del anciano, y la duda si se encontraría con vida, o había sucumbido ante aquel sujeto al que en su juventud había enfrentado.
    En cierto momento, Daeru siente en una de sus piernas humedad. Eran las lágrimas de la niña, a la que solamente al recordar aquellos instantes le causaba profundo pesar. No era la única, el caballero también se sentía de ese modo. No había palabras, lo único que pudo hacer este último en aquel momento, fue dar un abrazo a la desconsolada, intentando en vano animarla.

    -Según lo dicho por el maestro, y lo que entiendo, cuando consiga dejar a Kaira en un lugar seguro, ese momento también será nuestra despedida. No puedo estar con ella cerca, si sé que puede ser víctima del enemigo en su búsqueda de la armadura.
    Al parecer, a partir de ahora mi vida será solitaria, y lo comprendo…-Pensaba el caballero mientras perdía su mirada en la nieve del suelo.
    -…En cuanto al enemigo, es casi seguro que debo de enfrentarlo, aunque me pregunto si estaré a la altura. En el pasado dos caballeros de plata tuvieron que enfrentarse a él, y aunque lograron vencerlo, no fue por mucho, no sé qué es lo que habrá hecho ese sujeto, pero si llegó a enfadar al maestro al punto de lo que relató, debo pensar que me expondré al mismo peligro.
    ¿Y qué hay de aquella técnica que dijo Gamel que era peligrosa?, ¿y su nerviosismo al saber que el malvado estaba cerca?...es evidente que me tendré que esforzar más del máximo para vencerlo…pero quizá no… ¡no puedo pensar en negativo!, por los datos parece ser una batalla perdida, pero no puedo dar por perdido algo que aún no comenzó-Terminó su reflexión, en verdad le inquietaba lo que sería la lucha con tal sujeto, y lo que sería capaz de hacer para robarle la información.
    Oyó el crujir de un hielo que se despedazó a pocos metros de donde se encontraban. Ambos voltearon e intentaron reconocer la causa del sonido entre las sombras de la noche.

    -Dar la espalda es de maleducados-Sintieron una voz decir desde aquella ubicación a la que miraban. Allí se pudo reconocer un rostro que denotaba maldad, de cabellos cortos que al parecer eran rojizos, la oscuridad no les permitío reconocer más. Los hermanos se levantaron y escudriñaron las penumbras alerta de lo que el sujeto podría hacer.

    -¿Quién eres tú, y qué vienes a hacer aquí?- Preguntó Daeru al hombre que tenían frente suyo.

    -Que pregunta más inocente, ¿a caso no es evidente que estoy aquí para que me digas en donde está la armadura de Ofiuco, y que además soy quien después de tener el dato les dará muerte?-Contestó el pelirojo, con una sonrisa maliciosa.

    -Ya que dices que mi pregunta es evidente, ¿a caso la tuya no lo es?, juré no dar esa información al enemigo, y cumpliré con mi palabra-Respondió el muchacho, estado alerta de los movimientos del malvado, y teniendo en mente los temores que tenía al respecto de enfrentarse con aquel sujeto de cosmos maligno.

    -Noto el terror en tus ojos, ¿acaso el objetivo de tu patético maestro era el de facilitarme la tarea de conseguir lo que me pertenece?, estás viendo al mal encarnado, a quien traerá el infierno a tu vida antes de lanzarte al mismo, a aquel que trae la miseria a las existencias, y al odio que acabará con Athena y todas las esperanzas de este mundo-Comentó el de ojos verdes. Eran autenticas declaraciones de guerra, aunque estaba en lo cierto cuando hablaba de que tenía temor a aquella situación. Era una confrontación en la que había estado pensando, y que sabía que sería difícil.

    -Es cierto que temo, el miedo es natural, pero ya que tengo entendido de lo que eres capaz, debo intentar detenerte, si es que eres el mal encarnado como dices, quiero evitar cualquier sufrimiento de tu parte hacia los demás-Explicó Daeru.

    -Qué curioso…ese viejo que maté creía lo mismo. Lástima que no pude darle un final más sanguinario-Comentó brevemente el sujeto, sabiendo muy bien que eso heriría a los dos hermanos.
    Por su parte, el caballero ya intuía que algo así podría haber sucedido, en cuanto vio a aquel sujeto salpicado en sangre, y que podía ver que tenía sed de esta. Kaira, con aquellas palabras, perdió las pocas esperanzas que tenía de volver a ver al anciano, y de esta manera, estalló en lágrimas.

    -¿Porqué?, es la pregunta, ¿por qué quieres hacer daño?, ¿pará qué necesitas esa armadura?-Respondió el muchacho intentado aguantar los deseos de atacar al sujeto y a su vez ponía su mano en la cabeza de la niña, que continuaba en su llanto, a modo de intento de contenerla.

    -Preguntas demasiado, cuando la respuesta es muy simple, quiero ser el ser más poderoso, aún sobre el mismo Zeus. Y el porqué de hacer daño tiene muchas explicaciones: es divertido, solo le estoy haciendo daño a criaturas inferiores las cuales no valen nada, pruebo que soy más fuertes que ellas, además que el rojo de su sangre es un éxtasis para mis sentidos-Respondió el despreciable.

    -¡Hablas como si fueras un Dios!, ¡y aún que lo fueras, no es justo tratar de esa manera a los demás!-Replicó el caballero que se oía enfadado, y era evidente que si no atacaba al malvado, era porque estaba consciente que era algo precipitado.

    -Esa expresión…me recuerda a la de tu maestro hace muchos años…y supuestamente son caballeros… ¿en qué pensaba el santuario al dejar que se convirtieran en caballeros?, a criaturas tan insignificantes, que dicen luchar contra el mal, pero se dejan llevar por el odio como en este preciso instante lo estás haciendo. Al parece no tienen que elegir, y entrenan lo primero que encuentran-Rió maléficamente el sujeto, a lo que por un momento, Daeru permaneció cayado, intentando calmar aquella furia creciente al encontrarse con alguien así.
    Aún no había visto de lo que era capaz -y esperaba no hacerlo de ser posible-, pero lo relatado por su maestro, y las mismas palabras de el pelirrojo le hacían ver que en verdad tenía un hombre completamente despiadado en frente suyo, muy peligroso para cualquiera que se encontrara cerca, capaz de destruir vidas o perjudicarlas sin sentir remordimiento alguno.

    -No cuestiono la decisión que hayan tomado conmigo, al contrario, estoy agradecido de que se me dé una oportunidad así, no sé si la merezco o no, pero si se me ha dado la confianza, voy a intentar no defraudar a quien me haya escogido-Reflexionó el caballero-Tu visión sobre lo que es luchar por Athena me parece un poco errada, eso no nos hace las personas más puras del universo…no…las personas estamos divididas entre el bien y el mal, decidir qué es lo que queremos seguir, está en nosotros. No seremos perfectos, pero podemos intentar estar lo más cerca posible del bien puro.
    Reconozco que estas acertado en que por un momento estoy sucumbiendo ante el odio, pero no ves la otra parte, no deseo ser un ser oscuro, sino una luz, como aquella de allí, por eso voy a intentar ser yo quien me controle y no algo así-Agregó mientras señalaba hacia la aurora austral que iluminaba el cielo con sus vivos colores celestes y verdes.
    La expresión del despiadado personaje al mirar al cielo, cambió, ahora su rostro no mostraba solo malicia, sino que furia. Quizá las palabras de Daeru le trajeron recuerdos que prefería olvidar.

    -Muy bien…si quieres ser una luz, esta será tu oportunidad, ¡pero yo seré quien la apague y quien te sumirá en la oscuridad!-Respondió el sujeto, mostrando una sonrisa burlona y maléfica. Y tras la frase, extendiendo la palma de su mano, desde esta lanzó un rayo que en el entorno apenas pudo ser distinguido (por ser de color negro) por los rayos violáceos que a este recorrían a los lados.
    El caballero tomó a Kaira y dando un salto a un lado pudo evitar el ataque, no obstante, vio la destrucción que este causó, ya que estalló en el suelo, levantando nieve a todos lados, y dejando un hoyo de gran diámetro y profundidad. Inmediatamente Daeru contraatacó, extendiendo su brazo derecho hacia el malévolo, haciendo que desde el cielo comenzaran a caer copos de nieve de gran peso, aunque lo que ocurrió, lo tomó por sorpresa…
    Bolas de nieve del mismo tipo de técnica comenzaron a caer, bloqueando el ataque del muchacho y haciendo que entre los contendientes cayeran estrellas formadas por hielo, producto de los impactos.

    -¿Sorprendido?, pareces la presa que ve a su depredador a último momento, y por lo tanto, la muerte que se cierne sobre ella-Rió el inhumano al ver en los celestes ojos de el caballero el desconcierto que este tenía por el hecho que el perverso había usado su misma técnica.
    ¿De dónde la había aprendido?, ¿Cómo?, ahora reafirmaba el que debía tener mucho cuidado con aquel sujeto, aquella había sido la primer sorpresa que había recibido, y estaba seguro que podrían llegar más.

    No podía seguir luchando con Kaira cerca…no si podía salir lastimada. De modo que aunque pareciera un gesto cobarde, hizo que la nieve a su alrededor se abriera, de manera que cayeran, y así intentaría formar una especie de tubo que los engulliría y así huirían, no obstante, desde el suelo en la misma zona emergen grandes espinas de aspecto rocoso, en la noche no se podía apreciar su color, pero parecían negras. Las estacas golpean a los hermanos, o más bien a Daeru que protege a la infante, además un poco de la nieve ayuda a reducir el daño del impacto.

    -Creo que con esto confirmo lo que creía, eres un miedoso, unas pocas palabras ya te dan miedo…pero eso no me interesa, debo llevarte ante el jefe, y lo haré a la fuerza, pongas o no resistencia. De nada sirve intentar escapar, porque de todas maneras se los impediré-Dijo el malvado usando la misma técnica. El caballero dando un largo salto hacia atrás evita el ataque y contraataca con el infierno de hielo, haciendo que las estacas se rompieran y fueran lanzadas hacia el pelirrojo. Ágilmente este las esquiva, aunque ahora tenía la gran avalancha encima. Cuando Daeru estaba casi seguro de que podría golpearlo con el gélido monstruo, algo lo sorprende, y es que el malvado lanza una ola de fuego de igual magnitud a la de la técnica helada. Ambas chocan, pero las llamas se imponen ante su rival, y se dirige a los hermanos.

    -¡Toque de cristal!-Exclama el caballero, de esta manera del cielo se precipita una bola de nieve de gran tamaño y peso, que al chocar con el suelo levanta una formación de púas que marcan el sitio de la explosión. Al ser grande, esta sirve de escudo ante la candente técnica.

    -Si no hago nada, nos va a matar…pero no podemos huir, ya que lo volverá a impedir. Si dejo a Kaira para que huya y yo continúo enfrentándome, podría haber secuaces que le harían daño, o el mismo malvado podría atacarla. Si continúo con ella aquí, es posible que salga lastimada o aún peor. Y si me entrego pero con la condición de que deje a Kaira escapar, y viendo como es, de seguro que mentirá y después la matará- Pensó el de largos cabellos negros, y es que la razón no era de menos, en ese instante sus vidas estaban en juego, aunque no pensaba en la suya, sino en la de su hermana, ya que el ojiverde lo quería a él con vida. De cualquier manera el proceder sería riesgoso. No tenía otra que medirse con el perverso personaje, y aún teniendo presente que podría no estar a su altura, en su mente rondaba lo que su maestro le había dicho sobre una técnica que podría resultar letal, el que este estuviese nervioso ante la inminente llegada del malvado, también el suceso del anciano y su amigo, dos santos de plata enfrentándose en la juventud ante el maquiavélico, y que pudieron salvar sus vidas y vencer por muy poco margen.
    A pesar de todo estaba obligado a vencerlo si quería que Kaira se salvara, o de otra manera tendría que recurrir a esperar que los azares de la vida le ayudaran y que la niña huyendo pudiese salir de todo aquello.

    Se quedó en silencio, pero no sin hacer nada: la nieve alrededor del maquiavélico se levantó con fuerza -intentaría aplastarlo con esta- el níveo elemento lo envuelve, y se precipita. Cuando el ataque culmina, el suelo estaba plano, como si no hubiese nada. Pero encuentra una nueva sorpresa, algo lo golpea en el hombro izquierdo, y después en la espalda, y seguía cayendo…para evitar esto, aún sin saber de qué se trataba, hizo que la nieve a su espalda se levantara, formando una especie de escudo. Cuando por fin se dio vuelta para ver de qué se trataba, divisó bolas de fuego que caían del oscuro cielo, y al impactar con su protección estallaban. Pero por ser llamas, agujereaban la coraza con facilidad. A varios metros halló la sombra del maquiavélico que se recortaba en la penumbra. ¿Cómo había escapado?, ¿qué significaba todo eso?, ¿Qué era lo que se aproximaba a él?, siente una especie de rugido que se le hacía muy familiar, pero cuando voltea a investigar de que se trataba, encuentra una avalancha casi encima suyo y de Kaira.
    Lo único que pudo hacer fue levantar su cosmos para intentar que no les hiciera mucho daño, y esperar.
    El monstruo arrasó con ambos, lanzándolos frente al siniestro personaje, el cual puso su pie encima de la espalda del muchacho que yacía boca abajo, y con la niña a su lado que se encontraba de la misma manera.

    -Si buscas un poco de sinceridad…eres mucho más débil que tu “querido” maestro en su juventud, quizá también de anciano, y eso que era un debilucho. Ahora sí, dame esa información y te ahorrarás el que te mate de manera más tortuosa. Ya ves que bueno soy, dime donde está la armadura y te dejaré escoger como morir- Sonrió de manera maligna el tipo.

    -Olvídalo-Respondió brevemente el caballero tomando la pierna que no estaba sobre si del malvado, y así corriéndola a un lado logró hacer que este cayera, así liberándolo. No perdió el tiempo, y de un salto con Kaira retrocedió.

    -Eso fue muy osado de tu parte, por eso ahora seré yo quien escoja como morirás, aunque no sea ahora…-Dijo el sujeto tras levantarse de un salto, paso siguiente, a través de la oscuridad, Daeru divisó como el malvado tenía en su mano una bola incandescente de luz blanca, que fue arrojada instantes después hacia él.
    El muchacho de cabellos negros, tomando a la niña, esquivó con un brinco el ataque que impactó sobre la nieve a las cercanías.

    -Yo te ayudo-Expresó Kaira, que hacía rato solo observaba, suponía que la única manera de escapar era vencer a aquel tipo. Por su parte, Daeru no quería tal ayuda, porque esto incrementaba las posibilidades de que el sujeto la matara, aunque estaba consciente que de todos modos este no se apiadaría.

    -Si hubiese alguna manera de que huyeras, me negaría, de hecho, no quiero que te expongas- Susurró el muchacho.

    -¡Pero no quiero estar sin hacer nada!-Replicó la niña. El caballero solo respondió con un suspiro, y volteó hacia donde se encontraba el pelirrojo. Aunque este no dio tiempo de nada más, ya que casi instantáneamente, las oscuras rocas surgieron del suelo, la reacción de los hermanos fue fugaz, ambos las evitaron dando unos saltos.

    Kaira fue hacia el malvado, Daeru sabía que debía darle apoyo, de manera que lanzó unos toques de cristal al maquiavélico, y este respondió de la misma manera, bloqueando su ataque que aún persistía. Fue entonces que la niña extendió su mano, y de la palma se formó una helada bola de nieve que lanzó al suelo, unos metros más adelante, esta al impactar estalló en cientos de cristales aguzados que fueron contra el maleante. Este iba a evitar la técnica fácilmente con el que era su equivalente, el ataque que usaba Daeru en ese momento, no obstante, no podía contraatacar, porque el de cabellos negros además de intentar asestarle un golpe con la explosiva nieve, también bloqueaba los copos que lanzara.
    Los punzantes cristales entonces golpearon al maligno, que a pesar de esto dio un salto hacia atrás para esquivar los ataques del muchacho que también se le venían encima.
    Con velocidad lanzó la gran ola de llamas hacia la niña que tenía a muy pocos metros, pero la acción fue contrarrestada con un infierno de hielo por parte del de ojos celeste cielo, aunque la bestia de fuego venció a su homónima gélida, el tiempo alcanzó para que la infante se alejara.
    La técnica terminó golpeando nuevamente a otra horda de nieve que se abalanzó, así disipándose ambas fuerzas.

    Ese cosmos, aquella infante a pesar de su corta edad parecía que estaba siendo entrenada, y tenía algo de potencial, al perverso le dio la impresión que la intención del anciano Gamel era que sus protegidos, ambos se pusieran al servicio de Athena.

    -En verdad que estuvo agradable el tratamiento de acupuntura, y lo mejor es que fue indoloro. Enana, ¿a quién se le podría ocurrir que eso me haría daño?, eres solo una pequeña niña llorona, mejor vete a jugar a las muñecas…aunque…la sangre muy joven es más sabrosa-Rió y observó a través de la oscuridad de la larga noche a la niña. Y después de las burlas, entre las penumbras se pudo ver en la mano del siniestro personaje una esfera de aspecto cristalino y pulido que en su interior tenía como centro una especie de luz violeta que lanzaba pequeños rayos de energía hacia las paredes de la formación, y hacía que el resplandor de esta resaltara en el entorno. Esta fue la única referencia del lugar en el que se encontraba el maquiavélico en ese momento, y es que este velozmente se acercó al sitio en el que se encontraba la infante para, paso siguiente, arrojar el objeto.


    Pero este no dio en su objetivo, sino que en Daeru, que se interpuso en su camino. El fino cristal se rompió, y el centro impactó en el pecho del muchacho, haciendo que aquellos finos rayos violáceos corrieran por todo su cuerpo. Por su parte, el recipiente sintió una pesadez extrema, era como si la fuerza que tenía no le alcanzara para moverse, aquella desagradable sensación fue en aumento. Pudo ver un resplandor azul blanquecino que salía de su interior, directamente de su corazón, y como humo se disipaba en el cielo. No sentía su propio cuerpo, no podía moverse, y las cosas que podía distinguir en el lugar, como las luces nocturnas del cielo, se veían a cada instante más borrosas, ¿qué era aquello?, ¿estaba falleciendo?, fueron preguntas que pasaron por su mente, antes que los morados rayos desaparecieran, y cayera inerte al suelo.

    -Ja, creo que no lo resistió-Rió el malvado al ver al muchacho en el suelo, aparentemente muerto, de ojos cerrados y expresión seria en su rostro. Sus cabellos se mecían con el viento, mientras que la fina nieve que se levantaba producto de este, se acumulaba en pocas cantidades sobre él.
    De todas maneras al perverso le pareció que tal ataque había sido un error, había asesinado a quien no debía, o al menos era su impresión. De todas maneras, tranquilamente y como si nada hubiese sucedido, se sentó en donde se encontraba, a esperar algo –si es que sucedía-
    Por su parte, Kaira se dejó caer de donde estaba, no podía ser que ahora se había quedado sola, su hermano estaba totalmente inmóvil en el suelo, sin mostrar rastros de vida.




    ***



    -¿Dónde estoy?, ¿Ya amaneció?, ¿Dónde está Kaira?, ¿Y aquel sujeto?...¡Kaira!-Exclamó Daeru levantándose rápidamente, estaba en un lugar que le parecía desconocido, flecos de color verde en el suelo se extendían por doquier, a muchos metros era lo único que divisaba. Lo único que le parecía medianamente familiar era el cielo diurno, se encontraba igual a como lo solía percibir desde donde vivía, pero en este caso se veía que el sol estaba sobre su cabeza, y no más cerca del horizonte como era normal para él.
    ¿Cómo encontraría a la infante en aquel sitio?, ¿Qué había pasado?, lo último que recordaba era aquel ataque recibido. Estaba totalmente desorientado.
    Sin darse cuenta alguien que venía caminando por el lugar se acerca.

    -¿Te has perdido?, ¿Necesitas algo?-Preguntó este atentamente.

    -¿Dónde estamos?, juro que estaba en otro sitio, y sentí como si muriera. Lo sé, suena raro, pero es la verdad-Explicó apresuradamente el muchacho, mientras observaba a su interlocutor. Era un sujeto de estatura un poco más baja que la suya, vestía una capucha que lo tapaba enteramente, esta era de color marrón claro, de aspecto muy sucio. El rostro de aquel hombre permanecía oculto por sombras, lo único que le pareció ver fue su boca que se distinguía entre la penumbra. Dos largos mechones de pelo blanco azulado salían de la negrura, y se mecían con la brisa.

    -Estamos en el medio de una pradera…¿a que es un lugar muy tranquilo? No veo que hayas muerto, solo me parece que no estás en tu cuerpo- Sonrió el tipo.

    -¿Pradera?, si, es tranquilo, pero estoy buscando a mi hermana, ¿no la ha visto?-Preguntó Daeru sintiéndose más desorientado aún por las palabras de el amable sujeto, ¿en verdad no estaba muerto?, ¿estaba fuera de sí?

    -Si-Respondió brevemente el encapuchado.

    -¿Hacia dónde?, quisiera hallarla, es que está en peligro-Volvió a indagar el muchacho.
    La respuesta del extraño sujeto comenzó con su mano derecha, que puso en su corazón.
    -Dentro de tu corazón, síguelo, y te dirá el camino de regreso-dijo amablemente.
    ¿Cómo?, no comprendía del todo aquellas palabras, ¿cómo su corazón le diría a donde ir?

    -No dejes que la desesperación de apodere de ti, si deseas encontrar el camino, estoy seguro que lo hallarás- Expresó el tipo ante el pensativo forastero –Qué tengas buen día-Sonrió, y se alejó.

    -Muchas gracias-Respondió Daeru, y se quedó meditando aquellas palabras.
    No estaba muerto, pero no estaba en su cuerpo, ¿entonces en qué lugar se encontraba?, si no estaba en su cuerpo entonces no tenía corazón, ¿o quizá no se refería al órgano físico?, debía permanecer con mesura ante la situación. ¿Pero cómo estar tranquilo sabiendo que alguien quiere asesinar a alguien a quien aprecias?...corazón-apreciar, allí estaba la respuesta. No iba a dejar que el pelirrojo se saliera con la suya, no podía, ya había acabado con su maestro, no podía quedarse allí y dejar a la niña a su suerte…no podía dejar que mataran a alguien más que quería, no si aún podía evitarlo…
    ¿Otra vez?, esa sensación de que todo se volvía borroso…otra vez cayó…



    ***



    -¡Daeru! -Exclamó la niña al ver que el muchacho se incorporaba, de manera algo costosa, pero estaba con vida.

    -¿Qué fue todo eso?, regresé, Kaira…no puedo dejar que te haga daño este sujeto que mató al maestro, no puedo permitirlo-Pensó el muchacho, viendo hacia el siniestro personaje. Aunque sentía algo extraño, estaba más débil, era evidente, le había costado levantarse…pero no se daría por vencido.

    -Así que regresaste…que suerte, ahora si puedo hacer que me digas en donde está la armadura, y después si puedo matarte. En verdad eso si fue bastante sorprendente…lograste sobrevivir después de ese ataque, no muchas personas han podido jactarse de ello…-Comentó el malvado mientras volvía a levantarse. El tiempo transcurrido desde el ataque había sido muy corto, de hecho no había alcanzado para que la niña se levantara e intentara hacerle frente al pelirrojo.

    -¿Sobrevivir?-Dijo descolocado Daeru, ¿eso significaba que aquel ataque era el que su maestro le había descrito?, entonces si eso era cierto…su vida se acortaría, pero no llegaba a comprender en términos de tiempo cuanto sería.

    -En fin…ahora si podemos acabar con esto…-Sonrió malévolamente el sujeto despiadado, e hizo que del suelo bajo los hermanos surgieran las aguzadas rocas oscuras. Estas fueron evitadas al igual que las anteriores a lo largo de la batalla, pero en este caso el ojiazul tuvo dificultades, ya que si bien esquivó las espinas, cayó mal, haciendo que rodara por la nieve.
    Las hostilidades no cesaron, y el perverso mandó una gran ola flamígera hacia los combatientes.
    Kaira lanzó una gran bola de nieve frente al fuego, pero los afilados cristales poco hicieron. Daeru se volvió a levantar e hizo que un gran “chorro” del níveo elemento surgiera del suelo, esta vez la horda de llamas cedió ante la insistencia de su oponente. Pero aquello fue casi como una puñalada para el muchacho que cayó de bruces al suelo…su cosmos se había debilitado. De todos maneras, en aquel momento aquello poco le importó, y se volvió a incorporar con un poco más de dificultad. La razón era otro ataque del malvado, esta vez toques de cristal. Así comenzó a contraatacar de la misma manera, mientras se acercaba lo más rápido posible a la niña, que de todas maneras intentaba evitar las bolas de nieve que cayeran.
    Al fin pudo llegar, pero algunos ataques lograron golpearlo, y volvió a sentir que se debilitaba.

    El pelirrojo continuó insistiendo, el muchacho solo pudo continuar en donde estaba, pero para evitar que le hiciera daño a Kaira, siguió el contraataque.

    La niña aprovechó el momento, y volvió a usar la única técnica que conocía, golpeando al ojiverde con los aguzados cristales. A pesar del impacto, este continuó de pie, y con un salto se perdió a la vista de los hermanos, la noche en ese momento no ayudaba.

    De repente, el temor llegó, y es que un rayo negro salió de la nada y golpeó a Kaira lanzándola lejos, su destino estaba sellado…

    Daeru no había podido hacer nada, en ese momento se encontraba cada vez más débil.

    -¡¡¡¡Kaira!!!!-Exclamó, no podía ser… la esperanza que por un momento había regresado, se había esfumado en un solo momento. Pero no pudo seguir lamentándose por mucho, ya que oscuras rocas aguzadas surgieron, levantándolo por los aires y dejándolo caer pesadamente en el suelo.

    -Ahora ya está, no tienes razón para seguir aquí, es hora que me digas en donde está la armadura de oro-Dijo fríamente el diabólico personaje. Por un momento no recibió respuesta, el muchacho continuaba lamentándose, el pelirrojo le había sacado toda razón de alegría, no había matado a una, sino a las dos personas que más apreciaba. Poco a poco su cosmos azul blanquecino comenzó a envolverlo con más fuerza.

    -¡¡¡¿¿¿Cuál es tu nombre, y por qué demonios has hecho eso???!!!-Preguntó con evidente furia el ojiazul levantándose.

    -Yo que tu cerraría la boca, no estás en posición de replicar nada. Pero si te interesa saberlo, mi nombre es Morten-Dijo de manera burlona el malvado.

    -En ese caso, la respuesta ya la sabes, no diré nada sobre el lugar de la armadura, y poco me importa si puedo o no replicar, eso no interesa si es ante ti, no mereces respeto alguno…-Respondió Daeru mientras su cosmos prácticamente actuaba como llamas.
    -Si querías hacerme daño, si querías hacerme enfurecer…¡¡¡Lo has logrado!!!-Rugió el muchacho mientras la nieve alrededor del lugar comenzaba a temblar. Del suelo se levantó un auténtico infierno de hielo, el rugir de la nieve se hizo casi que ensordecedor, la gran avalancha pasó sobre su invocador, y se dirigió a su víctima. Morten atacó con una ola de fuego, pero esta ante la magnitud de su rival cedió, de manera que el malvado fue arrasado.

    El enfurecido muchacho sabía cuál sería la consecuencia de aquel ataque, y de hecho, ya lo estaba sintiendo, su cosmos descendía más que en los casos anteriores, y es que al parecer el malestar aumentaba proporcionalmente a cuanto cosmos usara, y en ese momento estaba empleando la mayor cantidad posible.
    Poco a poco, y por tercera vez en lo que iba de la batalla, todo comienza a verse borroso, intentó seguir consciente, pero acabó por desmayarse.



    ***



    Un punzante y repentino dolor en la espalda hace regresar en si al caballero. Este descubre que se encontraba atado de manos y también de codos, en una especie de cueva, pero de paredes de roca y no hielo como conocía. Además, estas estaban formadas por bloques idénticos del material. Eran de color gris oscuro. Algo que le decía que aquello había sido creado con manos humanas fue que la sala era cuadrada.
    Una luz amarillenta iluminaba el lugar, y provenía del fuego que surgía de una barra de color marrón que estaba en la pared que estaba tras de sí.
    Vio algo rojo en el suelo…era sangre, ¡su propia sangre!, volteó a ver y pudo comprobar que era consecuencia de lo que sintió en su espalda, un latigazo, pero lo que no pudo creerse es quien sostenía el objeto…¡Morten!, había sobrevivido. Este le mostró una sonrisa de burla. Además había varios guardias.
    Daeru no respondió, solo volvió a observar el sitio en el que se encontraba…frente suyo había algo formado por un gran bloque de piedra vertical en la parte de atrás, otro de menos tamaño horizontal abajo, y dos aún más chicos a ambos lados de la anterior y verticales. Sobre esto que era un trono –cosa que desconocía- se encontraba otro sujeto, ver la máscara que llevaba en su rostro le generó una sensación de nerviosismo:
    Esta poseía dos ojos redondos de irises rojos, entre medio de estos surgía una prominente nariz roja. A los lados de las narinas surgían unas líneas amarillas que rodeaban las partes antes mencionadas, llegando a la frente, lugar desde el que salía una especie de hojilla roja de tres puntas hacia arriba. El resto que cubría el rostro era predominantemente rojo, cambiando a negro a los lados de la hojilla y un poco más arriba terminando en color verde. A los lados de la máscara había unas formaciones torneadas que al llegar a la altura del mentón se doblaban hacia arriba y de ellas surgían una especie de pequeñas alas. Pero sin duda, algo que le daba ese tono inquietante estaba en su boca, que mostraba una sonrisa sin labios. Sus colmillos eran largos, pasaban la altura del mentón. Pero además tenía otros dientes aguzados a los lados de la boca que saliendo desde la mandíbula inferior, llegaban a la altura de los saltones ojos.
    Los cabellos del sujeto eran de un verde negruzco y surgían desde atrás de la máscara.
    Vestía una larga capa de color gris oscuro que ocultaba manos y pies.

    -Muy bien ahora que has despertado, es hora de que digas de una vez por todas donde se encuentra la armadura dorada que tu patético maestro escondió-Exigió Morten.

    -No voy a decir nada al respecto, ¿en dónde estoy, y quienes son ustedes?-Preguntó Daeru, aunque un latigazo le provocó dolor.

    -No te estoy dando una opción, es que debes decirnos en donde está-Replicó el malvado. En ese momento, el enmascarado se levantó del trono.

    -Esta es nuestra guarida, en la Antártida, oculta bajo una colina de nieve. Yo soy Arsen, el líder de nuestro grupo, quien reina en el infierno de estas tierras y en otro más allá del mar, seguidores de Lucifer, necesitamos esa información, que nos ayudará a vencer a quienes se interpongan con nosotros, incluida la diosa por la que luchas-Explicó.

    -¿Y pretenden que les diga en donde está la armadura?, ya les dije que no diré una palabra al respecto del lugar en donde está-Dijo el muchacho aún envuelto en el dolor de todo lo acaecido.

    -Si no lo dices, tu espalda pasará a no tener piel como superficie, sino que carne viva-Respondió Morten dando otro azote al débil prisionero.

    -No me importa, pueden descuerarme si así lo desean, ya da igual lo que me pueda pasar-Manifestó el triste caballero.

    -Si así lo deseas…-Dijo el pelirrojo abriéndole otra herida con el látigo al cautivo.

    -Morten, no podemos matarlo si es que deseamos saber la ubicación de la armadura-Se dirigió Arsen al ojiverde. –De todas maneras me parece que delatarás el lugar de lo que buscamos, porque ahora me dirás todo lo que quiera saber-informó a Daeru moviéndose rápidamente y extendiendo el dedo índice de su mano derecha, pasando al lado del prisionero. –Ahora de una vez por todas, dinos todo lo que sepas de la armadura, y el lugar exacto en donde se encuentra-Indagó. Por su parte el caballero se encontraba de cabeza baja, la sombra ocultaba sus ojos. Permaneció cayado por un momento, hasta que por fin respondió:
    -La armadura de ofiuco es de oro, aunque no sé que es el oro porque nunca lo he visto en mi vida. Es un objeto problemático, y lo más importante del asunto es que deberían a aprender a respetar la privacidad-Sonrió con gesto de burla. Todos estaban sorprendidos, se suponía que ante la técnica de su jefe, el cautivo debía responder sin poner objeción.

    -No te burles de nosotros-Ordenó el pelirrojo golpeando otra vez al ojiazul.

    -Tu maestro te preparó bien para esto, ¿no es así?...en ese caso…Morten, te encargo que le muestres el lugar en el que permanecerá probablemente hasta su fin, y te dejo encargado de que lo tortures hasta que revele la información…-Tranquilamente expresó el de intimidante máscara, y así regresó lentamente hasta su trono, lugar en el que después se sentó.

    -Sí señor, haré todo lo que pueda para que esta escoria hable-Respondió el siniestro.

    -Sé muy bien cuanto disfrutas de esa tarea, pero por favor, esta vez no buscamos matarlo, al menos por ahora. Mientras que viva, la tortura puede ser de la manera que gustes-Explicó Arsen.

    -Entendido-Respondió brevemente el pelirrojo, entonces le dirigió una sonrisa de burla al caballero, tomándolo del largo y negro cabello. –Ahora vamos-Agregó, entonces comenzó a arrastrar al muchacho hasta donde lo torturaría incansablemente.

    Atravesaron un largo corredor y varias salas incluidas en este. Daeru por su parte soportaba aquel dolor, mientras era arrastrado, también dejaba un rastro con la sangre de sus heridas que corriera en aquel momento.

    -Muy bien, ya llegamos-Informó Morten con una sonrisa, lanzando al infortunado con una patada hasta un rincón, y después poniendo la antorcha con la que iluminaba el lugar, en un lugar especial para ello en la pared.
    La sala era pequeña, como las que ya habían atravesado, el ancho del corredor era mayor que el de la mitad de la sala, lo que significaba que prácticamente era una extensión de este. Las paredes eran del mismo material que el de la sala en la que había despertado, idénticas, lo único que era diferente era que estas estaban manchadas de sangre por doquier.

    -Ahora, como ya sabes, debes de decirme en donde está la armadura-Dijo el malvado dando un latigazo al indefenso caballero.

    -Ya te dije, no voy a decir una palabra al respecto. Creo que además, afortunadamente no podrán hacerle daño a la diosa Athena, ya que ella no ha nacido aún, desconozco el año exacto en el que estaremos, pero de todas maneras se eso, y aunque en un principio me decepcioné por no haber nacido en una época en la que estuviera en la tierra, ahora me alegro de ello, ya que no podrán hacerle daño -Contestó el azotado con ese consuelo, a pesar de su dolor. Un nuevo latigazo abrió otra herida en su espalda.

    -¡Troglodita!, para informarte sobre algo más, estamos en el año mil seiscientos cincuenta y siete, por lo que tenemos mucho tiempo para preparar nuestra ofensiva-Dijo el cruel sujeto mientras con su dedo índice derecho tomaba un poco de la sangre que emanaba de la herida del prisionero, y con esta en la pared escribió el año del que hablaba.
    -De todos modos estamos pensando matar a Athena, aunque falte mucho tiempo, hay que prepararse para ello. ¿Qué dices?, ¿De qué manera crees que deberíamos acabar con su vida? Quizá algo simple como asfixiarla, o por más espectáculo degollarla…pero de todas maneras me parece algo simple, así que sería más divertido clavarla al suelo con largas varas de madera que la atraviesen en medio, su corazón, sus brazos, piernas y demás. O ahora que se me ocurre sería mejor desmembrarla-Comentó mientras reía malévolamente.

    -Si solo las distancias del tiempo no me lo impidieran, intentaría que no consiguieran su objetivo a toda costa, y de hecho, haré un aporte para que eso no suceda-Respondió Daeru mientras la congoja y la furia se apoderaban de él. Podría estar herido, pero no iba a tolerar que alguien se burlara de esa manera, aún pudiendo sobrevivir a aquello, jamás llegaría a la época en que planeaban el asesinato, pero de todas maneras no podía quedarse sin hacer nada. El aire a su alrededor comenzaba a descender de temperatura y su cosmos volvía a hacerse visible, aunque no llegó a la magnitud que hizo que se desvaneciera.

    -Has eso y de seguro volverás a desmayarte-Rió Morten mientras continuaba tranquilo en el sitio en donde se encontraba. El muchacho estaba consciente de ello, pero no le interesaba, le daba igual morir o vivir, en aquel momento estaba extremadamente triste, prefería intentar vencer al perverso personaje, de manera que continuó. En el suelo comenzó a formarse nieve que después lanzó en una avalancha.
    El malvado permaneció inmutable, hizo que una especie de tubo de fuego lo envolviera, y esperó el ataque que a pesar del fuego lo golpeó, aunque claramente su fuerza había sido reducida.

    Por su parte, nuevamente el caballero comenzó a perder el conocimiento, hasta que producto de esto, se desplomó.

    -¿Qué te creías, que con eso me vencerías?- Se burló el malvado mientras quitaba un poco de nieve que permanecía en sus hombros.
    Desmayado, el prisionero no respondería, y además en su precario estado, no escaparía sin que lo vieran y atraparan antes. De modo que el pelirrojo decidió volver hacia donde estaba Arsen, para discutir que camino de tortura podría ser más útil con el muchacho.



    ***



    Otra vez, el desvanecido regresa en sí, aunque ahora se encontraba en una situación más difícil por su poco cosmos, sus dos intentos de ataque al malvado Morten habían sido fallidos.



    La única luz de una antorcha iluminaba el sitio en que un herido Daeru se encontraba. Podía sentir la humedad en su espalda que era su propia sangre que había impregnado el viejo buzo que vestía y se había enfriado.
    Tras los sucesos acontecidos, se sentía deprimido, y solo. Aquellas personas que tanto apreciaba que eran Gamel, su maestro y Kaira, su hermana en sentimiento, ya no se encontraban allí. Pero no importaba cuan mal estuviera, cuanto quisiesen golpearlo, no les diría si quiera una palabra sobre lo que buscaban. Igualmente le preocupaba que de alguna manera consiguieran que el delatara la ubicación de la dorada armadura. Hasta ahora había respondido bien y comprendía más sobre por qué tantos años había sido entrenado. Una técnica del tipo de la que el jefe de aquellos maleantes había usado, podría haberle obligado a brindar la valiosa información sin inconveniente alguno.

    Observaba el frío suelo de roca sobre el que se encontraba, impregnado de la sangre de las numerosas personas que habían sido torturadas anteriormente, y de la suya propia que yacía como recordatorio de su promesa. Pensaba en que hacer, si podía llegar a dormirse, temía que de alguna manera dijera algo, jamás había hablado en sueños, pero siempre podía haber una primera vez.
    Eso era...en su silencio estaba la respuesta, ¿pero a qué costo?
    -No debo dudar, pero también tengo que evaluar las consecuencias a futuro-Se dijo el caballero, la manera de hacerse imbatible en ese reto era perder uno de sus sentidos, bueno, quizá dos, no obstante, pensar en lo que debía hacer, y lo que sería su vida –de poder continuarla-, lo ponía nervioso.

    -Si no puedo hablar, no diré en donde se encuentra la armadura, pero tampoco lo podré informar en el santuario, en el caso de poder escapar. La otra opción que tendrán es la de hacerme escribir. Pero en el momento en que lo hagan, podré intentar huir. Si quieren a toda costa que les proporcione la información, harán lo posible por no matarme...
    En ese caso, la decisión está tomada-Concluyó Daeru, y dio un suspiro, tras su análisis de la situación. Con eso estaría un paso más cerca de lo que en ese momento se consideraba, una tumba: silenciosa y triste, recuerdo de una vida que se fue.

    Como si hubiese escuchado los pensamientos del prisionero, al rato, la antorcha se apagó. Dejando aquella escena como un espejo del interior del desgraciado.
    Entonces miró melancólicamente hacia atrás, a una pequeña abertura que hacía de ventana a lo alto de la pared de roca, donde a través de esta se divisaba el nocturno cielo y las luces de colores verdes, violáceos y azules que danzaban en este con la alegría que al caballero le faltaba.

    Tras esto quedó viendo entre la oscuridad hacia el techo… ya era hora.
    Cerró los ojos, y dentro de su boca estiró tanto como pudo su lengua hacia un lado, que como un condenado a decapitación quedó bajo las muelas, que como una guillotina servirían para el bizarro propósito. No tenía intensiones de detenerse, sin importar el dolor, comenzó aquel sacrificio sin regreso atrás. Mientras con fuerza mordía al músculo, podía sentir dolor, así como el ferroso sabor de la tibia sangre que emanaba y que en hilos se escurría a ambos lados de su boca, para caer finalmente en el suelo, lugar al que momentos más tarde también fue a parar la amputada lengua.

    Ya estaba…no había retorno… pero ahora el fluido escarlata no dejaba de emanar. No moriría por ello, ya tenía pensada una solución temporal, intentó levantar su ya debilitado cosmos y así comenzó a congelar la parte problemática. Después de aquello, súbitamente volvió a sentir como su cosmos se volvía más débil que antes.

    -Tengo el extraño presentimiento que si dejo eso allí, todo esto podría ser en vano-Pensó mientras al tanteo intentaba tomar el trozo de sí que yacía inerte en el suelo con la boca, ya que las cuerdas que tenía atadas no le permitían usar los brazos. En cuanto lo logró, y aunque tampoco quería hacerlo, se la tragó.
    Con un dolor casi que insoportable, vuelve a mirar hacía la pequeña abertura de la pared que mostraba el cielo. Creía y esperaba que aquello que había hecho fuese lo correcto...



    -Gamel, Kaira, de haber sido posible, hubiese preferido ser yo quien sufriera su destino, y que ustedes sobrevivieran, en el caso de que no hubiese ocurrido esta situación, por eso espero que se encuentren en donde se encuentren, estén mejor. Por mi parte, también he muerto, aunque esté vivo, el Daeru que conocieron se fue con ustedes, como a la nieve que se la lleva el viento...
    De todos modos, gracias por todo lo vivido, por más vacío que mi corazón se encuentre, esos recuerdos los atesoraré en lo más profundo de mi alma.
    Continuaré hasta el final, en memoria suya…
    Una última lágrima por ustedes, por quien fui, y no seré, es lo último que esta tumba puede hacer -Reflexionó sobre su plano meramente espiritual, entre la oscuridad y con la cabeza gacha, que con sus negros cabellos ocultaban sus ojos. Ojos, que al suelo dejaron caer el líquido y puro cristal, y que se mezcló con su sangre…

    Entre tanto, Morten regresaba hacia el lugar por los fríos pasillos. Por si acaso debía ir hacia donde se encontraba Daeru, ya que el que se haya apagado la antorcha que allí había podría significar que el prisionero había escapado.

    En la sala anterior a la que el desgraciado se encontraba sacó una antorcha de una caja de madera que estaba llena de estas. Y con el fuego de la que estaba en la pared, la encendió. Rápidamente yendo después de esto al lugar de los hechos.

    No fue difícil percatarse de la sangre que desde los extremos de la boca corría en hilos que convergían en el mentón, lugar desde el cual el rojo fluido caía en gotas hacia el suelo. El maleante ya supuso de lo que se trataba. De modo que se acercó y miró hacia Daeru seriamente, la mirada que este le devolvía reflejaba melancolía y furia contenida. El malvado apoyó la antorcha sobre el sitio en el que estaba su predecesora.

    -¡Desgraciado!, si no fuera porque sabes dónde está la armadura ya habría acabado con tu inútil existencia hace mucho-Gritó el maleante mientras tomaba al herido del cuello y con un violento golpe lo apoyaba contra la pared.

    -Dime que no lo hiciste-Gruñó. A lo que el caballero respondió con una sonrisa, que terminaba de confirmar lo que ocurrió.

    -¡En ese caso te va a pesar, vas a desear no haberlo hecho!-Rugió Morten y con un puñetazo en la mejilla lanzó contra la pared opuesta al ahora mudo. Después tomó el látigo que había dejado en un rincón y comenzó a azotarlo brutalmente.

    Cada uno de los golpes abría dolorosas heridas, más al prisionero no le importaban los castigos que recibiera, ya nada de lo que hicieran sería peor tortura que haber visto a Keira morir a manos de quien ahora pretendía extraer una información que no le daría, sus lágrimas ya habían secado y no volverían a escurrirse.

    Los latigazos no cesaban, y eran intercalados con puntapiés y golpes de puño, podía sentir el calor de la sangre que emanaba, humedecía y teñía de rojo sus viejos ropajes, y no podía hacer nada al respecto.
    Le hubiese gustado que todo aquello fuese solo una pesadilla, más no era la realidad.
    En algunos momentos esperaba a que el maquiavélico le diese un golpe fatal, para así acabar con todo aquel calvario, pero pensaba en que no podía ser tan cobarde y rendirse de esa manera. Debía de haber alguna manera de escapar. Aunque si intentaba contraatacar, no era seguro que el malvado lo dejaría así como así. Y podría morir fácilmente a manos de él.
    De modo que a pesar de que no era una opción agradable, decidió recibir la golpiza sin oponer resistencia.

    Morten continuó castigando al prisionero por lo que había hecho, además que de esa manera descargaba su furia y hacía daño a alguien que quería haber matado antes, pero por el tema de la armadura no podía hacer. Igualmente disfrutaba lastimándolo, y ya lo había logrado tanto físicamente como espiritualmente.

    Daeru por su parte resistía como podía. Aquel extraño ataque que había usado el malvado -que parecía estar relacionado con su disminución abrupta de cosmos- además de la pérdida de sangre, el frío, y el dolor lo estaban llevando al límite de sus fuerzas. ¿Acaso su maestro ya sabía que debería pasar por algo así?, de ser así no lo culpaba, la razón de todo aquello justificaba tal sufrimiento. En carne propia estaba sintiendo lo mismo que le pasaría a miles de personas si por cobardía revelaba la ubicación de la armadura dorada de ofiuco. Podrían literalmente destrozarlo, mutilarlo, desangrarlo, amenazarlo de muerte, pero si con ello se evitaba que quien portara el ropaje matara sádicamente a inocentes, estaba dispuesto a enfrentar los riesgos.

    En cierto momento, después de aquella breve golpiza, que al desgraciado le pareció más tiempo, el maquiavélico personaje se detiene.

    -Bueno, lamento no poder continuar con esto, porque de hecho es muy divertido, pero el jefe ha ordenado que no te matemos. Ya vamos a encontrar alguna otra manera de que nos digas lo que queremos saber-Dijo Morten dando un puntapié en el estómago, que dejó a Daeru en el rincón que estaba antes de que llegara el malvado. Tras esto el maquiavélico sujeto se fue de allí. Tenía que informarle a Arsen sobre lo que había ocurrido, y de allí definir la estrategia que seguirían ahora que el prisionero no podría decir una palabra.

    Entre tanto, el caballero solo podía observar el suelo donde algo de su propia sangre yacía, debía huir, ya sabía que tanto si se quedaba como si intentaba una fuga, moriría tarde o temprano, o al menos con la segunda opción tendría al menos una chance de sobrevivir. Pero primero debía soltarse de aquellas sogas que estaban atadas fuertemente en la muñeca y en los codos, y que le impedían el movimiento. Para ello debía depender de su escaso cosmos y de que este pudiese congelar y quebrar las cuerdas. Tenía que juntar fuerzas ya que a duras penas se pudo levantar.
    Un cosmos celeste blanquecino comenzó a surgir a su alrededor, y comenzó a congelar tanto las ataduras, como el suelo a su alrededor. En cierto momento intentó golpear las sogas contra la pared, y estas volaron en cientos de pedazos de hielo. Pero su cosmos volvió a decaer y esta vez más debilitado de lo que se encontraba antes.

    Tras haber conseguido liberarse, no podía quedarse en aquel lugar, si lo atrapaban, de seguro que esta vez lo sujetarían con más cosas, además que por el problema que estaba pasando, no se podía permitir seguir perdiendo cosmos de aquella manera.

    Temblequeando consigue incorporarse, y se apoya contra la ensangrentada pared. Con mucho esfuerzo comienza a moverse, debía salir de allí. Por lo que tomó el camino contrario del corredor al que había ido Morten. En la sala contigua a donde había sido torturado estaba oscuro por lo que aprovechó para escabullirse. No obstante debía tener cuidado con no hacer ruido, y ver donde estaban los guardias.

    Atravesó lo más rápido que pudo la sala, y tras llegar al otro extremo, se fijó para todos lados, y pudo ver al final del corredor una luz de antorcha y en el camino distinguió la figura de un guardia que se recortaba. Debía analizar qué hacer. Podría regresar y enfrentarse a la furia de Morten que sabía que volvería a intentar empeorar el infierno que estaba viviendo, o encontraba rápidamente una forma de intentar burlar al vigilante. En su estado no podía enfrentarse a él. O si no tenía otra, debía hacer un esfuerzo y medirse a él con su ya escaso nivel de cosmos, pero esto llamaría la atención de más centinelas y le quitarían la oportunidad de escapar.

    Tenía que evaluar sus posibilidades, cuanto máximo, podría atacar una vez, cosa que sería demasiado arriesgada teniendo en cuenta su estado y comparándolo con el del guardia. La única escapatoria estaba quizá al final del corredor…pero en ese momento vio una pequeña abertura en la pared -como aquella en la que observó el cielo nocturno en donde antes se encontraba- que le dio una pequeña chispa de esperanza, si conseguía hacer un boquete más grande, era posible que escapara. Pero de todos modos, esta no se encontraba a una distancia segura, y aunque lo estuviera, el ruido al agrandar la abertura llamaría la atención.

    -Tengo que pensar rápido… ¿qué prefiero? ¿Quedarme en donde estaba, o intentar huir?, ¿enfrentarme al guardia, o intentar abrir un boquete en la pared y escapar?-Pensó el muchacho, teniendo en cuenta que cualquiera de las decisiones podría implicar llegar al fin de su miserable vida–lo recuerdo…este lugar está dentro de una ladera, es lo que dijo el sujeto de máscara, por lo que puede ayudarme a escapar-hizo memoria -…entonces está decidido lo que haré, aunque deberé pensar si abro el agujero allí, o en donde me encontraba. A lo mejor la noche e incluso el poco cosmos que poseo me ayuden a escabullirme, aunque al ver mi estado, es difícil que soporte la temperatura del exterior….pero deberé de hacer el esfuerzo.
    Si regreso, estaré quizá más al alcance de Morten, pero si me arriesgo aquí, estaré más cerca del guardia, aunque supongo que es mejor que la primera opción-concluyó.

    De manera que costosa, pero cuidadosamente, comenzó a acercarse, amparándose en la oscuridad reinante.

    -¡¿Quién está ahí?!- Gritó el soldado viendo hacia el lado donde estaba Daeru, tras el sonido de una caída que este intentó evitar producto de su débil situación. Se encontraba en problemas, sabía que una confrontación podría terminar en que lo volvieran a apresar. Tenía que pensar rápido. Lo único en ese momento que hizo fue guardar el más profundo silencio que pudo, y ponerse lo más cerca de la pared posible.

    -¡¿Quién está ahí?! , ¡Qué responda!- insistió el guardia, sin recibir respuesta de ningún tipo. Ese momento fue crítico para la fuga que el caballero tenía pensada, debido a que aún desconfiando, el vigilante tomó la antorcha que estaba cerca de él, en la pared, y se dirigió con paso lento hacia donde estaba el prisionero. Si no se le ocurría algo, Daeru sería descubierto, y debería medirse ante el soldado.

    Si esperaba, el desenlace sería obvio, si se acercaba también. Su única posibilidad estaba en juntar lo que le quedaba de sus mermantes fuerzas, y así abrir el boquete allí mismo.
    De esa manera, con decisión comenzó a levantar su cosmos, lo que lo hizo totalmente visible, aún si el soldado no tuviese la luz de la antorcha.
    Pero de todas maneras, destruir la pared que lo separaba de los helados campos, no era lo único que haría: De un momento a otro, liberó una honda fría desde su cosmos, que recorrió el pasillo, congelando al guardia, y el resto de este lo usó en invocar su técnica más poderosa, el infierno de hielo. Desde el suelo que lo rodeaba, se comenzó a formar nieve, que al agolparse formó una gran avalancha que chocó con violencia contra la construcción, y logró abrir un gran agujero.
    La puerta de salida ya estaba abierta…

    Tras la acción, el caballero cayó de bruces al suelo. No podía levantarse, estaba muy débil, pero de todos modos debía continuar. Así que casi que arrastrándose salió del lugar, y sin desearlo, al estar ya sobre la ladera, cayó, precipitándose velozmente hacia suelo llano. Más no podía quedarse allí, sino que debía seguir. Así que de manera demasiado costosa, casi que tortuosa, se logró incorporar entre temblequeos, y continuó su camino.

    Ahora debía evitar que lo atraparan, y decidir cómo llegar hacia Grecia, aunque en el estado -que concordaba tanto física como espiritualmente- en el que se encontraba, le decía que era posible que no resistiera tanto.
    - De tener más fuerzas me golpearía, no puede ser que no llegue hacia Grecia. Soy un fracaso, apenas hace poco me he convertido en caballero, y en la primera misión importante que es la de mantener esa información fuera del alcance de Morten y los demás, estoy muerto, o cerca.
    Maestro, creo que te has equivocado, soy un deshonre para usted, para Athena, y la misma constelación del Pez Volador-Reflexionó Daeru, con su vista perdida en el cielo nocturno, mientras que a la vez avanzaba con dificultad.

    -No obstante, me mantendré firme hasta el final, si ahora he de morir, no será rindiéndome hacia el enemigo, sino con la mirada en alto-Concluyó.

    Sabía que a pesar de que no se percibiera sonido alguno del mar, o aunque no viera rastro de agua líquida que se reflejara -con las luces danzantes- en el horizonte, la costa no estaba tan lejos. A pesar de su resignación, no perdería nada más con ir e intentar llegar a Grecia. Le hubiese gustado que Gamel estuviera allí para indicarle el camino. Estaba desorientado totalmente, ¿las tierras a las que debía ir estaban muy lejos?, ¿Cuánto tiempo le llevaría la travesía?, ¿cómo haría para atravesar el mar?
    Quizá era mejor dejar esas preguntas para después, si es que llegaba hasta la costa, porque eso no era seguro. Ahora en lo único que debía pensar era en alejarse del sitio en el que se encontraba.

    No tuvo que caminar mucho entre la espesura de la noche, hasta que encontró una ladera. Para ahorrarse el caminar por un tramo así, se dejó caer, si no fuera por su débil estado, disfrutaría de aquella experiencia, ya que no estaría con tanto frío como en aquel momento.

    Ya abajo, se volvió a incorporar de manera tortuosa, y continuó avanzando un tiempo más.

    En ese lapso, por su mente pasaron muchas cosas que había vivido: la alegría que solía tener en compañía de su hermana y su maestro, que eran la única familia que había tenido, los momentos divertidos, aquellos quizá aburridos, las salidas hacia la costa para pescar, las largas caminatas acompañadas por el sol en verano, los entrenamientos, todo le parecía ya algo distante y añorable, pero que en un poco lapso de tiempo alguien pudo destruir.
    También entre sus pensamientos regresó el de aquella extraña experiencia que tuvo tras el ataque que ahora estaba haciendo a su vida caminar al borde del precipicio. Como la esperanza había parecido regresar, para finalmente morir en un instante. Sin arrepentirse de la decisión que había tomado al aceptar aquella misión de su maestro, pensó que hubiera sido de él si la respuesta hubiese sido no. Si bien era posible que Gamel hubiese muerto por culpa de Morten, quizá Kaira estaría aún con vida.
    ¿Y qué tal si aquel grupo de sujetos diabólicos nunca hubiese existido?, ahora continuaría aquella vida alegre que se había ido.
    ¿Qué habría pasado si Athena hubiese vivido en aquella época?, eso no lo tenía entendido.

    Largo rato pasó, hasta que divisó la costa. Ahora si podía ponerse a pensar que hacer.
    Aunque de un momento a otro, percibió que alguien se acercaba. Debía apurarse, así que continuó su sufrida caminata hasta que se encontró cerca de la helada agua de la costa.

    Los pasos en la nieve estaban cada vez más cerca, sabía que estaba siendo perseguido.

    -¿Qué puedo hacer ahora?, ¿dónde esconderme?, si no estuviera tan débil los enfrentaría, pero cada vez que levanto mi cosmos es como si se redujera más-Pensó Daeru al detenerse porque tenía al gélido océano frente suyo, y una mediana capa de hielo sostenía su peso.

    -Ya te hemos encontrado, ahora regresarás a la guarida quieras o no, tú única oportunidad de no ir allí será que de una vez por todas me digas en donde está esa armadura, claro que en tu estado podríamos eliminar esta opción-Dijo Morten que estaba unos metros detrás del caballero junto al soldado, ambos bloqueaban el paso.

    Ahora Daeru se enfrentó otra vez a la incógnita de que hacer, había prometido por Athena el no debelar aquella información que sabía que si era obtenida, podría ser perjudicial para los demás. Aunque el que fuera una promesa, no era lo único que lo impulsaba a no indicar en donde estaba el ropaje, sino que también lo había asumido como una responsabilidad por la cual daría todo.
    Tenía en cuenta que si moría en aquel lugar, no podría llegar con el patriarca en el santuario, y aquella información se perdería quizá para siempre. Por el contrario, si regresaba con los maleantes estaban las posibilidades de que de alguna manera extrajeran la información, más allá que ahora no había manera de que dijera una palabra, o que con tanta tortura lo matarían.
    ¿Qué debía elegir?, ¿ir con los delincuentes, o lanzarse al mar y morir congelado o devorado por algún animal?...

    Su decisión estaba tomada, y no fue muy difícil...volteó hacia Morten y el soldado, y con la cabeza negó la propuesta. En su mirada se unían la furia por lo que le hicieron a Keira, y a Gamel, el dolor que esto suponía, y la impotencia por no poder haber hecho nada al respecto. Prefería tener una muerte llena de sufrimiento (que no era peor que su realidad), a brindar información a gente la cual sabía lo que era capaz de hacer en el nombre del mal, si aquel era su final, al menos el paradero de la armadura no llegaría a malas manos.

    Entonces tomó una última y sufrida bocanada de aire y con un salto hacia atrás se lanzó al mar. Morten intentó evitar aquel suicidio por parte del caballero del pez volador, pero por su distancia no llegó a tiempo para tomarlo, y lo último que pudo ver del prisionero fue un resplandor en el agua, y una mancha de sangre que allí flotó, producto de las múltiples heridas que tenía.

    -¡¡¡Maldito pescado volador!!!-Gritó el pelirrojo con furia, y es que ahora, la única fuente de aquella información había muerto, y con eso casi en un cien por ciento se había esfumado la posibilidad de conseguir la armadura de oro.

    -¿Que haremos ahora?-Preguntó el secuas.

    -Tendremos que dar la noticia, el idiota prefirió morir y hundirse en el olvido, no siento su cosmos...y ya estaba muy débil. ¡Que sea comida de los animales carroñeros!, ¡ahora vamos!-Dijo de mal humor el malvado sujeto.

    Así, maldiciendo se alejaron, dejando atrás la costa, y la tumba de aquel caballero que a pesar de tener todo en su contra, pudo evitar, aun a costa de su vida, que aquellos malvivientes lograran sus oscuros propósitos…


    Última edición por Muerte_Rigurosa; 01-01-2017 a las 10:48 AM.

  6. #6
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    Capítulo 3 - Un horizonte helado

    Capítulo 3 - Un horizonte helado



    Nubarrones sobrevuelan sobre un pequeño poblado con casas humildes de madera en la oscura noche, los susurros del viento, eran lo único capaz de oírse, el resto era solamente un tenso silencio.
    No podía divisarse actividad alguna fuera de las viviendas. Incluso parecía que aquello era un pueblo fantasma.

    En una colina a bastante distancia, alguien observaba el lugar de tétrico ambiente.
    Sentía temor, miraba hacia todas las direcciones con nerviosismo, ¿es que podrían atacarle?
    Pero no encontraba ningún indicio, solo un silencio sepulcral, interrumpido por el sonido del viento, y las hojas de los árboles que se mecían.
    A pesar de aquello tenía una sensación muy extraña, era como si sintiera un aroma a muerte en el aire, de sangre y cadáveres putrefactos.

    De un momento a otro, el pueblo estalló en llamas, como si no hubiese razón para aquello que sus ojos veían. Y estaba allí en medio del siniestro...por las puertas de las casas salían cientos de personas que corrían por sus vidas. ¿Qué estaba ocurriendo?, el sujeto intentó dirigirse a alguno de los sitios para brindar ayuda. Pero era como si no estuviese allí, los aterrorizados residentes huían e incluso lo llegaban a traspasar, como si fuese un espectro.

    Entre medio del caos, una sombra de ojos rojos brillantes se divisa, acercándose en la misma calle de piedra en donde estaba parado el observador. Un sudor frío corrió por la espalda de este, y su temor se transformó en terror. Todo lo que estuviese entre él y el diabólico ser se movía en cámara lenta y era difuso. Con pánico intenta en vano escapar, pero no podía moverse, solo observar como el sombrío ser se aproximaba, portando una especie de báculo largo con tres puntas en un extremo.
    Sus miradas se cruzaron, el corazón del aterrado observador latía cada vez más fuerte mientras apreciaba la malicia de esta, lo sabía: era el causante de aquellos estragos.

    De repente, cuando ya estaban frente a frente, el arma del oscuro ente apuntó hacia donde se encontraba el sujeto, y lanzó el ataque.
    Con la angustia al máximo, lo último que el recipiente sintió fue la cálida sangre que brotó de su pecho…


    ***

    Es un día normal en el Santuario, situado en Grecia, un gran lugar con mucha arquitectura típica, las columnas de las construcciones de roca eran de gran diámetro, finamente talladas, y que soportaban el peso de los techos horizontales del mismo material, puestos a gran altura, que muchas veces presentaban detalles estructurales, tales como bellas cúpulas.

    A los alrededores había muchas personas que entrenaban en batallas entre sí, o simplemente golpeando rocas.

    Cerca del sagrado lugar, se encontraba el tranquilo pueblo de Rodorio, lugar donde muchas personas convivían de manera pacífica, y en ese momento, muchos se encontraban en sus labores diarias.

    Al costado de una de sus pintorescas calles, se encontraba un grupo de cinco pueblerinos, hablando de diversos temas, cuando algo les llama la atención: Un hombre de ropajos color marrón, con casco de cuero y cuya sombra tapaba su rostro, transitaba, para así tocar la puerta de una humilde casa en la acera del frente. El sujeto era un soldado proveniente del Santuario.

    Al abrirse la puerta, aparece una figura alta que al salir del sitio en donde estaba, se revela que era un hombre joven de largos cabellos castaño claro, ondulados. Sus ojos de color miel brillaron al reflejar la luz del sol. El tipo que presentaba un corte de bigotes elegante, se dispuso a oír lo que el visitante debía informarle. Mientras tanto, la brisa que pasaba por el camino mecía la larga túnica blanca que vestía.
    El mensaje fue corto y claro, y los vecinos reunidos pudieron oírlo, la presencia del joven era requerida por el patriarca del santuario a la brevedad. Estos en ese momento no hicieron comentarios al respecto, solo observaron disimuladamente como tras su breve estadía, el soldado se retiraba, siguiendo el mismo camino por el que había llegado, y como el castaño muchacho –previamente dado un saludo a sus observadores y colindantes- regresaba a la pequeña vivienda.

    -¿Por qué razón será que el patriarca requiere a Gamel?-Preguntó uno de los presentes.
    -Quizá necesite mandar a algún sitio a alguien para recabar información-Sugirió una anciana del grupo.
    -Recuerden que hace pocas semanas se convirtió en caballero-Recordó una señora quien al parecer, antes del encuentro había estado barriendo, por la escoba que llevaba en su mano.
    -¿No es tan pronto como para una misión?, ¿qué tal si muriera?-Dijo un canoso que trabajaba de zapatero.
    -¡No!, ¡por Athena!, espero que no suceda, al menos por ahora, es un buen vecino-Reprochó la gorda de escoba, mientras el resto apoyaba la idea.
    -Parece que para eso están, aunque últimamente no ha habido mucho movimiento desde el Santuario-Respondió el primero de los parlantes.
    -No puede ser que estén para morir, es cierto que muchos de ellos no llegan a viejos, pero si esto sucede es porque siguen sus principios-Aclaró una señora escuálida que al parecer, también era ama de casa.
    -De todas maneras es triste oír que gente así muera, y más aún siendo jóvenes, que aún les queda mucha vida por delante-Manifestó la de mucha edad.
    -Aunque es por los demás-Dijo brevemente el viejo.
    -Es una pena que después de llegar hace un tiempo de las tierras en que entrenaba, ya pueda tener que irse-Expresó una.
    -Vino desde una isla en el norte que se llama Svarvard, dicen que tuvo de maestro a un dragón de hielo-Comentó el anciano.
    -¿Un dragón?, no bromees, solo deben ser rumores-Dijo la barredora.
    -Es cierto, dicen que ese dragón es el menor de tres hermanos, el mayor vivía al sur de Noruega, y el intermedio en algún desierto de áfrica, y estos últimos eran un dragón de tierra y un dragón de fuego-Aclaró la más flaca.
    -¿Cómo puede ser que un dragón entrene a un humano?-Expresó aún escéptica la gorda.
    -Dicen que su mejor amigo también fue entrenado por un reptil de estos, y justamente en un desierto-Dijo la vieja al percatarse que a unos cuantos metros en la acera de enfrente, estaba este, contra un árbol y contemplando el cielo.

    Por un momento todos quedaron en silencio, y observaron al curioso personaje. Su cabello azul claro era corto, aunque enfrente, a los lados de su cabeza dos mechones más largos eran mecidos por el viento. Su extraña y armoniosa mirada de colores celeste y verde agua reflejaba los rayos del sol, mientras veía unas aves en las alturas pasar. En su frente –y a modo de cejas- tenía dos medianos óvalos de color bordó, estos estaban enmarcados en un rostro de rasgos más bien delicados.
    Por su manera de vestir, podía adivinarse que no era de aquel lugar de Europa –o al menos eso suponían-, llevaba una camisa gris estilo oriental, y en los bordes de esta era de un claro y apagado verde. Los pantalones eran del color predominante de la anterior. Colgado de su cuello por una fina cuerda negra llevaba un lustroso y pequeño pedazo de un mineral blanco en la parte agarrada a la soga, y violáceo más hacia abajo.

    -Solo son cosas que dicen, aún no puedo creerme algo así, menos viendo a alguien como él, ¿cómo es posible que alguien tan tranquilo sea entrenado por una bestia de esas?-Insistió la de la escoba, mientras volteaba disimuladamente hacia donde estaba el objetivo de su última frase.
    -Puede ser como dices, quien sabe…-Concluyó el anciano para así acabar con el debate.

    La puerta del lugar en el que estaba Gamel, se abre, y este sale, para después cerrarla. En aquel momento no se había percatado de quien se acercaba, quien no era ni más, ni menos ese amigo que hacía un rato estaba bajo la sombra de un árbol cercano.

    -Hola, ¿cómo te ha ido?-Saludó cordialmente este, mientras el tomado por sorpresa se sobresalta.

    -Hola Telos, casi me matas de un susto-Rió el castaño, mientras se apoyaba en la puerta de madera, dando un respiro tras el sobresalto.
    -Lo siento mucho-Se disculpó el peliazul.
    -Descuida…¿qué te trae por aquí?-Preguntó entonces el de ondulados cabellos.
    -Me enteré que también te convocó el patriarca-Respondió su amigo.
    -¿A ti también?, me pregunto para qué será que nos necesita…-Expresó Gamel.
    -Solo hay una manera de averiguarlo- Concluyó su interlocutor.

    Así, tras saludar ambos con la mano a los reunidos vecinos, se alejaron del lugar, con destino al Santuario. Dejaron atrás al grupo de los que charlaban, quienes tras devolver el gesto de despedida, siguieron hablando entre ellos.

    -¿Y?, ¿Qué has hecho últimamente?, estos días se te ha visto poco, por no decir nada-Preguntó el castaño.

    -Pues…tras la puesta en duda de alguien sobre el tema de la armadura de cerberos ante el patriarca, y ante la insistencia, me mandaron a tierras lejanas y desoladas por varios días. Si demostraba que podía sobrevivir ese tiempo, entonces era posible que dejaran las dudas a un lado-Respondió el peli azul.

    -Que sucios…ganaste la armadura limpiamente ¿y aún dudan?, el patriarca estoy seguro que no tiene dudas, y es lo importante.
    ¿A dónde te mandaron que pudiese ser más desolado que aquel desierto en Libia, donde estuviste mucho tiempo?-Dijo Gamel, sonando algo indignado.

    -No hay problema en que duden, no a menos que defraude a quienes confiaron en mí, cosa que no haré –Explicó el lemuriano –No es más desolado…bueno…quizá sí, era un lugar de bellos paisajes blancos, al sur, lejos de aquí, llamado Antártida-Agregó refiriéndose a la pregunta que le había sido formulada.

    -Debió no haberte agradado mucho ese sitio, es el infierno de los vegetarianos, porque no crecen plantas, o eso al menos adentrándose en el lugar-Expresó el castaño.

    -En ese sentido, tienes mucha razón, hay que recurrir a la caza, eso fue lo único que lamenté-Dijo el de extraña mirada -¿Y tú que has hecho?-Preguntó.

    -Nada en especial, solo he estado entrenando más en el santuario, y cuando no estaba en eso, simplemente leía u observaba unos planisferios-Respondió el de ojos color miel –es como si todo estuviese en calma, que en el santuario se sigue con la misma rutina todos los días, es bueno porque de otra manera estaríamos enfrentando a alguien, pero también es aburrido en cierto modo, aunque tengo un mal presentimiento, muy malo, como si esta calma no durará mucho, he tenido pesadillas en las que alguien que desconozco causa caos-Comentó, a lo que su amigo se detuvo, y por un momento contempló el cielo.

    -Hay que estar alerta entonces, cuando eso te sucede, es que en verdad no se vienen buenos tiempos, pero como una nube en el cielo, no estará por siempre en un mismo lugar, al final desaparecerá, para dar lugar al cielo azul. Así mismo, el mal que llegue no estará por siempre, y desaparecerá, dejando solo al bien-Dijo este, observando una nube gris que anunciaba lluvia.

    -Estás en lo cierto, me gustaría advertir eso en el santuario, ¿pero quién me creería?, dirían que sería de locos creer en pesadillas de alguien como yo. Si tú me crees, es porque sabes el origen de esto-Lamentó Gamel, sabiendo lo que le dirían en el santuario al respecto de aquel muy mal presentimiento.

    -Podrías plantearlo con el patriarca, a lo mejor te cree. Y si no lo hiciera, te ayudaré a convencerlo.
    ¿Te ha sucedido por aquella perla que el maestro te dio antes de morir, no es así?-Preguntó Telos después de dar unas palabras de ánimo.

    -Creo que sí, aunque pensar en que llevo una perla en la cabeza que siquiera se en donde está, recordar al maestro, y pensar que ya pasaron más de quinientos años desde ese día, me pone un tanto triste-Volvió a lamentarse el castaño.

    -Regeru, el wyvern de tierra, el mayor de tres hermanos, nuestro primer maestro, y al que le debimos mucho. Tienes razón, hace mucho tiempo que partió, pero no está muerto, su recuerdo sigue vivo-Respondió el muviano.

    -De todas maneras me gustaría que estuviese aquí, para ayudarnos en lo que venga, si es que ese presentimiento es cierto-Suspiró amargamente el de ojos color miel.

    -Está con nosotros, quizá no lo podamos ver, pero allí está dentro de nosotros-Reflexionó el peliazul apoyando su mano derecha en su corazón. Gamel por su parte, no respondió, simplemente recordó aquellos viejos tiempos, que a pesar de que hayan sido hace muchísimos años, le parecía que hacía poco lo había visto por última vez.

    -Hace casi un mes que ganamos las armaduras, a decir verdad fueron batallas difíciles…bueno…tú lo hiciste ver sencillo- Cambió de tema el lemuriano.

    -Sí, recuerdo ese día…-Respondió el castaño, de ese modo, comienzan a recordar lo acaecido…

    ***
    El cielo se veía de un celeste intenso, la actividad del santuario difería a lo corriente, no se divisaban personas entrenando, era como si la mayoría hubiesen desaparecido. Solo se veía de tanto en tanto algún soldado que vigilaba.
    En algún lugar entre las sagradas edificaciones, se siente el sonido de varias voces hablando sin orden, en torno a una plataforma circular con gradas de roca a su alrededor. La razón era que se estaban llevando a cabo luchas, para determinar quiénes serían los nuevos portadores de varias armaduras que en sus relucientes cajas de bronce o de plata permanecían en un elevado sitio, donde estaba parado un sujeto de larga y abultada túnica blanca de bordes rojos que observaba. Llevaba una estola verde, con detalles dorados, un casco del mismo color, cuyo principal detalle era una especie de dragón que tenía arriba, y un adorno que cubría la parte inferior del cuello también dorado, con una piedra celeste al medio, y pendiendo abajo el ornamento, otra rosa. Así mismo llevaba un gran collar con cuentas color verde, celeste y rosa. Lo más misterioso del personaje era su rostro, que estaba cubierto por una máscara inexpresiva de un verde oscuro.

    Entre medio de todos los aspirantes a caballeros y los maestros de estos, lejos de destacar, se abren paso dos amigos quienes también buscaban lo mismo que el resto: obtener una armadura. Estos simplemente charlaban, a la vez que escudriñaban entre la gente, con el propósito de encontrar un lugar desde donde observar las batallas, y es que habían llegado con el evento ya empezado, pero sin que esto significara que retrasara en algo las cosas, simplemente habían llegado hacía muy poco de sus respectivos lugares de entrenamiento. El más alto y de cabellos castaños, desde el norte de las islas Svardvard en Noruega, el otro de apariencia gentil, desde algún lugar del desierto del Sahara en Libia.

    -Pensar que hoy es la primera vez en tres años que nos vemos, y para este acontecimiento-Recordó el castaño, mientras se hacían un lugar entre medio del grupo de personas.

    -Estás en lo cierto…aunque no estoy seguro de que hacer. No quiero herir a alguien solo por el hecho de que es lo necesario para obtener la armadura, no es el motivo como para algo así-Manifestó el peliazul.

    -¿Sabes algo?, eso es algo por lo que desde el día que partimos por distintos rumbos me he preocupado. Desde el primer día en que nos conocimos supe que tenías deseos de ayudar a los demás, cuando decidimos entrenar para luchar por Athena, y me enteré de lo de hoy, siempre supe que dirías algo así. Sin embargo, no está dicho en ningún lado que en las batallas deba correr sangre. Así que puedes pensar en alguna manera para ganar, sin que implique lastimar, o al menos mucho-Explicó el de ojos color miel a su amigo.

    -Ya se me ocurrirá algo, aunque al fin y al cabo, lo que importa no es desde que lugar luches por Athena. Da igual si eres caballero, soldado, o un pueblerino más, porque cada quien aporta lo suyo, aunque no sea evidente-Sonrió este.

    -De todas formas, si no das lo mejor, al menos no hagas que la batalla sea fácil para tu rival. Quizá estando en cualquier lugar sin importar si eres caballero o no puedes ayudar a la diosa, pero ten en cuenta que si logras conseguir esa armadura, podrás cumplir con el objetivo que te pusiste, y además te ayudará a luchar por los demás-Sugirió Gamel, mientras observaba una de las peleas.

    -No, no me dejaré vencer, hacer eso no sería una buena manera de ganar la armadura para quien deba luchar conmigo, además, tienes razón, sería de mucha ayuda, pero tampoco hay que obsesionarse con la idea-Respondió Telos, al tiempo que desviaba su mirada, hacia el cielo, mientras tanto, parecía que el castaño se pusiese tenso por algo.

    -¿Has oído eso?-Preguntó este, al tiempo que su rostro no ocultaba que lo que fuere, no eran buenas noticias.
    -¿A qué te refieres?, disculpa, es que me distraje…-Respondió con calma el lemuriano.

    -Escuché a alguien comentar que tu rival se ha adelantado, y ya ha matado a los otros cuatro aspirantes a la armadura que buscas, al parecer su perfil concuerda perfectamente con cerberos, su sed de sangre es insaciable, ten mucho cuidado, es sádico en su manera de matar.
    Lo único que se interpone entre ésa armadura de plata y él, eres tú, ya era sabido que en estas batallas muchos no sobrevivirían, ya que no todos perdonan la vida, y estás en uno de esos casos. La única posibilidad de que no salgas en pedazos es que ganes.
    Ten cuidado, no pierdas…-Imploró el ojimiel, mientras imaginaba la grotesca escena.

    -Gamel, amigo mío…no puedo saber cómo saldrán las cosas, por lo que no puedo asegurar que salga vivo de esta, de todos modos, gracias por advertirme. Haré lo posible para no terminar descuartizado. Y si no es eso posible, entonces al menos es bueno saber que andas bien-Dijo tranquilamente el peliazul.

    -No digas eso…desde el principio estaba asumida la posibilidad de que esta sea quizá la última vez que nos veamos con vida, después de todo yo tampoco sé si sobreviviré. Pero estando a minutos de eso, ya es más difícil de aceptar, pero si queremos luchar por Athena, es una situación que debemos sortear-Se lamentó el castaño.

    -Tú lo has dicho, de todas maneras no hay que tomar eso como una realidad, sino como una posibilidad. Te deseo la mejor de las suertes, aunque probablemente no la necesites. Al parecer es tu turno-Sonrió Telos.

    -¡Eso debió doler!-Comentó el castaño sobre lo último que su amigo había dicho, ya que uno de los combatientes había dado el último golpe de la batalla que se estaba llevando a cabo, y esta había finalizado, por lo que el patriarca estaba entregando la armadura correspondiente al ganador.

    La atención de los presentes, entonces se puso en él, y en otro sujeto corpulento de cabellos cortos y negros, y de estatura aún mayor que la del castaño.

    -Este tipo es buen aspirante para la armadura de la ballena, solo le falta cantar como una-Pensó con cierto humor el de ojos color miel refiriéndose al tamaño del que sería su rival.
    -No, no puedo dejarme intimidar, con confianza es que podré vencer, el tamaño no siempre significa que sea el más apropiado para algo-Se dijo, recuperando las ganas que por ese breve instante había perdido.

    -¡Animo!, si el que cultiva un campo pierde el ánimo al ver que llega la sequía, y por ello deja la actividad, nunca tendrá seguro si podría haber salvado sus plantaciones-Sonrió el peli azul.

    -Esclareceré esa duda, ¿sobreviviré a la sequía?, ¿o moriré de inanición?-Respondió el castaño con una sonrisa de desafío, y entonces se dirigió a donde debería entablar la batalla, seguro de su estrategia, y con bastante esperanza, a pesar de la charla sobre el riesgo que corrían de morir, si solo ponían la atención en esa idea, hasta tomarla como un hecho, en la realidad se daría con más facilidad.

    Así las personas observaron la que sería la ante última lucha, las predicciones de quien ganaría ese encuentro estaban divididas, muchos creían que el más grande y robusto acabaría de manera bastante sencilla con el de menor talla –pero aún alto-, otros creían que este último ganaría.

    -Ustedes dos son los únicos aspirantes a la armadura de Cetus, es por eso que han debido entrenar aún más. Personalmente les he comunicado eso a sus maestros hace más de un año.
    Es hora que demuestren su valía, y enorgullezcan a la constelación por la que luchan. Pueden comenzar-Dijo el patriarca.

    -¿Solo dos?-Se preguntaba Gamel, al menos ya tenía una respuesta a lo que había sido su entrenamiento, que se había parecido más a una tortura, llevada a cabo por una wyvern de hielo con tendencias sádicas que era su maestra.

    -Daegea…es por eso que todo este tiempo me habías dado retos como el de robarle una presa a los osos polares (para después devorarla tu sola), nadar con las morsas en el océano helado, liberarme de amarras en medio de un terreno con osos polares cerca, caminar casi sin abrigo por hielos delgados sobre el agua…siempre creí que me encargabas esas cosas solo por verme morir, y a veces parecía que era para ver correr sangre en el lugar…o las veces que me castigabas amarrándome en algún sitio en la intemperie y me dejabas sin comida por un día.
    Eres una loca psicópata, pero gracias a eso ahora tengo más esperanzas de ganar-Recordó con una sonrisa mientras imaginaba el rostro de la dragona, de escamas blanco azuladas, penetrantes ojos amarillos, grandes cuernos doblados hacia atrás de eterno hielo, prolongaciones del mismo material que salían de su mandíbula superior hacia abajo pareciendo dientes, como los aguzados que tenía en su boca que exhalaba aire frío.

    De pronto algo interrumpió sus pensamientos, sentía como su cuerpo se elevaba por los aires…su rival lo había lanzado, y esperaba abajo para asestarle un fuerte golpe en la cabeza que probablemente terminaría la lucha.
    Al parecer por la intensión, no sería una batalla sin fin de herir o matar, pero el castaño ya tenía pensado cómo vencer a su rival, inspirado en recordar a los que fueron sus dos maestros, Regeru, el wyvern de tierra, y su hermana Daegea, la wyvern de hielo. El primero, enseñándole cosas sobre la vida, y legándole antes de su muerte, el don de ver malos sucesos del futuro, para así intentar evitarlos. La segunda, enseñándole lo ruda que puede ser la vida, que hay que tener la valentía y la fuerza para afrontarla, y ayudándole a desarrollar la mayor parte de las técnicas que conocía.
    De todas maneras, no podría poner a prueba lo que había ideado, si no evitaba ese golpe que podría ser mortal.

    -Es hora de ganar esa armadura-Dijo el hombre de cabello negro pensando que esa batalla sería ganada por el que golpeara primero, además que estaba seguro que con un ataque así, su contrincante no podría seguir luchando.

    Del suelo surge un aire frío que cubre los alrededores del campo de batalla-a tal punto que algunos espectadores comienzan a sentir frío- y de este se comienza a formar con rapidez nieve, como si brotara del suelo. En un chorro se levanta una gran cantidad de esta, y “engulle” al castaño, cayendo posteriormente en el ahora nevado campo de batalla. Era como si el gélido elemento se hubiese tragado a su invocador.

    El corpulento rival se haya confundido, pero sabía que en el espeso manto nevado que se había formado, se encontraría a quien debía vencer, por lo que por precaución y con fuerza lanzó un puñetazo hacia el níveo suelo, por si lo planeado era un ataque sorpresa y tenía la suerte que justo fuese de ese lado. No obstante, no llegó a concretar la acción, ya que justo desde el lugar que golpearía salió un fuerte chorro de agua hacia él, que lo empujo e hizo que cayera.

    Sin dar tiempo si quiera a levantarse, sale Gamel desde el hoyo dejado por el torrente de agua, como catapultado, con una gran bola de nieve en sus manos y que a cada instante aumentaba de tamaño.

    -¡Toque de cristal!-Exclamó lanzando el ataque, que dio de lleno con el contrincante caído dando un estallido y haciendo que este quede rodeado por hielo, que hacia afuera se proyectaba como puntas, dando la impresión de que fuera un erizo de agua en estado sólido.

    -¡Infierno de hielo!-Anunció entonces el que sería su último movimiento, y aún sin dejar margen a defensa alguna. Toda la nieve que cubría el lugar se juntó para formar una avalancha que cayó con violencia sobre el inmovilizado sujeto, quien junto a varios trozos del hielo que tenía encima, voló, dando con una capa de nieve que cayó antes del resto en el suelo, que cubrió al hombre dejando solo su cabeza fuera.

    El sujeto al no haber podido defenderse de tal ofensiva, estaba inconsciente, pero Gamel no lo mataría, si no le gustaría que a él lo mataran, no haría lo mismo con los demás, al fin y al cabo, como Telos había dicho, no era una ocasión como para ello.

    Todos quedan viendo atónitos aquella victoria avasallante y veloz, si bien sabían que ambos contrincantes eran buenos, no se habían percatado que quizá el primero en dar un golpe sería quien ganaría.

    -Era de esperarse que en una batalla en donde ambos combatientes estaban igualados en poder, el que primero lograra hacer la diferencia sería el que alcanzara la victoria.
    Desde hoy puedes hacerte llamar Gamel de Cetus, un caballero de Athena, que estará allí para luchar en pro de mantener la paz en el planeta.
    Ten en cuenta, no utilices la armadura con otros fines que no sean ese-Dijo el patriarca.

    -Lo prometo, daré todo de mí por el bien del santuario, y en nombre de la diosa Athena-Respondió Gamel, tras recibir la plateada caja en donde se encontraba guardada la armadura y dar una reverencia al cabeza del santuario, y después se retiró hacia el lugar en el que antes de comenzar aquella batalla se encontraba, aún con muchos viéndole con sorpresa. Se había ganado el respeto de otros que con cierto temor se corrían para dejarlo pasar.

    Tras la contundente victoria del ahora merecedor de la armadura de Cetus –la ballena-, quedaba la última batalla, la que definiría quien sería el portador de la armadura de Cerberus-el guardián del infierno-
    El duelo llamaba la atención por el hecho que todos, a no ser por Gamel, ya tenían seguro quien sería el ganador, y es que comparando entre los dos combatientes, uno carecía totalmente del perfil como para llevar el ropaje que simbolizaba a aquella criatura cánida de tres cabezas, mientras el otro si lo tenía, además de sus antecedentes. El primero era un desconocido, mientras el otro ya había ganado notoriedad, al vencer a los otros cuatro aspirantes a la armadura, además de matarlos.

    -Donovan, Telos, son los últimos en luchar en este día, solo quedan ustedes dos, después que los demás fueron vencidos, tras un acuerdo de los cinco que se encontraban en el santuario en ese momento para adelantar las batallas.
    Es ahora que se definirá quien de los dos ganará el derecho a llevar la armadura de Cerberos, y luchar así en nombre de Athena.

    Entonces los dos combatientes se acercaron al círculo en donde se llevan a cabo las batallas, por un lado, estaba el peliazul, por otro un sujeto de más estatura, de expresión ruda en su rostro de rasgos toscos, cuyos ojos castaño-rojizos reflejaban crueldad.

    -Las batallas por la armadura de la liebre han sido la semana pasada…creo que te has equivocado de lugar-Se burló el último, comparándolo con aquel animal.

    -Ya me parecía que me había olvidado de algo…-Respondió el lemuriano tomando con cierto humor, lo que el otro había dicho para molestarlo, pero que estaba lejos de hacerlo.

    Uno de los soldados del santuario se acerca, trayendo dos cadenas que en cada uno de sus extremos tenía una bocha metálica con púas. Al llegar al lugar en que se encontraban los combatientes, le dio una a cada uno, y después se fue.

    -Ahora, pueden comenzar-Permitió el patriarca.

    -No sé qué te habrá llevado a luchar por esta armadura, pero de todas maneras va a correr sangre, de nada servirá la prorroga que tu maestro pidió, para que las batallas se realizaran hoy. De seguro solo postergó tu derrota, es hora de pelear-Sonrió con toque siniestro el rudo.

    -Me niego…-Dijo Telos, mientras dejaba caer la cadena que tenía en el suelo –…estoy aquí porque es lo necesario para ganar el derecho a la armadura de Cerberos, sin embargo, no estoy aquí para hacer daño a alguien, que en este caso eres tú, ni menos hacer que corra sangre. En todo caso…que sea la mía-agregó.

    -¡Que así sea!-Respondió Donovan, mientras lanzaba la espinosa bola de metal con fuerza hacia su rival, el cual para sorpresa de todos evito el objeto corriéndose un paso al costado, dejando el ataque pasar, y además tomó la cadena que le seguía a la bocha con una mano.

    -Si no me vas a atacar, eso significa mi victoria…-Dedujo el de aire siniestro y de cabellos castaño claro antes de ser interrumpido.

    -Te equivocas, eso no significa que me rendiré…si ves hacia aquel lado, tienes un camino para llegar hasta aquí, pero no es el único, allí hay otros. De igual manera, no hay un solo método para llegar a la meta, sino muchos-Explicó el muviano indicando los senderos a su alrededor que conducían al lugar en que tomaba lugar la batalla.

    -Está bien, en ese caso, mi camino es el de matar a quien se interponga en mi camino, así que despídete-Dio como respuesta el de ojos rojizos, mientras jalaba de la cadena, para que su contendiente la soltara, y así seguir el asunto, no obstante, este no lo hacía.

    De esa manera, y precavidamente, el de ojos castaño-rojizos suelta la cadena, pero corre directamente al tranquilo personaje que tenía en frente, y tomando la cadena que este se había reusado a usar, y estaba en el suelo, intenta dar un golpe directo. Primero con una de las bochas, después con la otra, pero en ambos casos, es evadido con mucha facilidad por el lemuriano, quien dé un salto se aleja al otro lado del círculo.

    -A ver qué te parece esto…-Dijo Donovan, al tiempo que hacía que púas de mediano espesor pero altas, se levantaran del suelo a los alrededores de su contrincante.
    No obstante, nuevamente el ataque fue evadido, con un largo salto hacia un lado en donde no habían salido aún.
    Esa batalla no sería simple –como el rudo había pensado en un principio-, y es que hasta ahora, a lo único que se había dedicado su contendiente, era a evitar cada uno de sus intentos de ataque. Aún no había mostrado más que ello, pero tenía la confianza que de todas formas, si asestaba un golpe, ganaría, después de todo, su rival no parecía más que un simple debilucho, que por algo debía solo evadir los embates en su contra.
    Entonces comenzó a revolear la cadena que tenía, para después acercarse e intentar asestar un golpe que por el impulso sería más grande. La reacción del lemuriano fue la misma, evitar lo que le lanzara. Pero esta vez fue diferente, ya que tras fallar un golpe, el rudo con cierto enfado por no poder hacer correr sangre, intentaba golpear con la bocha del otro lado de la cadena, y así sucesivamente, pero su rival era muy escurridizo…de todas maneras insistía, con fuerza y furia en cada cadenazo que asestaba.

    Entre tanto, los observadores estaban expectantes ante algún golpe del castaño claro hacia el peliazul.

    El ataque cesó, pero no de la manera que todos esperaban, sino que muy astutamente Telos soltó la cadena que mantenía en sus manos desde que Donovan la había dejado, y por el hecho que este último estaba concentrado en asestar un golpe, no fue hasta que tropezó con la cadena, que se percató de las intenciones de su contrincante. Tras aquello, el muviano no perdió el tiempo, y de un salto de alejó hacia el otro lado del círculo en donde luchaban.

    -¿Tú solo quieres hacerme enfadar, no es así?-Dijo de manera furiosa el de ojos rojizos mientras se levantaba, esta vez con las dos cadenas, una en cada mano. Entonces volvió a arremeter de la misma manera que había hecho antes, pero esta vez lanzando un golpe con cada cadena. El resultado seguía invariable, era evadido con bastante facilidad, de todas maneras insistió.

    Largo rato permanecieron en aquel juego del gato y el ratón, uno atacaba, el otro evitaba y de a ratos de un salto se alejaba más.

    Muchos espectadores estaban aburridos, por las acciones repetitivas de los contendientes, otros continuaban expectantes, entre ellos Gamel.

    -¿Qué te tramas con eso?, has algo, ese sujeto no te perdonará la vida, no es momento para solo esquivarlo-Pensó.

    De todas formas, la escena se mantuvo por varios minutos, ¿que se tramaba el lemuriano con aquello?, ¿estaba haciendo tiempo para algo?, o ¿simplemente evadía ya que estaba sin plan?

    Tras la espera de todos llega un cambio en la batalla, si bien la misma escena se mantenía, había un agregado. A los alrededores del círculo, surgieron llamas de colores que iban desde el blanco, pasando por el celeste, y llegando al azul. Aquello impidió a muchos ver qué era lo que ocurría con los combatientes, e incluso en los que estaban cerca de la escena, generó de manera inmediata una sensación de calor abrasador.

    Donovan se detuvo en lleno, estaba dándose cuenta de lo que su rival quería, y lo peor es que él había cooperado, ya lo estaba sintiendo, esas ganas de asestarle un golpe al lemuriano, no le hicieron preocuparse de que estaba cansándose. El sudor corría por su frente, sensación de calor aumentada por el abrazador fuego que rodeaba el campo.
    Creía que aquello había sido una vil trampa, no podía dejar que alguien ganara sin luchar, y que lo dejara en ridículo de esa manera. En verdad el pacífico personaje no lo había golpeado nunca en todo el encuentro, solo mostró astucia al hacer que el mismo fuera el que se atacara y de manera tan silenciosa. Pero hacía falta algo más que agilidad y una estrategia para vencer, necesitaba poder, pensó el castaño claro, y se lanzó nuevamente al ataque, aún con las dos cadenas entre sus manos.
    Un golpe…dos…tres, tuvo que detenerse, si seguía haciendo eso se agotaría aún más rápido. Al parecer, no podría moler a golpes con las bochas a su rival, tal y cómo había hecho con algunos de los otros que venció y mató, por lo que debería encontrar otra forma.

    Hizo que desde el suelo bajo el peliazul, salieran púas de roca, que parecían estacas de punta aguzada. A pesar que su contendiente las evadiera haría que más salieran, hasta que sin lugar para huir, por fin pudiera asestar un golpe.

    La idea parecía buena, de esa manera no tendría que moverse desde donde estaba y podría aguantan el sofocante calor reinante.

    Poco a poco, el campo de batalla fue pareciéndose más a un alfiletero, o un erizo. El espacio fue haciéndose cada vez más escaso. Haría del peliazul una brocheta, pensó.

    En uno de los saltos para evitar los ataques, las llamas a los alrededores desaparecieron, y el lemuriano hizo que una candente bola de fuego que cayó del cielo, chocara con la punta de una de las filosas piedras, estallando, de manera que después de ello, cayó en la base que se había formado por esto, con la misma calma que había tenido en todo el combate.

    Igual, el rudo no dejaría que se saliera con la suya, y atacó con otra aguzada que salió de entre medio de otras que estaban a los alrededores del peliazul, pero cuya punta iba dirigida hacia este. De un salto el tranquilo personaje la evitó, no obstante, y por primera vez en lo que iba en la batalla, fue golpeado por una de las espinosas bochas que lanzó Donovan, que dio bajo las costillas a la derecha. Entonces voló violentamente directamente hacia donde estaban muchas otras rocas filosas, pero la altura de aquella especie de tupido bosque de estacas que se había formado no mostró qué había ocurrido precisamente.

    El rudo sujeto creyó que con eso había sido suficiente para vencer a su rival, debido a que ya debía ser brocheta, al caer en alguna de las rocas que lo rodeaban.

    -¡Lo sabía!, ¡¿por qué demonios insististe en evitar a ese sujeto en vez de atacar?!-Se lamentó Gamel al ver la escena.

    Pero el patriarca aún no había dado la victoria a nadie, desde el elevado y privilegiado lugar en el que estaba pudo observar que ocurría…aún no había un ganador.

    El peliazul se las había arreglado para caer entre dos de aquellas estacas de roca que llenaban el círculo. De todas formas había sido herido por una de las férreas espinas de la bocha que lo había golpeado, eso era evidente al ver un poco de sangre impregnar la camisa gris clara de estilo oriental que llevaba.

    Intrigado por el hecho que el patriarca no dijera una palabra, fue que el de ojos marrón-rojizo, decidió hacer que todas las estacas de roca que pululaban volviesen a hundirse en el suelo, para así ver que había ocurrido.
    Lo que imaginaba que podría observar no se había cumplido. Creía que podría ver a su rival agonizante clavado por varias de las rocas. En vez de eso, allí estaba tan alegre como siempre lastimado, pero aún no vencido.

    -No creí que alguien como tú soportaría más que eso, de todas formas estás herido. Eso significa que puedo golpearte de nuevo. Y si lo hago, date por muerto, porque correrá más sangre. De los dos soy el único que puede llevar esa armadura-Dijo con rudeza, sin embargo, su rival no se inmutó ante los dichos, solo observaba el celeste cielo con blancas nubes.

    -Cerberos, el guardián del infierno, que curioso que esa sea una de las armaduras de los caballeros de Athena…símbolo de algo contradictorio a los designios de la Diosa… ¿no debería ser quizá el guardián de la paz?-Reflexionó.

    -No entiendo a lo que quieres llegar con esas palabras…de todos modos, si no te puedes proteger a ti mismo, menos lo harás con los demás-Se burló Donovan haciendo referencia a la herida que el peliazul tenía.

    -No te preocupes, una herida puede sanar. Mi deseo es proteger a los demás, y servir a la Diosa Athena, sin importar si con eso arriesgo mi seguridad-Sonrió Telos.

    El rudo personaje no respondió, y es que aún sentía calor, a pesar de que las llamas invocadas por su rival habían desaparecido…o quizá no lo habían hecho…observó hacia atrás de si, comprobando que se equivocaba, había una línea de medianas llamas, que su contrincante había hecho surgir, probablemente mientras estaba concentrado en atacar.
    Aún no terminaba de recuperarse del cansancio que supuso aquellos ataques constantes que realizó con las cadenas, y el calor del fuego que aumentaba la extenuación, pero que importaba, no iba a dejar que nadie le quitara la armadura de la bestia de tres cabezas.

    Corrió hacia su contrincante, dispuesto a matar, junto a su cadena, y la que el lemuriano se reusó a usar, no importaba si lo intentaría evitar, con estacas de roca detendría su escape, o terminaría por atravesarlo, en ese momento le daba igual como lo mataría.

    En cambio a lo que pensaba, el recipiente del ataque, simplemente se quedó en donde estaba. La primera bocha cayó, y con gran precisión, tomó con su mano la cadena, evitando así que la espinosa siguiera su curso y lo golpeara. Ahora la otra era lanzada hacia él, pero simplemente tomando la bola con punzantes salientes que había evadido, por la zona donde salía la cadena, consiguió que la esfera que venía en su contra chocara con la que sostenía, deteniendo así el golpe. E instantáneamente tomó la que llegó por la cadena, ahora las dos armas estaban en manos de ambos adversarios al mismo tiempo.

    Donovan no dijo nada, estaba arto, por lo que hizo que una roca aguzada surgiera del suelo para golpear al peliazul. No obstante, este se corrió, y el ataque fue a dar en una de las cadenas que sostenían, así rompiéndola. Pero a ninguno le importó, ya que el asesino de los otros cuatro aspirantes volvió a hacer que surgiera otra estaca, que tuvo el mismo impacto que la anterior, pero sobre el otro arma. Las dos cadenas con bochas habían sido partidas.

    Con la herida ya demostrando que no era pequeña por el sangrado que demostraba, el lemuriano pone su mano izquierda -para intentar evitar que el fluido escarlata emanara libremente- sobre esta, y se aleja de un salto.
    El de ojos castaño-rojizos soltó las partes de las armas que tenía en las manos, y corrió hacia el amable sujeto. Al llegar le dio un fuerte puñetazo en una mejilla, no obstante comenzó a notar que todo a su alrededor se estaba viendo borroso. Con el otro puño golpeó nuevamente a su adversario en la otra mejilla, sin que este opusiera resistencia, esta vez de manera suave, ya que el castaño claro terminó por desmayarse tras el calor y la extenuación a la que se había expuesto.

    Telos no lo dejó caer, sino que antes que eso ocurriese lo tomó con el brazo derecho, dejándolo después de ello en el suelo. La batalla había llegado a su fin, sin consecuencias fatales.

    Los espectadores estaban decepcionados con el resultado de aquel enfrentamiento, y las reacciones no se hicieron esperar.

    -¿No se supone que las batallas son para elegir al más capaz?, ¡en el campo de batalla no se va a cuidar a los enemigos!-Gritó alguien del tumulto.

    -¡Es la batalla más aburrida que he visto en estos días!-exclamó otro.

    -No sirve para nada más que esquivar-Dijo alguien más, entre los murmullos que se oían.

    -No siempre el más fuerte físicamente es el más capaz, si su fortaleza radica en lo que han dicho, no tiene que ser un impedimento, al contrario, es solo una muestra de alguien gentil, quien a pesar de ser una batalla por una armadura, en la que es usual que al perdedor le cueste la vida, se las ha ingeniado para seguir sus principios-Intervino el patriarca, quien hasta ese entonces había permanecido callado, cosa que de a poco hicieron los que habían mirado las batallas-Telos de Cerberos, recuerda que la armadura no ha de ser usada para fines egoístas-le dijo entonces al peliazul.

    -Prometo defender la paz en este mundo, aún con mi vida-Respondió breve el amable con su típica calma, y tras hacer una reverencia hacia quien le hablaba, perdió su mirada en unas nubes a la lejanía.

    ***

    -En verdad no esperaba ese método que usaste para conseguir vencer a ese sujeto…por cierto…¿esa herida que te dejó se encuentra mejor?-Preguntó Gamel quien recuperó un poco el ánimo que había perdido tras recordar al gran wyvern de tierra que fue casi como un padre para ambos.

    -Sí, mucho mejor, no resultó ser tanto como a primer momento pareció-Sonrió el lemuriano.

    -Gracias por intentar recuperar mi ánimo…es que hoy tras el sueño que tuve que me preocupa, no ando del mejor humor…-Reveló el castaño.

    -Descuida, lo que importa es que tenemos un indicio que algo sucederá, de seguro a medida que ocurran los hechos irás descubriendo lo que significaba, y podremos intentar detener al que según tu sueño traerá el caos-Dijo Telos en un intento por calmar al ojimiel.

    -Lo siento, no puedo evitar pensar en lo que sucederá si no detenemos a ese sujeto, aún no puedo estar tranquilo…sé que muchos morirán…recuerdo su mirada…no sé porqué me transmitió terror…hay algo maligno tras esta-Respondió el de ondulados cabellos.

    -¿Diabólico querrás decir?-Preguntó pensativo el muviano.

    -Sí, me dio la impresión que ese sujeto es alguien perverso y sin compasión-Afirmó el castaño.

    -En ese caso, si lo encontramos, la batalla será dura…-dijo breve el peliazul.


    Tras aquellas palabras continuaron el resto del camino hasta el santuario en silencio. Gamel aún preocupado, pensando en si le creerían algo así, o si cuando le tocara enfrentarse a ello, si es que lo hacía, estaría a la altura del caso, o simplemente sería una víctima más. Telos, en contraste, tranquilo disfrutando del paisaje, con cierta intriga sobre el porqué del llamado del patriarca, y también sobre cómo se manifestaría el sueño de su amigo.

    De esa manera, llegaron hasta destino, no obstante, tuvieron que atravesar por muchas edificaciones, hasta dar con el sitio en donde se encontraba el sumo sacerdote. Una espaciosa construcción de estilo griego.

    -Aquí estamos Patriarca, ¿para qué solicitaba nuestra presencia?-Preguntó Gamel, mientras hacía una reverencia en saludo, al igual que su camarada.

    -Necesito que cada uno cumpla una misión, en un lugar que fue conocido ya por uno de ustedes…me refiero a la Antártida. Una tierra desolada al sur, cubierta de nieve. Estas razones podrían favorecer a que el mal se escondiese en esos parajes. Es por eso que necesito que alguien se establezca en ese lugar, y cuide de él como si de una vida se tratase…-Dijo el Maestro del santuario-…Tras meditarlo, es que tomé la decisión de quien le encomendaría esa tarea, alguien quien ya conoce algo sobre las condiciones que le esperan…te he escogido a ti, Gamel de Cetus-Agregó.

    -¡¿A mí?!-Preguntó el castaño con tono de incredulidad y que evidenciaba que aquella noticia no había sido de su agrado. Si hubiese podido no exclamar aquello, lo hubiese hecho, y más siendo frente al mismísimo patriarca, no obstante, aquella fue una reacción casi que involuntaria, de la cual se avergonzó tras haberla dicho-…¿está seguro de su elección?, es cierto que he vivido gran parte de mi vida en tierras Árticas, como lo son Svardvard, no obstante, no dejo de ser un simple caballero novato…su santidad, siento negarme a esta tarea, pero considero que no podré sobrellevar tanto silencio, incomunicación y soledad sin quedar loco en el proceso… -explicó.

    -Todos hemos sido novatos alguna vez, recuerda que con aquella batalla que ganaste te comprometiste a luchar en pro de Athena. Además, por palabras de tu maestra, se reconoció el potencial que tienes, otorgándote una armadura de plata. Si aún piensas que eres solo un novato, puedes dejar tu ropaje, y regresar a Noruega, no obstante, no creo que Daegea esté contenta si tomas esa decisión-Dijo inmutable el patriarca.

    -No, de hecho es capaz de comerme crudo si hiciese eso…-comentó con aire cómico al respecto Gamel-…Si, mi deber es luchar por Athena…¿pero de que le sirve un caballero demente?, ¿para qué fueron esos años de entrenamiento si no podré aprovecharlos?, no me niego porque usted lo pida, sino porque no servirá de nada-Objetó.

    -Señor, ¿podría intervenir?-Pidió Telos, quien hasta ese momento se había dedicado a oír lo que decían.

    -Puedes hacerlo-Aprobó el sumo sacerdote.

    -En ese caso, me gustaría pedirle permiso para algo…si pudiese tomar su lugar para ir hacia esas tierras heladas, ya conozco algo de estas-Reveló el de amable sonrisa.

    -¡Me niego!, no quisiera que tomaras mi lugar…y menos a sabiendas que fue una tortura para ti-Exclamó Gamel, antes de volver a callarse, avergonzado por aquella irrupción.

    -¿Qué tanto deseas ese cambio de lugar, y por qué?-Preguntó el patriarca, sonando como que aceptaría la petición.

    -Tanto como sea necesario Señor…si puedo evitar que un “hermano”, mi mejor amigo, sufra de manera innecesaria, lo haré. Y no por el hecho de haber vivido en un lugar con el mismo clima, significa que será lo mismo-Explicó el peliazul.

    -No…ya lo he dicho…me niego…si con eso querías convencerme lo has logrado…di mis argumentos…pero si de todas maneras alguien debe ir, ese seré yo-Intervino, esta vez de manera seria y más calmada el castaño, quien se había resignado al pensar lo que ocurriría si continuaba con su negativa.

    -Ese no era mi fin, por lo que mi propuesta sigue en pié-Reveló Telos, lo que generó cierta tensión, sobre la determinación que tomaría el sumo sacerdote al respecto.

    El silencio del Patriarca parecía interminable para los dos caballeros, a pesar de que fue breve. El deseo de evitar que el otro fuese a aquel lugar era mutuo y grande…

    -He tomado una decisión…teniendo en cuenta sus argumentos, considero que lo mejor será que ambos vayan hacia la Antártida, después de todo se dice que es un lugar demasiado grande como para que uno solo pueda vigilarlo…complementando las habilidades de cada uno, es que podrán rastrear los problemas que se presenten. Además nadie quedará demente…-Dio a conocer el sumo sacerdote.

    Por un momento los caballeros de plata se quedaron en silencio, Gamel intentando pensar en que no podía seguir poniendo peros ante el mismísimo cabeza del Santuario, y menos por el hecho que no le agradara ir a aquel lugar, Telos en que debería acatar la resolución aunque no era lo que buscaba precisamente, pero comprendía las razones.

    -Acepto la decisión su señoría, aunque aún me resta por saber el porqué original de su llamada-Dijo.

    -Llegar hasta esas tierras tan distantes con los medios actuales insumiría mucho tiempo, y no estaría exento del riesgo de no arribar a destino. Es un lugar prácticamente desconocido al cual no muchos están dispuestos a ir. Por eso la tarea que te asignaría sería la de llevar a Gamel a ese sitio, teniendo en cuenta que ya has estado allí-Reveló el Patriarca.

    -Comprendo…en ese caso aún la tarea sigue siendo la misma, con la única diferencia que iré pero sin regreso…-Respondió el peliazul.

    -¿Hay que partir a la brevedad no es así?, en ese caso, con su permiso, me retiro-Dijo el castaño haciendo una reverencia, y después se fue sin decir más palabras o sin siquiera oír si recibía una respuesta.

    -Señor, no defraudaré su confianza, con la que estoy agradecido, tanto ante las dudas de los demás como ahora.
    También he de retirarme, que tenga un buen día- Se despidió amablemente Telos al tiempo que como su amigo, que ya estaba ausente del lugar, se inclinó en señal de respeto. Y después salió de la sala.

    Ya afuera continuó unos pocos metros y bajó unas grandes escaleras. Al lado de una de las imponentes columnas del lugar, se encontraba Gamel, observando a la lejanía, pensativo.

    -Creí que ya te habías ido-Dijo el lemuriano.

    -No…simplemente no tenía nada más que decir…-Respondió a secas, y tras aquellas palabras ambos caminaron en silencio por el trecho que quedaba hasta la salida del Santuario.

    Era evidente que había algo que molestaba al castaño, Telos no sabía exactamente si sería por el hecho que no quería ir a ese lugar, porque él haya intervenido en el asunto y generado la situación en la que ahora se encontraban, o quizá por las cosas que deberá dejar atrás por ir a la Antártida.
    Si, algo pasaba, se reflejaba en su mirada triste…

    -¿Qué te ocurre?-Preguntó el peliazul.

    -Algo-Dijo brevemente y con amargura el de ojos color miel.

    -Si es por haberme involucrado en el asunto que hablabas con el patriarca, perdóname, expliqué mis por qué…-Se disculpó el amable.

    -…No tenías porque haber hecho eso…sé que no es un lugar al que vayas a disfrutar ir…tendremos que recurrir a la caza y pesca…eso no te agrada…yo…lo siento, pero es que…-Intentó explicar Gamel antes de ser interrumpido.

    -No tienes porque disculparte, descuida…comprendo tus razones como para no querer ir.
    El patriarca tiene razón con lo que ha dicho, una zona olvidada como aquella debe de ser un buen escondrijo para quien tuviese malas intenciones, su clima hostil desanima, y puede hacer llegar a la conclusión de que nadie querría establecerse allí.
    Te escogió a ti porque has vivido parte de tu vida en el ártico, en condiciones similares, y además confió en tu buen desempeño…-Dijo Telos antes que ahora el castaño lo interrumpiera.

    -¿Pero porqué a mi? Soy solo un santo de plata novato al cual podrían aplastar fácilmente…podría haber ido un caballero de oro…si surgían problemas los podría solucionar rápidamente…-Inquirió.

    -“Podría” es solo una posibilidad. Por algo participaste en la batalla por la armadura de la Ballena, y no por la del Pez austral como al principio harías…además el rango no es lo importante, no por ello aquí alguien es más que el resto-Animó el lemuriano.

    -No tengo ni la más remota idea del porque…quizá Daegea amenazó al Patriarca con devorarlo…-Bromeó el de ojos color miel-¿Y qué hay de ti?, tu también estas en el mismo caso que yo, participaste directamente por la armadura de Cerberos, y no por la del Lobo como harías…quizá eso aumentó más la desconfianza de los demás hacia ti, quienes ya no te creían capaz para recibir una armadura de bronce-Agregó.

    -Tampoco sé la respuesta a esa pregunta…solo sé que si de armaduras de plata se trataba, deseaba tener la oportunidad de intentar conseguir la de Cerberos, ya que mi deseo es transformar a la bestia en el guardián de la paz, el amor y la esperanza. Pero como dije un día, no importa desde que lugar luches por Athena, porque cada quien aporta lo suyo, por más pequeño que sea…-Sonrió el de apacible mirada.

    -Sí, suena extraño que entre las filas de los caballeros de la diosa, exista una armadura que recuerde al can de tres cabezas que es guardián del infierno del mismo Hades…de todas maneras creo que llegarás a tu meta, ya que no te imagino como el reflejo de lo que es en verdad esa bestia-Dijo Gamel

    -Por cierto…no le informaste nada al patriarca sobre ese sueño que tuviste…me parece que puede ser algo importante…-Cambió de tema el lemuriano.

    -Telos…puede que tú lo creas, porque ya has presenciado una vez un caso igual, además que sabes sobre ese tema de las tres perlas, y que la que estaba en poder de Regeru, ahora está en mí, ¿pero a caso te parece que todos lo creerían?...pensarían que estoy loco…
    En fin…¿Cuándo partiremos hacia esas tierras? –Preguntó el castaño.

    -No lo sé, ¿qué tal mañana en la mañana?-Sugirió el peliazul.

    -Sí, es buena idea, es mejor que partir ya, porque necesito ese tiempo para asimilar el hecho de que es posible que no regrese a Rodorio en mucho tiempo, o quizá ya nunca-Aceptó y lamentó el castaño- Además que quiero escoger unas cosas para llevar-Agregó.

    -Si quieres te ayudo-Se ofreció amablemente Telos.

    -Gracias, pero no necesito ayuda-Suspiró, con cierta tristeza por tener que abandonar aquel lugar en el que se encontraba, el de ondulados cabellos.

    -Está bien, solo preguntaba-Sonrió el lemuriano.

    -Bueno...creo que será hasta mañana en la mañana...-Se despidió Gamel mirando hacia las casas del Santuario que ya quedarían atrás.

    -Hasta mañana...y anímate, mientras lleves los recuerdos de este lugar en el corazón, jamás nadie te los podrá quitar-Animó el peli azul.

    -Solo si me arrancan el corazón-Dijo con un tanto de humor el castaño, intentando sonreír-Adiós…-Finalizó, mientras comenzó a caminar, con el objetivo de dirigirse hacia Rodorio.
    Telos salió del camino, y se alejó lentamente del lugar, observando la naturaleza a las afueras del santuario.

    -Ya no hay que hacer, más que despedirme de este lugar…esperar que los nuevos horizontes puedan traer alegrías, y no solo sentimientos negativos, como tristeza…
    Si no me hubiese negado al principio, ahora estaría visualizando que podría hacer para no enloquecer…que no haya sido así tiene su parte positiva y negativa, de esta última lamento demasiado el que por mi culpa alguien tenga que pasar por esa experiencia dura, aumentada aún más por el hecho de tener que arrebatar vidas inocentes en el proceso…
    La pregunta será si soportaré tal tormento…el desafío de las tierras antárticas, y la culpa que en mi genera lo que causó mi actuar…entiendo el deseo de Telos de ayudar, pero ese sacrificio de su parte lo va a llevar a algo que se lo mucho que no le gusta hacer…cazar… -Se dijo Gamel
    -Pronto lloverá…será mejor que me apure-Pensó al observar los negros nubarrones que había, y tras ello corrió hacia Rodorio…

    ***

    Hacía horas que la tormenta continuaba su caída, desde el cielo gris.
    Gamel se encontraba dentro de su pequeño hogar, la luz de una vela sobre un plato blanco, en medio de una mesa de madera, era lo único que iluminaba la escena. La habitación estaba abarrotada de libros, las estanterías que estaban contra las paredes, no daban abasto, de manera que muchos se encontraban apilados en el suelo de manera desordenada.

    -Es triste saber que quizá no vuelva nunca más a este lugar…un pueblo agradable…en vez de eso estaré en un lugar que no solo desconozco, sino que hace poco se tiene indicios de su existencia…no puedo decir que deteste esas tierras…aún no he estado allí…aunque si es similar al lugar en donde nací, supongo que no tendré problemas…
    ¿Qué llevaré de lo que tengo aquí?...en la Antártida de nada me servirán todos estos libros…-Pensó mientras miraba un planisferio al cual le faltaba el frío continente.

    -Quizá pueda buscar algún libro que sea de utilidad…necesitaré un mapa…sé que no hay uno del lugar al que vamos, pero al menos no me sentiré tan lejos de todo…y podría ser de utilidad…-Continuó, a la vez que escudriñaba los estantes y las pilas de libros en el suelo, hasta que vio uno que en especial le llamó la atención
    -Eso es…el diario en que escribía hace muchos años…cuando el maestro aún vivía…en él tengo muchos recuerdos, e incluso enseñanzas que nos dejó…como esa técnica…¿pero en dónde habré escrito sobre ello?-Se preguntó mientras buscaba página tras página -en donde su letra de infante abundaba- la información, que si bien conocía, quería simplemente recordar…

    “Hoy ha sido un día tranquilo, cómo siempre Telos se quedó observando hacia los árboles, animales y el cielo, Regeru se fue de caza, y dijo que se comió un ciervo de dos bocados. Por algo es que le tuve miedo cuando nos conocimos…¡nos quiso matar!...aunque ahora todo va bien.
    Cuando estaba anocheciendo, y antes de ir a dormir, nos dijo que nos enseñaría una técnica que será muy útil, se llama amatistas del alma, su poder depende del corazón de quien lo use, entre más bueno, más fuerte se vuelve…aunque nos advirtió que si estamos débiles mejor no atacar con eso, porque exige mucho al corazón…me pregunto cómo será…”-leyó
    -Pensar que nunca he tenido que atacar con eso…no obstante ya vi su poder…es grande, tal como bien dijo el maestro…aunque me da curiosidad de saber qué pasaría si se salteara esa recomendación que dio…supongo que se podría morir ante la exigencia que supone la técnica…será mejor no averiguarlo…
    Creo que llevaré esto…me agrada recordar esa parte del pasado. Solo a veces…pero me da fuerzas…pensar que caminaba por el mundo sin otro objetivo más que el de sobrevivir, y ahora ya tengo un por qué…-Se dijo mientras ponía en una bolsa de tela el objeto. Después se acercó hacia la ventana que daba hacia la calle de piedra.

    -Lluvia…parece que se despide de mi…es cierto…quizá nunca más vuelva a ver una…
    Son cosas que por lo general se dan por sentadas, pero solo cuando las estas por perder aprecias…-Reflexionó, observando la copiosa caída del agua-…no, no puedo pensar negativamente...como bien diría Telos: “En un día como este, ver hacia las negras nubes no lo es todo, también está la lluvia, un regalo a la tierra que cae desde el cielo”-.

    Lejos de aquel lugar se encontraba justamente el lemuriano, en una gran pradera de verdes pasturas, las cuales eran mecidas por la acción del viento, y humedecidas por el aguacero. Observaba hacia un frondoso árbol que se encontraba a varios metros, con la paz que lo caracterizaba reflejada en sus ojos, al parecer sin que le molestara el hecho que se estaba mojando.

    - El sonido del agua que cae… es una gran melodía natural…que tranquila se oye…-Sonrió a la vez que levantaba su cabeza, cerraba sus ojos y sentía las frías gotas de agua que sobre si se precipitaban…



    Última edición por Muerte_Rigurosa; 01-01-2017 a las 10:47 AM.

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    Capítulo 4 - Batalla en tierras Antárticas

    Capítulo 4 - Batalla en tierras Antárticas

    Muchas horas transcurrieron, tristes horas para Gamel, las cuales aprovechó para disfrutar de aquel lugar que por varios meses lo había acogido. A su vez había buscado información del sitio al que se dirigirían, pero debido a que era una zona casi que desconocida en aquella época, no tuvo suerte. Solo sabía que sería similar a la isla de Svardvard, lugar en que había nacido, y también entrenado estos últimos años, aunque no estaba seguro hasta que punto sería así.

    No llevaba más cosas que las que cabían en una bolsa de tela que llevaba atada a la cintura por un pedazo del mismo material. Se había decidido por un mapa, el pequeño diario en donde escribía de niño, y una escama que parecía hielo la cual pertenecía a Daegea, su maestra, la fiera wyvern de hielo.

    Toda nube de lluvia se había retirado, dejando lugar a un estrellado cielo nocturno. Y la luna llena suavemente iluminaba la noche desde el horizonte en donde salía.
    Por un prado se encontraba caminando el triste personaje, cargando la plateada caja en donde se encontraba la armadura de la ballena que hacía poco había ganado el derecho a portar. Iba en busca de su entrañable amigo, el cual le había generado un gran disgusto hacía varias horas, al intentar tomar su lugar para aquella dura travesía. Sabía que no había sido su intensión obligarlo a aceptar, no obstante eso, y el hecho que era un sacrificio para el lemuriano aunque no lo dijera, lo molestaron. Pero ahora ambos estaban en la misión, debía aceptarlo, aunque fuese duro.

    -¿Porqué se te ocurrió esa idea?, ¡maldita sea!-Exclamó con fuerza, interrumpiendo el silencio del lugar, y a la vez golpeó con fuerza el tronco de un frondoso y solitario árbol que se encontraba allí.

    -No debería enojarme, él sabía que no la pasaría bien, y por eso habrá querido estar en las malas…pero será un agradecimiento, uno triste a pesar de lo bueno…-Se respondió ya más calmadamente, aún con su puño sobre la corteza que se había resquebrajado un poco después del impacto.

    -No es necesario agradecer ni sentirse triste, hubiese ido en tu lugar con gusto, lo sabes-Oyó una voz conocida, que provenía del otro lado del árbol.

    -Estabas aquí…no te había visto-Comentó el castaño rodeando el golpeado por un lado y así viendo que su camarada estaba allí, sentado plácidamente. Este último le devolvió una sonrisa.

    -Cuan oscuro puede ser el cielo, sin embargo, las estrellas con su luz iluminan la noche.
    Cuan oscuro puede parecer un destino, sin embargo, la luz que cada quien lleva dentro ilumina nuestros caminos.
    Hay que ser estrellas, brillar en cada momento, sin importar cuanta oscuridad haya, porque juntas forman el bello manto que vemos en el cielo, y que representa la vida-Dijo Telos, observando hacia el firmamento, refiriéndose de forma indirecta a todo lo que en aquel momento preocupaba a Gamel.
    -¿Pero qué es la vida?-Indagó.

    -Una sucesión de hechos y decisiones que determinan nuestro presente y nuestro futuro…-Respondió el castaño, continuando aquella conversación.

    -Es cierto, además la vida es aprender, cada pequeña cosa que sucede nos enseña algo…¿cuál será la enseñanza en esta oportunidad?-Volvió a preguntar el lemuriano.

    -No lo sé, pero lo que aprendí es que la próxima vez deberé ir yo solo a preguntar sobre qué misión hay para mí-Sonrió con una mueca intentando que sonase a una broma, no obstante, su camarada sabía que iba en serio.

    -¿Sigues enfadado por lo que dije, no es así?-Respondió en su tono cordial el peli azul

    -Si dijera que no, estaría mintiendo…pero sé que ya no tiene sentido enojarse, lo hecho, hecho está… si bien respeto tu opinión, el problema era mío, y no tenías por que involucrarte…no deseaba meterte en algo que sé que no te agrada… no, que es una tortura para ti. Comprende que el saber que alguien hace algo que le causa dolor solo porque era mi deber hacerlo, pero me reusé a ello me genera mucha culpa, por más que haya sido su voluntad el afrontar eso.
    Al momento de aceptar la misión terminé con ese sentimiento de responsabilidad que si no me hubiese negado desde el principio era posible que no tuviese, y además de eso ya tenía la pena al intentar asimilar que es posible que ya no regrese a estos lares nunca más-Dio a conocer el caballero de Cetus.

    -Gamel…agradezco tu preocupación, y disculpa si te molesté, pero no tienes por qué culparte por una decisión que no tomaste, desde el primer momento había asumido las consecuencias. Sabía que no querías ir, por eso propuse tomar tu lugar-Dijo Telos.

    -No sé porque me he enojado contigo, si debería haber sido por la situación. De todos modos, gracias por el gesto-Agradeció el castaño mientras observaba a la lejanía, intentando guardar aquella imagen del sitio en su mente. De los verdes prados, de aquel frondoso árbol, cosas que no tenía seguro si volvería a ver.

    -Si Daegea supiese lo que ocurrió, de seguro hubiese montado en cólera. No concibe la cobardía, y mi decisión la hubiese tomado como tal… ¿Cómo es Kalegeo?-Cambió un tanto de tema.

    -Es de color predominantemente rojo, con ojos de un amarillo intenso, dos cuernos bajo la mandíbula inferior, uno sobre la superior…-Comenzó a describir el peli azul antes de ser interrumpido.

    -No me refería a eso, me refiero a si es tan duro como mi maestra-No evitó sonreír Gamel ante el malentendido.

    -Ah, no había entendido…-Rió el lemuriano -…Es estricto, pero de buen humor. Tantos años bajo la soledad del desierto y su clima hostil no han cambiado en nada su personalidad, según dijo-Respondió.

    -Que suerte has tenido…Daegea en un principio trató de comerme, como otros tantos desafortunados que al parecer por los huesos regados por el suelo sufrieron su ira. Y a pesar que me salvé de su mismo destino, de todas maneras el día a día era arduo, no sé si lo que la maestra quería era matarme de a poco, entretenerse con mi muerte en alguna de las tareas que me daba, o simplemente era parte del entrenamiento. Siempre intento pensar en que la verdadera intensión de todo ello fue enseñarme que si una situación ya es ruda, podría serlo más-Comentó el castaño, recordando lo cruel que había sido su estadía en su natal Svadbard bajo la tutela de aquella Wyvern de hielo.

    -Puede que tengas razón en lo que crees, si en verdad hubiese querido acabar contigo, podría haberlo intentado al final de tu entrenamiento. O quizá te ganaste su respeto-Manifestó Telos.

    -De todas maneras, sin importar su intención, le estoy agradecido, de no ser por todo lo que me hizo pasar, dudo mucho que pudiera enfrentarme a lo que ahora nos toca. Si lo mismo espera allá a la lejanía, no será fácil-Expresó Gamel.

    Tras aquellas palabras, ambos quedaron en silencio, contemplando el panorama, debían partir, y lo sabían.
    El lemuriano entonces se puso de pie, y levantó su mirada hacia el cielo.

    -Vamos-Dijo con brevedad, o lo que el santo de Cetus asintió.

    Su estadía en las cercanías del santuario había acabado, era hora de encarar el desafío que les había sido dado en las misteriosas tierras heladas del sur.
    De la nada aparece sobre la verde pastura una caja de plata con la figura en relieve de tres cabezas cánidas. El lugar en el que se encontraba la armadura de cerberos.
    Tomando unas resistentes tiras de tela que salían de la cara que estaba al otro lado de la figura antes mencionada, y a modo de mochila, Telos carga la urna en su espalda, de igual manera que su camarada hacía, hacía rato con la suya propia.
    Entonces el peli azul se dirige hacia su camarada, y toma uno de sus brazos con una mano, tras lo cual, al usar la teletransportación propia de los de su raza, ambos desaparecen de la escena, para después reaparecer en el medio de la desolada Antártida.
    Aquella tarea que les había sido encomendada había dado comienzo.



    Pasaron meses después de la llegada a las gélidas tierras. Se habían adaptado bastante bien a aquella vida nómade que debían llegar, de aquí a allá recorriendo el extenso territorio. Muchas veces luchando con tormentas de nieve, otras contra el agotamiento tras las largas caminatas, no obstante seguían firmes en la misión que tenían.
    Se encontraban en la época del largo día Antártico, donde en algunos lugares pasaba un tiempo que parecía eterno hasta ver otra vez la noche.


    -Día tras día su rutina antes y después de pescar o cazar se repite, se sienta en el níveo suelo Antártico, y permanece en silencio, observa el cielo, y a los animales, si es que hay en las cercanías, mientras parece reflexionar sobre lo que hará o hizo. Diría que hasta se pide perdón a sí mismo y a las demás almas que rondan el lugar por ello. Suele meditar mucho sobre las cosas, por lo que la razón en estos casos podría pasar desapercibida, no obstante sé la diferencia, su mirada hacia la lejanía refleja su sentir al respecto…
    Desde el principio sabía que volvería a pasar lo mismo que la primera vez que lo mandaron aquí, sin embargo tuvo la voluntad de pedir para regresar…si…dio la razón…en parte le agradecería, pero…en este caso como suelen decir, quizá “el remedio sea peor que la enfermedad”…suelo sentirme culpable por haberlo metido en esto…prefiero quedar loco a tener que cargar con la culpa por algo…después de todo…quizá no sea tan malo…de haber sabido esto, hubiese aceptado al instante…-Reflexionó Gamel, a raíz que a la lejanía, a pocos metros del océano se encontraba su camarada, quien justamente estaba haciendo lo que describió, observando hacia la luna que estaba cerca del horizonte, reflejando su luz en el agua, y a los astros que titilaban.

    -Sin embargo ahora la misión no es solo mía, y hay que soportar lo que venga…superamos las batallas por las armaduras que podrían haber sido mortales, ahora si es que hay malvados aquí, es lo que sigue, y quizá sea más difícil que lo anterior…-Agregó, mientras camino hacia donde se encontraba el meditativo personaje…

    -En cuanto salga el sol debemos continuar. Estamos en una época en que las noches son muy cortas. Aunque si estuviésemos más hacia el sur, todo el tiempo sería de día supongo-Le dijo al reflexivo.

    -¿Sientes ese cosmos que se aproxima?-Informó Telos sin inmutarse.

    -Ahora que lo dices, tienes razón, no está muy lejos, y se siente maligno. ¿Es que esto confirma las sospechas del patriarca?, en ese caso esperemos, por si a caso. Aunque me preocupa que de ser verdad, el mar pueda no sernos de ayuda…bueno…mejor vamos-Sugirió el castaño.

    -Además no seríamos los únicos que estaríamos en la costa-Recordó el lemuriano, refiriéndose a las criaturas que vivían por esos lares-Vamos entonces-Sonrió tras ello.

    Así los dos amigos continuaron aquel errante viaje que se habían comprometido a emprender, se alejarían de aquella zona a una más remota aún. Caminaban sin más luz que la que Telos producía, formando bolas de fuego desde sus manos, y la que los astros pudiesen brindar, debían acostumbrarse a ello para los duros meses de invierno venidero.

    Durante los años que el castaño pasó en la ártica isla de Svardvard había aprendido a soportar las bajas temperaturas tan solo con su cosmos, cosa que también hizo su camarada, por los desiertos de Libia, debido a que en la noche la temperatura en estos descendía abruptamente.

    El tiempo pasó, hasta que poco a poco el sol comenzó a asomarse por el horizonte, el día había llegado nuevamente tras la corta noche. Los caballeros habían caminado un gran tramo, y estaban lejos de la costa. Aunque aquel cosmos ya estaba muy, muy cerca.

    -Dos santos de Athena en medio de esta porquería, que sorpresa, no me esperaba encontrar nada más que focas y pingüinos para asesinar, y siendo sinceros, era algo muy aburrido, así que puedo entretenerme viendo su rostro de sufrimiento al morir, y cómo su cálida sangre sale de las heridas que les haré, para después caer al gélido suelo…suena divertido-Dijo una voz siniestra que se encontraba a unos metros de los caminantes.

    Los camaradas voltearon a ver de quien se trataba, fue entonces cuando reconocieron una extraña armadura dorada con varios adornos en el mismo material que simulaban pequeñas serpientes, y esta era portada por un sujeto de malignos ojos verdes, cabellos cortos y rojizos, y colmillos que sobresalían de su boca, dándole un aspecto demoníaco.

    -Esa mirada de maldad…si bien no es del mismo color, me causa una sensación como la de mi sueño…no sé porque siento temor, es como si ya haya visto a este tipo en algún lado-Pensó el castaño, observando al sujeto que había llegado, y entonces recordó su pesadilla…aquella sombra que quiso asesinarlo…

    -Esa armadura…es de oro, pero no es de las doce que conocemos…¿Cómo y porqué la lleva alguien con –al parecer- malas intensiones?-Pregunta Telos con cierta intriga, observando esta, que reflejaba los rayos del tenue sol en su lustrosa y dorada superficie.

    -¿Una treceava?...recuerdo haber leído algo sobre eso. Al parecer hace miles de años, en la era del mito se perdió, al igual que su portador original…¿pero cómo es posible que este sujeto con un cosmos maligno la tenga?-Explicó Gamel.

    -Parece que no están tan desinformados. Tuve el agrado de deshacerme de ese portador original desde aquel tiempo. No obstante, la armadura se perdió en los vastos océanos de este mundo, tras ser lanzada por aquel sujeto. Desde entonces la había estado buscando. Hasta hace poco, que la encontré enclavada en un iceberg en medio de esta tierra de nadie-Explicó el de rostro malvado.

    -¿Cómo es posible que hayas sobrevivido tanto tiempo, y qué es lo que pretendes hacer con esa armadura?-Indagó con sorpresa el castaño ante tal revelación.

    -Eso les deja de importar, como he dicho, vengo a eliminarlos, cualquier aliado de Athena es mi enemigo, es presa la cual disfrutaré más torturándola antes de darle muerte…además este es mi territorio-Rió burlonamente el de verdes ojos –…debo probar esta armadura…aunque sea una pérdida de tiempo ante simples caballeros de plata, que al parecer el santuario no quiso tener en sus filas, y mandó a este lugar…de todas maneras, siempre es divertido oír súplicas que nunca atiendo, gritos de dolor, rostros de sufrimiento, y sobre todo lo más bello: ver como la sangre emana de sus mortales heridas y refleja la luz del sol, como una mortuoria joya líquida-Agregó.

    Los dos amigos estaban ante una situación inédita en sus vidas. Hacía muy poco que habían ganado el derecho a llamarse caballeros de Athena, y hasta ese momento no habían tenido que enfrentar a ningún enemigo, y es que, hacía tiempo que nadie amenazaba la paz. Se preguntaban si en el Santuario estarían al tanto de que el mal se estaba por ceñir en el mundo, y si el malvado sujeto tenía razón al creer que serían fáciles de vencer. Les faltaba la experiencia como para enfrentar algo de tal magnitud.

    -¿Pretendes atacar el santuario?-Preguntó brevemente Gamel para intentar asegurarse de las intensiones del pelirrojo.

    -¿Sólo al Santuario?, ¿te crees a caso que es lo único que deseo?, mi meta es la de ser más poderoso incluso que el mismo Zeus, y así envolver a este mundo en el más grande de los caos. Pero para que reine el odio y el miedo, he de acabar con Athena, y sus seguidores, quienes mantienen el amor y la paz. Es por eso que deben sentirse afortunados, serán los primeros caballeros de Athena en morir a manos de Morten-Respondió el siniestro.

    -Telos…al parecer no tenemos otra que enfrentarnos ante este sujeto…solo somos novatos en comparación a otros caballeros que llevan más tiempo defendiendo el Santuario, pero esto no quita el que debamos cumplir con la tarea de enfrentar al mal, para que la paz prevalezca-Le dijo Gamel a su amigo, este solo asintió con la cabeza, aunque el castaño temía el que no atacara, presentía que así sería…

    Ambos caballeros a la vez tomaron una manivela que había en las cajas plateadas que llevaban en la parte del relieve que representaba a la constelación de la armadura, y al abrirse la tapa superior estas salieron, una ensamblada de manera que parecía una Ballena, la otra, a la criatura conocida como Cerberos. Al instante, estas se desarmaron, así poniéndose las piezas en los dos santos, hasta que estos ya tenían puesta la armadura.

    -¿Ya se despidieron de sus vidas?, porque si no lo han hecho, ya no podrán…-Anunció el Pelirrojo lanzándose al ataque con una velocidad que superaba ampliamente la de los dos caballeros de plata. No obstante, pudieron evitar el primer embate, ya que el lemuriano sacó del camino del malvado al castaño.

    -Gracias, ni siquiera lo vi venir-Agradeció este último, preocupado por aquello.

    -Yo apenas pude…al parecer estamos en problemas…-Comentó el peliazul mientras volvía a empujar a su amigo a otro lado para evitar un nuevo ataque.

    -¿En realidad puedes verlo venir?-Preguntó el de ojos color miel.

    -Sí, aunque es difícil, además somos más lentos que él-Respondió el aún tranquilo personaje.

    -Al parecer dependemos de que Telos consiga verlo con la suficiente anticipación como para intentar evitar sus embates-Pensó Gamel -En ese caso, tú concéntrate en donde venga ese sujeto, yo intentaré atacarlo. De otro modo seremos presas más fáciles-Ideó, intentando hallar algún indicio de donde estaba el de siniestra mirada. Por su parte, el muviano volvió a correr al castaño a un lado. Fue entonces cuando este último hizo que desde el suelo surgiera un “chorro” de nieve, que al parecer no tuvo el resultado que esperaba, el de dorada armadura había pasado por el lugar antes que el níveo elemento.

    -¡Demonios!, debo ser más veloz-Pensó amargamente el ojimiel, mientras continuaba escudriñando sus alrededores, pero simplemente no podía saber de qué lado vendría el enemigo.

    De todas maneras intentó adivinar…levantó uno de sus brazos al cielo, y entonces copos de nieve muy pesados, al juzgar por su caída, se precipitaron a los alrededores de los combatientes.

    En cierto momento, el castaño pudo ver el impacto de uno de estos sobre algo, que hizo que la nieve explotara, formando picos de hielo sobre la zona golpeada. No perdió tiempo, y en ese mismo instante, dirigió su ataque a aquel lugar, al parecer pudiendo acertar una o dos veces más.

    No obstante, no creyó lo que vio tras esto.

    -Pudiste dar en el blanco, no obstante, tus ataques son tan débiles, como los rayos de sol que caen en estas tierras…con esto confirmo que son tan inofensivos como un pedazo de carne muerta-Se burló el malvado, quien había salido totalmente ileso de los golpes.
    Sin previo aviso, entonces Gamel levantó sus brazos, como lanzando algo al cielo, e hizo que la nieve alrededor del perverso se disparara hacia arriba. Pero al finalizar el ataque, el malvado seguía ileso, solo con un poco del gélido elemento encima de las hombreras de la armadura, que este con la mano hizo caer al suelo.

    -¿Era solo eso?-Rió el pelirrojo-No me van a ganar, y eso se ve claramente, ni que me ataquen los dos juntos…creo que tenía razón…solo se querían deshacer de ustedes dos al mandarlos a esta porquería, porque son demasiado débiles…-Agregó.

    -Te equivocas Morten…-Intervino calmadamente Telos -...no subestimes a Gamel, es más fuerte de lo que aparenta-

    -¿Eso es un chiste no es así?-Se burló el malvado ante tales palabras-¿Y qué hay de ti?, no veo que hayas siquiera intentado atacarme…-Agregó

    -Quizá no…pero no te dejaré de todas maneras pasar, si no ataco, es que intento no hacerlo sin razón, da igual si soy más débil que tu-Respondió Telos

    -Estoy por asesinarlos, ¿y no tienes una razón para atacar?, prefiero que mis presas ataquen a que se defiendan, es más entretenido, y en donde puedo hacer correr sangre más rápido…-Sonrió con malicia el siniestro.

    -No, definitivamente no, prefiero que todo esté en calma, intento tomar bien la decisión de si atacar o no, y en el caso que lo haga, debe de ser una razón de mucho peso, sino simplemente buscaré otro medio-Respondió el lemuriano.

    -Si así lo quieres…seré implacable, destruiré defensas, huesos y vidas en el proceso-Concluyó el malvado…y tras sus palabras lanzó un ataque que sorprendió a los recipientes, no por el hecho de que no supieran que arremetería, sino que conocían esa precisa técnica, Gamel simplemente de vista, pero Telos podía utilizarla…una horda de candentes llamas de colores que iban desde el rojo hasta el blanco.

    -¡Hidrometeoro!-Exclamó el castaño, mientras a su alrededor surgía rápidamente agua, la cual fue lanzada posteriormente en un gran cristalino, pero violento chorro contra el flamígero ataque, que terminó por extinguirse. No obstante, de entre el vapor que surgió de aquella acción surge otro ataque, una incandescente bola lumínica que estaba cerca de golpear al castaño. Pero este tenía ya una solución, una técnica ofensiva y a la vez defensiva que poseía, la “Onda expansiva”, pone sus brazos en posición de X frente a su rostro, y al instante extiende estos hacia ambos lados de su cuerpo, haciendo que se libere una nívea energía que choca con violencia con el ataque enemigo, haciendo que estalle, y evitando que se les acercara más.

    De todos modos el malvado persistió, esta vez corriendo directamente hacia los caballeros de plata con la intensión de herirlos con el báculo de tres puntas que llevaba.
    Velozmente aparece el lemuriano entre Gamel y Morten, quien con mucha habilidad empuja con la mano hacia abajo el báculo, desviando las puntas del dorado objeto hacia el suelo, haciendo que se clavaran en la nieve.
    Instantáneamente el siniestro vuelve a levantar el arma e intenta dar con quienes estaban frente a frente con él, no obstante estos desaparecen de allí, apareciendo varios metros más lejos, y nuevamente evitando su embate.

    -Debí suponerlo…que tendrías esa habilidad propia de los tuyos…de todas maneras teleportarte no te servirá de mucho contra mi… ¿sabes cómo puedo evitar que te escurras de ese modo?, ¿Te suena el nombre “Amatistas sangrientas”?-Indagó el malvado con una sonrisa burlona en su rostro.

    -¿Cómo es que lo supo?...no…no debo hacerme esa pregunta…ese sujeto con los muchos años que ha vivido debe conocer muy bien sobre esas rocas…la contraparte de las amatistas…mientras unas sirven para absorber las energías negativas, esta de la cual habla hace lo contrario…pero…ese conocimiento se perdió hace mucho…-Pensó Gamel un tanto intranquilo, pensando en las muchas otras cosas que conocería…era posible que pudiese usar la flamígera técnica de su amigo, porque alguien a lo largo de todos esos siglos se lo habría enseñado…¿entonces cuantos ataques más conocería?.

    -Sí, lo segundo que has preguntado es justamente la respuesta a la primera, o al menos en teoría. Ya he tenido la oportunidad de conocer de lo que hablas-Sonrió Telos sonando calmo a pesar del tema del que trataban.

    -En ese caso…¡reencuéntrate con ellas!-Exclamó el siniestro haciendo que alrededor de ellos se forme un gran círculo con minerales con punta hexagonal, algo traslúcidos, y de color rojo sangre. Cientos de ellos juntos para formar la figura. Pero la violencia no llegó allí, sino después, que el pelirrojo hizo que la técnica de las negras y afiladas rocas surgiera. El ataque fue fugaz, apenas pudieron percatarse de él, el lemuriano se hizo a un lado de manera igualmente rápida, no obstante al correr a su camarada fue que recibió la técnica que esquivaban de lleno, directamente en el pecho, cerca del corazón, no obstante, gracias a la armadura, el golpe no pasó de eso.
    Al tiempo que caía, el peli azul fue atrapado por otras oscuras aguzadas que en vez de surgir verticalmente, salieron casi horizontalmente del suelo y lo dejaron contra este.

    El muviano entonces se rodeó de llamas de colores blancos, con la intención de derretir la nieve a su alrededor, para así tener lugar por el cual salir. Pero se encontró con que Morten se había percatado de que podría hacer eso, y se adelantó, poniendo una capa de Amatistas sangrientas bajo la nieve, las cuales se mostraron ni bien el níveo elemento entró en contacto con el fuego. No era todo, ya que aquel mineral al ser formados por cristales de pico hexagonal, pinchaba al aprisionado, quien además le costaba respirar por la distancia de las rocas que lo atrapaban.

    -Es una lástima, el golpe no fue tan fuerte como para romper esa armadura…de otro modo ya me habría liberado de ti, y podría disfrutar ver cómo la sangre de tu corazón emanaría libremente, impregnando esta tierra de horroroso color…de no ser por eso, tu actitud habría sido tu perdición…
    De todas maneras podrás ver como acabo con el otro enclenque…-Anunció el malvado.
    Por su parte, Gamel se lamentaba aquella actitud tonta suya de no esquivar el ataque, a pesar de que no lo había visto, solo hasta que fue corrido del lugar en el que estaba. Sabía que a pesar de que el rostro de su camarada no lo reflejaba en lo absoluto, el golpe le había dolido. Se preguntó si a pesar de que la armadura había evitado que saliera lastimado, hasta que punto sería esto.

    Telos no dijo nada solo continuó intentado liberarse de las negras rocas, así como de aquel mineral rojizo que le impedía teleportarse para escapar de la trampa. De todas maneras sabía que mientras más luchara, las amatistas podrían lastimarlo, así que primero intentó pensar en alguna otra estrategia, al tiempo que sentía los efectos que en si tenían esas nefastas rocas, eran sutiles, pero de todas maneras se sentían, su alegría típica se veía reducida, era como si cualquier sentimiento positivo se redujese.

    Entre tanto, Gamel había quedado frente a frente con Morten…

    -Ahora sin molestas interrupciones puedo proseguir con lo que estábamos…pero primero debo atraparte-Sonrió con malicia el siniestro, así dirigiéndose hacia el castaño, quien en ese momento se encontraba pensando que hacer ante aquel sujeto…en ese instante recordó algo de su pasado…

    ***
    Era primavera en un frondoso bosque en Noruega. En algún lugar de este, apartado de toda civilización y al costado de un curso de agua se encontraban dos niños, y un gran dragón de poderosas escamas de color marrón, y penetrantes ojos amarillos. Sobre su hocico tenía tres cuernos uno en el centro y los otros dos curvados salían uno hacia cada lado. De su mandíbula inferior también surgían cuernos hacia abajo, con la misma disposición de los anteriores. Entre su mirada salían otros dos cuernos, y tras esta, rodeando su cuello, salía otra línea de estos, donde los más grandes surgían arriba, e iban disminuyendo su tamaño, hasta llegar a los que estaban a los lados de su garganta.
    Su cuerpo era alargado, sin patas traseras, por lo que la bestia reptaba como una serpiente, en cambio sus extremidades superiores eran grandes alas, cuya membrana era de un color verde pantano, al igual que la parte ventral del cuerpo. Su cola, al igual que su cabeza, estaba llena de formaciones óseas hacia varias direcciones.

    Todos estaban observando al horizonte, el naranja cielo que se reflejaba en la cristalina agua del arroyuelo.

    - Gamel…si continuas desarrollando tu poder de ataque, irás en buen camino…este se destaca…-Comentó el dragón antes de ser interrumpido por el niño de cabellos castaños.

    -Pero…¿cómo sabe eso?...no sirvo para atacar…soy pésimo…apenas puedo ayudar a refrescar el ambiente en un día de verano…-Lamentó este.

    -Supera esa negatividad…si eso es lo que crees nunca descubrirás tu verdadero poder…con empeño y paciencia llegarás a ser fuerte como para defender a los demás, tal y como quieres-Respondió el reptil que observaba en el agua su reflejo.

    -No puedo…solo en pensar las desgracias que han sucedido y que no pude detener me ponen triste-Reveló el niño de ojos color miel.

    -Animo…si el pasado fue adverso, no debemos deprimirnos por ello…hay que animarnos, ya que debemos evitar que vuelvan a ocurrir, en respeto por los que han sucumbido, y los que podrían hacerlo, ser un foco de luz para los demás-Sonrió el de cabellos azulados.

    -Es cierto…pero es difícil…no puedo evitar recordarlo…-Dijo Gamel.

    -No significa que debas olvidar lo ocurrido, sino aprender de ello para evitar que muchos sufran un destino igual en el futuro…confía en ti, podrás hacerlo…eres más fuerte de lo que aparentas…no lo olvides…-Animó la bestia de aguzados dientes.

    -Sí, maestro… Regeru…intentaré encontrar mi fuerza…-Respondió el niño, pensando aún en la muerte de su familia en la ártica isla de Svadvard, y muchas de las personas de un pueblo llamado Roliskog, el poblado más cercano de donde se encontraban, a manos de malvados.

    ***

    -Por más adversa que la situación pueda parecer…¡No puedo rendirme!, ¡¡Dagas de cristal!!-Exclamó entonces Gamel quien estaba envuelto en un cosmos que hacía recordar mucho a las auroras, corriéndose en el momento justo que el malvado estaba por tomarlo del cuello, y después lanzando el ataque que consistió en una bola de nieve que impactó contra el suelo y estalló, arrojando hacia el siniestro cientos de punzantes fragmentos de hielo, muchos de estos golpearon al objetivo y fueron quebrados con violencia por el choque contra la dorada armadura.

    -Te he dicho que es inútil…-Dijo el pelirrojo, antes de darse cuenta de algo…uno de los trozos de hielo le había hecho un pequeño corte en una de sus mejillas, pero no era lo único, en la coraza de oro que vestía, pudo divisar en algunas partes pequeños rayones provocados por los impactos…¿cómo podía ser que un simple caballero de plata había logrado eso?, quizá eran solo alucinaciones suyas pensó, antes de percatarse de otra técnica que venía en su contra: muchas bolas de nieve que caían desde el cielo, y que al impactar dejaban la marca de esta, como picos de hielo.

    El malvado corrió hacia el que había invocado el ataque, de frente, al parecer sin intensión de usar el báculo, evitando las numerosas bolas de nieve que caían. Pronto estuvo muy cerca del castaño, no tenía sentido que este siguiese intentando asestarle algún toque de cristal, de manera que intentó un último ataque antes de ser alcanzado: desde la palma de su mano surgió de manera rápida, una bola de nieve, la cual lanzó al suelo estallando en muchos fragmentos filosos los cuales se dirigieron hacia Morten.
    Ya estaban frente a frente, todo ocurrió fugazmente…
    La mayor parte de los fragmentos de hielo dieron contra el malvado, quien confió acertadamente en la protección que tenía, y al instante logró tomar el cuello de Gamel con su mano derecha, haciéndolo dar de pecho y con violencia contra el níveo suelo Antártico. Paso siguiente, y de la misma manera que había hecho con su camarada, salen rocas del suelo que inmovilizan al caballero de Cetus, por la espalda y las piernas… ¿qué se tramaba?...

    -No creí que una escoria como tu lograría si quiera golpearme, sin embargo lograste hacer simples rayones a esta armadura, algo para el normal de los mortales difícil, he de reconocerlo, pero solo fue por suerte, de modo que sigues siendo muy inferior a mí, yo diría patético-Se burló el malvado
    -Ahora llega la parte divertida…te dejaré elegir, ¿Izquierda o Derecha?-Preguntó.

    -No voy a escoger, si viene de ti no ha de ser con buenos fines-Responde el castaño aún moviéndose como para intentar liberarse, no obstante, se dio cuenta de que aunque usara el infierno de hielo como estaba a punto de hacer, los mismos minerales que aprisionaban a su amigo estaban también bajo suyo, aún solo siendo una molestia, debido a la pequeña capa de nieve que las cubría.

    -No tramo nada malo, solo intento divertirme…en ese caso he de elegir yo, cualquiera de las dos opciones será entretenida…¿Qué tal si comienzo con el brazo izquierdo?-Sonrió con malicia el pelirrojo.

    ¿Qué había dicho?, ¡¿Brazo?!, sea lo fuere a intentar, al de ojos color miel no le agradaba, entonces a pesar que hacia un momento había resuelto no usar su técnica más poderosa, en ese instante decidió que debería hacerlo, si no quería comprobar lo que Morten había preguntado.

    Desde el suelo bajo ambos combatientes surge un “chorro” de nieve que se levanta como si fuese un gélido geiser. No obstante, con ello no llegó a mover las rocas que lo aprisionaban, ni al malvado, que se paró de un salto sobre su espalda, evitando la potencia del ataque.

    -Es inútil, no podrás liberarte, ya te dije que no te comparas a mí-Comentó el siniestro, quien después de sus palabras hizo que una de aquellas piedras negras surgiera de entre la nieve, no obstante esta era plana, de modo que serviría como plataforma, por si el castaño volvía a intentar lo mismo.

    -Si no se puede atacar desde el suelo, que sea desde el aire-Pensó Gamel, teniendo en cuenta que podría lanzarse la técnica que usaría encima por error, y es que en ese instante, lo único que quería hacer era evitar lo que planeara el malvado, y liberarse de aquellas rocas.

    -¡Toques de cristal!-Anunció, haciendo que desde el cielo se formaran copos de nieve que pesadamente se precipitaron en dirección tanto como del invocador, como del blanco del ataque, pero nuevamente este último se salvó de los efectos del ataque, haciendo que otra gran roca negra y aguzada saliera, de manera oblicua al suelo, y sobre la cabeza del pelirrojo, que de esa manera evitó el impacto de la técnica en sí. El castaño debió detenerse ante esto, ya que de seguir, se exponía más a auto-atacarse, y no dar con el verdadero blanco…¿pero qué hacer?

    -¿Ya terminaste?, ahora comienza lo divertido…-Preguntó en tono de burla y con una maligna sonrisa, al tiempo que tomaba con violencia uno de los brazos de Gamel que permanecían libres hasta ese momento, justamente el izquierdo, y lo puso en cruz contra la espalda del atrapado. Paso siguiente retiró la parte de la armadura que protegía el antebrazo, posteriormente apoyando uno de sus pies sobre la parte más cercana al codo de este. En ese momento el castaño supo precisamente lo que haría, no podía quedarse solo mirando por sobre uno de sus hombros, como el malvado cumplía su propósito de aquel instante, pero antes de que usara su otro brazo para intentar un ataque, este fue agarrado al suelo por otra roca negra.

    La tortura comienza: Morten toma el antebrazo izquierdo del castaño cerca de la muñeca, y lentamente comienza a levantar este, al tiempo que con fuerza continúa pisándolo.
    Primero era solo una molestia, pero esta se transforma en un dolor creciente que comienza a aquejar a la víctima.

    Entre tanto, Telos continuaba intentado escapar del sitio en el que se encontraba, inusualmente con un sentimiento de tristeza que crecía en su interior, a pesar de todo, el perturbador efecto de las Amatistas sangrientas no había logrado quitar toda gota de optimismo y su alegría típica, a las cuales estaba recurriendo para salir de allí, e intentar ayudar a su camarada.

    -Esperanza que en mi alma como llama vives,
    Brilla cuan hacen los astros en la noche abierta,
    Espero que tal y como el fuego te reavives,
    Ah, pero si ya te veo, has sido descubierta…-Se dijo en voz baja, y de manera curiosa el lemuriano, haciendo referencia a que el “espero” significaba “esperanza”. La manera que intentaría salir de allí era justamente la más difícil, pero que si lograba enfrentar la dificultad que tenía y vencerla, significaría que podría volver a hacerlo. No obstante en ese momento su mente estaba dividida entre la idea de intentar salvar a su camarada, los efectos del mineral, y el intentar concentrarse en escapar de lo que lo aprisionaba.

    Gamel ya comenzaba a sentir un intenso dolor que se reflejaba cada vez más en su rostro, con desesperación por este, la nieve a su alrededor nuevamente salió disparada con fuerza como un chorro, haciendo que algo de esta golpeara al malvado, que se resistía a renunciar a lo que estaba intentando, y con una sonrisa malvada seguía observando con regocijo el sufrimiento del castaño.

    Poco faltaba para la parte que el siniestro esperaba, y el torturado quería evitar, sucediese, era cuestión de segundos, los cuales el pelirrojo intentaba extender, para prolongar su poco agradable entretenimiento.
    El níveo elemento no cesa su potencia, en cierta manera era una manera de canalizar el malestar que aquel martirio le causaba al caballero de cetus, ¿cuánta esperanza se llevaba?, ¿cuánto dolor congelaba?, ¿cuánto faltaba?
    Ingrata respuesta le tocó oír y sentir: un sonido solo audible por los dos combatientes que allí se encontraban, entre el rugido de la nieve, anunció que algo se había quebrado, como una rama seca que cede ante la presión. Y sintió como parte de lo que se había fracturado -los huesos de su antebrazo- penetraban por su piel, hasta desgarrarla violentamente, exponiendo así los sangrados salientes, su propia carne, y la sangre que emanaba.
    Desde lejos de aquel panorama, donde se podía apreciar la columna de nieve que se levantaba, pudo distinguirse algo más que el movimiento del níveo elemento: el sufrido lamento del infortunado torturado, que al instante da por terminado el desesperado ataque.

    -Eso es música para mis oídos-Informó Morten, mientras con una de sus manos tomó un poco de la mucha sangre que emanaba de la herida, y así dejó caer unas gotas de esta en su boca-No está mal, pero hay mejores-Comentó, refiriéndose al líquido.

    -Estas rocas no seguirán con su cometido mucho más…

    Mientras la amistad me extienda su mano, tendré razones para levantarme.
    Mientras la alegría me dé su fortaleza, enfrentaré a la adversidad con una sonrisa.
    Mientras el amor exista, confiaré que la paz es posible.
    Mientras un destello de luz ilumine mi alma, la oscuridad será trasformada, sin importar cuanta sea-Manifestó Telos, quien hasta ese entonces había visto, y oído lo que pasaba con los otros combatientes, a pesar del sufrimiento de su camarada a manos del sádico pelirrojo, este había sido el detonante en ese momento de sus fuerzas para salir de allí.
    Entonces, como si las Amatistas sangrientas nunca hubiesen estado allí, desaparece de entre estas ante la vista un tanto incrédula del malvado, quien en ese momento estaba tomando con una mano más sangre del brazo del castaño, quien a su vez también observaba lo ocurrido, recordando como su camarada nunca había podido sobrepasar esa barrera antes.

    -No hay barreras para nuestros objetivos, nuestros sueños, solo obstáculos que debemos sortear…cuanto has mejorado desde aquella vez hace tres años, en donde tomamos diferentes rumbos, encontrando una razón a nuestra existencia, servir a la diosa Athena, y por lo tanto también a los demás.
    Tú también eres más fuerte de lo que pareces…-Pensó Gamel, recobrando un poco las esperanzas de vencer a aquel tipo, que le habían sido arrebatadas minutos antes. No importaba la tortura que estaba suponiendo aquella fractura, esta era solo un recuerdo de las cosas aún peores que podrían pasar si eran derrotados y el santuario también.

    De la nada, entre el atrapado caballero de Cetus, y su captor, aparece el lemuriano, con intensiones de sacar a su sufriente amigo de entre las piedras que lo aprisionaban, observando al malvado, con intensiones de estar alerta ante lo que pudiese intentar, no obstante, justo cuando estaba dirigiendo su mirada a este, el siniestro quien ya había anticipado aquel movimiento, extiende su mano, lanzando un poco de la sangre que había tomado de la herida del brazo del castaño, la cual da en el rostro del amable. Aquello no hubiese afectado mucho, si no fuera porque parte del líquido escarlata fue a dar de lleno con los ojos del recipiente.

    Tras lo lanzado, Morten le da un puñetazo en la frente, que si no hubiese sido más que un roce -porque el peliazul se movió a tiempo- el resultado hubiese sido peor. Pero de todas maneras el impacto abrió una pequeña herida, por la cual emergió un poco de sangre que por efecto de la gravedad se deslizó por su semblante, también cayendo sobre su ahora cerrada mirada.
    De todas maneras, el tiempo no le alcanzó al pelirrojo para continuar con la ofensiva, ya que en ese instante, tanto el castaño, como el muviano desaparecieron, para volver a aparecer a varios metros de allí.

    No podían escapar así como así, de aquella batalla saldrían muertos, y de esa manera el malvado lo había dispuesto, por lo que insistió, dirigiéndose a los santos de plata para dar otro ataque, no obstante, un fuerte chorro de nieve golpea al siniestro cuando estaba cerca de su objetivo.
    Entonces Gamel se adelanta…



    -¿Cuánto mal hay reunido en tu persona?, ¿Cuánta sangre de inocentes impregna tus manos?, ¿Cuántas vidas habrás extinguido?, ingrato…ni te creas que por haberme roto un brazo también fracturaste mi sentido del deber-Dijo desafiante el castaño.

    El montículo formado por el níveo elemento al detener su ataque se despedaza, y de él sale Morten, sin que la gélida técnica le hubiese hecho daño.

    El caballero de la Ballena ya sabía que lo que había hecho no detendría al perverso, simplemente era para evitar el golpe que hubiesen recibido si no hubiese atacado.

    Por un instante miró hacia atrás, donde a unos pocos metros se encontraba su camarada, de rodillas en el suelo, apoyando una mano en la herida en su frente, con los ojos cerrados, por el ardor que esta le había provocado al caer.

    Después, lanzó la técnica de las Dagas de hielo, contra el siniestro, el cual forma entre sus manos una incandescente bola de energía, que lanza con la intensión de dispersar los fragmentos de hielo que se aproximaban.

    El ataque siguió linealmente, golpeando cuantos pedazos punzantes del gélido elemento pudo, y dando posteriormente con el castaño, que cayó pesadamente al suelo. No obstante, la técnica había perdido bastante fuerza, gracias a los obstáculos que debió pasar.

    Rápidamente Morten vuelve a insistir, esta vez venía con la intensión de clavar las tres punzantes “garras” que el báculo poseía en el caballero que yacía en el suelo producto del anterior golpe, y así abrir más heridas, para sumarle a la expuesta fractura que le había producido, la cual aún seguía provocándole un gran sufrimiento a su portador.
    El dorado objeto se cernió con violencia sobre el castaño, pero se clavó en el suelo, con una jugada rápida del caballero, que hizo que la nieve a su alrededor lo “tragara”.

    Sin dar respiro, u oportunidad de contraatacar, Gamel hace que una gran cantidad de agua salga disparada con mucha presión, como si se tratara de un geiser, bajo el manto níveo de aquellas tierras. La técnica tomó por sorpresa al malvado, quien se vio levantado por esta y lanzado.
    A pesar del golpe, cayó de pie, y aparentemente ileso.

    El de ojos color miel aprovechó el tiempo para salir desde un hoyo que se hizo en el suelo a un lado donde había sido torturado, y de esa manera, tomó la parte de la armadura que iba en su antebrazo izquierdo, y con mucho dolor, volvió a ponerla en su lugar. Al menos le ayudaría a no ver ese hueso salir de entre su carne y en lo posible, mantenerlo en su correcta posición.

    Tras volver la pieza de la plateada armadura a su lugar, hizo que la nieve a su alrededor se levantara, lanzándose en forma de avalancha contra el malvado, y el castaño iba sobre la técnica, como si estuviese surfeando sobre esta.

    Morten observa e idea su siguiente movimiento, con un golpe quizá podría dejarlo fuera de combate…
    Desde el suelo surge una gran cantidad de cristales color rojo sangre, que tal como si formasen una flecha, se lanzan en contra de la técnica que venía al siniestro. Instantes antes el castaño comienza a ser “engullido” por la nieve sobre la que estaba, probablemente planeando otro ataque sorpresa, no obstante, los perversos minerales dan contra el centro de la “gran ola”, lugar en el que justo se encontraba el de ojos color miel, quien es arrojado con violencia.

    Velozmente, el malvado se lanza al ataque contra el que caía, a la vez pudo divisar como el lemuriano intentó correr hacia el mismo lugar que él, pero no era tan raudo, por lo que el pelirrojo pudo dar un fuerte puñetazo cerca de la nuca del desdichado, el cual cayó inerte al suelo.

    -Ja…¿que soy ingrato?...eso te pasa por meterte contra mi-Dijo con una sonrisa burlona Morten.

    Gamel yacía en el suelo inconsciente, el golpe dado por el malvado había sido fuerte, tanto que el siniestro ya lo daba por muerto. Telos aún guardaba esperanzas, no podía quedarse sin hacer nada, en ese momento dependía de si el que sobrevivieran –si es que el golpe dado por el malvado no había matado a su camarada-, pero el ardor en sus ojos producto de la sangre que le había sido arrojada y la que caía, persistía, en ese momento recuerda algo de su pasado…

    ***

    En medio de un desolado desierto en pleno día, entre la ardiente arena se encontraba un gran dragón rojo de penetrantes ojos amarillos. Su cabeza estaba llena de cuernos: dos que salían hacia abajo en su mandíbula inferior, uno sobre la superior, dos sobre su cabeza, y hacia atrás, a los dos lados tenía una fila de cinco de estos que a medida que se acercaban al cuello iban reduciendo su tamaño. El cuerpo era largo como una serpiente, y reptaba como una. Tenía dos brazos con fuertes garras, y un par de alas cuya membrana era de un color gris, al igual que la parte ventral del cuerpo del animal.

    La bestia atacaba a Telos, mientras este hábilmente evitaba cada una de las mordidas, zarpazos, coletazos y llamas que le eran lanzadas.

    -Lo estás haciendo muy bien, podría decirse que estas llegando al objetivo que nos pusimos al principio de tu entrenamiento: Buena defensa, que la debías conseguir con Agilidad como para evitar lo que te lancen, Resistencia, para llevar una gran ventaja, ya que no te cansarías muy rápido, Técnicas defensivas para tener como apoyo en caso que lo demás fallara. Pero además algún ataque, porque solo defendiéndose no se ganan las batallas-Dijo el reptil mientras lanzaba un zarpazo.

    -Me alegro que así sea-Sonrió el peli azul a la vez que evitaba al que era su maestro.

    -No obstante falta algo trascendental, tienes un punto débil muy importante, el cual si un enemigo detectara podría convertir prácticamente en una derrota para ti-Continuó el dragón, y tras ello lanzó llamaradas de su boca con aguzados dientes, estas serían evitadas por el recipiente, no obstante lo otro que hizo no: al mismo tiempo, con su cola lanzó arena justo al lado donde iría su pupilo al evitar el fuego, esta dio de lleno en su rostro, donde se encontraba la falencia de la que hablaba, sus ojos.
    Tras eso con uno de los dedos de sus garras, la bestia derriba al lemuriano -quien había perdido totalmente su capacidad para evadir y en ese momento se encontraba intentando quitar la arena de su mirada como para intentar seguir- y después pone una de sus aguzadas uñas encima sin hacerle daño.

    -Si esto fuese real, ya estarías muerto-Concluyó la criatura mientras apartaba la garra de sobre su alumno.

    -No me di cuenta de ese detalle, tiene razón, ¿pero qué hacer?-Preguntó Telos con los ojos entre abiertos aún por causa de la arena.

    -Debes aprender a depender también de tus otros sentidos en vez de centrarte solo en ese. Sinceramente, si te dejara ir con lo que sabes ahora, podrías ser una barrera difícil de vencer para muchos de los enemigos del santuario, quizá incluso si supieran de ese punto débil. No obstante este es demasiado evidente, y no podría estar tranquilo sabiendo que andas de aquí para allá con “un cartel” que diga: “Aquí mi punto débil”. ¿De qué habría servido tanto tiempo de entrenamiento?, ¿solo para preocuparte por eso, y dejar de lado los motivos por los que te estarías enfrentando a alguien?, no, aquí nadie que ose llamarse mi alumno va a preocuparse en una batalla por otra cosa que no sea la razón original de esta, o me dejo de llamar Kalegeo-Respondió el reptil, y tras las palabras, le entregó una venda que tenía previamente atada en la punta de su cola al lemuriano –Será difícil, pero hay que continuar el entrenamiento-

    -Aunque deba continuar cien años o más entrenando, que así sea-Dijo brevemente Telos mientras vendaba sus ojos.

    -Tenemos tiempo-Rió el dragón refiriéndose a su propia longevidad y a la típica de los lemurianos. Después desorientó al muchacho haciéndolo dar vueltas en donde estaba. Levantó el vuelo, dio varios giros en torno al muviano y se puso en otro lugar a varios metros de donde estaba.

    -Empecemos por algo fácil, ven hasta donde me encuentro-Sugirió la bestia.

    Por un momento el peli azul estuvo totalmente desorientado, movía su cabeza hacia todos lados, buscando algo que le indicara precisamente para donde ir, tenía solo el indicio de donde había oído la voz del escamoso. Con la decisión de hacia dónde dirigirse, entonces comenzó a caminar, aunque no de manera segura, por lo que a unos metros, tropezó con una roca y cayó de manera cómica de cabeza a la cálida arena.

    -¡Ibas bien!-Dijo Kalegeo riendo a carcajadas.

    ***

    -Le estoy agradecido maestro, cuánta razón guardaban sus palabras, podría intentar quitar esa sangre que cae de mi frente, pero el tiempo apremia, Morten no me dará el tiempo para recuperarme de ello, así que deberé valerme de la manera que me enseñó-Pensó Telos mientras se levantaba, y ponía frente a Gamel. El que sus vidas no acabaran allí estaba en sus manos, y en lo que pudiera hacer para detener al malvado.

    -Morten, esto aún no acaba…mientras siga en pie he de defender el bien, y entre ello está el cuidar las vidas de los demás, porque cada quien tiene sus sueños, que conforman parte de su alegría, y que no tienes el derecho de privar-Anunció el lemuriano volviendo a tomar las cadenas que estaban en el suelo.

    -Que tonto…¿y qué tal si esos sueños precisamente implican el destruir otros sueños?-Se burló el malvado.

    -En ese caso estás deseando destruir tus propios sueños, porque a pesar de que pueda no parecer así, todos somos uno, si lastimas a alguien, te lastimas a ti mismo, si odias a alguien, te odias a ti mismo, si quieres a alguien, te quieres a ti mismo…Explicó el peliazul.

    -Yo soy aquí el que debería asustar…-Se burló Morten con respecto a aquellas palabras que además de delirios le parecían erróneas.

    -Entonces has encontrado competencia-Sonrió el lemuriano siguiendo con un poco de humor la corriente a las palabras del que se encontraba con la dorada armadura.

    -¿Crees que estás en posición como para responder de esa manera mis dichos?, recuerda que estas a la merced de mis ataques, y ya no tienes como escapar de ellos –a no ser con suerte-, de todas maneras no es mi intención dejarte con vida-Expresó el malvado.

    -Si puedo o no evitar tus ataques está por verse… -Dijo Telos.

    -En ese caso hay que comprobarlo…-Respondió brevemente Morten, y tras sus palabras hizo que desde el suelo bajo el lemuriano surgieran rápidamente aguzadas y negras rocas, no obstante se halló con la sorpresa y desagrado de que el objetivo tomó al caballero de Cetus del suelo –que también sería víctima del ataque-, y evadió la técnica, sin tanta claridad como hacía momentos, pero de todos modos no fue solo una vez, ya que tras esta, el siniestro continuó insistiendo, su deseo de sangre era grande, pero no conseguía herir más a su contrincante, debía encontrar otra opción, no se preocupaba por el hecho que pudiese atacarle, ya que no lo haría, y si lo hacía no lo dañaría, su problema era que lo estaba haciendo perder el tiempo que podría emplear para asesinarlos y así buscar alguna otra presa.
    Le resultaba tedioso, pero de todas maneras tenía mucho tiempo, podría estar más de cien años intentando acabar con el escurridizo sin que aquello supusiera más problemas.

    Entre sus manos formó una bola de luz intensa que tras tomar un tamaño considerable, lanzó hacia el lemuriano, quien en este caso evitó el ataque de una manera diferente: a mitad de camino entre los combatientes, desde el suelo, una columna de llamas predominantemente blancas y con algunos toques de azules salió, golpeando desde abajo la incandescente técnica, y haciendo que explote.
    El malvado comenzó a cuestionarse si el que creía era en verdad el punto débil del peliazul.

    Entre tanto, este último aprovechó el instante, con una de sus manos quitó la sangre que tenía en su rostro, pero de todas maneras aún sentía el ardor en sus ojos producto del fluido escarlata que le había sido arrojado, y el que había caído de una herida.
    Tras esto tomó más distancia del pelirrojo de un salto, y allí dejó sobre el níveo suelo a su camarada no sin cuidado, la herida que este tenía en el brazo, producto de la fractura que le ocasionó Morten, aún seguía sangrando. Debía pensar en algo, y rápido, antes que el sanguinario volviese a atacar…
    Fue así que se quitó la parte de la armadura que llevaba en el antebrazo derecho, revelando que tenía una parte de este con vendas, como era usual que muchos usaran en el santuario. Entonces las tomó, observando cómo pudo con los ojos entre abiertos…pero el malvado volvió a lanzar un ataque similar al último usado.

    -¡Venablos de fuego!-Exclamó Telos, haciendo que a gran altura se formaran llamas de tonalidades predominantemente azuladas que velozmente se precipitaron hacia el objetivo como flechas certeras, y que al encuentro con la lumínica técnica estallaron con sonoridad, levantando nieve hacia todas direcciones.

    Ya sin las vendas en el antebrazo, rápidamente volvió a ponerse la parte de la armadura que había quitado, y tomando nuevamente a Gamel con un brazo, evitó otro ataque de Morten, quien directamente fue hacia los caballeros para herirlos con el báculo dorado de tres puntas, golpe tras golpe fue esquivando al villano, para después teleportarse de aquel sitio, aparecer en otro más alejado del siniestro, y darle así tiempo de intentar ayudar a su camarada.

    Quitó la parte de la armadura del antebrazo izquierdo del castaño, lugar en que se encontraba la fractura y la herida causada por uno de los huesos al salir, que aún estaba visible. Como se imaginó, la sangre no había dejado de emanar de la herida a través de la cual podía verse la piel y la carne atravesadas por un quebrado hueso que rojizo por el fluido que lo cubría, sobresalía.
    Fue así que con cuidado volvió a ingresar el hueso por el agujero que hizo este al salir en el momento que Morten había quebrado el brazo, y después vendó la herida y sus alrededores. Posteriormente, Telos sacó algo que tenía alrededor de su cuello, era una fina cuerda negra de la que pendía un lustroso mineral violáceo. Ató esta en el antebrazo, en la zona en donde el roto hueso emergía, solo para intentar reforzar, y evitar que este salga nuevamente.
    Con lo único que en aquel momento podía hacer terminado, volvió a ponerle la parte de la armadura del antebrazo. El que no muriese por la pérdida de sangre ahora solo dependía del propio Gamel.

    -¿Te cuesta aceptar que tu amigo ha seguido el camino por el que ahora tu transitarás?, me has cansado con tu actitud cobarde de huir o evitar mis técnicas, ahora morirás en solo un golpe… ¡llamado de la muerte! –Exclamó Morten, quien había encontrado al caballero de Cerberos -justo cuando este se incorporaba para así regresar al combate- y tras esto formó entre sus manos una esfera que parecía tener la delicadeza del cristal, y ser de ese material, en su interior, en el centro, una pequeña bola de luz violácea, que se reflejaba en lo que la envolvía, resplandecía, y emitía pequeños rayos del mismo color que daban con las incoloras paredes. Y después lanzó el ataque hacia el lemuriano a quien ya se le había ido el ardor que sentía, había tomado nuevamente a su camarada, ya que estaba en el camino de la técnica del malvado, y observaba, como reconociendo algo que había visto antes. De todas maneras no permaneció allí, y de un largo salto hacia su izquierda se alejó de la trayectoria del ataque, así evitándolo. Este impactó con el suelo a varios metros del lugar haciendo un sonido de cristal roto.

    -Esa técnica…recuerdo los horrores que causó en el pueblo de Roliskog hace muchos años, sin duda es un ataque con poder sutil pero muy grande…si la técnica te toca…mueres…aunque hay probabilidad de que si eres lo suficientemente fuerte puedas sobrevivir, pero eso acortará tu vida…
    Hay una posibilidad para inutilizar esa técnica…la hay, pero es riesgosa…-Pensó Telos evaluando la situación tras evitar el ataque, no le agradaba la idea de dejar a Gamel a su suerte si es que fallaba, pero por como marchaban las cosas, contar con un medio para evitar los nefastos efectos de aquella técnica, era algo importante.
    Fue como entonces dejó al castaño sobre la nieve, se acercó un poco a Morten, no demasiado, permaneció en aquel sitio, respiró hondo, y simplemente se dedicó a observar como el pelirrojo tenía otra de aquellas esferas cristalinas entre sus manos, a punto de lanzarla. No escaparía…

    -¡Muere de una vez!-Exclamó el malvado, lanzando el ataque hacia el lemuriano, quien continuaba prestando atención a los movimientos de la técnica, esperando el momento justo para intentar llegar a hacer inoperante el ataque.
    Parecía un suicidio, de hecho, la esfera sin oposición de nada, continuó su rápida trayectoria, ¿qué planeaba Telos al no evitar como hasta ahora el ataque?

    La técnica impactó de lleno en el muviano, quebrándose el cristal, y liberando la esfera de energía que al parecer como un fantasma traspasó al recipiente, introduciéndose en su interior. En ese instante, rayos violáceos recorrieron todo su cuerpo. Sintió pesadez, y después como su cuerpo iba durmiéndose poco a poco, aparentemente el amable caballero había fallado…cayó al instante inerte sobre la fría nieve.

    -¡Y se hacían llamar caballeros de Athena!, que patéticos fueron, lo peor de todo es que murieron sin demasiado sufrimiento-Se dijo Morten serio, dando un puntapié al lemuriano.

    -Al parecer solo encontraré batallas fáciles cuando vaya a hacer una visita al santuario…igual espero que rueden muchas cabezas y litros de sangre se derramen, no como en este caso…de todas maneras podría entretenerme un poco más-Dijo acercándose a donde estaba el santo de cetus y llevando las puntas del báculo hacia este. Aunque se percató de algo…Gamel en verdad no estaba muerto, aún respiraba.

    -Haré que se desangre de a poco-Pensó, mientras apoyaba las tres aguzadas puntas del báculo en la espalda del desmayado caballero, dispuesto a herirle. No obstante, no llegó a hacerlo, ya que algo lo tomó por sorpresa: una cadena se movió por el aire y reptando como una serpiente se aferró del arma, y tras esto fue desviada hacia la izquierda, lugar en el que se clavó en el níveo suelo Antártico.

    -¡¿Tu otra vez?!, ¿Qué no te cansas de molestar?-Preguntó un tanto impactado por el hecho de lo que veía. ¡El peliazul estaba otra vez de pie!…¿cómo era que no había muerto?, de todas maneras, si había sobrevivido, no sería por tanto, de hecho el tiempo de vida podría acortarse a unos pocos años, o aún menos si se insistía en usar mucho el cosmos, pero él lo mataría en ese mismo día.

    -Nunca dejaré a un camarada solo por su cuenta, y menos cuando necesite ayuda-Respondió amablemente el muviano.

    -Pero esta vez lo harás-Dijo el malvado mientras lanzaba otro ataque idéntico al que parecía haber matado al blanco. No obstante, al acercarse al objetivo, el cristal de la técnica fue derritiéndose y a la vez evaporándose, hasta que solo quedó el brillante centro, que se apagó poco a poco, sin llegar a tocar al peliazul.

    -Me parece que esta técnica ya no surtirá efecto-Sonrió el calmo caballero.

    -Por un momento creí que había logrado salvar su inútil vida, y por lo tanto estaría más débil, pero no es así… ¿Cómo es que este alfeñique pudo saber el punto débil de esta técnica?, y más aún, ¿cómo es que pudo cumplir con el requisito para ello?-Se preguntó el maquiavélico sorprendido, ¿quizá estaba subestimando a aquel santo de plata?...no, eso jamás, de seguro solo había sido suerte, ya que consideraba al santo de cetus más fuerte -a pesar de que igual le parecía inferior a si-, y ahora estaba casi vencido, que el que ahora estaba intentando detenerlo. Si había durado, debía ser porque simplemente era bueno evadiendo los ataques que le eran arrojados.
    -¿cómo es que supiste que la única manera inutilizar los efectos de mi técnica era morir?, ¿Y cómo es que sigues con vida?, de todas maneras da igual lo que hagas, no te comparas a mí, solo retrasas tu muerte-Le dijo al amable.

    -Si mi fin en este combate es morir, no lo sé, no obstante, si retrasando ese momento puedo ser de ayuda, duraré cuanto sea necesario-Respondió Telos -En cuanto a tus preguntas…recuerdo de manera clara el haber visto a alguien asesinar inocentes pueblerinos con esa técnica en mi niñez…en ese momento no podía hacer nada, y lamento no poder haber ayudado a nadie…por mucho tiempo busqué entender que podía hacer para evitar una técnica así, pero no encontré antecedente alguno de alguien quien haya vivido tras ello…eso fue hasta que conocí a Kalegeo, mi maestro, al que le debo mucho…condenado hace cientos de años a vivir como una criatura temida y odiada por los demás.
    Junto a sus dos hermanos, Daegea y Regeru, había luchado contra un grupo de personas con intenciones únicamente malignas. Allí fue que recibió esa técnica mortal, no obstante, permaneció técnicamente muerto durante varios minutos, hasta que ya sea por un golpe de suerte o su deseo de vivir, volvió a despertar, sin efectos adversos. En cambio su hermano mayor, y el que fue mi primer maestro, logró resistir el ataque, pero se encontró con los efectos de este si no te mataban.
    Fue en esa batalla, en la cual los tres fueron condenados a transformarse en dragones, y a ser temidos, segregados e incluso detestados por el resto de las personas a las que alguna vez intentaron ayudar. Y fue ese dragón de fuego quien me intentó enseñar lo necesario para inutilizar la técnica…fue difícil y nunca lo había hecho…pero estoy agradecido por ello-Explicó.

    -Regeru -el wyvern de tierra-, Daegea –la wyvern de hielo-, y Kalegeo-el wyvern de fuego-…simplemente las coincidencias los llevó a conocerlos, por oponerse al mal se merecían algo más prolongado que la muerte –que es un instante-, vivir en el dolor era la respuesta, condenados a comer solo carne, o si no lo hacían a sufrir dolores terribles sin la posibilidad de morir. Lamento que no hubiesen hecho algo para cerrar sus fétidas bocas…
    De todas maneras, no dependo del “llamado de la muerte” para vencer. Y menos ante ti…vas a desear no haber regresado-Amenazó el perverso mientras en una de sus manos se formaba una bola de luz que acabó por lanzarle a su tranquilo oponente.

    El lemuriano comenzó a revolear la cadena por primera vez en la batalla, no obstante era seguro que no era para golpear, sino para contrarrestar el ataque del pelirrojo, ya que lanzó una de las espinosas bochas en contra de la lumínica esfera que se avecinaba. Entonces chocaron ambas fuerzas, estallando, pero sin más consecuencias que la nieve que fue lanzada hacia todas direcciones.

    Enseguida, de entre el níveo elemento sale una avalancha…¡el infierno de hielo!, ¿cómo era que aquel sujeto lo conocía?, de todas maneras no podía quedarse allí si hacer nada, ya que el ataque bestial lo golpearía, no podría evitarlo dando un salto a un lado, porque este era grande. Fue así que optó por teleportarse del lugar en el que estaba, al lado del malvado, ¿pero porqué?

    -Eres suicida, pero me ahorras trabajo-Dijo Morten al percatarse de la presencia del caballero de plata cerca de donde se encontraba, así fue que se dirigió hacia el lugar en que estaba el báculo de tres puntas que el muviano le había sacado de las manos en el momento en que pretendió matar al castaño, no obstante el peliazul tenía la misma idea, así que ambos, al mismo tiempo tomaron con una mano el arma, pero el malvado con la otra le da un fuerte puñetazo en una mejilla, de manera que al caer al níveo suelo, el lemuriano suelta el objeto.
    Rápidamente, el siniestro aprovecha para atacar con las puntas de este al caído personaje, pero se encuentra con una de las espinosas bochas de los extremos de la cadena de Cerberos, que el atacado tomó por el lado en donde esta sale, y usó para bloquear al que llevaba dorada armadura.

    Entre tanto, Gamel continuaba en el suelo, cerca de los combatientes, sin dar señales de que despertaría…

    ***

    -¿En dónde estoy?-Se preguntó el castaño mientras sobaba su cabeza y se levantaba. Tras observar a su alrededor, pudo comprobar que estaba en un lugar nevado, pero no podía saber si se trataba del Ártico, o la Antártida. No se divisaba más que nieve y más nieve, era de noche, por lo que no había mucha visibilidad.

    -Si supiera identificar algo en el cielo…tendría un indicio si me encuentro al norte o al sur…pero no logro encontrar nada…solo estrellas, y más estrellas-Se dijo mirando hacia el firmamento, pero no halló pistas. Entonces desvió su atención hacia el hecho que no sentía ningún dolor…recordó que su brazo izquierdo había sido fracturado por el malvado sujeto que llevaba aquella extraña armadura de oro…¿dónde estaba su camarada y este? Recordó.

    Mientras caminaba sin rumbo fijo en busca de estos decidió quitar la parte de la armadura que iba en su antebrazo izquierdo, y con sorpresa se encontró con que no había nada, ni herida, ni sangre. Incrédulo por ello, probó con el antebrazo derecho, por si se había equivocado, aunque estaba seguro que no era así, pero se encontró con lo mismo, no había nada. ¿Qué estaba pasando?
    Tras volver a ponerse las dos partes de la armadura que se había quitado, continuó su incierto camino, no entendía qué hacía en medio de la nada, solo y totalmente desorientado.

    Caminó largo rato en el silencio de la gélida tierra, que era interrumpido únicamente por el sonido del viento que arrastraba algo de nieve al pasar.
    Por su mente solo se encontraban presentes preguntas, ¿sería que la batalla en la que se encontraba al parecer hace muy poco ya había terminado, y mucho tiempo pasó de ello hasta que el despertó?, de ser así, ¿cómo había acabado esta?, ¿o quizá era solo un mal sueño?

    Un fuerte grito de mujer terminó sus cavilaciones por un momento, ¿qué pasaba?, corrió entre la oscuridad hacia la dirección de lo que oyó. Otra vez el mismo alarido de dolor se escuchó, pero esta vez desde más cerca, y además se cortó abruptamente, signo de que quizá la persona acababa de ser asesinada.

    Intentó apurarse, esperaba que no fuese tarde…ya más cerca, pudo oír el sonido de algo que había sido lanzado al agua…al instante, otro grito, esta vez masculino, y otro lanzamiento a lo que podría ser el océano.
    Pudo divisar entonces la luz de varias antorchas, y ya más cerca al grupo de hombres que las portaban, pero lo extraño es que no se percataron en ningún momento de su presencia.
    El suelo a su alrededor estaba manchado de sangre, unos cuchillos impregnados en esta, y había muchos cueros y otros objetos tirados por todos lados de manera desordenada…al parecer esos sujetos habían matado a los dueños de estas y se había deshecho de los cuerpos. Pero había algo más…escuchaba un llanto, de niño muy pequeño. Aún no era tan tarde como creyó, entonces se arriesgó a correr entre ellos, para así atacarlos y evitar que encontraran al infante que no sabía aún en donde estaba. No obstante, como si fuese un fantasma, los traspasó, intentó dar un puñetazo a uno de los tipos, pero nada pasó, ¿otra vez se encontraba sin la capacidad de ayudar como en aquel extraño sueño?, ¿tendría que ver impotente como los inhumanos mataban a aquella criatura?

    La nieve a sus cercanías comenzó a levantarse de manera violenta, y se dirigió hacia los reos entre medio de los que se encontraba. Pero…él no estaba atacando…de hecho, el níveo elemento lo traspasaba como el fantasma que parecía ser, nublando su ya escasa visión por la oscuridad que había.

    De un momento a otro, ya no había luz de las antorchas, murmullos de los sujetos, o incluso llanto, solo el sonido del agua meciéndose, y el viento que acariciaba las heladas planicies.
    Uno de los hombres aún permanecía con vida, y surgió desde el nevado suelo, como si se tratara de un zombie saliendo de la tierra. El tipo estaba dispuesto a huir, no obstante, alguien puso un pie sobre su espalda para evitar esto.
    Cuando volteó a ver de quien se trataba, Gamel no pudo creerlo…¡era él mismo!, pero parecía que tenía unos cuantos años más.

    -Dile a tu jefe que cese en su deseo de asesinar personas, porque de otra manera me veré obligado a acabar con cuantos peones tenga, hasta encontrarlo y arreglar el problema personalmente-Ordenó de manera seria y con cierta rudeza este al sujeto que quería escapar.

    -S, s, si-Tartamudeó nerviosamente en respuesta el que parecía ser un soldado, y después de esto fue liberado, de manera que huyó tan velozmente como pudo así perdiéndose rápidamente en las sombras de la noche.

    -¿Qué pasará ahora que tu familia fue asesinada?, no puedo dejarte aquí…es una pena el que no haya podido llegar antes-Dijo el castaño con más edad dirigiéndose a una pila de algunos cueros, sogas, ollas y otros objetos. Entre estos se encontraba el infante, un pequeño de escasos dos años, de cabellos negros algo largos, que con sus ojos color azul cielo lo observaba, sin llegar a entender lo que había pasado.

    -Hueles mal…¿te lo han dicho alguna vez?-Le dijo en tono cómico al levantarlo-En fin…no te voy a preguntar si tienes nombre porque de seguro lo tienes, y además no vas a responderme…de manera que deberé hallarte otro…-Continuó el ojimiel, antes de ser interrumpido porque el infante tiraba de un mechón de su ondulado cabello.
    -Aaahh, ¿así que eres el chico rudo de esta zona, no?...-Dijo con humor, si el Gamel joven no hubiese visto la razón de sus palabras, le habría parecido que su versión con más años estaría demente, aunque lo que siguió lo hizo cambiar de idea.

    -…pero no entiendes lo que es vivir en este lugar, no, no podrías entenderlo, claro que no…solo en los largos días y noches…hablando con los peces que pesco…¿y sabes lo que me responden?-le preguntó al niño, quien no tenía ni la menor idea de lo que le estaba diciendo el castaño, y de hecho, estaba entretenido con el mechón de pelo que había agarrado y se lo había llevado a la boca.

    -NADA, como siempre, NADA, nadaban antes de ser pescados y después seguían NADAndo… ¿y qué tal los elefantes marinos?, en el mejor de los casos se aburren de lo que les digo y bostezan, pero si no, son intolerantes y me persiguen, y además me obligan a ser rudo…te recomiendo que nunca hables con ellos, son malos vecinos…-Advirtió el mayor. Al joven Gamel le hubiesen dado ganas de reír ante aquellas palabras…pero no podía, no eran una broma, podía oír convencimiento en lo que decía.

    -…de los pingüinos tampoco me gustaría hablar, pero te digo igual…nunca les des un pescado, porque son unos malagradecidos…le das uno, te piden otro, y otro, y otro, y después se van sin siquiera dar las gracias…-Agregó a su delirante discurso.

    -Bueno…pero tengo que aguantar todo eso en bien de la Diosa Athena, y para combatir a esos malvados que estaban aquí…además por una promesa que hice hace unos años…
    ”Cara de trucha”, “Copo de nieve”, “Aurora astral”, como te llames…me veo obligado a elegir otro nombre para ti, así que déjame pensar…debe ocurrírseme algo…si cualquier cosa no te gusta, puedes golpearme sin previo aviso…sino, no lo hagas…-Continuó diciendo el Gamel de más edad, mientras el otro observaba incrédulo…¿eso sería presagio de algo?

    -Tuve dos maestros, que aunque no creas, eran dragones, grandes Wyverns…cuando tenía seis años conocí al primero, Regeru era su nombre, al principio quería devorarnos, a mí y a un amigo, pero después se convirtió casi como un padre para nosotros, nos enseñó mucho, solo una técnica, pero más de la vida…no te diré que murió en una batalla porque no sería algo para decirte a tu edad…espera…olvídalo, ya lo he dicho…hace como cinco años conocí a Daegea, la maestra que me enseñó la mayoría de mis técnicas…era algo psicópata por culpa de una maldición que recibió, no obstante en el fondo no quería hacerle daño a nadie…creo que podría buscarte algún nombre relacionado a ellos…
    Regeru, ¿no te parece?...es que mi otra maestra aún sigue con vida…¿o quizá una combinación entre ambos?, podría sonar mejor…¿Regea?...suena a chica…¿Regeda?, mmm…no…¿Daegeru?...tampoco…¿Daeru?...si creo que ese me agrada…combina muy bien ambos nombres…creo que si…tu nombre desde ahora será Daeru-Concluyó el castaño mayor, y tras aquellas palabras se dirigió a la orilla del gran océano que se extendía a un lado, inclinándose ante este como si de una persona se tratara.

    -Les prometo que cuidaré de su hijo, lamento no haber llegado a tiempo para evitar sus muertes-Dijo, y después volvió a levantarse, tomando alguna cosa de las tiradas en el suelo para así tener como proteger del frío al pequeño Daeru, que en ese momento se encontraba usando estilo brecha de pintura el mechón de pelo que hacía rato tenía en su boca.
    -Athena…dame paciencia…-Suspiró Gamel con humor mientras el infante pasaba el mechón de pelo mojado contra su rostro, y después se alejó de aquel lugar, perdiéndose entre la oscuridad de la larga noche…

    -¿Así seré en varios años?, ¿o es quizá un presagio de algo que podrá pasar?, estoy confundido-Se dijo aún desde el suelo el joven castaño, viendo entre las sombras hacia el lugar donde su yo mayor se había ido.
    Comenzó a sentir una sensación de mucho frío, que a pesar del sitio en el que se encontraba, hasta ese momento no había tenido…de un momento a otro se encontró con que su cuerpo se estaba congelando, intentaba moverse para así quebrar este pero no podía, estaba inmóvil. Poco a poco el hielo llegó a cubrir hasta su cabeza, pero no le faltaba el aire, era extraño tal y como todo el resto de lo que había vivido desde que se vio en medio que aquel gélido, oscuro y solitario lugar, de todas maneras la sensación no era la de desesperación, al contrario, parecía que calmaba esta que hasta ese entonces estaba creciendo.
    A través del hielo pudo ver entonces algo que chocaba con este, no era un sólido, y sus colores eran azules de varias tonalidades. Comenzó a adormecerse, poco a poco…

    ***

    -¿Qué fue eso?-Se preguntó Gamel al despertar, antes de quejarse y tomar su antebrazo izquierdo el cual le dolía demasiado…no había duda…había regresado en sí, y posiblemente había vivido uno de esos sueños los cuales le decían algo de su futuro.
    Aún desde el suelo observa que a varios metros Morten y Telos continúan el combate, entonces intenta incorporarse para ir en su ayuda, mas no pudo, le faltaron las fuerzas, y a pesar de caer en la suave nieve, sintió un dolor aún más punzante en su antebrazo, no pudo evitar quejarse.

    Entre tanto el siniestro seguía en su intento de asestarle un golpe al lemuriano quien con bastante habilidad conseguía evadir o bloquear el báculo de tres puntas con el que el malvado intentaba herirlo.

    -Veo que el otro estúpido volvió a despertar…al parecer aún puedo entretenerme con su sufrimiento-Comentó el pelirrojo al percatarse del dolor que el santo de Cetus sentía.

    -Deja a Gamel, ya lo has lastimado demasiado, no sigas-Dijo el peliazul, quien no le agradaba ver a los demás sufriendo, tal y como en ese momento hacía.

    -Para mí nunca es demasiado-Sonrió con malicia el de ojos color verde-No sé porque sientes conmiseración ante eso, si eres el que sigue…la tortura debe continuar-Agregó.

    -No importa si lo que deseas es hacerme daño, no estoy hablando de mí, sino de los demás-Respondió el muviano, tras evitar otro embate de su interlocutor.

    Morten no contestó a tales palabras, simplemente se sumió en sus pensamientos por un momento…
    La gran defensa que demostraba el amable caballero a base de evasión comenzaba a hartarlo, lo hacía perder el tiempo…debía haber alguna manera de atraparlo…sabía que no aguantaría tanto si lograba asestarle algún golpe…en aquella frase que le había dicho se encontraba la respuesta, una idea pasó en la siniestra mente del pelirrojo…

    -¡Muy bien, en ese caso acabaré primero con la espada!-Exclamó mientras se dirigía con el báculo de tres puntas a Gamel, que por su agotamiento era difícil que evitara el ataque, este intentó levantarse, no obstante no era tan rápido como el que pretendía ser su asesino.

    La reacción de quien Morten consideraba como “escudo” fue, como esperaba, intentar evitar el golpe de cualquier manera posible, ¿pero qué hacer?, el siniestro era más veloz que el lemuriano.
    Al instante este último supo la solución…y además las consecuencias que podrían conllevar su actuar…no obstante, restó importancia a eso, y haciendo uso de la capacidad para teleportarse, propia de su raza, desapareció desde donde estaba, para aparecer justo en frente del castaño, y en el camino del de verdes ojos.

    Por un momento fue como si el tiempo se parara, la malvada mirada de Morten se cruzó con la del muviano, la cual transmitía calma, a pesar de la desprotección a la que su portador estaba expuesto.

    - Incluso el día que toda luz se apague y cuanta esperanza se acabe, no será impedimento para arriesgar este gran tesoro que es la vida en pro de lo que creemos justo. Aunque parezca que ya nada se puede hacer, el solo hecho de continuar adelante defendiendo algo que estimamos hace que reviva lo que ilusoriamente parecía muerto.
    Gamel, espero que puedas perdonarme, pero no puedo quedarme sin hacer nada cuando alguien está en peligro, en este caso mi mejor amigo-Pensó este último en aquel breve instante, manteniendo su mesura característica y preparándose para lo que vendría, que no sería nada ameno.

    El malvado había encontrado por fin la manera de que Telos no fuera tan escurridizo como hasta ahora. El peliazul se había metido directamente en la boca del lobo, y pagaría el hastío que al siniestro estaba provocando…



    Última edición por Muerte_Rigurosa; 01-01-2017 a las 10:46 AM.

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    Capítulo 5 - Cuando el dolor no nubla la esperanza

    Capítulo 5 - Cuando el dolor no nubla la esperanza




    Cuán velozmente ocurrió todo para Gamel. Al ver que el malvado se le acercaba -y sin que a este le diera tiempo de evadirlo- instintivamente, con su brazo derecho cubrió su rostro, y quedó más expuesto así en ese lado.
    Por un momento creyó que aquello había sido todo, y que sus esfuerzos habían sido en vano. ¡Qué fraude de caballero de plata!, ¡no había podido cumplir con lo que le había sido encomendado, y en un momento ya estaría muerto!

    Pero al instante, pudo sentir el impacto de algo, que no fue punzante como esperaba, que lo arrastró hasta dar contra una pequeña elevación de nieve. Entonces, lo que oyó sí que le heló la sangre… un breve y bajo lamento de dolor de una fuente que conocía, pero que nunca había oído así.
    El castaño podía ver ante sí el níveo elemento, y se lamentaba por la escena que podría encontrar detrás de sí, en donde podía sentir la espalda de Telos. No se atrevió a voltear demasiado, solo miró por sobre su hombro, a Morten que se acercaba.
    ¿Qué había sucedido?, fue lo que se preguntaba, a la vez que recordaba lo oído…sabía muy bien que su amigo aguantaba muy bien el dolor, no por nada es que nunca había sentido algo así, ¿la reacción habría sido quizá por qué sucedió sorpresivamente, sin que pudiera evitarlo, o fue más de lo que podía soportar?
    No lo sabía, pero de lo que temía era que aquello hubiese significado su muerte.

    -¿Sorprendido?, no, no lo he matado, solo le he dado su merecido-Sonrió con malicia el pelirrojo, mientras Gamel pudo observar claramente que las puntas del dorado báculo, que portaba el de reluciente armadura del mismo color, estaban impregnadas en sangre.

    -¡¿Qué hiciste!? ¡Despiadado!-Exclamó el castaño.

    -Eso es un alago, ¿no te parece?, no te quejes, se lo tenía merecido por hacerme perder el tiempo y por ser molesto…
    Si hubiese tenido la voluntad de matarlo lo hubiese hecho, no obstante no vale la pena darle el privilegio de una muerte instantánea, no sin antes darle su castigo por ser tan fastidioso-Respondió el malévolo personaje, el cual en ese momento sentía una sensación de alivio tras descargar aquella furia que había estado sintiendo. Era la primera vez que alguien le había hastiado tanto, no obstante, ya se había librado del problema.

    -¿Merecido?, eso no es cierto, lo que dices suena como si tuvieses la potestad de elegir el destino de los demás, cosa muy falsa, y que si fuera cierta me negaría rotundamente-Reprochó Gamel aún en el suelo mientras moviendo el hombro izquierdo del lemuriano, intentaba recibir alguna señal de vida. Más no percibió movimiento voluntario alguno, pero al menos tuvo la certeza que en verdad estaba aún vivo, que aún respiraba.

    Tras esto se levantó de manera menos costosa que como se encontraba hacía un rato, y es que la indignación y la furia por lo ocurrido parecieron darle fuerzas, sensación fortalecida aún más, al descubrir que su mano estaba empapada en sangre.
    Sin mirar aún qué le había ocurrido en verdad a su camarada, se adelantó para quedar más cerca del siniestro personaje. Evitaba observar, porque sabía muy bien que la cólera que sentía se apoderaría de si, y se haría más fuerte, así como su dolor y culpa…¿por qué demonios se le habría ocurrido a Telos tal idea?, sabía muy bien que por su forma de ser, ya estaba predispuesto a ello, que defendería a los demás aún a costa de su propia seguridad, pero hubiese preferido recibir el ataque en su lugar…
    También se sentía inservible…que había fallado ante el mismo patriarca…y su constelación protectora…¿cómo era que se había ganado el derecho a llamarse caballero de plata y no podía si quiera enfrentarse de igual a igual con el enemigo?...una mezcla entre tristeza, dolor, frustración, y enojo contenido, se apoderó de si…en ese momento le hubiese gustado estar en el ártico, ante Daegea, y dispuesto a ser su cena.

    -¿Qué ha sido esa reacción?, ¿Por fin el odio ha surgido?, que regocijo…- Preguntó brevemente el ojiverde aún con sonrisa de malicia.

    -¿¡Qué clase de pregunta es esa?!, ¿¡acaso crees que me vuelvo a levantar solo para observar!?-Exclamó rudamente el de cabellos castaños, devolviéndole una mirada que sin necesidad de palabras, daba la respuesta.

    -Lo suponía, pero ¿quién es el verdadero culpable aquí?, si hubieses sido un poco más fuerte e inteligente, habrías evitado esto. Sabías de lo que era capaz, sin embargo, como cobarde que eres te ocultaste bajo «el escudo» que sabías que sería destruido, y quedaste tan solo con «la espada», la cual tu representas-Rió Morten, dando palabras que sabían que en ese momento generaban culpa en su adversario -¿Qué clase de amigo te consideras al dejar que los demás salgan heridos o muertos, mientras mantienes tu desgraciada vida a su costa?-Remató, siguiendo con aquel juego.
    Gamel no contestó, estaba en lo cierto, no deseaba que algo así ocurriera, pero de todas maneras sabía que podía pasar, y no hizo nada para evitarlo.

    -Cada una de tus palabras es correcta…soy el culpable…no obstante, no voy a dejar que su sacrificio sea en vano, lo mínimo que puedo hacer después de ello, es intentar vencerte-Respondió mientras apretaba su puño con fuerza, y veía incrementada su ira, congoja y culpa. Su rabia ahora estaba dividida entre Morten y entre sí mismo.
    Sabía que debía intentar continuar la batalla con mesura, pensado que hacer, y no a base de simples impulsos causados por su malestar, que le hacía perder la razón.
    De esa manera, intentó contener esas ganas que tenía de atacar, y se puso a evaluar la situación. El enemigo era más veloz, portaba una armadura de oro, muy resistente y además conocía dos de sus técnicas, así como dos de las de su camarada, él en cambio, era más lento, pero de todas maneras, al saber usar dos de esas técnicas y conocer el funcionamiento de las restantes, le daba un indicio de cómo evitarlas.

    No tuvo mucho tiempo para pensar, ya que el malvado comenzó su ofensiva, dirigiéndose a él, de frente, con la clara intensión de continuar con su propio divertimento, el sufrimiento de quien tuviese cerca.
    Entonces el castaño opta por un ataque, para intentar alejarlo de allí: La nieve ante el despiadado se lanza contra este en un fuerte chorro, como un muro que se desmorona sobre algún desdichado. Morten no dejaría que el santo de plata lo golpeara - en parte para aumentar la falta de autoestima que al parecer tenía-. Da entonces un gran salto hacia atrás, y evita la técnica fácilmente, y la contrarresta con una horda de fuego, que acaba por derretir la parte del gélido elemento que pudiese caer. Paso siguiente, de su mano se forma una especie de energía de color negro, de la cual a sus alrededores saltan incandescentes chispas violáceas. Dicha fuerza es lanzada en un gran rayo que se dirigió hacia el caballero de Cetus.

    Gamel debía quedarse allí, ya que sabía que si se movía de ese lugar, el golpe daría directamente en Telos, y no quería que eso sucediese.
    Creía que no habría manera de quedar a mano por la ayuda que este le dio, y que al parecer por lo que había visto no había resultado en simples lastimaduras, pero de todas maneras debía hacer valer de alguna forma, aunque sea mísera, su sacrificio…
    Tenía una manera de evitar ese golpe, la llamada “Onda expansiva”: puso sus brazos en posición de equis, a la vez que nívea energía se juntó en torno de sí. Así se mantuvo hasta que casi instantáneamente el golpe del malvado llegó. Entonces extendió los brazos, de manera que liberó la blanca energía en forma de onda expansiva. Consiguiendo así que la oscura técnica no le hiciese daño, al dar contra su propio ataque.

    No se detuvo, y se dirigió hacia donde estaba el despiadado, para así evitar seguir luchando cerca de donde pudieran hacerle más daño al lemuriano.
    Con su tamaña rabia, volvió a atacar con el infierno de hielo, la nieve a su alrededor se levantó, yendo como una ola hacia el malvado, consiguiendo que este último se alejara más al evitar la técnica.
    Ahora era cuando debía pensar en cómo hacer para acertar algún golpe y que en lo posible consiga algo con este. Aunque la protección de la armadura que llevaba el enemigo le parecía grande, de todas maneras no era lo importante, o al menos eso intentaba ponerse en mente.

    -Se me ha ocurrido una idea…pero necesitaría la ayuda de Telos, cosa que en este momento no puedo contar. Debo pensar…si, ya sé, pero debo aguantar hasta que eso suceda, el enemigo es más veloz, pero puedo conseguir unos instantes para atacar, solo debo se paciente…y no dejar que la furia me nuble-Ideó el castaño mientras apretaba con fuerza su puño derecho, ¿pero cuál era esa idea?

    -¡Toques de cristal!-Exclamó, haciendo así que desde el cielo cayeran trozos de hielo. Debía forzar al despreciable a contraatacar, y esperar una técnica en especial de este. Tenía ciertas dudas sobre si soportaría mucho tiempo hasta ese momento…pero no podía seguir defraudando a los demás…y a si mismo...¿qué otra opción tenía?, a pesar del punzante dolor en su brazo, no podía rendirse…¿a caso en lo que iba de la batalla Telos no había seguido firme, a sus propias convicciones, pero firme al fin?, los dos estaban en el asunto de vigilar esas tierras, ambos estaban en aquella batalla…¿a caso no lo había defendido cuando se encontraba inconsciente?, ahora debía devolverle ese favor.

    Morten sin inmutarse hace que llamas surjan a su alrededor y se lancen en contra de los copos que se precipitaban. El choque de ambas fuerzas hizo que el estruendo de las explosiones se sintiera. Más sin que esta afectara al pelirrojo, quien mostraba una sonrisa siniestra en su rostro.

    -¿Ibas a golpearme con eso?, si quieres vencerme te falta demasiado…-Comentó al respecto del ataque. Se veía muy seguro de que el caballero de Cetus nada podría hacer. Sin embargo este último recobró un poco de esperanzas tras aquella reacción, ¡qué rápido había llegado lo que esperaba!

    -No...¡iba a golpearte con esto!, ¡Hidrometeoro!-Exclamó Gamel, a la vez que a su alrededor el agua que sería lanzada en un chorro se junta. El torrente se dirige con fuerza al pelirrojo, quien nuevamente lo evitaría al correr velozmente hacia un lado. No obstante esta acción genera lo que el castaño esperaba. La nieve que había derretido por efecto del fuego se solidificaba, así formando un terreno en que a tal velocidad el malvado resbalaría.

    -¡Dagas de cristal!-Anunció el caballero de cetus quien aprovechando el resbalón tuvo tiempo de atacar. El afilado hielo impactó con el de dorada armadura lanzándolo con violencia contra un montículo de hielo.

    Rápidamente Morten se pone de pie, evidenciando que nada le había hecho el golpe recibido.

    -Nada puedes hacer contra mi...eres más patético que un verdadero caballero de plata. Aunque admito que eso fue ingenioso...más no eficaz-Sonrió malévolamente el de ojos verdes.

    ¡No podía ser posible!, ¿cómo era que no le había hecho daño alguno?...el castaño retrocede un paso a la vez que observaba la escena. ¿Qué podría hacer ahora?, ¿cómo era posible que antes si había podido rasguñar la armadura y ahora no había ocurrido nada?

    -Pero...¿porqué?...este sujeto es muy fuerte...Daegea...creo que te has equivocado...deberías haberme devorado y no tenerme piedad...Cetus...he fallado mi constelación protectora...no soy digno ni de representarte, ni de recibir tu protección - Pensó desanimadamente el caballero.

    -...No...no puedo pensar así...debo atacar con más convicción...-Se dijo intentando pensar en positivo, y tras ello se lanzó nuevamente al ataque.
    Con dolor juntando ambos brazos en forma de X, se acerca hacia el malvado que solo observa. Una nívea luz surge alrededor del atacante, quien estaba por impactar al pelirrojo.

    -¡Onda expansiva!-Exclamó, liberando esa energía cuando estaba frente a Morten, quien la recibe de lleno, sin embargo, el resultado del ataque terminó siendo otro...

    Un sonido a metal roto, así como la quebradura de un hueso se oye, seguidas por el lamento de la víctima desprevenida que no se esperaba ese impacto.

    La base del dorado báculo que llevaba Morten había dado contra el brazo derecho del caballero de cetus, justo en el momento que con fuerza lanzaba el ataque. Generando así primero la rotura del pequeño escudo que tenía sobre ese brazo, y posteriormente por la presión del golpe, el quiebre de los huesos que hicieron que el brazo se doblara violentamente en ele, y al igual que con el izquierdo, la piel fue atravesada, de manera que la sangre se escurría por la herida.
    En cuanto al malvado, había salido totalmente ileso del encuentro, y con deleite oía lo que había generado.

    -Eso te pasa por intentar atacarme con ese poder inferior. ¿Ahora ves que nada pueden hacer ante mi? En verdad disfruto de esta escena...-Sonrió siniestramente el de dorada armadura a la vez que continuaba viendo el doblado antebrazo de su víctima, así como su sangre que goteaba hacia el suelo.

    -Demonios...-Pensaba Gamel, mientras una mueca de dolor en su rostro refleja como se sentía al respecto, la mitad de su antebrazo pendía de su carne, y se movía hacia donde la gravedad o el impulso la llevara.

    -Ahora dime, ¿por qué razón estás del lado de Athena?-Preguntó Morten burlonamente, cambiando de tema.

    -Estoy del lado de la justicia, y ella la personifica-Respondió el caballero de plata estando a la defensiva de lo que planease el malvado.

    -Justicia…creo que estás del lado de lo que crees justicia, estás viviendo engañado. Lo que para algunos es justicia, para otros es una injusticia-Dijo este, al parecer estaba intentando confundir con sus palabras.

    - Lo que para los buenos es justicia, para los malos es injusticia-Reprochó el caballero de Cetus.

    -Muy bien…en ese caso estás llamando “malos” a aquellos que no acatan sus tontas reglas-Obtuvo como respuesta.

    -Si un malvado mata, lo hace sin compasión, ya sea por conseguir sus objetivos, o porque alguien se opone a ellos, o incluso sin razón. Si alguien del bien mata, no lo hace porque tenía ganas, es por necesidad, en nuestro caso de caballeros de Athena, y al menos por mi parte, no disfruto matando. Y si he de llegar a ello, no voy contra los demás sin razones. La justicia de los malos es a costa de los demás: asesinatos, robos y demás. La verdadera justicia lucha por el bien de todos, ustedes luchan por el bien propio a costa de los demás-Dijo el santo de Cetus con cada vez más furia en su interior.

    -Te has vuelto a equivocar, en el caso de matar a “los malos” como tú los llamas, estás en el mismo caso, por lo que te conviertes en malo: ¡Estás matando a quien se opone a lo que crees!-Aclaró Morten con una burlona sonrisa.

    -No entiendes lo que quiero decir…una cosa es que alguien discrepe con las creencias, otra es que sin importar el punto anterior, dañe a las demás personas. Por ejemplo, puedes decir que una ciudad es genial, pero yo puedo creer que es mejor la calma de la isla svadvard, no obstante no voy a imponerla, distinto sería que te matara por ello…-Explicó Gamel.

    -Sigues sin poder decir algo coherente, hablas de matar a los demás por no pensar lo mismo, y es lo que estás haciendo-Concluyó el malvado sonriendo, le parecía que estaba logrando su objetivo. Por su parte Gamel queda en silencio, sin saber cómo poder revocar aquel argumento, en aquella discusión. Pero de una manera u otra, le parecía que estaba haciendo lo correcto en luchar por Athena.

    -Gamel…¿Estás dudando?-Se oyó una voz familiar preguntar. Era el lemuriano que al parecer pudo percibir ese hecho. El castaño se halla un poco sorprendido por la cuestión, y Morten al notar la calma en la voz del enemigo considera que su estrategia está amenazada, de todas maneras estaba seguro que podría invalidar lo que dijera.

    - Muy bien, ¿qué tenemos aquí?, ¿No te ha bastado con que te haya lastimado tanto, y ahora vienes a decirme que tienes una mejor respuesta a las divagaciones de tu amigo?-Pregunta, para así conocer la respuesta. El herido joven se sigue oyendo apacible:

    - No tengo una mejor respuesta, de hecho solo sería un complemento a lo que ha dicho Gamel…¿Porqué estamos aquí luchando?, curiosa pregunta de mi parte, pero ¿qué te parece?-contestó.

    - Porque mi justicia es su injusticia, porque quieren imponerme ideas que no son verdad- Respondió el malvado sin dudar.

    -No, la razón debería de ser la misma por la que estamos de lado de Athena, por otra de las cosas que representa: Amor.
    Se tiende a dividir a este en varios tipos, pero la verdad es que es uno solo, porque todos somos amor. Lo ideal sería que vivamos en armonía, existiendo, y dejando existir a los demás, respetando nuestras diferencias, siendo uno solo-Reflexionó Telos.

    -Eso es lo más ridículo y cursi que voy oyendo hasta ahora, hablas de amor, y lo que están haciendo es estar aquí porque no creo lo que su diosa de cuarta representa-Rió a carcajadas el malvado, mientras que el insulto a Athena seguía aumentando la ira de Gamel.

    - No estamos aquí por ello, ya di nuestras razones, que se engloban en esa sola palabra, queremos evitar que te hagas daño, y le hagas daño a los demás, si piensas diferente a nosotros, ese no es el tema en cuestión, ya que todos somos diferentes. Todos tenemos libre albedrío, y hay que respetarlo, no podemos influir el plan de vida de otro como quieres hacer, al acabar con las vidas de otros que al igual que tu tienen sus sueños, sus alegrías y tristezas.
    De nada sirve ocultar palabras que quizá sean de ayuda a otro, y menos si es por “miedo” a algo, como sonar “cursi” como dices.
    Imagina al pequeño cordero, conviviendo de manera pacífica, e incluso jugando, con un gran león. Es una escena utópica para la mayoría, pero si te detienes a pensarlo, es la razón por la cual estamos aquí, es por lo que luchamos-Reflexionó.

    -¿Y a qué viene ese delirio?, ¿a caso mi pequeño golpe te afectó demasiado?-Se burló Morten.

    -No, ya venía de antes, descuida-Comentó de manera cómica al intento de ridiculizar sus dichos anteriores, y con su típica cordialidad.
    -…La continua batalla entre depredador y presa, es una analogía de lo que ocurre entre las diferentes ideas en la sociedad, donde unas buscan sobrevivir a costa de aplastar otras, y en su proceso usualmente un conflicto de ideas se lleva consigo muchas vidas.
    ¿Es acaso la única manera de obrar?, ¿sin respeto a las opiniones de los demás y también de sus vidas, y decisiones?...soy creyente de que para llegar a un lugar no hay un solo camino-Continuó pensando
    -…por cierto, estábamos debatiendo, ¿no es así?-Recordó de manera sutil que el malvado aún no había revocado lo que había expresado.

    -No, no lo he olvidado, solo tus excéntricas palabras me desviaron del tema…si estoy aquí es por mis creencias, ustedes buscan evitarlas, por lo que seguimos en el mismo tema-Sonrió siniestramente el malvado.

    -Repito: “queremos evitar que te hagas daño y le hagas daño a los demás”. Te debes de preguntar el porqué de aquel pensamiento, bien, se relaciona con tu actuar, no juzgaré tus creencias, porque no soy quien para ello, ni tampoco lo que planees para el futuro, solo intento hacerte ver, que tu actitud presente traerá más violencia-Dijo Telos.

    -¿Qué te parece?, eso es lo que busco, mi convicción…-Respondió el pelirrojo con seguridad, aunque en el fondo la conversación con el santo de cerberos le estaba hastiando.

    -Ojala y esta batalla hubiese sido solo un debate desde el principio…es agradable…
    La respuesta invariablemente sigue siendo esa pequeña palabra que engloba mucho: amor, no estamos aquí por tus ideas, sino por lo que traerá para ti y los demás tu actuar-Explicó con calma y amabilidad.

    -¡No me interesa lo que pueda traer para los demás, después de todo con ello seré más fuerte!-Respondió con fastidio mientras iba a darle un puñetazo al tranquilo personaje, pero fue detenido por Gamel, quien sin la posibilidad de usar sus brazos, recibe el golpe con una de sus mejillas.

    -Estabas luchando conmigo, ¡que no se te olvide!-Exclamó de manera ruda este, mientras hacía que un chorro de nieve fuera lanzado hasta el malvado desde el frente suyo.

    -Yo no soy tan benevolente como Telos, que te quede claro-Agregó.

    -Me importa un bledo que no seas benevolente, yo sigo con la ventaja, da igual que sea uno o los dos que me ataquen, el resultado será el mismo: su muerte-Gruño Morten, evitando con un salto hacia atrás el níveo elemento. A estas alturas era más que evidente que le hartaba el lemuriano, no por la fuerza que haya mostrado en la batalla -que había sido nula-, sino por su resistencia, la cual usaba solo para hacerlo perder tiempo, y también su calma.

    -No hay porqué decir las cosas con enojo…comprendo tu posición, y de hecho puede ser una de las infinitas posibilidades, no obstante, estas subestimando a tu oponente…consejo: yo que tu tendría más cuidado con Gamel-Se oyó a este último.

    -¿¡Qué me estás amenazando grandísimo estúpido!? Desde el principio ustedes no pudieron contra mí, y menos ahora… ¡Tu tranquilidad me irrita!-Gritó el malvado.

    -Eso es signo de intolerancia…y no, nunca te he amenazado-Respondió aún amable el peli azul.

    -No me había dado cuenta-Contestó con sarcasmo a lo primero el pelirrojo.

    -Telos, es mi culpa el que estés aquí, y debo intentar solucionarlo...aunque digas que no es así, así me parece...-Dijo Gamel aún sin ver hacia donde estaba el lemuriano.

    -Ya sabes lo que pienso al respecto…-Oyó lo que brevemente replicaba su camarada, pero eso no cambiaba en nada su opinión.
    Ahora debía intentar luchar contra Morten, ¿pero qué podía hacer?, ambos brazos estaban rotos, no podía usarlos para nada. En ese instante el intenso dolor que le provocaban, hacía que deseara quitárselos para no seguir sintiendo aquello, aunque era imposible, claro está.

    -Quizá mis posibilidades se hayan reducido, pero debo intentar seguir adelante…¡Dagas de cristal!-Anunció el castaño, a la vez que frente suyo una gran bola de nieve se formó, y tras caer de forma abrupta estalló en el suelo, lanzando punzantes trozos de hielo hacia la dirección del malvado, quien recordaba como hacía poco en aquella batalla, esos tristes pedacitos de agua congelada habían hecho un daño mínimo pero igualmente considerable en su armadura, a juzgar por el hecho de ser de oro.

    -¡Horda infernal!-Dijo, haciendo que una especie de ola de llamas se dirigiera hacia Gamel, quien a pesar de sus mermadas esperanzas pensaba en no rendirse. ¿Qué más podía hacer?, tanto él como Telos estaban siendo vapuleados por quien deseaba ver su muerte. Al menos debía no dejar de intentar.

    -¡Adelante hay que seguir!-Gritó el caballero de Cetus desde donde estaba. El fuego parecía que los golpearía tanto a él como a su camarada, no obstante algo ocurre…

    A través de la ígnea holeada, los gélidos cristales pasan, a su vez que Morten observa como nuevamente es golpeado. Pero no es todo lo que pasa, ya que también se presencia una especie de luz blanca, que al dar con las llamas las dispersa todas, protegiendo a su invocador. Esa técnica era la onda expansiva.

    Por si no fuera poco, desde la nieve esparcida por aquella colisión, envuelto en una nueva manifestación de su cosmos multicolor, aparece Gamel, quien se dirige a donde estaba el pelirrojo, que antes de poder reaccionar, producto de estar siendo golpeado por los pedazos de hielo, es arrojado a los aires por un nuevo ataque del castaño, cuando el níveo elemento a sus pies lo lanza con violencia al aire.

    Ciertamente la reacción había sorprendido al atacado, a pesar de que al menos hasta ese momento no había recibido mucho daño.
    Por su parte, el caballero de Cetus estaba intentando aplicar su principal táctica en las batalla, que era atacar y no dar respiro.

    -¡Chorro de la ballena!-Exclama, a la vez que espera que Morten caiga. Ya sabía que tal vez el malvado atacaría, por eso tenía decidido qué hacer. La técnica que estaba por usar no era precisamente su especialidad, y menos en aquel momento en que tenía sus antebrazos rotos, pero era la característica de los caballeros de ballena.

    Fijamente observa la trayectoria del pelirrojo al caer, y éste -como era de esperarse- lanza una esfera de energía en contra de su atacante.
    Con una velocidad que no había mostrado antes, Gamel da un salto hacia atrás, evadiendo la ofensiva, y posteriormente de otro salto igualmente veloz, regresa al mismo sitio.
    Cuando ya tenía en frente a Morten, le da un fuerte codazo con su brazo izquierdo, lo máximo que podía hacer, debido a las roturas que le habían sido causadas en sus antebrazos.
    El golpe, que fue en uno de los costados del malvado, lo lanzó con fuerza contra un montón de nieve que había cerca, y al castaño le generó un dolor tan punzante, que de sus ojos corrieron algunas lágrimas. Pero lo soportó como pudo, apretó los dientes, y continuó con su arremetida.

    -¡Toques de cristal!-Anunció como pudo el adolorido caballero, a la vez que del cielo se precipitaban pesadas bolas de nieve hacia Morten, que aún no había alcanzado a levantarse, no obstante ya era suficiente de tanto inútil intento de su adversario, y de entre el níveo suelo antártico invoca una roca que sale oblicuamente de este, cubriendo al de ojos verdes, con lo que logra protegerse del ataque.

    -Estuvo más entretenido, pero no fue suficiente patético caballero…-Le dijo el malvado a un Gamel que ignoró totalmente aquellas palabras, a juzgar porque ya no se encontraba a la vista.

    Un nuevo embate del infierno de hielo vuelve a tomar por sorpresa al de la dorada armadura, que es empujado con violencia contra la propia roca que había usado para evitar los golpes anteriores.

    Pero a pesar del intento del castaño por luchar de mejor manera, un nuevo hecho acabaría por tirar tal esfuerzo por la borda.
    Tras aquel ataque, Morten de manera veloz vuelve a incorporarse.

    -¡Amatistas de sangre!-Anunció, y como si hubiese adivinado acertadamente, a varios metros suyo se levantó una especie de columna de aquellos minerales, que golpea a Gamel, sacándolo de su escondite.
    Paso siguiente, el malvado agarra del cuello al caído caballero de cetus…

    -Mantengo lo que no quisiste oír…eres patético, aunque has logrado golpearme, el daño que has hecho ha sido el mínimo…-Le reveló el pelirrojo, y tras ello lo tomó con el brazo izquierdo -como si llevara un montón de diario bajo el brazo –y a propósito asegurándose de que los antebrazos del sufriente estuviesen dentro del apretón.
    Gamel intentó salir de aquella situación para volver a atacar, pero el malvado lo había agarrado firmemente… ello le generaba al castaño un dolor indecible en las fracturas de sus brazos.

    -¿Es que a caso aún no te has dado por vencido?, ¿no ves que es imposible vencerme?, estás a años luz de si quiera igualarme…siendo un “caballero de plata”, supuestamente el segundo escalafón en rango del santuario, esperaba algo un poco mejor, pero eres débil y patético. De todas formas es divertido ver tu sufrimiento…¿cuándo te largarás a llorar?, deberías volver con tu mami-Se burló Morten del aquejado Gamel, quien seguía retorciéndose de dolor.

    -Para que sepas…soy huérfano…y mi única familia es mi mejor amistad, y también mi maestra…¡retira lo dicho maldito idi***!-Exclamó con rudeza el castaño, quien luchaba en vano por no quejarse ante el sufrimiento que le causaban los huesos rotos de sus brazos, los cuales eran movidos por la presión del agarrón del malvado.

    -Yo que tú no hablaría de esa manera…no estás en posición de hacerlo…y ambos sabemos bien que poco a poco tu alma se va desmoronando por la culpa de los errores que has cometido, y que les costará la vida…pero porque ahora estoy de mejor humor, les dejaré a ambos despedirse, si sabes a lo que me refiero-Sonrió con malicia el perverso personaje. ¿A qué se refería?...no…¡no podía tratarse de lo que el castaño evitaba!, no podría descubrir lo que el de la dorada armadura le había hecho a su camarada por su culpa, sin sentir más remordimiento por ello…al menos no en ese momento…ese desgraciado lo sabía…y “jugaba” con eso.

    -No voy a hacerlo…no puedo despedirme, porque aún hay esperanzas…-Dijo el torturado antes de ser interrumpido.

    -¡Eso ni tú te lo crees!, ya te das por desahuciado, pero finges un poco de valentía cuando estás temblando de miedo…paupérrimo…-Rió el maquiavélico, quien a la fuerza arrastró al desgraciado, quien continuaba intentando soltarse, al lado del lemuriano que trataba de levantarse, y lo puso frente a frente. No obstante el castaño se negaba a ver…no quería más sufrimiento…

    -¿Temes ver el producto de tu inoperancia?, disfrutaré esto…-Sonrió burlonamente el pelirrojo, mientras toma el ondulado pelo del que se encontraba torturando, y lo jala con fuerza…no obstante la víctima no cedía.

    -No te preocupes Gamel, pase lo que pase, hay que cumplir con la misión que se nos dio…recuerda que si estoy aquí es por decisión propia…no hay porqué buscar responsables…si quieres culpar a alguien, cúlpame a mí. No cargues con algo que no debes…-Dijo Telos, quien a pesar de lo que el caballero de Cetus descubriría después, sonaba calmo.

    -¿Porqué?, ¿porqué dejaste que te ocurriera esto?...no tenías porqué caer en su trampa…-Musitó el castaño, a la vez que por fin presenció lo que el malvado le había provocado a su camarada, que le generó aún más culpa. Se maldijo por no haber podido evitar aquel embate que había resultado en aquella imagen sangrienta que ahora observaba.

    Se hizo evidente que el báculo dorado era más peligroso de lo que parecía ya que antes de poder hacerle daño al lemuriano debía traspasar la armadura de plata, cosa que había hecho evidentemente con bastante facilidad, a juzgar por los dos surcos verticales que había dejado en la parte del pecho. Surcos los cuales no se limitaban solo a su protección, sino que también habían sido marcados en su propia carne, la cual permanecía visible como testigo silencioso de la agresión, a la vez que como lágrimas la sangre brotaba de las heridas.

    Pero no era lo único, desde su frente varios hilos de sangre corrían cayendo sobre sus ojos y de allí hasta su mentón -lugar al cual también iban los escarlatas que extrañamente desde ambos lados de su boca se escurrían -, donde goteaba, impregnando de rojo el níveo suelo antártico.

    En aquel estado cada respiro debería ser una auténtica tortura, aunque no se reflejara en su rostro. Pero Gamel lo sabía, no lo demostraba a propósito, ese era uno de los defectos de Telos, a pesar de que fuese por el hecho de no querer preocupar a nadie, haría lo posible por ocultar su dolor físico. Y lo que veía el castaño justificaba lo que había oído en aquel momento en que el lemuriano se interpuso en el ataque de Morten que lo había dejado como se encontraba. Aquello no era algo indoloro precisamente, y la sangre era muestra de ello.

    A pesar de todo, el afectado permanecía de bruces en el suelo, en apariencia impasible.

    -Sin embargo lo hice, y me alegro por ello…-Sonrió este –No pierdas la fe-Agregó brevemente, ya que sabía muy bien lo que Morten estaba buscando, aumentar esa negatividad que hacía un tiempo Gamel mostraba y que era la gran barrera que limitaba sus verdaderas fuerzas.

    -¿Y tú patético caballero también mientes?, ¿es que a caso no te has dado cuenta en el estado en el que te encuentras?, lo único que les queda antes morir es que su sufrimiento en vida continúe. No hay manera que puedan huir de ello-Dijo el pelirrojo tras oír aquellas palabras.

    -No, aquí el único patético soy yo…maldito el día que no acepté venir aquí desde el principio…maldito el momento en que permití que me dejaras así, maldito el momento que no pude continuar ayudando a Telos, y sobre todo ¡Maldito tú Morten!-Lamentó el castaño mirando hacia la gélida nieve en el suelo.

    -Sal del hoyo en que has caído y vuelve a ver el horizonte. Confío en ti amigo, ¡Qué el dolor no nuble la esperanza! -Exclamó Telos de manera repentina, incluso esbozando una sonrisa

    -¿Cómo puedes creer en mí, cuando ni yo puedo hacerlo? Soy un fracaso, lo siento, te he vuelto a fallar.- Se disculpó el castaño con cierta sorpresa por lo dicho por su camarada, lo cual a esas alturas le había parecido imposible por todas las faltas que el mismo se culpaba.

    -No Gamel, ya lo sabes, un traspié no significa una caída, así como una caída no significa que no puedas volver a levantarte. Cree en ti, no te rindas, por más dificultades que haya en el camino, por más lento que se haga el viaje: avanza- Animó el peliazul, antes de toser un poco de sangre, producto de las heridas que tenía.

    Pero no fue todo, ya que de repente fue tomado del cuello por el malvado, quien lo levanta en el aire, a la vez que observa con regocijo la sangre que en pequeños hilos se escurre en su mano, así como el gran esfuerzo por respirar del lemuriano. Si de por sí ya tomar un poco de aire era una auténtica tortura por la ubicación de las heridas más grandes, sin duda la fuerza de gravedad sumada a esas heridas y la falta de aire lo estarían haciendo sufrir demasiado, a pesar de que levemente se reflejara en su rostro.

    -¡Ah!…a pesar que he lastimado tu frágil cuerpo, veo que aún no logro herir tu alma…pero es lo que hay en esa alma lo que te ha llevado a todo esto…
    ¡Mejor deja de molestar con tus palabras, y espera tu muerte!-Sonrió malévolamente el pelirrojo antes de lanzar lejos a Telos, como si de un cuerpo inerte se tratara.

    Quizá aquella acción había sido una equivocación para Morten…una acción que tal vez le costaría caro…

    -¡Ya basta!-Exclamó el castaño, aquella había sido la gota que derramó el vaso…pronto, y sin importar el sufrimiento que le causaban las dos fracturas, de la nada pareció obtener más fuerza. Tras conseguir apoyarse en el suelo, y de manera violenta liberarse del agarre de Morten moviéndose a ambos lados, con un salto llega hacia el lado a donde su amigo había sido arrojado.



    -¡Maldito el día que te apareciste engendro del demonio!... si lo que buscabas era hacerme enfadar, lo has logrado con creces. Si tanto te gusta asesinar a los demás, ¡¡¡ahora vas a comprobar que se siente ser víctima de primera mano!!!-Exclamó Gamel con toda su furia, a su vez que su cosmos de varios colores ardió con fuerza y ferozmente. Podía percibirse que este estaba en extremo lleno de frustración, culpa y dolor. Algo que también podía verse en el rostro casi psicopático que presentaba el castaño. Era evidente que sus palabras iban en serio, y que en verdad deseaba acabar con el pelirrojo, quien solo observaba.

    El suelo comenzó a temblar, y a la lejanía se oyó el rugir de lo que se avecinaba como una bestia totalmente en descontrol.
    Como gigantescas olas en el vasto océano, grandes cantidades de nieve se acercaban en brutales avalanchas.

    -Su cosmos se encontraba hasta hace instantes demasiado bajo... y parecía que había perdido toda esperanza…¿cómo es que ahora se ha elevado a niveles tan grandes?...lo percibo, esta fuerza es generada por odio…que paradoja que un caballero de Athena tenga que aumentar su poder con odio…-Pensó el malvado, a la vez que miraba la técnica que se avecinaba.

    A la vez que aumentaba su propio cosmos para contrarrestar la avalancha de dimensiones monumentales con fuego, mostró una sonrisa burlona.

    -Y acabaste cediendo a lo que no debería ser propio de ustedes. ¿No te das cuenta que con nieve no vas a vencerme?...-Dijo a la vez que llamas comienzan a rodearlo, y son enviadas hacia los caballeros de plata.

    -¡Calla de una vez idi***!, ¡¡¡te borraré esa sonrisa de la cara!!!-Interrumpió un Gamel totalmente descontrolado y centrado en la idea de matar a quien tantos problemas le había generado.

    Cuando llega el gran alud, pasa por encima de su invocador y su amigo, sin hacerles daño, y se dirige al pelirrojo…
    Pronto, la horda de fuego convocada por Morten, choca contra su homónima de nieve, que también parecía rugir con la misma furia. Pero algo sorprendió al malvado.

    -¡No puede ser!-Pensó, a la vez que veía cómo la llamas perdían eficacia ante la violencia de lo que estaba cada vez más cerca.

    - Seré débil, pero si sigo tu criterio, ambos somos débiles…¿Cómo te logro golpear si te crees el todo poderoso?-Dijo Gamel mostrando una sonrisa siniestra, a la vez que disfrutaba ver como la gran avalancha vencía al fuego con el que se pretendía contrarrestarla, y como el rostro de total sorpresa de Morten evidenciaba cuán inesperado estaba siendo aquel desenlace de la colisión de técnicas.

    A su vez Telos, quien solo se encontraba percibiendo aquella energía llena de frustración y odio, también se encontraba sorprendido ante tal demostración. Aquel no era el Gamel que conocía…

    Las llamas terminaron cediendo, apagadas por la propia agua que se generaba al derretir la nieve, y el pelirrojo fue envestido por la rugiente bestia helada, la cual no parecía haber disminuido su potencia a pesar de haberse encontrado con resistencia.

    Por muchos metros continuó la furiosa arremetida, hasta que el castaño comenzó a sentir como poco a poco perdía las fuerzas. Los músculos de su cuerpo comenzaban a arderle, como si hubiesen dado todo su esfuerzo, el dolor de las fracturas regresaba y su cosmos comenzaba a apagarse, llegando a un nivel muy bajo. A su vez, esa falta de energía hace que sus piernas ya no pudiesen soportar el peso del caballero que termina cayendo hacia adelante. Y también generan un dolor indecible en el santo de plata cuando ambos brazos fracturados impactan en el suelo.

    Al menos parecía que la brutal técnica había cumplido su propósito de acabar con Morten. No se percibía ningún cosmos más que el de Telos, y el mermado del castaño.

    No obstante, el calmo sonido de la brisa que pasaba y acariciaba las gélidas tierras no apaciguaba esa furia que hacía un instante había hecho que Gamel atacara con todas sus fuerzas. No, no solo era eso, también era dolor, y sobre todo culpa.

    Desde el suelo, donde apenas podía moverse fruto del gran esfuerzo que supuso su ataque, el castaño observa hacia su derecha, en donde se encontraba Telos.

    -Lo lamento. Nunca creí que nos encontráramos alguna vez en medio de una situación como esta, ni menos que por mi culpa tuvieras que sufrir tanto como sé que te ocurre, más aún que lo que ya estabas pasando por estar en la Antártida, algo que te llevó a ir en contra de tus principios-Se disculpó, abatido por todo lo que había acaecido desde aquel día que el patriarca los llamó.

    - Ya te lo he dicho, no cargues con una culpa que no debes. No hay razón para que creas que debes llevarla contigo…solo es una consecuencia de la necesidad, descuida, no te sientas responsable por esto-Respondió el lemuriano también desde el lugar en que había caído tras ser lanzado. A pesar de todo mantenía una sonrisa en su rostro.

    -¿Y qué fue esa reacción?-Preguntó esta vez más serio.

    -Frustración, culpa…y odio, ya lo habrás notado…me dejé llevar-Dijo tristemente Gamel –Lo siento…todo lo que ha ocurrido estos últimos tiempos, y ahora, se hicieron tan densos, hasta que ya no lo soporté más…-Agregó, antes de ver como su camarada intentaba reincorporarse, pero en vez de eso solo conseguía volver a toser un poco de sangre..

    -No sigas, lo que ahora importa es intentar curar tus heridas...pero...nuevamente no puedo ayudarte-Intentó detener el castaño a su amigo, lamentando que al tener ambos brazos quebrados y por el hecho que no le quedaban fuerzas, nada podía hacer. Sin embargo, Telos consiguió al menos ponerse de rodillas, y a la vez que quitaba la armadura de su antebrazo izquierdo, volvió a intentar calmar esa culpa que el caballero de Cetus llevaba dentro.

    -Gamel...Gamel, amigo mío, cargas con demasiadas culpas que no te pertenecen...comparte al menos ese peso...-Comentó el muviano con cierto tono de humor al final -Lo que ha pasado no fue tu responsabilidad, no tienes porqué disculparte. Es más, aunque pueda sonarte masoquista, si se dieran nuevamente las mismas situaciones, volvería a escoger los mismos caminos, no me arrepiento de ellos.
    Solo lamento el costo que ha tenido para ti, y perdón si las decisiones que tomé te han parecido muy drásticas-Se disculpó el lemuriano, a la vez que terminaba de quitar las vendas que llevaba en el brazo.

    -¿Pero porqué...?-Se preguntó el de ojos color miel antes que un dolor punzante en el brazo derecho, producto de que Telos le había quitado la parte de la armadura del antebrazo y se encontraba vendándolo, lo interrumpiera...

    -Disculpa, no fue mi intención-Volvió a disculparse el lemuriano, mientras acababa con el vendaje, y volvía la pieza de armadura a su lugar.

    -No hay problema...pero tú la necesitabas mucho más que yo, ¿Porqué?-Volvió a preguntarse Gamel, a la vez que un nuevo dolor, esta vez en el brazo izquierdo, sobrevenía, producto de que la parte de armadura de ese antebrazo estaba siendo quitada.

    -Eso es relativo...creo que Morten no me llegó a quebrar ningún hueso, mejor previnamos que las fracturas que tienes te hieran más-Sonrió el peliazul -¿Cómo la sientes?-Terminó preguntando sobre la primera quebradura que había recibido su camarada.

    -...La siento igual, aunque al menos ha dejado de sangrar... –Respondió –Pero Telos…no me cambies de tema…en este momento creo que es más importante que cures tus heridas, además que no sabemos que tanto daño te haya hecho Morten…-agregó

    -Esa venda que usé no cubriría mis heridas, en cambio si las tuyas...-Se excusó breve y concisamente el de la armadura de Cerberos, antes de hacer un nuevo esfuerzo por levantarse, cosa que por fin logra, aunque no parecía muy estable -…ya has cumplido creo que con la parte más dura de esta batalla, y pusiste todas tus fuerzas en ello. Descansa amigo, haré lo que pueda con lo que resta…-Acabó por revelar el lemuriano, antes de volver a toser un poco de sangre.



    -¿Estás diciendo que Morten continuará la batalla?...-Preguntó el castaño con sorpresa, antes de comenzar a sentir un cosmos que crecía poco a poco…era cierto… ¿pero cómo era que Morten había sobrevivido a semejante ataque?, ¿qué pasaría ahora?
    -No, espera, ¡yo también seguiré!, ¡no puedes continuar así!-Agregó Gamel, refiriéndose al hecho que desconocía si el pelirrojo al momento de atacar había hecho más daño del aparente a su camarada, y eso a juzgar por la sangre que de a ratos tosía. ¿Verdaderamente podría continuar?, y si era así, ¿Por cuánto?

    -¿Por qué no?-Le sonrió el sangrante, y tras ello intenta respirar hondo, y exhalar el aire lentamente. Aunque probablemente, más que concentración le traería un gran dolor.

    Pronto se ve un resplandor de cosmos grisaseo entre la nieve a varios metros, y un fuerte estruendo hace que el níveo elemento vuele por todos lados con violencia.
    Cuando el gélido polvo volvió a asentarse, allí parado frente al hoyo que había dejado, se encontraba un Morten evidentemente molesto, pero lo más llamativo de todo era que...¡no tenía más la armadura puesta!, de hecho pudo verse como algunos fragmentos dorados caían al suelo.

    -Cetus...has logrado quitarme lo que por cientos de años he estado buscando...y lo que te mereces por ello es indefectiblemente la muerte, pero la más dolorosa que se me pueda ocurrir...-Dijo el malvado con enfado, quien a su vez observa como el lemuriano con cierta lentitud de movimientos se interpone entre su camarada y quien había hablado.

    -Ah...y tú te has vuelto a levantar...no dejas de molestar...pero en ese estado en que te encuentras, nada podrás hacer, da igual que aún tengas tu armadura...
    En este momento no me interesa acabar contigo, primero al otro...-Agregó, a la vez que continuaba observando el evidente esfuerzo del peli azul por mantenerse de pie, y su dificultada respiración producto de las heridas.

    -¿Recuerdas lo que dije sobre el porqué estamos luchando por Athena?...bien...debemos defender a nuestros seres queridos...a todo ser vivo...más allá que sea un dios, una diosa, o como se defina. Al igual que defendería a Athena, en este momento defenderé a Gamel. No puedo apartarme y dejar que cumplas con lo que has dicho así como así...-Explicó Telos, a la vez que al intentar respirar con lentitud, un nuevo tosido con sangre se hace presente haciendo sospechar al castaño que tal vez sus heridas eran más profundas de lo que pensaban.

    -Esa actitud te llevó a cómo te encuentras ahora...de manera que si no te moverás de ahí...¡Los mataré a ambos de una vez!-Exclamó el malvado.

    -¡Qué así sea!-Dijo en respuesta, y aún sonriente el peli azul. Esperando lo que se vendría.
    Gamel intenta levantarse de manera desesperada, más nada podía hacer en aquel momento. No le quedaban casi fuerzas en su cuerpo, así que volvió a dar contra la nieve. No podía ser que otra vez se encontrara viviendo aquella misma situación...

    Telos hace un momento parecía concentrado en algo, el castaño no tenía idea en qué sería, pero la atención del sonriente regresa a la batalla ante aquel momento en que serían atacados.

    Una técnica de gran poder les es lanzada a los santos de plata, un rayo de color negro se acerca raudamente, a sus alrededores chispas de color violeta, pequeñas extensiones de la potencia del ataque, pululan.

    Justo en ese instante, cuando el lemuriano pretendía quedar en posición como para intentar detener el oscuro ataque con las manos, algo sucede. A pesar de su esfuerzo, no puede continuar de pie, y cae de bruces al suelo...
    Era cuestión de milisegundos para que fueran impactados, rápidamente debía pensar en otra opción...

    A pesar de la caída no desiste, y su cosmos de color blanco comienza a arder con fuerza.
    El castaño que solo podía observar impotente la situación, comprende entonces lo que su camarada haría, más en el estado en que se encontraba, a pesar que aún tuviese la armadura de cerberos no parecía que podría resistir el recibir el impacto de lleno, y eso temía.

    Frente a frente se encontraban el ataque de Morten y el intento improvisado de defensa de Telos, quien a pesar de que en ese momento se notara que también estaba luchando contra el dolor, enfrentaba la situación con una sonrisa en su ensangrentado rostro...

    Última edición por Muerte_Rigurosa; 01-01-2017 a las 10:44 AM.

  9. #9
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    Capítulo 6 - Rugido de guardián

    Capítulo 6 - Rugir de guardián




    “Se percibe una brisa apacible que acaricia estos verdes y extensos prados, donde de tanto en tanto las flores aportan su encanto y el cielo de un celeste intenso es coronado por el cálido sol…Por un momento dejo mis preguntas a un lado, y disfruto de esa paz que provoca.
    No tengo idea de dónde puedo estar, pero de alguna manera u otra algo me dice que es un lugar que me es familiar, casi como si hubiese transitado por estos parajes muchas veces.

    Lentamente avanzo observando a la lejanía, mientras una sensación de angustia de manera débil comienza a invadirme…es otra interrogante que surge…tampoco adivino de dónde viene, pero me dejaré llevar poco a poco para comprender… ¿Qué es esta visión?, ¿Lo que quieres enseñarme?, tienes mi atención…

    Mis actuales inquietudes se desvanecen de a poco, mientras siento que otras toman su lugar.
    Por el camino quedan mis dudas, miedos y preocupaciones…una dolorosa y honda culpa ocupa su lugar…¿Pero por qué razón?

    Mientras avanzo me doy cuenta que entre los prístinos campos se encuentran de tanto en tanto los despojos de alguna posible batalla. El aroma ferroso de la sangre que baña los cuerpos evidencia la violencia a la que estuvieron expuestos y contrasta con la armonía del lugar.
    No puedo ver los rostros de aquellos cadáveres, no hay manera de reconocerlos…pero así mismo una voz en mis adentros me dice que dieron sus vidas por amor…esto es acompañado del peso de esa desesperación que lentamente aumenta y aun no comprendo del todo.

    Con cierta curiosidad presencio estos cambios sutiles en mi percepción de las cosas, y para mi interior me pregunto, ¿cuál es realmente el motivo de este viaje?, ¿hay algo que debo entender?, ¿es simple imaginación?, o…¿ya he partido?, ¿es el fin de una etapa?

    Continuo avanzando, y a la lejanía diviso un pequeño poblado, al parecer construido en piedra o en algún otro mineral. La columna de humo negro que se alza advierte la presencia de voraces llamas que consumen lo que algunos no destruyeron…si…tengo esa certeza, que surge de lo más profundo…no fue un accidente, sino un incidente. Es probable que nadie haya sobrevivido a lo que asoló ese sitio.

    Ocasionalmente los muertos siguen apareciendo entre la pastura, contando sus historias de cruentas batallas…historias que extrañamente ya no me perturban sino hasta que me recuerdan o revelan la culpa que quema mi interior…lo sé…soy partícipe de esta matanza, ya mis manos están manchadas por la sangre de cientos de inocentes…pero mi congoja me trae la duda de si seguir con esto o cómo hacer para detener lo que ya está en curso…¿En qué me ha convertido esta hecatombe?, ¿algo queda de lo que alguna vez fue, o ha sucumbido junto a toda esta gente?

    Sigo caminado, hasta que veo a alguien a unos metros…pero tampoco logro distinguir de quien se trata…solo sé que es alguien que estimo, un aliado. Me dirige una sonrisa… pero en el estado en que me encuentro, no sé si responder o si se percatará de mi sufrimiento…

    Poco a poco reconozco con todo lujo de detalles un objeto que toma con su mano derecha… aún mojado en sangre…y eso me estremece…como si perdiera las fuerzas caigo de bruces al suelo totalmente destrozado…esa lanza…esa lanza me trae esa parte de los recuerdos que me faltaban…

    Este peso…este peso que siento en mi interior…lo merezco…si…no hay duda, pero no hay manera de que pague por todos mis males…debo hacer algo para detener esta ola de violencia de la que soy partícipe…pero ya parece inútil, las llamas del odio arden en su máxima magnitud, de manera incontrolable y raudamente se esparcen entre las miles de almas que toca…no supe ver que mis ideas y mis actos solo traerían destrucción…para los demás y mi propia alma…

    Ese recuerdo…
    este lugar…
    todos los muertos…
    son…
    mi Karma…”


    ****************************************

    La batalla continuaba en algún lugar de los níveos paisajes de la Antártida.
    Un fuerte rayo negro se encontraba dando de lleno y arrastrando con violencia a Telos, y por consiguiente también a Gamel, quien solo podía sentir el choque contra la nieve -en la que un gran surco se iba formando producto del impulso-, y a su vez veía acrecentado el suplicio de sus quebrados brazos. El sonido de algún metal que caía a pedazos acompañaba la escena, así como el inevitable golpe contra éstos, que evidenciaba el poder de aquel ataque lleno de furia.

    Varios metros fueron empujados hasta que se detuvieron…
    Por un instante el silencio fue el reinante, allí el castaño observó cómo el lemuriano continuaba de bruces en el nevado manto antártico tras ser quien había recibido la mayor parte del impacto. A pesar de lo potente de este, aún permanecía con vida.
    Muchos fragmentos de la armadura de Cerberos estaban regados en el suelo, desde la zona de impacto, hasta dónde habían sido arrastrados.

    Con sorpresa Gamel observó como Telos volvió a levantarse, a pesar del estado en el que se encontraba, y es que la férrea voluntad era algo que lo caracterizaba…

    -“…Amigo mío, cuánto lo he negado y sin embargo de la manera más dura me has enseñado cuan equivocado estaba… donde quiera que estés, quiero que sepas que si alguna vez volvemos a toparnos en este mundo y ser amigos, no seré quien acabe contigo, sino que haré todo lo posible por defender la amistad que quise destruir. Merezco el castigo de todos los dioses, pero aun así no me rendiré…”-Oyó decir en voz baja, y casi como un susurro al lemuriano, el cual permanecía de cabeza baja y con sus cabellos azulados tapando su rostro. Y a su vez una lágrima mezclada con sangre se precipitaba al suelo helado. Para el caballero de cetus todo aquello resultaba muy extraño y es que para empezar lo dicho había sido con una profunda congoja que jamás había visto que demostrara de esa manera, además que no encontraba mucho sentido en aquellas palabras.

    Aunque pronto una sonrisa volvió a esbozarse en el ensangrentado rostro, como si hubiese meditado positivamente sobre los dichos. ¿Qué significaba todo aquello?

    -No es castigo sino lección…aquello que necesitaba…-Volvió a oír Gamel aún sin llegar a comprender lo que ocurría.

    Tras el dicho, con dificultad dio un paso al frente como para intentar seguir defendiendo a su camarada.

    -Está claro…
    Debo continuar, por todo aquello en lo que creo y aprecio, aunque ya parezca perdido.
    Debo resistir ante la adversidad, por todo aquello que fue y será.
    Debo levantarme, porque el presente así lo requiere…-Susurró débilmente para sí mismo el lemuriano, sin percatarse de lo que venía en su contra sino hasta que ya era tarde.

    El malvado no acabó su ofensiva con aquel poderoso golpe que había lanzado, ya que pudo apreciar que a pesar del estado en que se encontraban sus enemigos, estos aún vivían. Entonces usó una de las técnicas que el castaño conocía: la nieve a los alrededores de los caballeros de plata se elevó con violencia, golpeando y llevando consigo a los heridos, los cuales por efecto de la gravedad se precipitaron.

    En silencio y evidentemente con mucho esfuerzo el peliazul volvió a levantarse, pero lo que llamó la atención fue que a pesar de que el pelirrojo se acercó de frente con uno de sus puños envueltos en un cosmos gris, el herido caballero no hizo nada al respecto, como si tampoco se hubiese percatado de su presencia sino hasta el momento mismo en que recibió el ataque que volvió a hacerlo caer a la nieve.

    -¡Maldita sean mis fuerzas!-Exclamó con frustración Gamel a la vez que intentó, sin éxito, volver a levantarse.

    -No seas tan duro contigo mismo amigo…-Le dijo Telos esbozando una sonrisa, a la vez que con dificultad volvió a incorporarse.

    -Morten, si crees que el orden de quien vayas a matar no importa…comienza conmigo…si lo logras podrás seguir con Gamel…claro…si piensas que cualquier orden da igual-Se dirigió hacia el malvado. Deseaba quitar a su camarada como blanco de los ataques tanto como fuese posible, de manera que con aquellas palabras trató de lograrlo.

    -¿Y si me opongo qué vas a hacer?, en ese estado en que estás dudo que de todas maneras aguantes mucho más tiempo, o si quiera puedas oponerte-Respondió rudamente el pelirrojo a la vez que con un nuevo golpe hizo caer a su interlocutor quien nada pudo hacer para detenerlo, no obstante, aún desde el suelo tomó ese puño que lo había derribado, como intento de evitar que fuese contra Gamel, a la vez que su sonrisa se volvió desafiante.

    -¿Vas a ir por el camino más fácil?, ¿realizar lo que en este momento más quieres primero?, ¿No ves que a quien intentas matar no le quedan más fuerzas como para defenderse?...-Intentó convencer Telos antes de ser interrumpido por el malvado.

    -¿Y acaso a ti sí te quedan esas fuerzas?, ¿A ti que nada más que intentar esquivar has demostrado?, ¿Qué eres más patético que tu colega?... ¿Estás bromeando?-Se mofó a la vez que con una patada llena de furia intentó soltar a quien pretendía no dejarlo avanzar, y quien sin embargo persistió a pesar de lo fuerte de esta.

    -Aún puedo levantarme, ¿eso basta?...en todo caso, si las cosas son cómo dices, no debería costarte quitarme de en medio antes ¿no es así?-Continuó diciendo desde el suelo.

    El castaño por su parte intentó volver a levantarse, pero en aquel momento le resultó imposible. ¿Tendría que ver cómo el malvado acababa con su mejor amigo sin hacer nada como para poder evitarlo?, no le agradaba para nada la idea. Aunque por un lado pensaba que debía tenerle más fe al lemuriano, por otro le preocupaba el estado en que se encontraba, que hacía pensar en que no aguantaría mucho.

    Respirando hondo Morten entonces intentó calmarse…y después de ello sin dar ninguna palabra con la mano que no estaba siendo tomada agarró a Telos del cuello y lo levantó.

    -Comprobémoslo- Dijo brevemente, y así rápidamente se dirigió a una de las rocas que en la batalla hizo aparecer y tomando impulso destruyó una de estas con el caballero de cerberos, que producto del golpe se soltó, y después de ello siguió de largo, dando con violencia contra un montículo de nieve.

    -¡No sigas!, yo pued…-Exclamó Gamel intentando tomar el lugar de su camarada, pero fue interrumpido porque volvió a caer, y por ende sintió un dolor más punzante en sus fracturados brazos.

    A pesar de los golpes, tanto el castaño como el pelirrojo pudieron ver cómo el lemuriano con esfuerzo volvió a ponerse de pie, y a la vez que intentaba recuperar el aliento, una gota de sangre que cayó desde su mentón impregnó el níveo terreno de rojo.

    -Amigo mío, te dije haría lo posible por seguir esta batalla, y es lo que haré…así mismo Morten todavía puedo continuar, así que la batalla aún no termina- Sonrió el peliazul el cual a pesar de lo evidentemente costosa y tortuosa de su respiración y así mismo como lo serias que al menos se veían sus heridas, no parecía haber perdido ni un poco de su voluntad de seguir.
    De hecho tomó un poco de aire y como pudo volvió a levantarse rápidamente, aunque lo que se encontró fue con una esfera de energía color violácea-semitransparente que se dirigía hacia él.

    Justo a tiempo con un salto a la izquierda evitó aquella técnica que venía en su contra, quedando aún en pie casi que por milagro. A pesar de aquel reflejo rápido, o suerte –como pensaba Morten en ese momento-, y con un lapso que hubiese dejado tiempo de reacción para que volviera a evitar otro de esos ataques, el caballero de Cerberos fue impactado, y nuevamente dio con el nevado suelo antártico.

    -Como pensaba…no te quedan las fuerzas suficientes como para continuar haciéndome perder el tiempo de la misma manera que hace un rato…sigues negándote a atacar, siendo el mismo debilucho que solo insiste en esquivar mis ataques, cuando ya se nota que quebré esa defensa. Cerberos…esa criatura que sirve al maldito de Hades, ¿eso es lo que se supone que esos pedazos de armadura significan?... de seguro que ese perro de tres cabezas se escondería de la vergüenza por tener como representante a alguien quien no desea ni siquiera lastimar a su oponente, y yo diría que tampoco puede hacerlo, por no tener el poder para ello. ¡Cuánta vergüenza sentiría!,¡¡¡cuánta!!!-Se mofó el malvado observando el deplorable estado tanto de su oponente, como de la armadura que llevaba.

    -No. Se está equivocando, Telos no es débil, bajo su gentileza y apariencia de inofensivo también se esconde alguien duro, quien no se deja intimidar, dispuesto a soportar cuanta tortura se le dé, y lo que se me hace más admirable: con el valor para afrontar eso siempre con una sonrisa…y una verdadera…
    Pero…me temo que sí parece que no le quedan las fuerzas suficientes…aunque a mí tampoco…-Pensó Gamel con cierta amargura al oír las burlas. Y después le gritó a su camarada:
    -¡¿Qué planeas?!, ¡¿Por qué no atacas a Morten?!- Irremediablemente recordaba aquella batalla en la que el lemuriano había obtenido su armadura. Lo sabía…en aquel entonces había habido algo por lo que no quiso atacar directamente a su oponente…en ese caso no debía ser muy diferente.

    Por su parte, en silencio, a pesar del golpe y los dichos del malvado, el caballero de Cerberos de a poco volvió a ponerse de pie.
    -Solo tengo dudas y certezas…-Respondió casi como un susurro y esbozando una sonrisa, que por la naturaleza de lo dicho resultaba bastante enigmática…¿qué era en verdad lo que estaba haciendo?, ¿realmente se encontraba sin ideas sobre qué hacer en aquella batalla?, ¿estaría pensando al respecto?

    -…Dudas y certezas…-Murmuró, y sin mediar más palabras hizo que desde el cielo cayeran unas bolas de fuego predominantemente de tonalidad naranja-rojizo y con toques de amarillo. Aquella técnica tomó tanto a Morten como a Gamel por sorpresa, aunque para el castaño resultó más perturbadora por el que acabaría siendo el resultado…

    Varios metros a la izquierda del propio lemuriano y del malvado se encontraba una zona por la que aún no habían llegado en aquella batalla, el terreno se encontraba bastante llano, nada parecía justificar un ataque. Fue ahí en donde las llamas impactaron, levantando algo de la nieve, dejando unos leves desniveles en el blanco suelo helado, y a su vez evidenciando que había sido una débil técnica. No obstante dejaba bastantes dudas…principalmente si aquel era el objetivo original, y si la poca potencia de aquella técnica era por el estado en que se encontraba su invocador o si había sido adrede.

    Mientras el pelirrojo se largaba a reír de lo que suponía un intento de ataque, y el caballero de Cetus se seguía preguntando porqué, Telos volvió a hablar en voz baja, más bien para sí:
    -Dudas y certezas…-
    Y tras las palabras, intentó otra cosa…velozmente y desde el lugar en que había quedado tirada a lo lejos, apareció la cadena de Cerberos que por telequinesis voló en dirección del lemuriano, aunque nuevamente para la sorpresa de los presentes, no se detuvo sino hasta dar contra quien la había traído, en el pecho hacia la derecha, haciendo que volviese a caer.

    Las carcajadas de Morten no cesaron, a su vez que la confusión de Gamel aumentaba…¿Qué era todo eso?, ¿realmente era la intensión del peliazul atacar?, ¿o qué era lo que realmente planeaba?

    -Error de cálculos…-Comentó con una sonrisa de autoburla el accidentado personaje, a la vez que volvía a ponerse de pie –no sin esfuerzo-. Su mano derecha tenía la cadena, y la izquierda se encontraba sobre el sitio del golpe.

    -Está visto que no estás a mi altura, con esos ataques por lo más inefectivos y débiles. Ambos están a mi merced…-Se burló el malvado con mucha confianza de que el final de todo aquello estaría cerca.

    -Mientras tenga las fuerzas suficientes para volver a levantarme la batalla no acaba…-Respondió el lemuriano concisamente, dejando en claro que iba continuar, y posiblemente la única manera de que se detuviese sería perecer a manos del pelirrojo. Aunque los dichos siguieron levantando dudas sobre si lucharía o no, y qué estaba haciendo precisamente.
    Después un nuevo tosido con sangre sobrevino reafirmando lo que Morten pensaba.

    -A pesar de que intentes seguir, hace mucho rato que estás prácticamente fuera de combate…¡muere!-Exclamó haciendo que de la palma de sus manos brotara una energía blanca-violácea que pasó a mostrarse como dos esferas de centro negro. Con un movimiento rápido las unió en un solo ataque que lanzó contra su oponente de turno.

    Telos arrojó una de las mazas con pinchos de la cadena que llevaba en contra de la técnica, no obstante la primera vez falló con un margen bastante considerable, pero al segundo intento logró asestar un golpe que detuvo la esfera de energía haciéndola estallar no mucho antes de que diera con su blanco -él mismo-, esto hizo que mucha nieve fuera arrojada en varias direcciones, pero no provocó más que ello.

    Enseguida, volvió a lanzar una de las bochas espinosas hacia el mismo lado, dirigiéndose esta hacia Morten, pero en vez de golpearlo se desvió, tomándolo del tobillo izquierdo, y para ese entonces guiada por telequinesis se levantó llevando consigo a quién había agarrado, y con un impulso similar a un látigo en el aire arrojó al malvado hasta aquella zona en donde hacía momentos había atacado débilmente. ¿Quizá quería mantener alejado a Gamel lo más posible del pelirrojo?

    De un salto el lemuriano se acercó a aquel lugar en la que la nieve se encontraba más suave producto del impacto del débil ataque que esta había recibido hacía no mucho.
    Allí se encontraba ya de pie Morten, que arremetió con un puñetazo que con cierta dificultad el caballero de Cerberos evitó con un rápido movimiento, no obstante estaba ahora frente a frente ante el malvado, y por lo visto desde hacía un rato, no era muy seguro que pudiese aguantar mucho sin recibir algún golpe…cosa que se confirmó tras volver a esquivar otro puño, y evitar un tercero al desviarlo con un brazo.

    No demostraba la misma agilidad que en el comienzo de aquella batalla, en cada uno de los ataques que evitaba se notaba un esfuerzo mayor que lo que era al principio. Algunas veces parecía que era solo por suerte, como el pelirrojo creía.
    Con un nuevo puñetazo, esta vez en la mejilla izquierda fue que Morten dio con el peliazul, que al estar cayendo fue tomado por la muñeca del brazo derecho, y con el impulso de una vuelta que dio el malvado acabó arrojándolo más cerca de donde se encontraba Gamel, pero aún algo alejado de este. Enseguida y sin dar tiempo para nada, dio un gran salto y una voltereta en el aire de manera que en un instante quedó boca abajo y sobre la trayectoria del amable personaje. Allí lanzó una esfera de energía color violáceo y semitransparente que al impactar contra el lemuriano hizo un gran estruendo, levantando mucha nieve hacia todas direcciones. El pelirrojo aterrizó unos pocos metros delante de la explosión.

    Casi que arrastrándose como un gusano Gamel pudo voltear a ver aquella escena que nuevamente aumentó su preocupación. Sabía que ambos no se encontraban en el pleno estado en que estaba Morten, que a pesar de encontrarse sin la armadura de color dorado que antes llevaba -sino con buzo, pantalones y botas tal vez del cuero de algunos animales de la zona- mantenía todo su poderío de ataque. Dicho estado ameritaba a pensar que tal vez su camarada no aguantaría mucho más y ese ataque podría haber provocado eso que el castaño no quería que pasara…prefería morir él primero a tener que ver que ello le ocurriera a aquel viejo amigo y después probablemente a él.

    Pero eso no era lo que estaba pasando, no al menos tras ese fuerte embate, el lemuriano aún permanecía con vida. En un principio se encontraba tirado en el suelo, pero con mucho empeño se dio vuelta, e intentó levantarse. Aunque a la vez que se notaba su dificultad para respirar, solo consiguió ponerse de bruces en el níveo suelo helado. Sus cabellos tapaban su rostro mientras unas gotas de sangre caían desde su mentón, tiñendo de rojo el blanco y gélido suelo antártico.

    Era evidente que el sangrante caballero estaba haciendo un gran esfuerzo en continuar con la batalla…a juzgar no solo por las heridas y lo tortuoso de su respiración, sino también por la gran falta de precisión a la hora de defenderse o atacar. ¿Sería que para el peliazul la lucha estaba siendo a dos frentes?, ¿contra el malvado, y contra su propio sufrimiento, oculto, pero adivinable?

    A pesar de aquel ataque recibido, que por su violencia esparció algunos fragmentos más de su armadura por la nevada tierra, y tras volver a intentarlo, Telos consiguió levantarse, no sin dificultad claro estaba, y algo tambaleante puso su mano derecha sobre la zona de su corazón, a la vez que levantó la cabeza, con su rostro al cielo, abriendo sus ojos, y revelando la razón por la cual todo ese tiempo había parecido desnorteado.
    El castaño entonces pudo apreciar que estos ya no mostraban brillo alguno. De seguro aquello había sido provocado a propósito por Morten cuando lo hirió…de hecho dos heridas que el caballero de cerberos tenía a ambos lados del mentón y contra el hueso de la quijada parecían las principales sospechosas ya que era evidente que dos de las puntas del báculo que llevaba el malvado habían sido clavadas allí.

    Todo aquel tiempo el ojimiel había pensado que la razón por la que su amigo permanecía de ojos cerrados, era por la sangre de su frente que caía sobre esos. En parte por lo escondidas de aquellas heridas, no se había dado cuenta que dos de las puntas del báculo del malvado, además de las heridas que abrieron, también atravesaron bajo la piel que no desgarraron, para lastimar más de lo aparente. ¡Con cuánta precisión y odio había atacado el malvado con fin de provocar dolor!, dolor que de seguro sería más intenso de lo que el propio Telos aparentaba. También la cuestión trajo consigo la que podría ser la razón por la cual de tanto en tanto tosía sangre…aunque no le parecía del todo seguro.
    A pesar del daño, los ojos del afectado aún continuaban trasmitiendo una calma que al castaño le daba cierta esperanza entre todo ese caos en el que estaban envueltos, aunque no mucha.

    El polar viento mecía los cabellos del de la armadura de cerberos, a la vez que este parecía pensativo, ¿qué sería lo que discurría?

    A pesar de lo meditativo, partía el alma ver al lemuriano en aquel estado, más muerto que vivo, luchando tanto como para aguantar más de lo que su propio cuerpo podía soportar, como ante el sádico personaje. A pesar de las adversidades, continuaba con una sonrisa en sus labios y una voluntad inquebrantable.

    Gamel recordó entonces el significado de aquel gesto, sabía lo mucho que su amigo amaba el cielo, tanto nocturno como diurno, y sentir los cálidos rayos del gran astro, que en aquel lugar se encontraba en el horizonte.
    La escena logró robarle una lágrima, estaba tirado en el suelo, totalmente impotente ante la situación, quería evitar la continuación de la batalla, ser de ayuda para vencer al malvado, pero en vez de eso, estaba allí, inmóvil, pero consciente. Se automaldecía por haber usado todas sus fuerzas en aquel ataque que en ese momento sintió totalmente fútil a pesar de lo que había logrado.

    Sabía del sufrimiento físico, oculto bajo el lesionado, pero amable rostro del pacífico joven, este era directamente proporcional al dolor y culpa que inundaban el espíritu del castaño minuto a minuto. Morten tenía razón, ¿qué clase de amigo era al dejar que el peliazul se usara de escudo, y además que peleara solo en aquel estado?, ¿alguna vez él había hecho, aunque sea algún simple gesto de entrega?, por primera vez algo lo hizo dudar sobre si en verdad se podía considerar un amigo o no…aunque en aquellos momentos se encontraba totalmente negativo, claro está.

    -¿Sigues con vida?, ¿no te ha bastado aún tanto castigo?, ¿para intentar evitar mis ataques es que no quisiste que tu helado amigo interviniera? -Dijo Morten serio al caballero de cerberos.



    -La brisa un amplio prado acariciaba,
    Las aves el gran cielo azul surcaban,
    Y el armonioso sol su paz brindaba.
    Luminosidades mi alma irisaban...

    Colores que mi corazón guardará,
    No hay que llorar, olvidados no serán…
    Gracias, su gran lección no se olvidará:
    La sagrada esperanza en mi traerán.

    Es la Amistad mi tesoro más grande,
    Por ella es que regalaría mi ser.
    Fuerte sentimiento, todo lo puede:
    Déjame vivir un nuevo amanecer.

    Si la llama de mi interior se extingue,
    La tan magna explicación se distingue

    -susurró Telos, mientras continuaba con su mano derecha sobre su corazón. Al parecer esto no estaba dirigido a ninguno de los presentes, aun así, el malvado pudo oír cada una de sus palabras, cosa que no ocurrió con Gamel que estaba a más distancia.

    -¿Debería asumir que la pérdida de sangre te está afectando?, estas a un golpe de morir, ¿y lo único que se te ocurre es eso?-Preguntó en tono de burla el pelirrojo.

    -Morten, disculpa si no he contestado a tus preguntas, solo estaba aclarando unas ideas…
    Tengo más razones por las cuales volver a levantarme que para rendirme, así que de ser posible intentaré aguantar más de lo que dices… -Respondió con sinceridad el indagado, sin perder la cálida sonrisa que lo caracterizaba, ni tampoco su tono cordial.

    -Si fuera como las personas, tal vez tu voluntad me conmovería, pero afortunadamente, no me interesa, conmoverse…eso es de débiles… -Admitió el sádico burlonamente, y tras lo dicho caminó despreocupadamente hacia el lugar en que sobresalía un mango color dorado…la parte de la armadura que llevaba antes de lo ocurrido con Gamel que seguía intacta, producto que se le había caído de las manos en algún momento cuando mantenía la lucha con el caballero de Cetus.
    Y tras ello, sin mediar palabras se lanzó en contra del lemuriano que intentó contrarrestarlo lanzando la bocha espinosa -con la intensión de intentar sujetar el arma- en dirección al agresivo que se detuvo por un momento, en el mismo sitio en el que estaba y vio como la cadena pasó al lado suyo a más de medio metro de distancia.

    - ¿Por qué crees que no me inquietas?: te he quitado convenientemente lo que más estorbaba de ti, ahora por más que puedas lanzar un ataque a mi dirección, has perdido toda precisión. Con eso ya te reduje, no tienes manera de atacarme, si alguna vez lo intentas-Volvió a reír burlonamente el pelirrojo, poniendo énfasis en la razón por la que el caballero había fallado. Pero la respuesta no se la esperaba…el joven comenzó a reír, pero no en tono de burla, esa carcajada iba dirigida a sí mismo.

    -Tienes razón, apenas puedo distinguir en qué lado estas…de todas maneras si te parece que me has neutralizado, no creo lo mismo, aún estoy aquí, sigo con vida, puedo buscar una alternativa, por lo que abandonar la batalla me parecería un gesto irrespetuoso hacia quienes confíen en mí, e incluso hacia ti-Respondió Telos, a su vez recordando en ese instante algo de su pasado…

    ***************************************

    El muviano se encontraba en medio de un desierto, con sus ojos vendados, claramente desorientado, y dudando hacia dónde ir.
    La brisa del aire mecía sus cabellos, así como movía la arena a los alrededores.
    En la cima del cielo azul y despejado se encontraba el resplandeciente sol que hacía que en el lugar hubiese altas temperaturas.
    Kalegeo, el wyvern rojo de fuego, se encontraba a pocos metros, observando si había algún progreso de su pupilo, pero al parecer esto no sucedía.

    -¿Aún no logras encontrar lo que escondí entre la arena?-Preguntó.

    -Es que no sé si quiera a donde ir, o qué puede ser lo que debo hallar…lo siento…-Se disculpó el lemuriano.

    -Ya sabes porque quiero que aprendas eso…no te dejaré ir hasta que lo consigas…además debes aún enfrentarte a una tormenta de arena sin desorientarte o aún morir, algo que si haces ahora seguro no conseguirás.
    Repito: Debes aprender a captar con tu cosmos lo que tienes a tu alrededor, si lo haces, eso significará que mi tarea contigo habrá terminado, y que a su vez finalizaré lo que mi hermano Regeru comenzó…¿O acaso quisieras ir al norte y que te entrene Daegea?-Bromeó el dragón.

    -No sé cuál es su reputación, no obstante si así lo quisieses, lo haría.
    Sobre lo que tengo que lograr, lo intentaré, aunque por ahora lo único que consigo captar son los rayos del sol-Sonrió el peliazul.

    -Muy bien…estás entendiendo parte de lo que buscaba…en una batalla, no tendrás siempre la posibilidad de concentrarte de la manera más calma posible… El calor te distrae de lo que debes conseguir, así como en un futuro podría ser otro factor, como el dolor. Pero sin importar que tan duro sea, debes intentarlo, en pro de lo que estés defendiendo. Así que continúa en tu intento, en un futuro puede ser determinante-Explicó el gran reptil a la vez que se acercó más a la escena.


    ***************************************
    Tras una rápida reflexión sobre todo el panorama, otra reacción imprevista para los presentes de parte de Telos ocurrió…

    -Ya has recibido mucho daño compañera…dadas las condiciones…-Se oyó susurrar al lemuriano antes que hiciera que toda la armadura que llevaba se desprendiera de si, y se volviera a armar a un lado de Gamel con forma de un perro de tres cabezas…o lo que el estado en que se encontraba permitía. Quedando nuevamente con el atuendo que usaba antes. Aquella camisa gris de estilo oriental, bastante holgada, cuyos bordes eran de un verde pantano, y pantalones del mismo estilo. Aunque la diferencia era que se encontraba rasgada en la parte de las heridas de su pecho al igual que ensangrentada.
    La única parte que mantuvo fue la cadena de cerberos en una de sus manos.

    -Morten, ahora si estamos iguales, tú mantienes una parte de la armadura que llevabas, y aquí lo mismo. Es lo justo-Le dijo al malvado el amable.

    Retumbó en el desolado lugar la risa del pelirrojo ante tal dicho.

    -¿Iguales?, ¿justo?, eso es suicida…¿estás dispuesto a quedar en inferioridad de condiciones por algo que consideras justo y que igual no lo es?...si no te das cuenta tanto tu como tu amigo están imposibilitados para seguir luchando, esa armadura te habría dado la chance de resistir un poco más de tiempo mis embates, aunque el resultado terminaría siendo el mismo.-Respondió con una sonrisa de burla.

    -La armadura es una protección, no tienes por qué preocuparte-Sonrió el peliazul brevemente dando una palabra que el pelirrojo no consideraba como correcta…¿él preocupado?, ¡sí, claro!

    Sin decir nada, ante la respuesta del caballero, el malvado tomó el extremo de la cadena de cerberos que ni siquiera había necesitado evadir, y lanzó la metálica bola espinosa de regreso al lemuriano.

    -¡A ver cómo me preocupo!- Exclamó el malvado como contestación a aquellos dichos, y esa palabra en específico.

    Esta vez el ataque iba dirigido hacia la cabeza de su apacible oponente. Que no obstante, y nuevamente para la sorpresa de los presentes, con un rápido movimiento de esta hacia la izquierda, consiguió que el arma pasara de largo, y con la mano izquierda tomó la cadena.

    - Mi poder puede no ser grande, puedo parecer muy frágil, pero como te habrás dado cuenta, hay algo que de todas maneras me lleva a continuar. De la misma forma, si aún no te he atacado, hay un porqué: desde el principio me pareció sentir que dentro de ese cosmos oscuro, hay una pequeña luz clamando ayuda. No fue hasta hace un momento que pude comprobarlo…en el fondo no deseas actuar tal como estás haciendo…
    Ahora si tengo una razón para combatir…-Reveló el peliazul aún en tono cordial, pero más serio.

    -Desde un principio, su intención no era pelear, simplemente quiso enfrentarlo solo para confirmar sus sospechas…aunque…a cuánto se expuso…
    Debí recordarlo…al igual que los cánidos poseen un agudo sentido del olfato, Telos, representando al perro bestial de tres cabezas, puede sentir hasta el cosmos más débil, o encontrar el rastro de un viejo cosmos que haya estado en el lugar. Es por eso que no me había percatado de ello…¿entonces quiere decir que Morten en verdad es bueno?...aunque para ser tan imperceptible debe encontrarse realmente hundido en la oscuridad-Pensó aún desde el suelo Gamel con sorpresa ante la revelación.

    -¿Una pequeña luz?, creo que te estás equivocando, hace muchísimos años todo rastro de luz desapareció de mí, para convertirse en las más hondas tinieblas. Pero si crees que es cierto, te demostraré lo bueno que puedo ser- Respondió con una sonrisa de malicia el pelirrojo, lanzando después un rayo totalmente negro y que a su alrededor chisporroteaba rayos violetas.

    -¡¡Cuidado!!-Gritó el santo de Cetus al percatarse que aquella había sido la técnica que dejó la armadura de cerberus en un estado aún más deplorable con mucha facilidad. No obstante el lemuriano no se movió desde donde estaba, Gamel sabía que si había dicho que lucharía, iba enserio, aunque igual dudaba de cuál era la idea precisamente si se refería a luchar.

    El blanco y puro cosmos del joven de cabellos azul claro se mezcló con las llamas de una tonalidad azulada que salieron a su alrededor, estas se lanzaron contra el oscuro poder en forma de tres cabezas cánidas y casi que instantáneamente chocaron. La nieve que estaba en el sitio salió despedida hacia todas direcciones, y una humareda se levantó.
    El castaño en ese momento continuó en su intento de levantarse, le parecía que aquel golpe había sido muy grande…prefería intentar enfrentarse a pesar de lo débil que se encontraba, no soportaba el seguir viendo como su amigo continuaba recibiendo tanto castigo y él permanecía ahí sin ser de ayuda. Siendo tan solo un espectador de una batalla de la que quería ser parte. Logró ponerse en pie y dar un paso hacia el lugar de la batalla, pero las fuerzas le faltaron, por lo que volvió a caer.

    -Gamel, no te preocupes, sé muy bien que usaste todas tus fuerzas en aquel ataque, descansa, yo me encargaré de lo que resta…confía en mí -Sintió una voz suave proveniente de entre el humo, era Telos, y gratamente encontró que si bien continuaba como antes de la técnica, esta no le había hecho daño, y allí seguía con su alegre sonrisa.

    -Sigues atacando solo para defenderte de mis técnicas, además que en este momento, el terreno no te favorece-Sonrió burlonamente Morten viendo a los alrededores de los muchachos, el ardiente fuego había derretido una parte del hielo que ahora se había convertido en agua.

    -¿Seguro?-Respondió con una sonrisa, haciendo que nuevamente surgiera a sus alrededores llamas de tonalidades azuladas que envió hacia el malvado…aunque cómo seguía haciendo a pesar de haber dicho que lucharía, no fue con la intensión de que diera con el pelirrojo, sino que se bifurcó y rodeó a este, que a pesar del clima frío del lugar, sintió todo lo contrario aunque no hubiese sido con el fin de atacarlo. El efecto buscado fue que producto del choque de temperaturas, como si nada el gélido hielo se derritió y vaporizó, formando así niebla. A si mismo sintió como el suelo se venía abajo, producto del contacto con aquellas llamas abrasadoras

    Con un salto cayó en un lugar más estable, no obstante la bruma no le permitió ver a dónde se encontraba su oponente, aunque podía percibir su cosmos cerca.

    De repente algo voló directamente a su rostro desde la derecha y lo golpeó…aunque no era un ataque, o al menos uno acorde a la situación, era… ¡una bola de nieve!

    Lanzando una esfera de energía violácea-semitransparente hacia aquel lugar intentó acertar en el lemuriano. Pero lo único que oyó fue el impacto contra el níveo terreno.
    Fue entonces que volvió a sentir aquel choque tan extremo de temperaturas como hacía un instante, y por consiguiente nuevamente como el suelo se desmoronaba.
    Con un salto pretendió ubicarse en otro sitio, atravesando la niebla, pero contrariamente a lo que habría esperado se encontró con una de las técnicas del peliazul, los venablos de fuego, que a pesar de haber dado con su objetivo, se adivinaba por las tonalidades rojas que no iban dirigidas con la convicción de hacer mucho daño…de hecho fueron golpes débiles, aunque lo hicieron volver a dar con aquel hoyo que se había formado entre la nieve y la bruma que ya se disipaba.

    ¿Qué planeaba Telos?, nuevamente el malvado percibió como aquel fuego de tonalidades azules lo rodeaba, levantando más niebla, y también hundiéndolo cada vez más en un hoyo en la nieve producto de la vaporización del gélido elemento. También pudo sentir cómo algo le quitaba de las manos el dorado báculo de tres puntas…¡era la cadena de Cerberos! Así mismo otra bola de nieve impactó en su contra, esta vez desde el frente.
    Como Morten había comprobado, o suponía, aquello sería más bien una distracción.

    -¿Así que usando lo que parecía tu desventaja como ventaja?...-Susurró el pelirrojo con una clara idea en mente. –Interesante…¡¡¡Pero aún tienes otra gran falencia idiota!!!-Agregó con un grito, dando un gran salto, y lanzando una especie de rayo totalmente negro y con chispas de un violeta eléctrico hacia la zona en específico donde sabía que se encontraba Gamel.
    Efectivamente consiguió que la reacción fuera que el lemuriano intentara bloquear el ataque, de tal manera que al darse un choque de técnicas, esto delató en aquel momento su ubicación.
    Rápidamente entre la niebla que ya se disipaba apareció Morten con sus puños envueltos en un cosmos grisáceo, y arremetió en contra del de los cabellos azulados. Aunque a diferencia de la última vez que lo atacó de esta manera, Telos se mostraba mucho más ágil a la hora de evadir sus golpes.
    Tanto es así que estuvieron bastante rato entre puñetazos, esquives o bloqueos con las manos o brazos sin conseguir otro resultado.

    Eso lo llevó a pensar al respecto mientras continuaba su ofensiva…¿Cómo podía ser que aquel caballero de plata, al cual en principio subestimó por parecer mucho más frágil que su amigo, y además de actitud más bien pacífica, le estaba dando problemas?, ¿Su estrategia de quitarle toda precisión estaba fallando?, ¿Cómo era posible eso, si había calculado que dando tal golpe si bien no lo hubiese matado, lo hubiese dejado sufriendo un gran dolor, además de que lo hubiera impedido para seguir?, si…era muy resistente al dolor según palabras del otro combatiente, era cierto, pero a pesar de no demostrarlo le parecía que sí estaría sufriendo.
    Ya sabía la razón de continuar del santo y que a su vez en aquel instante le parecía su punto débil más aprovechable: los demás.

    Eso era…y en aquel mismo instante estaba viendo que se justificaba…el lemuriano solo evitaba los golpes intentando no retroceder, para no dejar expuesto al que en ese momento parecía ser el más vulnerable, al caballero de Cetus. Aunque esbozando una sonrisa burlona al malvado se le ocurrió que quién estaba más indefenso era otro…

    En ese momento cambió de blanco, y así evitando al peliazul a su izquierda dirigió uno de sus golpes hacia Gamel…pero aquello resultaría más difícil de lo que pensaba, ya que cuando se encontraba pasando a su lado, y como si le hubiese adivinado la intensión, el muviano tomó el puño que iba dirigido a su camarada.
    Con la mano que le quedó libre, el malvado entonces lanzó otro golpe, esta vez contra quien lo detuvo, pero también fue bloqueado.

    El castaño continuaba en su estado de pesimismo más puro, le era frustrante estar allí casi sin energías, sin poder ayudar a ese amigo que por su culpa se encontraba ahora defendiéndolo.
    Así mismo continuaba con la incertidumbre de saber cuál sería el desenlace para esa cruel batalla que estaban librando.

    A pesar de la mejoría en la lucha por parte del lemuriano, Morten bien sabía que con las heridas que llevaba este, y lo que conllevaban, en algún momento tendría otro traspié.

    Con violencia, se soltó del agarre de su oponente, que permanecía estático a la espera de lo que enviara, y entonces antes de comenzar otra ronda de puñetazos, dio un golpe que le parecía que sería inesperado: un cabezazo con dirección al pecho del peliazul, quien sin embargo respondió de la misma manera. El impacto afectó a ambos por un rato, que a pesar de ello era como si se observaran, uno esperando el momento de atacar, el otro de defenderse. Los ojos verdes del pelirrojo miraban hacia los del lemuriano, que eran de una combinación atípica de celeste con verde agua. A pesar de que los había dejado como estaban ahora, le continuaba desagradando la calma que aún trasmitían…

    Era momento de un regreso al ritmo de batalla de antes, o al menos así lo creyó el malvado, que con toda la potencia que pudo de su brazo derecho dirigió un puñetazo -que estaba rodeado de una energía de color negro, y por fuera de su cosmos grisáceo-, que con cierta dificultad -producto del mutuo cabezazo- el muviano logró tomar, pero el impulso con que venía hizo que con fuerza diera contra la zona de su corazón. Con un esfuerzo el caballero de Cerberos permaneció en el mismo sitio en que estaba, aunque cayó de bruces por lo fuerte del golpe.

    -Sabía que no soportarías tanto tiempo sin que esas heridas volvieran a afectarte…¡es inútil!, ¡¡¡dense por muertos, porque solo retrasan lo inevitable!!!-Gritó Morten con la intensión de patear a Telos…pero en vez de eso dio contra Gamel que estaba más que harto de solo observar, y lo único que pudo hacer fue aventarse en contra del golpe que dio en el estómago.

    -¿Te crees que voy a ver como asesinas a mi mejor amigo sin siquiera hacer algo al respecto?, te equivocas-Dijo Gamel con dificultad desde el suelo, pero ayudado por esas ganas de terminar de una vez con el malvado.

    -Estás muy débil, ¿qué vas a hacer?, ¿refrescarme con una leve nevada?-Se burló Morten.

    -¡¡No importa cómo, si a dentelladas o con una brisa, ya me harta tu presencia!!-Respondió con rudeza el castaño…aunque por más que lo intentó no logró volver a ponerse de pie.

    -Gamel…gracias, pero ya te he dicho que seguiré esta batalla-Respondió en tono un tanto serio, pero aun manteniendo su amabilidad característica el lemuriano, quien después se dirigió al malvado.

    -Lo que he dicho también va dirigido a ti, no tienes por qué atacar a Gamel, recuerda que ibas a acabar conmigo primero-Dijo el peliazul, esta vez sonando solo serio, y volviéndose a incorporar de manera bastante costosa, a la vez que tomaba la cadena de Cerberos que yacía en el suelo, producto de que la había dejado allí cuando debió bloquear las técnicas del de ojos verdes.

    -Yo ataco a quién se me plazca-Sonrió de manera burlona y con aire arrogante el pelirrojo, a la vez que haciendo caso omiso a lo que se le había dicho volvió a arremeter.

    Del níveo suelo se abrieron paso grandes rocas puntiagudas de color negro, que justo golpearían al castaño, por lo repentino de la técnica, ésta aún no había salido de entre la nieve, y lo único que podía hacer el de ojos color miel era esperar el golpe, no obstante, este nunca llegó, ya que su amigo le tomó y dio un gran salto hacia arriba. Rápidamente las aguzadas piedras salieron justo debajo de ellos, y una de ellas parecía en especial que los atravesaría.
    El caballero de cerberos, por su parte, revoleó la cadena que llevaba, y lanzándola hacia abajo hizo que chocara contra la gran roca, quebrando la punta, y dejando así una base sobre la que cayó. Por un momento pareció que resbalaría, más que nada producto de que le costaba adaptarse a la manera en que estaba luchando en ese momento, únicamente a la manera que su maestro le había enseñado, pero tras esto pudo pararse bien sobre la superficie.

    -Descuida, no voy a dejar que te mate-Murmuró sonriendo el muviano.

    Por un breve instante este pareció alerta a algún otro posible ataque del malvado, no obstante, Gamel pudo distinguir que había algo que lo estaba aquejando, no solo las heridas, fue entonces cuando de un salto cayeron sobre una zona sin rocas, y solo nieve. Allí Telos dejó al castaño sobre el suelo. Y cayó de bruces, sosteniendo con su mano derecha, su brazo izquierdo, y a la vez apoyando el antebrazo sobre una de las heridas de su pecho, justo sobre su corazón.

    -¿Qué te ocurre?-Preguntó alarmado el caballero de Cetus al ver la reacción de su camarada, aunque en cierto modo ya suponía de qué se trataba. No recibió respuesta del lemuriano, o al menos en palabras. A pesar del dolor que reflejaba de manera algo escaza en su rostro –pero que en verdad Gamel sabía que era más grande-, este estaba mezclado con una sonrisa, cuyo fin podría ser o bien calmar al castaño, o decir que tendría alguna idea.

    -¡Ja!, ¿lo sientes?, ¡es el anuncio que proviene de tu corazón, que dice que dejes de luchar, porque es tu sentencia de muerte!, ¡¡¡esa técnica ya se estaba tardando mucho en hacer efecto!!!-Se burló Morten , referido a aquel puñetazo oscuro que le había asestado hacía poco –¡¡¡Ahora es inútil continuar, en unos minutos será tu final!!!-Exclamó.

    -¿Con que es eso?...ahora no…espera un poco más, te lo imploro…-Susurró para sí mismo el lemuriano.
    -¿Y qué tal si funciona así…entonces podría?-Agregó para sí y tras esto, comenzó a levantarse.

    -¡No sigas!, yo puedo, tú solo…-Dijo Gamel al caballero de cerberos, mientras trataba de levantarse para tomar el lugar de su camarada, aunque de todas formas no lo lograba.

    -Gamel…ya has hecho lo más importante, y usaste todas tus fuerzas en ello, por mi parte, te digo que no será en vano, defenderé lo que lograste, sin importar el costo, además que tengo pendiente terminar esta batalla. Como te lo he dicho ya: confía en mí.
    -Interrumpió Telos, mientras tanto se adelantaba, para continuar luchando.

    -Veamos cuánto más soportas…me da curiosidad cuántos latidos le quedan a ese corazón- Sonrió siniestramente el malvado.

    -Soy malo para las matemáticas, por lo que no sabría decirte una cifra exacta o al menos probable, lo que sí sé, es que espero que dure al menos hasta que esto acabe, porque mucho está en juego-Comentó el lemuriano.

    -¿Estás seguro?, no puedes predecir lo impredecible, de todas maneras como esto se acabe se vislumbra-Rió Morten con la seguridad que el herido caballero no soportaría tanto tiempo.

    -Estas en lo cierto con lo primero que has dicho…como esto acabe sigue siendo una incógnita, así que ahora lo que nos queda será averiguarlo-Respondió este aún sonando amable.

    -Si así lo deseas…te daré el gusto, aunque después no podrás decir que no tenía razón porque te lo dije-Sonrió malévolamente el despiadado, y corrió hacia el peliazul con intenciones de lanzar un ataque de frente, aunque como hacía rato se venía dando cuenta, a pesar de aquella pérdida apreciable de precisión, aún seguía siendo un blanco difícil de atacar, y no podía saber exactamente la razón.

    Así Morten volvió a lanzar aquella técnica en la que unía dos esferas de energía con centro oscuro en un mismo ataque, y a su vez Telos se acercó más a su agresor –con la intensión de alejarse del castaño- y contrarrestó lo que venía en su contra nuevamente lanzando una horda de fuego de tonalidades azules y blancas, cuyas llamas emulaban tres cabezas cánidas, y que con el fin de dar con un solo objetivo se juntaron en una sola.

    Los combatientes estaban casi que frente a frente, por lo que el choque entre ambas fuerzas hizo un gran estruendo, además de lanzar nieve y humo a los alrededores.
    Por un momento no pudo saberse las consecuencias de aquel golpe, ¿habría vencido Morten?, ¿habría vencido Telos?, ¿habría sido un empate?, ¿o quizá aún la batalla continuaría?

    Entre el humo que se dispersaba, pudo divisar al maquiavélico personaje que escrutaba el lugar, en busca del peliazul. Por un momento no se le logró hallar, no obstante, éste se encontraba de rodillas en el suelo, y aun sosteniendo con fuerza la zona de su corazón, era como si empeorara a cada instante.

    -Ahora sí, despídete de tu vida-Anunció el pelirrojo, con la intensión de dar fin a su oponente, aunque algo lo tomó por sorpresa.
    -¿Qué es esto?, ¿En qué momento…?-Se preguntó el pelirrojo, antes de percatarse que algo a su alrededor no andaba bien, desde el sitio en el que se encontraba podía ver el espacio, como si la atmósfera no existiera, brillantes estrellas así como otros objetos enmarcadas en un fondo negro. Intentó arremeter contra quien creía que era la fuente de tal visión, no obstante chocó con algo invisible que no le permitió seguir, pero no le causó daño alguno, se sentía como una fuerza suave como caricia que no lo dejó avanzar en cierto punto. Era como si estuviese atrapado bajo una copa de cristal invertida.

    -Descuida, no puedes salir de allí ni hacernos daño, pero tampoco nosotros te podremos dañar, es bueno cuando se puede estar en paz en vez que estemos luchando, ¿no es así?, se muy bien que en el fondo crees lo mismo, aunque ahora dirás que no es cierto. También desmentirás lo que hace largo rato mencioné, pero he podido sentir dos cosmos distintos en ti, uno pacífico, y otro violento, en este momento este último es el dominante. Por eso Morten: dime quien eres en verdad. Tengo sospechas de con qué tipo de ser estoy hablando, o al menos de quién estás recibiendo influencia, pero sería mejor que me lo dijeras por tu cuenta - Habló nuevamente de manera amable el lemuriano mientras volvía a incorporarse de modo un tanto costoso, y en el proceso volvió a toser un poco de sangre.

    -Te equivocas, no creo que la paz sea buena, aunque digas que en el fondo lo piense, pero he de admitir que me has descubierto, yo jamás creeré en la paz, pero hay alguien que sí. Y no perderé el tiempo en darle mi nombre a quienes no merecen saberlo, ahora quita esto antes de que yo lo haga a la fuerza-Ordenó el maligno.

    -Está bien, entiendo, en ese caso, y como ya he dicho antes: es por ese buen cosmos que aprisionas que estoy luchando. ¿No te parecería mejor darte a conocer y liberarlo?, así evitaríamos seguir peleando-Sugirió el peliazul.

    -Eso de “evitar seguir peleando” lo dices porque claramente y aunque me tengas aquí llevas la desventaja, solo buscas salvar esa vida que a estas alturas está al borde del precipicio. Así que ¿qué crees?, no dejaré de luchar, porque ya te dije: no me agrada la paz-Respondió Morten con una sonrisa maligna y arrogante.

    -Lo suponía…y no, no lo decía por eso, no obstante, si quieres seguir la lucha, me resignaré a ello. No obstante, te advierto que aunque mi vida penda de un hilo, no voy a rendirme, aunque eso signifique que deba morir en el intento-Dijo Telos manteniendo su mesura característica. Entonces, lo que estaba alrededor del malvado, comenzó a desvanecerse, ya podrían terminar de una vez por todas aquella batalla que estaban librando.
    Por cortesía, el muviano no atacó al instante de liberar a su adversario, sino que le dio tiempo para correrse.

    -Eres tonto ¿verdad?, en el estado en el que estás haber atacado hubiese sido la única manera de golpearme, pero desperdiciaste la oportunidad, y lo vas a sufrir-Rió Morten, quien alzó los brazos hacia el cielo, de manera que se formó un gran anillo de nubes negras sobre el amable combatiente, y al instante, desde el centro de esta surgió un fuerte resplandor. La luz del potente rayo no permitió vislumbrar lo éste había hecho. Con velocidad y furia se precipitó sobre su víctima, haciendo que en el proceso la nieve a los alrededores se viera disparada hacia todas direcciones.

    -Para morir solo necesitabas un pequeño empujón. Por fin acabé contigo, en ese estado en el que te encontrabas era imposible que soportaras algo así. A pesar de lo tonto que has sido al creer que sin hacerme daño podrías vencerme, y más aún cuando la única y ficticia esperanza de los dos recaía en lo que pudieses hacer, tienes el mérito de haber colmado mi paciencia. Aunque no podrás jactarte de ello de todas maneras- Rió el malvado, quien ya se dirigía hacia donde estaba un Gamel que observaba con pesar.

    -No siento ningún cosmos…no puede ser-Balbuceó el castaño al no percibir la energía de Telos. Este se encontraba de rodillas en el suelo, con la cabeza baja, y totalmente inerte, allí en la zona en que había impactado la técnica en su contra.

    -Ahora es tu turno, y no tienes en que escudarte…bueno, he de admitir que tú también me has quitado eso que hace siglos estaba buscando. Ese cosmos que usaste ardía con el ímpetu de una tormenta, y ahora lo acabaré de apagar para siempre. Cetus, por tu culpa he de esperar más tiempo para conseguir mis planes–Dijo el malvado quien observaba a quien había atacado hacía un instante.

    Por su parte, Gamel se sentía inservible, envuelto en un sufrimiento total, así como en odio, ante todo aquello que debió pasar.
    Pero algo hizo que tanto él como el pelirrojo se vieran sorprendidos.

    -¿¡Pero qué …!?-Exclamó Morten, mientras comenzaba a sentir como su cuerpo se volvía más liviano. Lo mismo comenzó a ocurrir con Gamel, el cual sintió como si se despegara de su propio cuerpo. El dolor físico que le provocaban sus dos brazos rotos, así como la sensación de ardor en sus músculos producto del último ataque que había usado, comenzaron a disiparse. Además que todas sus heridas desaparecieron, incluso aquellas que generó el oji verde.

    En ese momento todo se tornó oscuro, no podía vislumbrarse nada más que las hordas penumbras. Estaban solos…no…pudo ver a la lejanía una persona iluminada por una luz -la cual no se podía distinguir su origen-, amarrada con cadenas, demacrada y herida…¡era el mismo Morten!, pero si éste se encontraba a lo lejos…¿quién o qué era eso que se encontraba a su lado?. Entre las tinieblas podían vislumbrarse dos ojos rojos llenos de maldad, y su simple presencia era intimidadora…lo recordaba…esa sensación…¡era exactamente la misma de aquel extraño ser con que soñó!...y ahora que lo recordaba…llevaba un báculo de tres puntas así como Morten.
    Rápidamente el castaño de un salto tomó un poco de distancia mientras seguía intentando descifrar qué era aquella entidad.

    -¿Dónde estamos?-Se preguntó el caballero de Cetus, quien estaba totalmente sorprendido con la situación. ¿Qué ocurría?, ¿cómo era que ya no se encontraban en el lugar de la batalla?

    - No…no has mentido, es cierto, aquí se encuentra a quién has raptado, esa luz que permanece tenue en tu alma. Eso quiere decir que no eres quien dices ser, o que lo estás obligando a ser quien no desea-Se oyó una voz que al malvado le pareció desagradablemente familiar.

    -¿Tú otra vez?... ¿sigues sin darte cuenta que tu objetivo es fútil?, ¿Qué solo estas molestando pero al fin y al cabo cumpliré mi objetivo?- Respondió el oscuro ente de manera tranquila, revelando la verdadera forma de ser del referido, a diferencia de la furia que solía mostrar de a ratos Morten.

    -Nada es fútil en la vida, todo es una lección con la cual nos guiaremos por los múltiples caminos de la existencia-Sonrió Telos quien al igual que Gamel se encontraba sin daño alguno de la batalla, al menos en aquel estado.
    Sin mostrar temor alguno se dirigió hacia donde estaba el siniestro ser, que solo se dedicó a observar.

    -¿Aún muerto sigues intentando acabar conmigo?, tienes mucha tenacidad para ser solo un caballero de rango medio que sirve a Athena, he de admitirlo, pero de nada te servirá, yo debo gobernar este mundo, el miedo, el odio, la vanidad, la violencia son mi arma, tal y como cada vez más ocurre-Dijo éste.

    -¿Estás tan seguro de ello?-Simplemente sonrió el lemuriano, que después se dirigió sin decir más palabras hacia donde se encontraba su camarada -que permanecía confuso hacia lo que estaba presenciando- para responderle.

    -Siento haberte metido en esto, pero aquí está aquello que percibía, aquello por lo que no atacaba…-Expresó. Luego volvió a hablarle a aquel ser que en silencio estaba observando a aquellos caballeros de plata.

    -¿Por qué razón has llegado a este punto de secuestrar un alma en su mismo cuerpo?...¿qué estás buscando?, ¿no hay manera de que te retires en paz?-Preguntó con su calma característica.

    -Ya lo he dicho…no tengo por qué responder esas interrogantes a simples criaturas inferiores…solo diré que seré más poderoso que los mismos dioses y todos deberán rendirme culto o perecer…-Reveló aquella entidad entre las sombras, que le daba al ambiente una sensación de pesadez, negatividad con su sola presencia.
    -Por cierto… ¿para qué contestar esa última pregunta?, si lo que diría es obvio-Agregó haciendo referencia a que no abandonaría aquello que había invadido por alguna razón que no estaba dispuesto a revelar.

    -¡Eso es arrogancia pura!-Reprochó Gamel molesto por los dichos…¿Qué todos debían alabarlo?...¿o morir?

    -Supuse que esa sería la respuesta, quería asegurarme de si podría haber un camino diferente para todo esto, pero es evidente que ya tienes tu decisión al respecto...-Dijo el caballero de Cerberos.
    -Cada vez es más claro…pero a la vez desconocido…-Comentó en voz baja para sí, a la vez que observaba por un momento hacia donde se encontraba el verdadero Morten.
    -No sé si habrá otra razón, pero intuyo que la armadura dorada te protegía a pesar de tus intensiones por quien secuestraste…era rehén de ello…
    Voy a defender lo que la voluntad de la armadura quería…-Expresó el lemuriano a aquel ser.

    -¡¿Estás diciendo que aún no…?!-Exclamó Gamel antes de ser interrumpido, y es que aquellas últimas palabras le habían dado a entender que su camarada en verdad no había muerto ante aquel último ataque del malvado.

    -Aún no…-Confirmó Telos con una sonrisa justo antes de que extrañamente sobreviniera en los presentes una sensación como si flotaran, paso siguiente la oscuridad en la que se encontraban envueltos se disipó poco a poco hasta hallarse nuevamente con el paisaje antártico en que estaban luchando. Habían vuelto a la batalla y a si mismo regresaron las heridas y lo que cada uno padecía…¿aquello había sido una experiencia extracorpórea, o algo por el estilo?

    -¿Qué es lo que vas a hacer?-Pensó para sí el castaño refiriéndose al de cabellos azulados, a lo que había dicho…si la armadura de Ofiuco en verdad había defendido al Morten que estaba siendo manipulado por esa cosa…¿cómo haría para luchar ante él y a la vez protegerlo?...

    Por su parte a varios metros de donde se encontraba el caballero de Cetus estaba el lemuriano que contra todo pronóstico, anterior a aquel misterioso suceso, volvió a levantarse. Al igual que antes con mucha dificultad, pero con una férrea determinación.

    -Ya no está…-Dijo para sí el muviano, haciendo referencia a que aquella fuerte dolencia hacia su corazón había cesado. Había escapado de los efectos de aquella técnica que no hacía mucho amenazaba con matarlo… algo menos para esa lista de posibilidades…
    Sea lo que fuere que hizo había funcionado.
    -Morten, sé que ese que te ha invadido dirá que no sirve de nada, pero sé qué hacer para alejarlo, pero deberé disculparme, ya que en este momento desconozco la manera de hacerlo definitivamente…-Reveló, dándole por un momento esperanzas a Gamel, que ni bien llegaron se fueron al oír que no sabía cómo quitarlo de manera absoluta…¿entonces qué haría?...suponía que debería darle el beneficio de la duda…

    -Muy conmovedor…-Se burló el de ojos verdes de aquellas palabras, voluntariamente alejándose del castaño y aproximándose a Telos.
    El desenlace de aquella larga batalla finalmente se aproximaba, así podía percibirse en el ambiente. Aquel extraño diálogo conjuntamente con las confirmaciones que le trajeron al lemuriano daban para esa sospecha.



    Con un rápido movimiento el malvado lanzó un rayo de energía oscura que raudo se aproximó al de cabellos azulados. Este, sin perder tiempo, dio un ágil salto a la izquierda, evadiendo la técnica. Así mismo, y sorprendentemente, lanzó un par de venablos de fuego directamente a Morten, el que con igual velocidad evitó. Aunque después de ello se encontró con el calor de unas llamas blanquecinas que habían sido enviadas con el fin de vaporizar la nieve de los alrededores.

    -¿Otra vez con eso?, ¿No ves que de nada te servirá?, ¡no!, ¡cierto que no!-Exclamó el pelirrojo arrojando una bola de energía violácea y chisporroteante contra la zona en la que sabía que estaba Gamel, esa era la manera de atrapar al amable caballero que de otra manera se habría vuelto a convertir en un blanco difícil.

    No obstante se encontró solo con el estruendo del golpe contra el terreno, que arrojó más del níveo elemento a los alrededores…

    Repentinamente algo dio contra Morten quien no retrocedió a pesar de aquella sensación que lo agobió por unos instantes. Era fuego de tonalidades naranja que lo rodeaban, pero que también lo hacían hundir en un hoyo que se iba formando en la nieve y ahondando cada instante. ¿Enterrarlo en aquel lugar era lo que buscaba el lemuriano?

    -¡Qué tonto!-Pensó el de ojos verdes antes de descubrir algo que contradijo aquella hipótesis y lo llevó a preguntarse en lo que en verdad tramaba su oponente.

    - ¡¿Tú aquí?!-Exclamó al percatarse de que el caballero de cerberos se había teletransportado a aquel sitio, aquello lo había descolocado…en la débil condición en que estaba podría haber elegido tantos otros lugares para aparecer, ¿pero por qué justamente en un lugar que lo exponía a una batalla tan desigual?
    Daba igual, el malvado lanzó un puñetazo hacia donde el de cabellos azules parecía aguardar. Con rauda reacción este último bloqueó el golpe con una mano, y después hizo lo mismo con un segundo puño. Y no lo soltó…¿qué era lo que intentaba?

    Con violencia Morten intentó soltarse, o en su defecto lanzar contra la frágil pared de nieve a su oponente, quien continuó deteniéndolo. El pelirrojo de por si era más grande en estatura y también más corpulento en comparación con el lemuriano, pero se notaba el esfuerzo de este último en permanecer allí firme.

    -¿Crees que resistirás luchando de esa manera?, hace rato lo dije y lo repito. Es inútil que te resistas, la sangre que pierdes poco a poco te debilita. Pero me facilita la tarea…–Dijo el de ojos verdes con sonrisa burlona.

    -Lo sé, pero sin embargo no por eso voy a dejar de intentarlo –Se oyó al Caballero de Cerberos decir en su tono calmo de voz, a la vez que un aura blanca apareció en torno a si. Su cosmos reflejaba sosiego, pero a la vez la férrea voluntad que lo estaba caracterizando.

    Una especie de tornado ígneo los rodeó. Los combatientes quedaron en el medio separados por varios metros del contacto de aquella técnica que a pesar de la distancia prudencial resultaba totalmente abrasadora…no parecía la Antártida, de hecho solo podía verse las ardientes “paredes” de fuego azulado que giraban a su alrededor iluminando a quienes continuaban en un combate cuerpo a cuerpo que evidentemente y por lo dicho por el malvado, éste llevaba la ventaja.

    Fue solo un momento, pero el suelo bajo sus pies se derritió a tal velocidad que solo pudieron sentir el vapor que los empapaba para después evaporarse. Su concentración estaba por parte de uno en destruir al otro, y en el caso de este último en resistir lo suficiente.

    Cuando el calor cesó así como el ardiente y luminoso fuego entonces se encontraron con que estaban en una gran y profunda zanja. El riesgo de que el suelo a sus lados colapsara continuaba susurrando que el plan del lemuriano podría ser enterrarlo.

    -¡¡¡Si yo no salgo, tu tampoco lo harás!!! – Exclamó Morten, elevando su cosmos grisáceo. El ambiente a los alrededores de los guerreros comenzó a percibirse enrarecido, y no era de menos, ya que en todas las paredes del agujero en el que estaban atrapados comenzaron a aparecer unos minerales rojizos-transparentes que allí quedaron. ¡Amatistas de sangre!

    Aprovechando ésta superficie puntiaguda que se había formado, así como su ventaja en aquel mano a mano, el pelirrojo acometió a su contrincante con violencia contra aquellas “paredes”. El ataque en efecto acabó como había sido pensado, ya que Telos poco pudo hacer para detener el avance de Morten y también el malvado pudo liberar sus puños. El choque hizo temblar la nieve a los alrededores, que ya sea por suerte o producto de los misteriosos cristales, no se derrumbó.

    Así mismo, aquel impacto evidentemente lastimó un poco más al de cabellos azulados, aunque no en extremo, pero sí pudo verse en su camisa, hacia la espalda, algunas zonas con pequeñas manchas rojas debido a la sangre de las heridas que se habían abierto.
    Por un instante el caballero de Cerberos no dijo nada y quedó estático en donde había caído. Tal vez pensativo, o intentando juntar fuerzas para volver a levantarse.

    -Atmósfera de miedo, ¿contrarrestarla puedo…?-Se oyó repentinamente al lemuriano susurrar, mientras se volvía a incorporar, y un poco de cosmos blanco volvió a aparecer a sus alrededores, aunque con menos intensidad.

    Con la finalidad de volver a hacer que su herido contrincante chocara contra la superficie puntiaguda formada por aquellos minerales cristalinos pero con una coloración rojo sangre, entonces Morten volvió a arremeter. De costado, poniendo mucha fuerza en su hombro y brazo derecho, intentó golpear, pero algo lo sorprendió…Telos lo evitó…y aprovechando esa vulnerabilidad con que había quedado el pelirrojo, ¡también lo embistió!

    Aunque aquel golpe no terminó siendo lo que en un principio pareció, ya que su finalidad no fue devolverle la gentileza de dar contra aquella superficie para herirlo, en cambio desaparecieron del fondo de aquel hoyo, para volver a la superficie, lugar en el que el malvado cayó producto del impacto anterior.

    Aún con la sorpresa del hecho de que nuevamente el caballero de Cerberos había logrado evitar los efectos de aquellos cristales, Morten se vio arrastrado por una fuerza invisible que lo hizo alejarse rodando sobre la nieve. Aunque no de manera violenta, de hecho, era hasta cómico ver al malvado en aquella situación. En cierto momento dio contra una montaña que se levantaba cercana a donde se estaba llevando a cabo la batalla. No fue lo único, ya que dos bolas de fuego se dirigieron hacia quien se encontraba “empotrado” contra la nieve, y presenciando lo que se avecinaba, más dieron sobre el lugar en que se encontraba el pelirrojo, haciendo que cayera un poco más del níveo elemento sobre este.

    -¿Intentas matarme de la risa?, ¡qué divertido!-Se levantó furioso el malvado cubierto de nieve ante lo que además de ser un débil ataque, parecía una burla. No había recibido daño, pero aquel “chistecito” por parte de su oponente había sido más efectivo que un ataque directo.

    De manera impulsiva Morten lanzó tres o cuatro veces seguidas esferas de energía violácea y semitrasparente. Solo quería ver una de ellas, o todas mejor, golpear despiadadamente al de cabellos azulados, quien sin embargo mostró gran agilidad al evitar algunas y después impactar las otras con unas llamas de tonalidades azuladas.

    No se limitó solo a eso, ya que una técnica dio contra el malvado, aunque no fue con una potencia grande y a propósito.
    Un “Venablo de fuego” de tonalidad rojiza y tenue golpeó a Morten e hizo una leve explosión, tan débil que no hizo más que empujar a su objetivo otra vez contra la montaña, y graciosamente hacer que un poco de nieve cayera sobre éste.

    El malvado volvió a levantarse, y de manera muy dificultosa intentó calmarse. ¿Es que el propósito de ese “jueguito” era enfadarlo?, ¿o simplemente lo atacaba de esa manera por cumplir?

    -No sé a qué se deba ese cambio en la batalla, pero ya lo he dicho, ¡no puedes aguantar ese ritmo por mucho!-Exclamó el pelirrojo, y se abalanzó a combatir cuerpo a cuerpo con quien sabía o suponía que no resistiría ese tipo de lucha de manera efectiva, tal y como había ocurrido antes en la batalla.

    Un golpe, otro golpe, no lograba dar con su objetivo, que hizo gala de esa agilidad que Morten creía haber anulado. Con saltos cortos era evitado, estos no eran nada sutiles, y en cierto modo reflejaban que a pesar de estar esquivando los embates, la cruel jugarreta del malvado no había sido inútil del todo.

    Cuando por fin un puñetazo impactó contra uno de los hombros de Telos, el atacante se encontró con otra sorpresa, además de aquello que le había causado disgusto, y es que nuevamente de la nada comenzaron a formarse pequeñas bolas de un tenue fuego rojizo en frente del lemuriano, y se dirigieron hacia el malvado. A pesar de saber que eran débiles ataques, Morten tuvo que retroceder de un salto ya que al final algunos de ellos golpearon la zona del suelo cercana a los pies del malvado, quizá siendo parte de otra de esas “bromitas” que el lemuriano hacía. De todos modos alguno llegaba a golpearlo, aunque no fuerte y lo hacía tropezar.

    De ahí los ataques se transformaron en un intercambio de técnicas. Llamas rojizas volaban hacia el pelirrojo, y bolas de energía violácea hacia el muviano. Ambos esquivaban aquello que venía en su contra, podría decirse que con gran paridad.
    Paralelamente Morten persistía en su intento de calmarse.

    -Y por fin te has dignado a atacar…aunque patéticamente, pero admito que ésto se encuentra mejor así…-Comentó, aún un tanto enojado, y es que no comprendía esa forma de luchar de su oponente, que más que una batalla por su vida, parecía un inocente juego con nieve. Aunque no era al único que le daba cierto disgusto, alejado de ahí observaba Gamel, sin dar crédito de aquella manera en que su camarada estaba combatiendo. Por un lado el hecho de que estuviese atacando directamente y de manera más regular al malvado le parecía ya un avance, pero no entendía del todo porqué débilmente. Suponía que era por “esa pequeña luz” que habían visto, pero de ser así, ¿de qué manera ayudaba, valga la redundancia, a ayudar a Morten?

    -Y aún no puedo volver a levantarme…pero de todas maneras, ¿habría cambiado en algo las cosas?...lo dudo…-Se dijo el castaño aún con mucha negatividad –Me siento como un inútil, no puedo intervenir…pero debería creer más en Telos, aunque su modo de luchar me enerva…-Reconoció.

    Volviendo a la batalla, la estrategia del pelirrojo había cambiado a no solo acercarse, sino que desde allí también intentar asestar alguna esfera de energía de manera directa. Sorprendentemente el de cabellos azulados raudamente lo evitaba a pesar de todo, e intentaba contraatacar con pequeñas bolas de un fuego tenue y rojizo que al chocar con alguna superficie hacían una pequeña explosión, pero el resultado era el mismo, ya que el malvado también lo eludía. De todos modos ninguno de los dos cedió, y volvió a repetirse el mismo ciclo, una y otra vez. Podría decirse que en lo que iba de aquel mano a mano entre Morten y Telos, aquel momento era en el que parecían más igualados. Y era un tanto sorprendente que todo esto ocurriera cuando las fuerzas de uno de los combatientes deberían estar más reducidas.

    De repente un estruendo reveló que no solo uno, sino los dos contrincantes habían por fin acertado su ataque al mismo tiempo, cayendo cada uno a un lado contrario producto del impacto.

    El pelirrojo se levantó primero, como era de esperarse, el golpe que había recibido contra una pierna había sido muy débil.
    De todos modos, un instante después el caballero de cerberos estuvo otra vez de pie y alerta como para esquivar algún posible embate que el malvado hubiese pensado hacer producto de su desprotección. El ataque que recibió había sido mucho más violento que el que había enviado, de eso no había duda, y había dado contra su pecho.

    La respiración del lemuriano era reflejo del esfuerzo que estaba realizando, rápidamente inhalaba y exhalaba el aire que podía y le ayudaba a seguir de pie, a pesar de que poco a poco en su situación perdía sangre. Parecía concentrado en seguir adelante en aquella batalla a pesar de todo, ignorando justamente otra gota del rojo elemento que desde su mentón cayó al níveo terreno.

    De repente sobre la zona en que estaba Telos se precipitaron unos rayos que iluminaron el lugar por un instante. Era la misma técnica que había usado Morten previo a aquella experiencia que había mostrado lo que en realidad ocurría con el malvado. Pero a diferencia de aquel momento, el ataque no dio con su blanco, que con mucha agilidad salió del lugar de impacto con un salto.
    Pero no fue lo único que hizo el peliazul, ya que volvió a insistir con lanzar aquellas pequeñas bolas de fuego que hacía rato venía usando.
    Con varios movimientos cortos el malvado también consiguió evadir los endebles ataques.

    -Este sujeto aun siendo un caballero de plata es más ágil que yo…si quisiera podría haber usado eso a su favor para atacar desde un principio…qué tonto-Pensó un tanto más calmo, aunque bastante contrariado por lo que ocurría. Era como si contrariamente a lo que se esperaría, mientras más difícil parecía el panorama para el caballero de Cerberos, al menos juzgando por su estado, mejor luchaba.

    Intentando encontrar ese punto en el cual el lemuriano tendría otro traspié -producto de sus heridas- es que el pelirrojo volvió a mandar otro rayo para intentar liquidarlo de una vez, pero su oponente no tenía eso entre sus planes, y de ahí generó otro desconcierto.
    Velozmente la descarga eléctrica se precipitó sobre su objetivo, quien al mismo tiempo retrocedió y envió una horda de fuego de tonalidades rojizas que al principio pareció formar tres cabezas cánidas. Allí se unieron en una especie de fauces flamígeras que “engulleron” el rayo, aumentando dramáticamente la intensidad de las llamas que por poco no impactaron de manera directa contra el malvado que volvió a caer. Podría decirse que aquel había sido el ataque de más potencia que el peliazul había mandado hacia su oponente, aunque haya sido ayudado por la técnica que absorbió, y de todas maneras desde el principio sin la intención de golpear de lleno.

    Morten se hallaba con cierta sorpresa por el hecho que su oponente ahora se encontraba planteándole el combate de una manera un tanto diferente.
    Aunque aún parecía con la intensión de no matarlo, se notaba que el lemuriano se había vuelto un blanco más difícil…eso sumado a los ataques que se notaba que eran débiles a propósito…¿qué pretendía con ello? Daba igual…si el que creía que era su principal punto débil -físicamente hablando- al final no lo era…había algo más que podía hacer para volver a dejar la balanza en su favor –que en ese punto estaba igualada- por más que solo fuese una distracción adicional…o así se le ocurría.

    De un salto el pelirrojo volvió a incorporarse, y con la resolución tomada que le provocaba una sonrisa burlona en la cara, se lanzó otra vez a combatir cuerpo a cuerpo, donde le dejaba menos tiempo de reacción a su oponente, así como que le permitía llevar a cabo su cometido.

    Nuevamente el combate estuvo marcado por los esquives así como los ocasionales ataques que ambos enviaban. Bolas de energía y “Venablos de fuego” volaban de un lado a otro e impactaban contra el terreno nevado. A pesar de la distancia, ambos daban lo mejor que podían por no ser derribados por las técnicas del otro. Aunque en base a eso, rápidamente pasó por la mente del malvado una idea para alcanzar a su objetivo: En cierto momento se dirigió hasta el peliazul, a pesar que algunas de las llamitas que le fueron lanzadas dieron contra sí, y sabiendo de antemano que no eran ataques fuertes, fue que Morten con un pequeño esfuerzo no se dio de bruces contra el suelo y continuó de largo -directo hacia su oponente-. Su sonrisa decía que ya estaba en dónde quería, y que el lemuriano no escaparía de ese golpe que tenía en mente, como de hecho no ocurrió.
    Como pudo Telos resistió en el mismo lugar en que estaba el ataque inicial, que se trató de un gran disparo de una energía negra rodeado ocasionalmente de unas chispas violáceas que fue justo a dar con violencia contra su pierna derecha. Pero no fue todo, ya que como combinación la siguiente técnica del malvado se trató de una horda de las llamadas “amatistas sangrientas” que ocurrió casi que instantáneamente después del ataque previo, y dio de lleno contra el caballero de cerberos, que tras ser lanzado a varios metros cayó con pesadez contra la superficie helada.

    Gamel como muchas otras veces dentro de esa batalla volvió a intentar ponerse de pie, sin tener éxito. Le era frustrante ser solo un espectador, y no poder intervenir. Una y otra vez volvía a maldecirse por aquel ataque de furia que lo dejó como se encontraba…si solo hubiese podido tomarse aquel momento con un poco más de mesura, ahora tal vez podría encontrarse luchando . Pero aquello no era más que un hubiera, en ese instante solo podía observar con esa impotencia de no poder intervenir, o tomar el lugar de su camarada en aquella batalla. Sumado a eso, ese cargo de conciencia que le seguía generando el hecho de saber que por su propia ineptitud su amigo había perdido más que su vista le generaba aún más dolor.

    Tras el impacto de las técnicas del malvado, y como era de esperarse, el peliazul volvió a intentar levantarse, aunque algo no andaba bien, que se sumaba a las heridas que ya tenía. Un dolor punzante en donde había sido golpeado primero en aquella arremetida del malicioso, así como un poco de sangre que se hizo presente en esa zona revelaron el recurso que se le había ocurrido utilizar al pelirrojo: reducirle esa agilidad que tenía. Así mismo el efecto que tenía la técnica que lo había dejado en el suelo continuaba perturbándolo. Era como si en base a sentimientos negativos provocados por la sola presencia de aquellas piedras, perdiera la concentración, y le dificultara algo que le parecía tan simple como desaparecer de allí para aparecerse en otro lado. ¡Que jugada astuta!
    Casi que adivinando el próximo paso que daría Morten, como pudo se movió rápido de allí.

    Solamente apoyándose en la pierna que no había sido herida Telos consiguió dar un largo salto hacia un lado, con lo que cayó frente al castaño. Aún no se había vuelto a levantar, y por el estado en que estaba parecía poco probable. Pero hacía rato que se encontraba desafiando esas posibilidades, y aunque el malvado le había dificultado aún más la tarea, ya encontraría una solución.

    Un nuevo ataque sobrevino, esta vez en contra de ambos caballeros de plata.
    Del suelo cientos de rocas afiladas se alzaron con el fin de lacerar a sus víctimas, todo alrededor de los desdichados temblaba por la violencia de las aguzadas que raudamente aparecían.

    Otra vez los heridos parecían perdidos, pero el pelirrojo había olvidado un detalle, que hizo que su técnica solo acabara rodeando a “sus presas”.
    El cielo alrededor de estos se mostraba diferente, como algún lugar distante en el cosmos.
    Bajo aquel manto oscuro podía verse estrellas lejanas que centelleaban de tanto en tanto, así como planetas desconocidos. ¡Era aquella defensa con la que hacía no mucho había lidiado!

    Con mucho esfuerzo Telos quedó simplemente de rodillas en el suelo, debía intentar pensar qué hacer en aquella situación aún más desfavorable. Ya no podía moverse con la misma facilidad que antes, también le era un tanto más difícil ubicarse. Así mismo, si bien algunas heridas habían dejado de sangrar, otras producto del esfuerzo, de tanto en tanto emanaban el rojo fluido que por consiguiente aportaba en quitarle fuerzas. Este panorama a pesar de lo negativo que parecía, no le había quitado todos los recursos que podía usar para intentar terminar la batalla. Debería usarlos si es que deseaba seguir.

    Mientras continuaba pensando en qué hacer, un poco de su sangre volvió a ser derramada producto de un tosido, aún la duda de si sería por una herida profunda o no persistía.

    -No puedo dejar la batalla sin darlo todo por el todo, y más aún cuando hay mucho en juego. –Pensó el lemuriano ante la mirada confiada de Morten, y la incertidumbre de Gamel, quien volvió a intentar levantarse, aunque esta vez solo quedó de bruces en el suelo.

    - Ante la sombra que se cierne me quedo,
    En sus tinieblas, allí me encuentro absorto,
    Escapar no logro, confrontar sí puedo,
    Con esperanza, un destello me conforto,
    Raudo, radiante, que el miedo desvanece -Se dijo el caballero de Cerberos en palabras que encerraban más que el hecho de que ahora no podía moverse con tanta facilidad.
    Y aún a pesar de todo después dio una sonrisa: No por ello abandonaría la idea de cumplir con lo que les habían encomendado, a su manera, pero cumplir al fin, ni tampoco dejaría a su suerte a su camarada que aún con cierta sorpresa observaba.

    Varios metros a la derecha de Gamel se vio algo que se movía entre la nieve, y casi al mismo tiempo salió disparado hacia donde estaba Telos, ¡era la Cadena de Cerberos!
    Esta acabó flotando enfrente de quien en verdad la había traído mediante telequinesis. La finalidad fue apoyarse en el arma después de levantarse de una manera más costosa, intentando sostenerse más en su pierna izquierda, pero también dejando algo de peso en la derecha, cosa que de seguro aumentó ese suplicio del que sería víctima a pesar de demostrarlo mínimamente.

    Cuánta determinación mostraba el caballero de cerberos…aunque nunca el castaño había podido comprobarlo de la manera como lo estaba haciendo en aquella situación, toda esa batalla.

    Ni bien aquel cielo extraño se desvaneció, las afiladas rocas que habían sido detenidas previamente siguieron su movimiento. Los dos santos de plata comenzaron a flotar, evidentemente aquello había sido por la telequinesia del lemuriano para alejarlos como pudo de lo que venía en su contra. Pero de esa manera aún estaban a merced de la técnica de Morten, así que posiblemente Telos utilizó el “Rugido de cerberos” más fuerte en lo que iba la batalla. Una potente llamarada puramente de tonalidades azuladas, y que representaba tres cabezas cánidas, se dirigió en rumbo de colisión con las aguzadas que en ese momento los amenazaban.
    Insólita imagen -dado el lugar en que estaban- se dio tras del choque de técnicas, al caer las rocas fundidas sobre el gélido suelo antártico que también había sido afectado previamente y una parte se había directamente evaporado producto de las altas temperaturas a las que había sido expuesto.

    Tras aquel evite algo desesperado, de manera un tanto violenta los caballeros de Athena cayeron contra una parte del manto helado que no había sido afectado por el abrazador fuego. Aún la presencia a los alrededores de aquellos extraños minerales cristalinos y rojizos se hacía sentir, y a Telos le perturbaban en cierto sentido. Eran generadores de una especie de atmósfera que potenciaba los bajos sentimientos, miedo, tristeza, desesperanza, entre otros, y ya sea por esa o una razón desconocida parecía afectar lo que fuese telequinesia.

    -Lo siento Gamel-Se disculpó el peliazul por el golpe, y volvió a intentar levantarse…él mismo y también la cadena de cerberos, que comenzó a flotar de una manera un tanto precaria.
    Apoyando su mano izquierda contra la rodilla del mismo lado, el muviano se fue ayudando. Mientras su brazo temblequeaba, un hilo de sangre, producto del esfuerzo, corrió desde uno de sus ojos, uniéndose a otros que convergían en su mentón, lo que generó que otra gota se precipitara.

    Tras insistir en incorporarse, el combatiente volvió a hacer aquel gesto como mirando el cielo, pensativo. Dado el rumbo de los acontecimientos, y analizando lo que hacía Morten, se dirimía cuál sería su siguiente movimiento. No, ya tenía una idea que aparecía firme hace mucho rato en la batalla, más de manera breve pensó en los contra y también si era el momento apropiado.

    Repentinamente Gamel oyó una voz…pero directamente en su mente…telepatía…sí era eso…
    “Sé que en este momento lo que te voy a pedir puede sonar abusivo, pero necesitaría que vuelvas a usar el infierno de hielo una vez más…pero no aún…”.
    Se trataba de Telos, al parecer ya sabía qué hacer, no obstante el castaño temía cuál sería la intensión tras el pedido.

    -¡¿Cuándo?!-Reprochó sospechando lo que haría. Pero la respuesta no fue inmediata…

    El cosmos del lemuriano comenzó a elevarse hasta un nivel que no se había visto en el emisor hasta el momento. El sol se encontraba en el horizonte, bañando todo de un color naranja, pero como un foco de nívea luz que transmitía paz a quien estuviese cerca, los alrededores del santo de cerberos se iluminaron aún más. ¿Qué haría?

    -Ya lo supones…-Dijo esta vez hablando el peliazul, de manera breve y enigmática, a la vez que continuaba irradiando aquella energía de un blanco puro.

    -No, no lo hagas, ¿por qué recurrirás a eso? Esa técnica no tienen que ser usada en el estado en que estás, NO sigas…-Dijo Gamel a la vez que no podía quitar de su mente la escena de la última vez que había visto a uno de sus maestros con vida.

    ***************************************
    Tras una noche violenta que arrastraba su devastación hasta aquel momento, una mañana de primavera hacía su presencia. En un tupido bosque de Noruega los primeros rayos del sol se filtraban e iluminaban en parte a una gran criatura reptil de color marrón, lleno de cuernos en su cabeza, y cuyos ojos parecían ámbar. No estaba solo, ya que al otro lado estaba el que era su contendiente, un hombre de mirada penetrante, ojos rojos y cabello negro largo y enmarañado.
    Los dos se encontraban exhaustos tras una larga batalla, evidenciada por la destrucción a su alrededor, pero persistían, ya que para uno, la vida de muchos estaba en juego, y por el otro, la concreción de sus planes corría riesgo.
    Algo más alejados estaban Gamel y Telos, ambos solo eran niños de escasos siete u ocho años que estaban inmersos en aquel desastre que había asolado un pueblo próximo.

    -Nebiros, ya detén esta locura-Ordenó el wyvern.

    -Si estás cansado lo mejor sería que esperes tu muerte, porque en mí no encontrarás clemencia. Ya muchos problemas me han causado como para interrumpir mi plan. Yo mismo ofrendaré sus vidas a mi señor-Le comunicó el tipo ruin, a la vez que formaba una esfera de energía totalmente oscura.
    -Esperaba más pelea de una criatura como tú, más la debilidad que tienes por ayudar a los humanos te ha condenado…no…no solo eso, sino que también la maldición que traes contigo-Añadió, y sin más atacó.

    Por su parte el dragón, que tenía el cuerpo como una serpiente y se encontraba apoyado en sus alas estilo murciélago con membranas de un color verde pantano, ni siquiera se intimidó e hizo que frente suyo, desde la tierra misma, surgiera una bola de éste elemento, de gran tamaño, y de aspecto pesado que se lanzó hacia lo que venía en su contra. Lo curioso era que en el suelo no quedó marca de su aparición, simplemente brotó de allí, como el agua de un manantial.

    Las técnicas no chocaron, sino que la última se introdujo en la primera, y con un estruendo se deshizo, dispersando la negra energía que con la misma violencia que la primera desapareció. Eso provocó una onda expansiva de aire que en el caso del malvado meció sus cabellos con fuerza, y en el de la bestia algo de la piel de sus alas. Incluso los niños que se encontraban más lejos la sintieron.

    -Jamás me rendiré ante alguien de tal bajeza como la tuya que arrebata vidas inocentes con la excusa de sacrificarlas para alguien más.
    ¡Si no te he dado pelea, demuéstrame qué significa eso!-Rugió la criatura.

    -Si es lo que quieres saber… ¡haré que tu corazón se pierda en las tinieblas!-Amenazó el sujeto de macabras intenciones mientras su cosmos de un rojo sangre se expandía y a sus alrededores la atmósfera comenzaba a percibirse enrarecida. Una sensación de temor profundo se apoderó tanto de Gamel como de Telos, aunque intentaban lidiar con ella, ya que los invadió de manera repentina a pesar de que ya tenían ese sentimiento con menos intensidad. En tanto una furia creciente pretendía nublarle el juicio a Regeru, quien al instante supo de qué se trataba.

    -¡Dos pueden jugar el mismo juego!-Le comunicó a la vez que también hizo que su propio cosmos creciera. Ésta energía era de una especie de marrón anaranjado que brillaba con mucha fuerza y a diferencia de la de Nebiros parecía estar equilibrando el cómo se sentían los alrededores. La negatividad retrocedió, aunque solo hasta cierto punto.

    En ese momento el wyvern le dirigió una mirada a los que eran sus alumnos. En su rostro de reptil no podía percibirse ninguna emoción, aunque de seguro en verdad no era así.

    -Ya lo saben, si alguna vez se encuentran en la necesidad de usar esta técnica, recuérdenlo, deben estar fuertes de corazón. ¡Ahora corran!-Se apresuró a decir justo antes que ambos contendientes dieran comienzo a ese ataque mutuo con todas sus fuerzas. Eran las amatistas contra las amatistas de sangre, positivismo contra negatividad.

    Una horda de cristales de un violeta traslúcido se dirigió a su homónima de color rojizo también diáfano que venía en su contra. Cada uno envuelto un cosmos que por poco no dejaba presenciar la escena. Uno por su luminosidad y el otro por esa especie de humo negro en el cual se ocultó.
    Ambas fuerzas chocaron hasta convertirse en una sola y ocultaron a sus invocadores.

    Todo ocurrió tan de repente, que los chicos a duras penas habían conseguido alejarse dos metros cuando la onda expansiva producto de la explosión los hizo avanzar otros tres. A su vez un sonido de roca resquebrajada les hizo saber del poder de aquellas técnicas contrarias, seguido a esto el de un desmoronamiento.
    Mientras cómo podían volvían a levantarse, sentían el temblor en la tierra por la proximidad. Allí vieron para su pena que un gran hoyo se había hecho en el lugar en el que pocos instantes antes se había estado librando la batalla. No había señales ni de su maestro ni del perverso hombre.

    Sin ningún cuidado se acercaron al borde de aquel agujero que se había formado en la montaña en que estaban, rogando porque solo fuese una zanja y volvieran a ver al dragón, más la realidad fue muy diferente ya que aquello era un abismo en el cual no se vislumbraba fondo.

    La tristeza se hizo presente en los niños. Mientras Telos observaba con pena esa especie de gran cráter que se había formado, Gamel de rodillas le dio un puñetazo de frustración al suelo a la vez que una lágrima se derramaba de sus ojos.

    Por más que intuían que eso era el adiós, esa realidad terminó de confirmarse momentos después cuando una pequeña luz blanca flotó desde la oscuridad de la profunda fosa manteniéndose un instante a la misma altura de los jóvenes quienes pudieron ver cómo acabó desintegrándose en cientos de destellos más diminutos que fueron apagándose lentamente mientras volvían a caer al abismo.

    La última llama de vida de Regeru se había extinguido de manera digna. Quizá en el pueblo cercano nadie se enteraría jamás de cómo volvió la paz en esas tierras, pero aquellos que no solo habían sido sus pupilos sino sus amigos jamás lo olvidarían.


    *****************************************

    Como si estuviese viviendo otra vez el mismo dolor de aquel día Gamel permaneció cabizbajo.
    Pensó también en aquello que hacía unos días había leído en su propia letra pero infantil sobre lo que les había dicho Regeru tiempo antes de enseñarles esa técnica: “…nos advirtió que si estamos débiles mejor no atacar con eso, porque exige mucho al corazón...”
    ¿Realmente Telos estaría pensando hacer lo mismo que acabó con su maestro y más cuando hacía poco había sufrido una técnica de Morten que justamente había amenazado con hacer que su corazón se detuviera?, y en el caso de que fuera lo que realmente haría, ¿había manera de detenerlo?...no, seguramente no la había. El castaño bien sabía que su amigo tenía conocimiento de lo que podría pasar y si no tuviese buenas razones no recurriría a eso.

    Algo de repente distrajo al castaño. Descubrió que en su brazo izquierdo había una cosa que parecía reaccionar al blanquecino cosmos que el caballero de cerberos irradiaba, y a su vez parecía expandir esa sensación de calma que se percibía. Todo eso a juzgar porque entre la armadura se filtraba una nívea luz que aumentaba y disminuía en luminiscencia lentamente. En ese momento no sabía exactamente de qué se trataba ese algo, pero el hecho de que sonriendo Telos tiró de un lado de la parte del cuello de su camisa gris tipo oriental como mostrando que había algo que faltaba, le comunicó lo que era.
    Sin comprender cómo, su camarada había sabido lo que en ese instante captaba su atención, fue que Gamel con ese simple gesto entendió que lo que emitía aquella energía en su quebrado antebrazo era una amatista que el lemuriano solía llevar pendiendo de una pequeña cuerda, así entró en cuenta que en cierto momento de la batalla en que había estado inconsciente la piedra había sido atada a dónde estaba ahora. Pero también por el hecho de que ésta estuviese reaccionando ante el cosmos de su camarada, le era una confirmación de lo que estaba por pasar.

    -¿No puedo hacerte cambiar de idea verdad?-Preguntó el castaño con la preocupación que le traía el saber que efectivamente el muviano estaba pensando en lo mismo que él.
    A su vez, producto de aquel cosmos que emanaba su camarada comenzó a sentir que un poco de sus fuerzas volvían…de seguro le estaba cediendo un poco de su propia energía. Sí, si le había pedido aquella ayuda no sería dejándolo a su suerte. Tenía esa certeza.

    -En este momento es la única opción que se me ocurre…no te preocupes-Sonrió Telos.

    -Justamente es eso lo que me preocupa…¿Porqué es que tuviste que seguir el camino más difícil en todo esto?...-Se quejó el castaño en tono malhumorado.

    -El camino más accidentado puede ser más tardado, pero a su vez en su extensión se aprende lecciones que de otro modo podrían no apreciarse. Perdóname si no es una manera usual de enfrentar una situación de este tipo -Recibió como respuesta, en un tono calmo que contrastaba con el suyo.

    -Ya entendí...ya entendí...avísame cuando intervenir...antes de que cambie de opinión y vaya a detenerte yo mismo...-Dijo Gamel con cierto aire de resignación y a la vez una rudeza más calma, intentando no mostrar más enojo del que tenía.

    Por su parte, aquella manifestación lumínica sorprendió a Morten, que al sentir levemente lo que provocaba (producto de su lejanía) comprendió de lo que se trataba, o al menos tenía esa sensación.
    Las amatistas sangrientas que estaban a los alrededores, producto de uno de sus recientes ataques comenzaron a desvanecerse como si nunca hubiesen estado allí. Eso debía ser un anuncio de lo que venía, o así lo sospechaba.

    -¿Será posible que conozca la contra parte de las amatistas sangrientas?...-Pensó el malvado, adivinando también lo que podría avecinarse, y a la vez que se preparó para mandar otro ataque.

    -Veo que aún no te das por vencido-Comentó el pelirrojo a la vez que intentó dirigirse al lemuriano, más descubrió que después de todo su oponente de turno no había estado combatiendo de la misma manera que antes de decirle que lucharía en serio. No…en verdad el poco cambio que había mostrado había sido parte de su estrategia, demostrando que poco a poco igual podía conseguir algo, en aquel caso, a base de ataques débiles dirigidos a un mismo punto en distintas ocasiones había logrado herir una de sus piernas…¡lo mismo que él mismo había logrado hacía poco!, pero curiosamente hasta ese momento no lo había sentido. Lo peor era que había caído en su trampa al arriesgarse la última vez que había sido atacado con aquellas débiles flamitas, dado su aparente poco poder.

    -Perdona el que debiera recurrir a lastimarte, pero no encontré otra manera de combatir dada la negativa a dejarte en paz de quien ahora te domina.-Respondió el referido, de manera calma y aun manteniendo aquella luz blanca que contrastaba con la del horizonte.

    -Golpes débiles…tiene sentido, no deseaba matarlo…¿Todo este tiempo nos habías hecho creer que no sabías lo que hacías?...fuiste muy convincente, he de admitirlo…-Pensó Gamel mirando en silencio a Telos con la misma sorpresa que mostraba el malvado.

    -Me has mostrado que ese a quien le hablas aún no ha muerto, pero ya me encargaré de él, ahora es el turno de ustedes dos.-Anunció Morten, elevando su cosmos gris con la misma imponencia que su rival de turno, a su vez que una especie de humo negro les hizo saber a los presentes de lo que se trataba. La misma escena de cuando habían visto a su maestro con vida la última vez se repetía, y eso continuaba generando la misma inquietud en Gamel que se preguntaba si todo terminaría allí y acabaría solo hasta que por secuela de sus propias heridas muriera.

    -“Aunque algún día la balanza se altere, el odio inunde el alma de cada ser y todo parezca perdido, mientras exista un ápice de amor guardado en algún lugar, nuestro deber, y convicción -en gran parte de los que luchamos por Athena- es la de seguir confiando y velando por este.”
    La vida de los inocentes entra en esa definición –Le dijo el lemuriano, quien sin demostrarlo también por dentro se preguntaba qué hacer ante ese panorama que se presentaba. Si funcionaban de la misma manera, las Amatistas sangrientas de Morten tenían dos variaciones. La más débil que era la que había usado en la cual el mineral continúa en dónde salió y después la más fuerte que sería la que estaría por enviar que hacía sentir su influencia de manera mucho más clara, si es que en el anterior caso no lo era, y a su vez de quererlo tenía un poder de devastación también importante, aunque en dicho caso las piedras eran solo como fantasmas.

    -¡Mientras exista ese ápice, luchare para aniquilarlo!-Respondió de manera breve el malvado, detonando ese momento decisivo. Una horda de minerales rojizos trasparente se lanzaron en contra de Telos, rodeados en una densa niebla negra. Más la técnica de su contrincante dejó a todos descolocados. Una especie de ola de fuego de tonalidades azules intensas y con forma de tres fauces caninas se lanzó hacia el ataque que lo triplicaba en tamaño.

    -“Por más adversa que la situación pueda parecer…¡No puedo rendirme!”-Susurró el muviano emulando una frase que había dicho Gamel en un momento de aquella batalla. Quizá porque lo que siguió resultó ante la mirada incrédula de los otros como un acto temerario. Con su pierna que no había sido lastimada y con esfuerzo dio un salto que tras su propia técnica lo hizo entrar justo al centro de aquel humo negro, el mismo se cerró y continuó su trayectoria en línea recta dejando en uno la sensación de una posible victoria, mientras que en el otro la incertidumbre del objetivo de exponerse de esa manera.
    Era cierto, debido a que una colisión de contrapartes acabaría posiblemente en un resultado como el que en el pasado habían visto, es que Telos se habría decidido por algo igualmente arriesgado, más diferente, ¿pero por qué no había usado aquella técnica del cielo extraño?, ¿Cuál era el motivo real detrás de exponerse a algo que seguramente lo lastimaría en el mejor de los casos?

    Las llamas no habían logrado llegar ante Morten, parecían haber cedido ante el poder de las amatistas sangrientas, sin embargo una especie de estallido de luz a poco más de un metro de él, en medio de la niebla lo tomó por sorpresa. Esa emanación de energía de manera muy localizada logró dispersar y en parte absorber lo que quedaba del ataque en su contra, revelando que allí, frente a frente se encontraba el lemuriano aún envuelto en ese cosmos blanco, posiblemente había decidido usar una variante demasiado reducida de las verdaderas “Amatistas del alma” en la parte que sabía que podría ser efectivo.

    Con todo el ataque del malvado no había sido infructífero ya que el caballero de Cerberos parecía estar con más dificultad para tomar la cadena que flotaba de una manera no muy estable y de la que se asía para permanecer de pie. Aunque parecía firme en su lugar a pesar de la evidente debilidad de su propio cuerpo, no se apoyaba del todo en su pierna derecha que sin embargo a juzgar por la húmeda sangre que se veía, era probable que hubiese sostenido su peso en algún momento de aquel movimiento insólito al que se había arriesgado. Pero no era todo, la nieve sobre la que estaba también daba indicios de su esfuerzo por presentar varias manchas del rojo fluido que la habían teñido.

    -Lo logró después de todo…eso me recordó a la “onda expansiva” que a veces uso de manera defensiva u ofensiva…¿Será que el primer ataque lo usó para debilitar una parte de las “Amatistas sangrientas” que venían en su contra, y de esa manera pudo llegar a la distancia necesaria para cortar esa técnica de raíz?...¿pero la pregunta es por qué te arriesgaste de esa manera?-Pensó Gamel totalmente asombrado por lo que había presenciado.

    -¿Pero qué…?-Preguntó Morten, a pesar de adivinar de la misma manera que el castaño qué era lo que precisamente había ocurrido.

    -Ese es…el rugir del cerbero que defiende el santuario…-Le anunció de manera seria pero aún con cierta sorpresa éste último. A pesar de que no era precisamente la técnica que se conocía de aquella manera (“Rugido de Cerberos”), era la mejor forma en la que podía describir lo que había ocurrido.
    A diferencia de la criatura mitológica que defendía el inframundo, este Cerbero formado únicamente por el imaginario de los presentes, así como las acciones de quien llevaba la armadura que lo representaba, no era para nada aquella bestia agresiva que con brutalidad conseguía su fin, sino al contrario, era un ser pacífico que no gustaba de la violencia, a pesar que de tanto en tanto era obligado a recurrir a ella.
    Eso sí, aquello que tenían en común era proteger algo, en el caso del perro de tres cabezas del infierno, no dejar escapar a las almas, y no dejar ingresar seres vivos. En el caso del del santuario, proteger esa paz que amaba, y que implicaba defender a camaradas, inocentes, e incluso, en cierto modo sus supuestos enemigos.

    -Podrías haber acabado con él antes, tuviste una oportunidad, pero lo subestimaste-Agregó además Gamel-…aunque yo también llegué a subestimarlo-admitió para sí.

    -…y en éste momento no será así, míseros caballeros de plata-Respondió Morten impulsándose con su pierna sana, envolviendo uno de sus puños en una energía negra, y que a los bordes tenía su cosmos gris, su objetivo era Telos aprovechando la cercanía a la que había quedado. Más algo no andaba como debería ser usual para el pelirrojo, ya que ni bien estaba al lado y dispuesto a golpear al lemuriano, no solo se esfumó la manifestación de su técnica, sino que el puñetazo en la mejilla que acabó asestando fue menos fuerte de lo deseado. No obstante consiguió voltear a un lado la cabeza del atacado con cierta violencia, y si no hubiese sido por la cadena de Cerberos en la que se apoyaba éste último, lo hubiese hecho caer.
    Así quedaron estáticos por un momento, el malvado aún con su puño contra la mejilla del otro, y el peliazul pareciendo mirar a su atacante. Era difícil saber qué pasaba por su mente, pero estaría evaluando algo en el actuar del cruel sujeto. Por su parte, y como en ocasiones previas, ésa mirada le provocaba a Morten desagrado. A pesar de su estado transmitían lo mismo que toda esa energía blanca a su alrededor.

    Ya que lo tenía allí en frente, nada podía detenerlo de asestarle un ataque más fuerte. Sentía esas ganas de acabar con la batalla de una vez, matar al caballero de Cerberos que tan resistente había resultado, y después vengarse de Cetus, aquel que le había quitado la posibilidad de usar la armadura de Ofiuco. ¿Cómo acabaría con su vida?, ¿Con un oscuro rayo?, ¿con una bola de energía?, ¿con una horda de fuego tal vez?, ya le daba igual.

    -¡¿Pero qué es esto?!-Terminó exclamando el pelirrojo con furia, al ver que no podía moverse, ¿Qué clase de jugada había sido esa?

    -Parte de ti no quiere salir de aquí-Sonrió Telos, respondiendo a la pregunta de Morten.
    ¿Cómo era posible?...¿cómo era posible que no pudiese sobreponerse a algo que le parecía tan tonto, o que le parecía totalmente inofensivo para sí?, se volvió a cuestionar el malvado. Era cierto, aquella parte de sí que creía prácticamente asesinada no le estaba permitiendo ni atacar ni tomar distancia, y por ende aquel puñetazo sería su último ataque en años.

    De repente todo quedó envuelto en una nívea luz, y de ésta emergieron como una gran ola, amatistas de un tamaño mayor a las normales, éstas iban desde el transparente en su base, llegando al violeta intenso en la punta. Cada una se veía muy lustrosa y un poco difusa, lo que hizo ver la escena como una especie de ensueño.
    La horda atravesó de lado a lado a Morten como si fuesen fantasmas. Dicha fuerza lo hizo ser arrastrado, a la vez que algo similar a un gas de color negro salió de su interior y fue absorbido por los minerales.
    A pesar de que solo fueron segundos, todo pareció ir en una inusual lentitud. El malvado se dejó arrastrar y ya no mostró señales de resistencia.
    Gamel presenció aquello con la misma maravilla de un niño, y es que la atmósfera a su alrededor había cambiado de una forma total a lo que había sido el trascurso de la batalla, sus miedos podrían volverse realidad en un futuro muy cercano pero fue como si se desvinculara por un instante del futuro y del pasado, y por una vez en años disfrutó del momento. Extrañamente no sintió dolor, todo fue efímero, pero tuvo una sensación de paz y regocijo. Lo sabía, la batalla con aquel malvado ente estaba llegando a su fin.

    -¿Cómo?…era la interrogante, me temo que aún no tengo la respuesta, pero si logro salir de esta, buscaré esa solución…-Susurró el lemuriano de una manera para los demás inaudible, refiriendo a la situación por la que pasaba Morten, y después de ello cayó de rodillas al suelo, derramando otra gota de sangre, más sin dejar de poner empeño en continuar con esa técnica.

    No sentía aún cuál sería el efecto secundario de las “Amatistas del alma”, ya que su cansancio producto de la batalla le hacía difícil diferenciar si ya algo estaba ocurriendo, o si por el contrario no. Se estaba arriesgando a sobremanera con esa decisión que ya no tenía vuelta atrás y bien lo sabía. Las mismas palabras que recordaba Gamel de parte de Regeru, su primer maestro, resonaban también en su mente: “deben estar fuertes de corazón”. Esa sola frase por muchos años le había resultado un tema recurrente en numerosos momentos de abstracción, pero el que era su segundo maestro, Kalegeo, le había dado un día un indicio fundamental de que no tenía por qué ser algo letal: “Lo único que sé al respecto, es que si usas esa técnica, dependerá de ti el que no te lleve a la muerte o a la locura”.
    Ocurriese lo que ocurriese, desde el instante que confirmó que algo había poseído a Morten había sabido que lo que ahora se encontraba haciendo era el único camino posible para liberarlo de lo que lo aquejaba, más no de manera total y libre. Tampoco conocía otra forma, así que para intentar salvar la situación a pesar de las consecuencias, se había expuesto a comprobar ese gran misterio.
    Vida o muerte eran las opciones, ambas igualadas dada la incertidumbre de lo que podría pasar, pero lo que a pesar de todo le provocaba una sonrisa era el hecho de que aun pereciendo, con eso les daba la chance a Gamel de sobrevivir, y a Morten de encontrar en un tiempo futuro una segunda oportunidad para escapar de ese mal que lo ataba.
    A su vez en lo más hondo de su ser sentía que debía tomar ese riesgo y a esa especie de sentimiento de responsabilidad se encomendó.

    “Ahora, en la misma dirección de las amatistas” oyó Gamel en su mente, era la señal del lemuriano para que usara la técnica que hace un rato le había pedido. Eso le trajo otra vez a mente esas preocupaciones que por un breve lapso de tiempo habían desaparecido. Más se obligó a que no le ganara la ansiedad de comprobar lo que la técnica le provocaría o estaba provocando a Telos, y cumplió con su parte.
    De un salto adelantó a su camarada, y a pesar de encontrarse en terreno llano, una avalancha se formó frente al castaño. La nieve como olas embravecidas se dirigió hacia donde se encontraba Morten, y lo “engulló”.
    Al principio la razón de tal pedido no encontraba aún explicación. Pero en medio del camino de la técnica se divisó algo que había sido creado en un momento de la batalla. Aquel profundo hoyo en el que habían luchado el pelirrojo y Telos. ¡Después de todo el plan había sido enterrarlo!, pero eso también provocó ciertas dudas en Gamel, que sin embargo se las guardó para preguntar después, siempre y cuando eso fuera posible.
    Con fuerza el níveo elemento cayó dentro del agujero, tapándolo por completo llevando consigo a quien había pretendido matarlos.
    Casi que al instante que la nieve comenzó a llenar el pozo fue que cosmos de Telos dejó de ser visible, dejando el paisaje con la misma luz de tonalidad naranja del sol en el horizonte que los había visto comenzar el combate.

    Cuando la atención de Gamel pasó a estar nuevamente en el efecto de las “Amatistas del alma” si bien descubrió con agrado que su camarada estaba vivo, eso a juzgar porque su energía aún se sentía, aunque muy disminuida, algo extraño se percibía en la cercanía. Así fue que cuando volteó a ver de qué se trataba, se dio cuenta que provenía del mismo Telos, y a su vez entendió realmente lo que alguna vez su maestro había dicho.

    Ahí, de bruces en el suelo se encontraba el peliazul, apoyando su frente en una de sus manos, a la vez que no parecía estar pasando bien ese momento. De tanto en tanto su cosmos volvía a aparecer, para después desaparecer. Pero no era la misma blanca y nívea energía, ni tampoco se sentía la misma paz que transmitía, no, esta se encontraba entremezclada con negro.

    -Quiero…pero realmente no quiero…-Murmuró el lemuriano, en aquella situación en que se encontraban. A su vez que Gamel retrocedía unos pasos cortos y solo podía observar aquella manifestación de la técnica que por mucho habían creído que funcionaba de otra manera.

    Unas llamas de tonalidades naranja comenzaron a girar en torno del caballero de Cerberos, tomando precisamente la forma de tres cabezas cánidas que permanecieron tras de su invocador, pero apuntando hacia el castaño. ¿Ese era el efecto colateral de las “amatistas del alma”?, ¿que la agresividad se apoderara de él?, ¿Realmente lo atacaría?...no, no debía ser simplemente eso…

    Por el color del fuego Gamel dedujo que si Telos lo iba a atacar, era porque deseaba asestar un golpe lo más débil posible, o sino por el contrario, que en verdad “quería” atacarlo con todas sus fuerzas. Esta última opción por más extraña que sonaba, tenía su lógica. El castaño bien sabía que a diferencia de la mayoría de los ataques que había visto en su vida por parte de otras personas o incluso de los propios, la intensidad de las flamas en las que se manifestaban ciertas técnicas del lemuriano estaban ligadas intrínsecamente al alma y refulgían según la armonía con su ser. En otras palabras, por más que su mente pudiese decirle que ataque lo más fuerte posible por odio, eso contradeciría su verdadera esencia, y la calidez del fuego en ese “máximo” punto posible del rango que querría optar sería bajo, un ataque débil como el que demostraba.

    Ese hecho hizo pensar a Gamel sobre su propia experiencia con aquel “Infierno de hielo” altamente destructivo que había usado y potenciado por una sensación de odio, y sobre cómo a diferencia de él, su amigo era incapaz de llegar a algo así por los mismos medios.
    Igualmente la situación le preocupaba…tenía un poco de fuerzas como para enfrentar a su camarada, pero éste debido a la intensidad de la batalla estaba por exprimir lo que le restaba de la misma de aquella manera contra su verdadera voluntad…

    Con esas cavilaciones, el castaño no se había percatado de que Telos ya se había vuelto a poner de pie. Aún su cosmos permanecía fluctuante, al igual que las flamas con forma de cerberos que se contraían y volvían a expandir hasta la zona que abarcaban en el aire, amenazantes. Con tonalidades que marcaban la poca potencia que tenían, pero que aun así podían lastimar. De todas maneras aún el ataque no se concretaba.

    -¿Qué es lo que te ocurre?-Le preguntó Gamel en un intento por aclarar lo que realmente estaba pasando.

    -Esto que siento…es muy denso…-Dijo brevemente el de cabellos azulados, y con voz suave pero en cierto modo sufrida.

    -¿Atacarás?-Volvió a indagar el castaño.

    -No lo sé…re-retrocede…-Recibió como respuesta, y recomendación como para prever lo que podría pasar.

    El caballero de Cetus lo único que pudo hacer fue mirar con impotencia la situación. ¿Qué hacer ante eso que aquejaba a su camarada, como si fuese un último ataque de Morten…las “amatistas del alma”, aquello a lo que el lemuriano se había arriesgado a usar siendo que se les había advertido que “debían estar fuertes de corazón”, al fin no había resultado un dicho literal, y en ese momento lo que parecía una lucha interna del de cabellos azulados lo confirmaba, era una expresión referida a que debía permanecer firme a sus principios, a lo que sentía en lo más profundo de su ser.
    Lo que ambos ignoraban pero en ese momento en cierto se estaban dando cuenta era que esa técnica trabajaba de manera un tanto similar a lo que se dice de la roca que le da nombre, que absorbe energías negativas. En su caso, la luz propia del “ataque” tomaba parte de esa energía, y el usuario otra, intercambiándola por su energía positiva en el proceso. El fin de ese “sacrificio” era liberar un lugar o al que recibía la técnica, de un “gran peso” que el invocador se encargaría posterior y paulatinamente de transmutar en lo que permutó.

    -No…¡no es lo que quiero!…-Exclamó de repente Telos.
    Las llamas de forma cánida acabaron lanzándose hacia Gamel, quien a pesar de saber que era una posibilidad se sorprendió. ¿Estaba siendo atacado después de todo?
    Tan rápido como aquella idea llegó, desapareció, ya que percibió que el ataque se desvió a su izquierda, lo rodeó a varios metros por atrás, y volviendo por su derecha siguió de largo hasta que dio contra el lemuriano, golpeándolo en el centro de su pecho, pero acabando en un fuerte fogonazo que en un instante pasó de sus tonalidades rojizas a blancas, celestes y finalmente azules…era como si ese fuego hubiese “regresado” a su interior. El impacto arrojó al de cabellos azulados al suelo.

    Tan rápido como sucedió esa revelación fue que el castaño se acercó y pudo comprobar que el auto-ataque de su camarada lo único que había hecho había sido aventarlo pero sin lastimarlo en demasía. Aunque de todos modos le quitó una parte de las fuerzas que podían quedarle.

    -Todo terminó. A pesar de ese modo muy poco ortodoxo en el que luchaste, en verdad creo que has enorgullecido a Regeru y a Kalegeo-Dijo Gamel entre la alegría de que aquella batalla había al fin terminado pero también la incertidumbre y la aflicción que le generaba el saber que era muy posible que las secuelas de esa lucha pudieran matarlos. No se le ocurrían más palabras en ese instante, quizá era algo tonto para decir, más prefirió eso antes que guardar silencio. Así mismo los dichos lo hicieron pensar en que ni Regeru ni Daegea pensarían lo mismo de su propio desempeño. Pero ya tendría tiempo para continuar lamentándose por ello. O si salían de esa, intentar compensarlo.

    -E-eso n-no lo sé. P-pero di…digo l-lo mismo d-de ti. A-aunque de-deberías controlar…controlar t-tu mal…genio. A-a veces d-das miedo.-Respondió Telos con un hilo de voz y sonriente, llegando a bromear medio en serio sobre el momento en que el castaño había conseguido romper algo tan inmensamente resistente como lo era una armadura dorada.
    Ya viendo de manera más detenida su estado, era peor de lo que al castaño le habría parecido en la batalla misma, quizá por el apuro, quizá por aquella fuerte voluntad que había mostrado el lemuriano que había hecho verlo más vivo que en ese instante.

    Lo más leve eran algunas magulladuras y cortes, la herida de su pierna derecha sería un punto medio, pero sin duda lo que era más serio, y que a Gamel le traía recuerdos que provocaban congoja, eran aquellos dos surcos que iban prácticamente desde el comienzo de las costillas abajo hasta casi las clavículas, así como las dos heridas que tenía contra la quijada que ahora con su camarada en el suelo, eran más que obvios.
    En los tajos del pecho podía verse su carne, también levemente sus huesos (que al parecer alguno habría sido quebrado por la violencia del corte). Incluso lo que le parecía más sobrecogedor era que en el lado izquierdo se asomaba algo entre la herida que palpitaba, su corazón. Si Telos se estuviese quejando de ese sufrimiento que significaba cada respiración, el castaño bien lo habría comprendido, y es que en ese estado habría sido más que justificado.

    Esos pequeños hoyos que tenía a ambos lados del mentón también le despertaron al de ojos color miel cierta curiosidad por saber cómo había hecho precisamente Morten para a través de ellos lastimar los ojos del lemuriano. Tenía una teoría pero extrañamente su camarada que parecía conocer lo que estaba captando su atención se lo confirmó al mostrar que también tenía perforada la piel sobre la encía derecha, dentro de la boca (del lado izquierdo de seguro sería igual). Desde ahí, como trayendo otra cuestión, es que Gamel pudo ver como se derramó un poco de sangre de ésta. No era seguro, pero podría explicar por qué de tanto en tanto a lo largo de la batalla Telos había tosido sangre. Aunque otra opción podría haber sido recibir un daño más grande quizá en sus pulmones (producto de las heridas de su pecho), o una combinación de ambas. Pero se contentó en vano de que de haber sido el caso, podría no haber aguantado tanto tiempo en batalla.

    -C-creo q-qué es eso-Le dijo brevemente el peli azul mientras tocaba con un dedo la zona bajo su ojo derecho en donde de manera subcutánea habría llegado la punta del arma, lo que hizo que un poco más del fluido escarlata se derramara como una lágrima.
    En verdad cuánta precisión había mostrado Morten al hacer no solo una, sino que dos heridas de tal calibre y solo por el cruel placer de irónicamente ver el sufrimiento en otro. No…no solo eso. De seguro habría sabido el efecto que tendría eso en lo que se avizoraba como un trauma duradero en Gamel, aunque a fin de cuentas tal acto había desencadenado la furia del castaño en su momento.

    Al parecer el breve descanso que se había dado el muviano había terminado, ya que de un impulso logró quedar boca abajo en el helado suelo.
    -¿P-pero qué es lo que vas a hacer?-Preguntó el de ojos color miel tan alarmado como sorprendido.

    -A-aún n…no t-t-todo está te…terminado-Sonrió Telos con una mueca en su rostro que reflejó una parte de ese dolor intenso que estaría sintiendo.

    A pesar de que ya había sobrepasado aquel límite el cual todos y probablemente el mismo creían, aún había algo que le restaba por hacer al caballero de Cerberos. Algo que a pesar de su frágil condición emprendió, debido a que no tenía seguro si habría un después para ello.
    Con una dificultad aún mayor que en todo ese tiempo trató de volver a levantarse. Sus brazos temblaban intentando sostener su peso mientras, producto de su esfuerzo, un poco de sangre caía al nevado suelo desde una de sus heridas.
    Quedarse de bruces fue lo máximo que en el momento consiguió, pero con eso bastaba para continuar.

    Apoyando ambas manos sobre el gélido suelo, fue que pareció intentar percibir algo entre éste, algo que a veces terminaría siendo tan diminuto que Gamel se llegaba a preguntar cómo hacía para lograrlo, pero que entendía que sería fruto de un arduo entrenamiento con Kalegeo.

    En una escena maravillosa a pesar del momento que estaban viviendo, partículas brillantes parecieron brotar de la nieve, ingrávidas. Esa fue la primera impresión ya que al observar con un poco más de detenimiento el castaño pudo comprender la intensión de su amigo.
    Los rayos del sol que se elevaba por el horizonte (ya a una altura mayor que la que había visto la batalla) se reflejaban en eso que continuaba saliendo del suelo en tonalidades doradas, plateadas, blancas, azuladas y verdes. De tanto en tanto surgían pedazos de mayor tamaño que hacían más evidente lo que eran: fragmentos de las armaduras que habían sido regados por el níveo manto a lo largo de la ardua lucha.

    Debido a la atención que estaba prestando en aquella especie de espectáculo de destellos es que se dio cuenta de algo que había a la distancia, y que era muy evidente, pero que Morten en la batalla no se había dado cuenta, o ya lo había ignorado.
    Caminando dudoso entre medio de aquel campo lleno de brillos fue que Gamel se acercó más al objeto que relucía de la misma forma que los pequeños fulgores a su alrededor. Era el báculo de tres puntas que en cierto momento de la batalla la cadena de cerberos movida por telequinesis tomó y lanzó a un lado, probablemente de manera momentánea anticipando un combate cuerpo a cuerpo.
    El castaño pretendió tomar la dorada arma, más volvió en la cuenta de que tenía los dos brazos imposibilitados para tal tarea. Solo pendían inertes en un intento por no aumentar el dolor que le causaban.
    En lo que pareció un pequeño ataque de bronca, Gamel pateó con fuerza el objeto hacia donde antes estaba, para intentar ser de alguna ayuda y de paso dejó salir un poco de su frustración.
    Antes de llegar a caer, el báculo quedó suspendido en el aire al igual que las demás partes, incluso el castaño pudo ver a la armadura de Cerberos entre éstas.

    -G-gr…gracias…y n-no te…te sientas a-así. A-animo-Oyó decir con dificultad a su camarada quien de alguna manera percibió su sentir al respecto del arma y el tener ambos brazos rotos.

    -No te preocupes…en este momento lo que más interesa es que dejes de esforzarte y descanses. Si estás pensando en arreglar alguna de las armaduras, y si de algo te sirve un inútil sin brazos, podría ayudarte-Respondió el de Cetus, quien ignoraba por completo el proceso de reparación y pensaba que era exactamente igual al de los herreros que había visto alguna vez por Rodorio.

    -S-sabes bi…bien que…que no…no me q-queda mu-mucha…vida-Le sonrió el de mermadas fuerzas, a pesar de lo que estaba hablando. Estaba muy consciente de eso que podía pasar dada su precaria condición. Por su parte el castaño no quería admitirlo, pero esa posibilidad era más grande que la de que pudiese sobrevivir, dado que iba desangrándose de a poco y sus heridas podrían gangrenarse. Eso sumado a que él mismo con sus brazos quebrados nada podía hacer para asistirlo.

    -Y pa-para arre-arreglar l-las armaduras u-uno de…de los ingredientes fu-fundamentales d-dado s-su daño es…es…es…la sangre-Reveló Telos, al final titubeando y es que no pensaba en involucrar a Gamel en ello.

    -¡¿Sangre?! …¿qué cantidad?...si es demasiada necesitarás de mi ayuda, ya que de ninguna manera puedes seguir desangrándote de esa manera o sino…- Dijo sorprendido el de ojos color miel antes de que su camarada acabara la idea.

    -¿Mori…moriré? E-es ci-cierto q-que mu-muerto no…no po…podré reparar nin…ninguna ar-armadura. P-pero pu-puedo apro-aprovechar q-que me estoy des-desangrando de…de a poco. A-aunque…aunque lamento que…que no po-podré arreglar más…más que…que una ar-armadura-Aclaró éste lo que estaba pensando.

    -¡No!...es cierto que estás desangrándote de a poco y no puedo hacer nada para ayudarte en ese aspecto…pero si es que las armaduras necesitan sangre, puedes contar con la mía. No quiero volver a quedarme observando como arriesgas tu vida sin hacer nada al respecto- Se negó el castaño con voz firme, pero sin llegar a parecer enfadado.

    -Si-siento mu-mucho q-que ve-veas así las…las cosas, p-pero sabes q-que si p-puedo evitárselas a…a alguien m-m-más, l-lo haré-Explicó el lemuriano con la misma dificultad producto de las pocas fuerzas que tenía, y en un intento por evitar que su amigo también se arriesgara en esa empresa más que riesgosa. ¿Por qué le había dicho la verdad al respecto?...no, no podría haberle mentido.

    -Por favor…entiendo eso, y agradezco tu amabilidad al respecto, pero una vez más intentemos algo en equipo. Tú tienes el conocimiento, y yo la sangre para lograrlo. Ante Morten te fallé, pero no esta vez-Continuó culpándose Gamel, más intentando que el que cambiara de parecer fuese Telos. Si seguía adelante sería seguramente un suicidio.

    -N-no le has f-fallado a nadie. N-no s-seas tan…tan d-duro contigo-Animó y a su vez evadió dar otra respuesta el peliazul.

    -Entiéndelo, estoy dispuesto a tomar el riesgo. Solo dime qué hacer, y aunque deba doblar mis antebrazos de lado a lado para que vuelvan a sangrar lo haré-Volvió a insistir el castaño. Más la respuesta que recibió no fue justamente lo que esperaba.

    -¿N-no ce-cederás ve-verdad?...en…en ese caso q-que sea a me-medias-Propuso el seriamente herido respetando la clara decisión de su amigo.

    -Pero tú no…-Dijo el de Cetus brevemente antes de que el muviano le explicara de manera clara su porqué: -D-de todas ma-maneras e-esa san-sangre s-se de-derramará. S-sería una la…lastima q-que se e-eche a perder e-en vano–

    Ya no había otro camino…lo único que le restaba al castaño era intentar que de todas maneras no se desangrara más de la cuenta y que esa responsabilidad recayera más en él.
    -¿Tampoco vas a ceder cierto?...está bien…Supongo. ¿Cuál armadura crees entonces que deberíamos reparar? –Aceptó Gamel aunque con un suspiro de frustración.

    -P-pensaba e-en la t-tuya o la d-de o-ofiuco. A-a ti t-te sería de…de más ayuda q-que a mí, p-pero m-mejor de-decide tú-Opinó Telos dándole la libertad de escoger a su camarada.

    -En la situación en que estamos es poco probable que sobrevivamos mucho tiempo. Con los brazos rotos casi que dependo de tu supervivencia, y a la vez nada puedo hacer para ayudarte en eso…lo que nos deja solo la opción de esa armadura dorada, ¿pero qué haremos con ella?-Eligió el noruego basándose en lo que parecía más duradero en el contexto en que estaban.

    -S-si es tu vo-voluntad, n-no tengo…ob-objeción. P-pero c-creo que…que el que so… sobreviva d-deberá ocultar l-la armadura d-de q-quienes t-tengan las mi-mismas in-intensiones que el q-que c-controlaba a M-morten. E-es po-posible que e-en un futuro s-sea i-importante-Intentó explicar lo que creía al respecto el lemuriano.

    -¿Y si de todas maneras acabamos muriendo entonces ese secreto se perderá, pero al menos hará difícil que la vuelvan a encontrar?, estoy de acuerdo. ¡Entonces “manos a la obra”!...bueno…en tu caso…en el mío solo es “venas a la obra”-Acabó bromeando Gamel aunque solo intentando parecer más positivo al respecto, ya que la verdad era muy diferente.

    -Entonces… “veamos”…- Sonrió Telos siguiéndole la corriente. Aunque sin saberlo, con solo esa palabra consiguió borrar la leve sonrisa que su amigo había estado esbozando hasta ese momento, víctima de un remordimiento que éste último evidentemente creía justificado.

    Todos los fragmentos brillosos y flotantes que el castaño veía a muchos metros a su alrededor comenzaron a acercarse de manera paulatina, pero no solo eso, sino que lentamente iban cayendo en el suelo en dos pilas. Una de ellas que se encontraba al lado de la armadura de Cerberos fuertemente dañada daba a entender que allí iba lo que eran partes de la misma, pero también de Cetus, dado que habían optado por no arreglarlas. La otra estaba junto al báculo de tres puntas que el Gamel había encontrado, y era la que brillaba con más fuerza y en un color dorado.

    Nuevamente la cadena de Cerberos entró en escena, flotando por telequinesis, y es que en ella el lemuriano pretendió volver a apoyarse para levantarse, más ya no le quedaban las fuerzas necesarias para ello, mientras más lo intentaba, más sangre era derramada en forma de gotas de sus heridas, a lo que optó por ser arrastrado por el objeto.
    A pesar de la dificultad que le significaba, y en el tan pobre estado en que se encontraba, no se veía preocupado por ello, incluso ir a rastras por la nieve se lo tomó como una especie de juego, algo que al castaño le pareció por demás curioso dada la situación, pero sabía que su camarada era así. A diferencia suyo se tomaba con seriedad lo que correspondiese pero si tenía la posibilidad de mellarlo con algo más distendido, tomaría la oportunidad sin ningún problema.

    Cuando estuvo frente al cúmulo de partes de la armadura Telos permaneció de bruces en el suelo, pero intentando sostenerse también con sus brazos de manera de arquearse y quedar con parte de su pecho y su cabeza por sobre los dorados fragmentos. Debido a que solo eso ya le era dificultoso, más gotas de sangre no tardaron en caer.

    -¿Yo también?-Preguntó Gamel acercándose más al lugar. Pero el muviano tardó un rato en contestar. Era como si se hubiese sumido en sus pensamientos mientras parecía mirar la pila en la que de tanto en tanto derramaba algo del rojo fluido de las heridas que permanecían abiertas. Aunque habían llegado al acuerdo de que fuera a medias, no significaba que decir que sí en aquel momento le resultara sencillo.

    -T-también-Respondió finalmente de manera afirmativa el de cabello azul claro.

    Dado que por la parte de armadura que llevaba resultaba más accesible al no cubrir demasiado su brazo, es que el castaño optó por el derecho para lo que venía. El proceso le resultó lento y doloroso, ya que tras sentarse y dejar inertes ambos antebrazos sobre su regazo, tuvo que intentar arrastrar el izquierdo sobre el otro, para conseguir sostener con la mano la protección que tenía, y quitarla. Al lograrlo, solo le quedaban unas vendas que su camarada le había puesto en un momento de la batalla. Tuvo que intentar deslizarlas a un lado para dejar visible la herida que tenía.
    Al terminar apoyó en el suelo su puño derecho. Aún no había ejercido presión sobre éste, y es que quería asegurarse de aguantar lo que sobrevendría.
    Antes de aumentar ese suplicio que sentía hizo un comentario al respecto, que dado todo lo que habían pasado era una paradoja.

    -Si me hubieses preguntado al inicio de la batalla, no creí que alguna vez terminaría derramando mi sangre para salvar la armadura del que pretendió matarnos-Dijo, después haciendo que de manera paulatina su antebrazo se fuese doblando y revelando a través de la gran herida que en éste tenía, uno de sus huesos fracturados. Con una mueca de dolor soportó estoicamente mientras veía y sentía levemente como la sangre lentamente se arrastraba.

    Telos aun manteniéndose de cara a la pila de fragmentos cerró los ojos y volvió a esbozar su cálida sonrisa, respondiendo con un hilo de voz:
    -L-la vida tiene…tiene esos momentos… impredecibles…que…que le dan su brillo-

    A pesar que no se encontraban en una situación alegre y Gamel seguía sintiéndose de manera terrible por ello, fue como si aquellas palabras le dieran algo de ánimo. Posiblemente esa era la intensión de su camarada que después cambió radicalmente de tema, tarareando algo, o al menos intentándolo. Quizá tratando de hacer más llevadero el momento.

    -B-bosque aquí vengo,
    n-no solo me hallo…-Inició, y después volteo su cabeza hacia el lado en que estaba el castaño, como diciéndole que continuara. Al instante éste reconoció aquella cancioncilla. Era algo que junto a Regeru en su niñez solían recitar alegremente mientras recorrían el bosque que era su hogar.




    -A-amigos yo tengo,
    por ende no callo…-Entonó el de ojos color miel sonando algo sufrido producto del dolor al que estaba expuesto y después hizo silencio como para que su amigo siguiera.

    -N-nu…nuestra canción mantengo,
    s-su sentido detallo…- Prosiguió canturreando el lemuriano, dejando al final que Gamel completara la idea.

    -con su recuerdo me arengo,
    con su presencia…avituallo-Dijo éste, haciendo una pausa en el final. ¿Es que el peliazul deliberadamente le había dejado pronunciar esa parte? Sin duda la canción era muy corta, pero a su vez significativa, y no solo por el hecho que se la habían inventado entre los tres, como una especie de entretenimiento para el camino, sino porque además de decir que iban juntos en el bosque cantando, era una forma de animarse. Si alguna vez se encontraban solos, que el recuerdo de esas amistades se convirtiera en impulso para seguir, y si estaban reunidos que esos momentos se convirtieran en alimento para el alma.

    -…Pu-puede que…que n-no t-tengamos s-seguro l-lo q-que vaya a-a pasar y…y que t-tal vez n-no s-sobreviva, p-pero t-tenlo p-presente, pase…lo q-que pase, c-como c-cuando… e-el m-maestro s-se sa-sacrificó. S-si-siempre e-está ahí…e-en el r-recuerdo, y-y en lo que s-somos-Le dijo Telos con aire a despedida, lo que ciertamente aumentó en el castaño ese peso por todos los hechos ocurridos.

    -¿No sería mejor que no me dijeras nada?-Se quejó Gamel sonando un poco molesto…aunque terminó arrepintiéndose de ese tono ni bien había acabado.

    -S-sería l-lo mismo-Se excusó el lemuriano de manera breve.

    -Sí…es cierto-Suspiró resignado el de Cetus después haciendo un silencio que no fue breve, ya que ninguno de los dos dijo nada. Solo el sonido de la helada brisa Antártica se escuchaba en tanto ambos caballeros seguían perdiendo de a poco su sangre.
    En la mente de uno solo cruzaba la idea de que no deseaba que las cosas acabaran tal cual estaban tomando rumbo y qué haría en caso de que sucedieran. En la del otro continuar manteniéndose lo más firme que su deteriorada condición permitiese. Más en cierto momento ésta le hizo saber que ya era hora de avanzar, y es que sus brazos que de por sí ya temblequeaban resistiendo lo que podían, acabaron cediendo, primero el derecho haciendo que cayera al lado de los dorados fragmentos de armadura.

    -G-gamel…ne-necesi…taré t-tu a-ayuda u-una v-vez m-más. P-por f-favor…h-has l-lo p-posible p-por q-que s-siga r-reparando l-la a-armadura has-hasta el final. Y-y re...recuerda…si tienes la po...sibilidad, v-ve a…e-esconder-la…¿sí?-Dijo el peliazul mientras volvía a esforzarse para sentarse, y antes que su camarada pudiese reaccionar.

    -Está bien…-Respondió éste de manera apenada…no podía hacer nada más que ello y lo sabía…

    Una plateada caja se acercó flotando - era en dónde debería estar guardada la armadura de Cerberos- ésta acabó posándose sobre la nieve a pocos metros, y al abrirse una tapa de arriba, varias herramientas y unos pequeños sacos salieron, siendo llevados mediante telequinesis hacia Telos.

    -E-esto s-s-será c-c-complicado p-p-pero i-interesante-Sonrió, dado que nunca se había encontrado en una situación en la que tuviese tantos factores que le hicieran difícil ésa tarea, comenzando por el hecho que no tenía demasiadas fuerzas, lo que lo hacía intentar resistir lo más que le fuese posible antes de ceder ante la extenuación.

    A pesar del apremio, todo se dio de manera lenta, cada cosa que tomaba, cada golpe de martillo, cada tarea que le requiriera cierta precisión, le demandaba un esfuerzo cada vez mayor o tomarse un momento para verificar que estaba usando lo que era correcto. En éste contexto a veces incluso llegaba a darse algún martillazo por error que de todas maneras era ignorado casi al instante.

    En todo el tiempo que duró aquella reparación, Gamel estuvo allí cerca, observando, e intentando que su camarada no sucumbiera ante el cansancio y la pérdida de sangre que aunque fuese solo en gotas, iba sumando. A veces dando codazos -ya que sus antebrazos no le permitían agarrar de un hombro y zarandear al lemuriano para que no cediera-. Otras hablándole en voz alta, incluso gritándole. Y en menor medida tirándole alguna bola de nieve, que a pesar del dolor formaba arrastrando una de sus manos por el níveo suelo y la aventaba como si su brazo se tratara de una catapulta. Eso último, ya sea por su temperatura, o quizá que por el hecho de ser algo que no parecía encajar en aquella situación apremiante, le daba ánimo y resultaba bastante efectivo.

    Poco a poco los fragmentos fueron tomando nuevamente su forma anterior, hasta que ahí estaba, la armadura de ofiuco nuevamente radiante, algo inversamente proporcional a cómo se encontraba quién la había reparado.

    -Ya…e-está-Anunció Telos, soltando las herramientas que llevara que hicieron un sonido metálico al chocar entre ellas en el suelo. Con sus fuerzas mermadas ya de una manera más que extrema, es que finalmente el caballero de Cerberos se dejó caer en la nieve a un lado, ya inconsciente. Gamel solo pudo mirar sin pronunciar palabra alguna, mientras la amargura así como la negatividad en su interior aumentaban. Nuevamente pasó por su mente el hecho que era un inútil, otra vez se encontraba con que no podía ayudar en nada, a pesar de que sí lo había estado haciendo, más esa suerte de auto-tortura mental lo llevaban a no tomar en cuenta nada de eso.

    A esa altura de los acontecimientos decir que tenían más probabilidades de morir que de seguir viviendo, era casi una certeza, y el castaño bien lo sabía. El estado en que habían quedado ambos caballeros de plata los llevaba a depender de que el otro sobreviviera. Gamel con sus brazos quebrados poco podría hacer mientras estos se recuperaban. Telos por su parte había recibido daño de manera más uniforme, aunque lo que más destacaba eran sus ojos, las dos grandes marcas del arma de Morten en su pecho, y una de sus piernas lastimada, aún sin saber si había sido solo eso, o quizá una fractura, en cuyo caso poco podría moverse, aunque al menos, tenía el consuelo de poder teletransportarse de un lado a otro. Claro, eso si lograba volver a despertar, cosa que parecía imposible.

    Gamel, algo mareado por la pérdida de sangre y totalmente abatido, terminó por sentarse en el níveo suelo cerca de donde yacía su camarada, y observando hacia el horizonte, intentando encontrar algún ilusorio consuelo.
    Sus propios entrenamientos, el dolor sufrido, las esperanzas, la última batalla que también había sido la primera después de obtener sus armaduras…al fin todo había sido en vano.
    Aquella extraña visión que había tenido en la batalla pasó por su mente, y una hipótesis poco feliz surgió al respecto del momento en que estaba. ¿Sería que en ella había estado solo en medio de la Antártida porque eso quería decir que Telos habría muerto por ende para ese tiempo ya no estaría?...y si eso era así ¿significaba que él sobreviviría después de todo?...no podía ser…de todas maneras se cumpliría aquello que había querido evitar a toda costa cuando había sido llamado por el patriarca y lo peor era saber que aceptando podría haber evitado lo que estaba pasando. En ambos escenarios terminaría como un loco pero por lo menos en el único que en ese instante desesperado creía ya ficticio, su camarada no hubiese intentado darle la idea de cambiar de lugar, y menos se le habría ocurrido al cabeza de santuario el mandarlos a dónde estaban ahora.
    Realmente no tenía ninguna certeza sobre eso que había visto, todo era conjeturas, pero en su pena ya daba por sentado que sería la realidad.

    De repente algo lo desvió de sus cavilaciones…¡un brillo dorado! Se trataba de la armadura de Ofiuco que se envolvió en un cosmos del mismo color, elevándose en el aire.

    En un principio el castaño pensó en lo peor…en que Morten había vuelto por ella y que ahora impedir que recuperara eso que por muchos años había buscado dependía solo de él.
    Pero algo no encajaba en absoluto con esa idea y es que la energía no se percibía en nada similar a la de quien quería asesinarlos…a excepción quizá del hecho que se sentía muy poderosa, pero ésta era también compasiva y llena de bondad.

    Como si se tratara de un segundo sol en el cielo, el ropaje de Ofiuco aumentó la intensidad de la luz a su alrededor, provocando en su observador que de a poco desapareciera su dolor físico…así mismo un suave hormigueo se hizo presente en ambos brazos. ¿Qué significaba eso?...De no desviar su mirada hacia Telos habría creído que tal vez eran imaginaciones suyas, pero impactado, aunque en cierto modo también alegrado, pudo ver que de manera lenta esas infames heridas que tenía iban cerrándose.
    Era cierto…estaba ante la armadura que representaba al semidios de la medicina...¿pero por qué se encontraba ayudándolos?, ¿acaso se trataba de la voluntad de la misma armadura, sería la de esa parte de Morten que no habían conocido sino hacia el final, o un mezcla de ambas?
    Continuó observando aquel resplandor sin poder decir nada, pero en el fondo agradecía a quien fuese el responsable de eso que estaba presenciando.

    La luminiscencia persistió por un rato más, aunque no el que habría curado sus heridas posiblemente del todo, ya que de manera repentina algo pareció afectar al dorado objeto que dejó de brillar y se precipitó al suelo helado totalmente inerte.

    Aún sin salir de todo su asombro, Gamel se acercó al objeto, para observar de manera más detenida si había alguna pista que lo ayudara comprender de alguna manera lo que estaba pasando. Más no había nada, ningún indicio que le sirviera para comprobar si alguna de sus teorías era cierta, solo la suave brisa que acariciaba aquel campo helado parecía responder.

    Fue entonces cuando observó con más detenimiento su brazo derecho el cual por haber sido donde había hecho salir su sangre para reparar la armadura que acababa de ayudarlos, no tenía ni vendas ni nada más que la cubriera y vio el resultado de aquella intervención inesperada. Por lo que sintió al intentar moverlo, éste aun dolía cómo lo recordaba, o quizá un poco menos, más no se doblaba. Era como si el hueso hubiese sido parcialmente recuperado. También en su piel tenía la cicatriz de la herida que la quebradura expuesta había provocado, curada a tal punto que de manera natural hubiese tomado mucho tiempo, además de varias puntadas para mantenerla cerrada.

    Ahora lo que le quedaba era esperar si su camarada volvería en sí, o de todas maneras la muerte le sobrevendría. Volvió a dirigirle una mirada, y comprobó que al menos respiraba, así que debía mantener las esperanzas de que no sucedería, cosa que le era difícil, pero que sabía que más probable dado los hechos que había presenciado.

    Como ya no era necesario tenerla puesta, Gamel hizo que su armadura se desprendiera, volviendo a tomar su forma de ballena, y él quedó con su anterior atuendo, una especie de túnica larga de color blanco con una bolsa marrón de tela a uno de los lados, atada a la cintura por una tira del mismo material. Tenía varios lados manchados en la sangre de las mismas heridas que había sufrido.

    Lentamente se alejó un poco de la dorada coraza, permaneciendo cerca de donde yacía su camarada y se sentó de espalda a éste, observando el horizonte. Por un momento y con profunda tristeza miró a su propia armadura, la de Cetus, y le habló.
    -Realmente no sé si merezco tu protección-Dijo dando un suspiro.


    *****

    Bastante tiempo pasó desde el final del incidente, no había cómo saber las horas desde ello, y el hecho de que el sol, que en el momento de la batalla se encontraba saliendo, ahora continuaría en el cielo visible por mucho antes de una breve noche, lo hacía más difícil de estimar.

    En ese lapso Gamel se había quedado pensando sobre de lo que se habían salvado, entre otros varios temas que habían surgido en aquella batalla…¿por qué había llegado el sujeto que los atacó hacia ese remoto lugar?, ¿sería verdad aquella extraña visión que parecía futura?, ¿Qué habrían significado las palabras que Telos dijo en cierta parte de la batalla?, ¿Quién era en verdad Morten?, ¿Por qué razón enterraron al malvado en la nieve?
    Aunque no era lo único, la culpa seguía haciendo estragos.

    Al menos estaban vivos…o bueno, intentó contentarse con eso, pero de todas maneras la amargura persistía…no podía evitarlo, en su mente, a pesar de que tuviese algunas razones para alegrarse, lo negativo terminaba acaparando su lugar.

    Un sonido lo distrajo de sus preocupaciones, por lo que al voltear comprobó que el comportamiento extraño de la armadura de oro no había resultado en vano en lo que respetaba a su camarada. Éste se encontraba sentado con una mano en la cabeza como si tuviese alguna jaqueca, aunque no fuere así, además que estaba confundido. Gamel pensó que él también lo estaría si después de haber resultado seriamente lastimado y sin posibilidades de curarse, volvía a despertarse tras colapsar, y lo que era más, con sus heridas curadas.

    -Creí que de todas maneras no despertarías, ¿Qué tal te encuentras?-Preguntó el castaño, por un momento sonriendo. Y es que a pesar de lo fugaces que en esa situación resultaban sus alegrías antes de volver a un estado de preocupación, éstas existían.

    -¿Qué pasó?, aún me siento como si hubiese tenido que cargar a Kalegeo por un día entero, pero estoy mejor. ¿Qué hay de ti? –Respondió con cierta hilaridad el lemuriano, y es que su maestro a pesar de ser una criatura alada, tenía un peso considerable además de la diferencia de tamaño, donde solo una de sus garras por ejemplo era equivalente al antebrazo del amable caballero.

    -Si la pregunta va por mis brazos, también me encuentro mejor…
    ¿Y qué paso?…si no fuera por la armadura de oro es posible que estuvieses muerto y yo por seguir los mismos pasos.
    Me encontraba distraído cuando repentinamente flotó y comenzó a brillar mientras nos curaba, pero ignoro la razón por la cual de un momento a otro todo terminó y quedó inerte.
    En mi caso si bien mis heridas sanaron y creo que de manera muy precaria mis huesos, aún siento dolor aunque sea solo intentando mover los antebrazos…
    Me preguntaba qué tanto te había curado a ti, según pareció fue mucho, pero tú sabrás mejor-Dijo Gamel, recordando lo que había pasado hacía no mucho.

    -Por lo que puedo percibir, curó mis heridas…sí…éstas también…de seguro dejaron una marca...-Refirió Telos a los tajos que había tenido en el pecho, a la vez que con el índice tocaba el que había estado a la izquierda, como comprobando que efectivamente no traspasaba ni su piel ni mucho menos carne -…lo de la pierna aún lo siento, aunque con menor intensidad…y sigo sin…-Continuó antes de ser interrumpido.

    -Debí suponerlo…-Lamentó el castaño sabiendo lo que iba a decir.

    -Al menos distingo la luz-Comentó de manera afable el peliazul minimizando el asunto.

    -Solo intentas restarle importancia para intentar que no sienta remordimientos al respecto ¿verdad?...Sé cuán importante era para ti…de seguro lo lamentas o lamentaste-Suspiró con pena Gamel.

    -Si te dijera que no estaría mintiendo, eso rondó por mi mente así como sus respectivos miedos, pero comprendí que a pesar de lo difícil que pueda parecer, hay un porqué que con el tiempo cobrará su sentid...- Intentó explicar el lemuriano, más no logró terminar la idea, dada la reacción de su camarada.

    -¿Por qué razón entonces no usaste esa técnica del cielo extraño antes?, ¿por qué tuviste que exponerte tanto y acabado como acabaste?-Interrumpió tajantemente el castaño, y es que precisamente en ese asunto que discutían se encontraba la culpa que lo inundaba.

    -Recién pude controlarla-Confesó brevemente Telos en un tono neutro.

    -Pero…si recién logras dominarla, ¿cómo es que Kalegeo te dejó terminar el entrenamiento?- Preguntó el de ojos color miel con sorpresa ante la revelación.

    -Esa no es una técnica que me enseñó el maestro, llegó oportunamente…como un rayo de luz en medio de la oscuridad-Volvió a sonreír el peliazul.

    -¿Cómo es que llegó?, ¿a qué te refieres?, ¿en qué momento?-Volvió a indagar Gamel que se encontraba confuso ante tal declaración.

    -Fue después que Morten volviera a la batalla, después que rompieras su armadura, y cuando atacó. En ese instante tuve una visión, justo cuando parte de mí fugazmente pensaba en eso que había ocurrido y surgían varios miedos. Ya no me encontraba recibiendo aquella técnica, sino que estaba en otro sitio, un lugar que nunca he visto, y probablemente no lo haga…-Acotó el de Cerberos con un poco de humor negro sobre sí mismo, lo que no hizo gracia a su camarada.
    - …de todos modos de a poco fui ganando la impresión de que lo conocía, las escenas que después pasaron también y fue como si no fuese el mismo. En cierto momento veo un campo de batalla con muchas personas luchando, y aunque estaba en el suelo volví a levantarme, sentía que así debía, pero estaba hundido en una gran pena. A pesar de eso, fue ahí que entendí, o al menos reafirmé, que mi propósito en la vida no es generar discordia, sino concordia. Así mismo aplacó los temores que tenía del hecho de estar enfrentando lo que quedaba a ciegas. Lo que en un principio puede parecer un problema, termina volviéndose una posibilidad. Te abre puertas de las que no estabas consciente, se vuelve un gran maestro.
    Al final de la visión lo último que vi y usé fue esa técnica, supe cómo se realizaba, al parecer se llama “armonía”–Terminó de relatar.

    -Por un lado me alegro que hayas tenido esa visión, aunque por otro me apena que no haya llegado antes-Se lamentó el castaño intentando imaginar qué hubiese pasado de haberse dado el caso.

    Por su parte, Telos se tendió en la nieve bocarriba, recostando la cabeza en sus manos a la vez que era como si mirara hacia el cielo.
    -Ya te lo dije durante la batalla, no cargues culpas que no debes. Lo que pasó no fue más que una prueba. Una prueba de la vida misma…- Le dijo con una sonrisa

    -No es algo tan sencillo…-Respondió el castaño, a la vez que unas palabras que había dicho Morten pasaron por su mente: “… ¿quién es el verdadero culpable aquí?, si hubieses sido un poco más fuerte e inteligente, habrías evitado esto. Sabías de lo que era capaz, sin embargo, como cobarde que eres te ocultaste bajo «el escudo» que sabías que sería destruido, y quedaste tan solo con «la espada», la cual tu representas…”.
    -…no es algo tan sencillo cuando tal vez podrías haberlo evitado por tus medios…es decir, si hubiese salido de aquel lugar por mi cuenta…pero no, tuve que quedarme ahí…como un inútil…como un estorbo…-se siguió atormentando.

    -No seas tan duro contigo, no busques culpables, solo te encontró con la guardia baja porque recién habías despertado. En todo caso cúlpame a mí. Perdóname si te he hecho daño con esa decisión, no ha sido mi intensión- Se disculpó el lemuriano, aunque en verdad para Gamel no debía ser así, su camarada no tenía culpa alguna, ¿por qué debía disculparse por haber quedado como había quedado?

    -Yo también tuve una visión… -Cambió de tema el castaño, para no seguir hablando de aquello en que tenían opiniones dispares. –…En cierto momento desperté en medio de un lugar helado, más ni tú ni Morten se encontraban allí -estaba solo-, tampoco tenía ninguna herida de la batalla. Sin entender lo que pasaba, me dediqué a caminar por si hallaba alguna respuesta, y pasó mucho tiempo, o esa fue mi impresión, hasta que sentí gritos y el sonido del agua. Cuando llegué al origen de estos, me encontré con que eran al parecer ladrones y que habían asesinado a unas personas y las habían lanzado al mar. Ahí escuché el llanto de un niño…pero no podía hacer nada, porque al parecer solo era un fantasma, o algo invisible. Cuando creí que iba a ver cómo matan al pequeño, sucedió algo que me impactó…alguien lanzó un infierno de hielo contra esos reos…¡era yo!...bueno…¡otro yo!, pero al parecer de más edad, y no fue todo…estaba demente. Cuando ese otro yo venció a los ladrones y encontró al niño, le hablaba de una manera que parecía alguna especie de chiste. Y acabé poniéndole un nombre relacionado a los maestros, aunque en este momento no recuerdo cuál era.
    Al final de esa visión, me encontré con que me estaba congelando, y cuando ésto me tapó por completo, estuve en el hielo por un rato, hasta que pude ver algo que chocaba con él…me hizo recordar mucho al fuego de tonalidades azuladas que sueles usar.
    Me pregunto si todo eso que vi será algo que pasará literalmente, o algo simbólico, como pasó con Morten. –Contó.

    Telos, que hasta ahí había permanecido en silencio oyendo el relato, volvió a sentarse y volteó hacia Gamel.

    -A veces es difícil discernir si detrás de esas imágenes se encuentra algo literal que podría pasar, algo figurado que podría ocurrir pero de otra manera, o algún otro tipo de visión que refleje un deseo, miedo o recuerdo. Pero dado que sabemos que Regeru te legó su capacidad de ver eventos del futuro con relativa facilidad, no podemos descartar que quizá eso ocurra. Aunque no sabría decirte si en esas mismas circunstancias que dijiste o en otras.- Le manifestó.

    -Ojalá que no ocurra…no quiero ser un viejo loco que se queja de que sus vecinos elefante marinos se aburren de que les hablen o lo atacan-Recordó el castaño con una mezcla de perturbación y humor, y es que si bien no le había agradado ver en lo que podría convertirse, sus dichos le habían hecho algo de gracia.

    -¿Eso dijiste?, a lo mejor solo querían escuchar una canción…-Dijo Telos pensativo aunque evidentemente en broma.

    -¿Enserio?, entonces puede que los pingüinos no se iban sin agradecer como creía y solo eran mudos-Continuó con aquella ocurrencia Gamel. Fuese solo porque naturalmente se había dado, o con la intención de distender la conversación, aquel momento de charla absurda lo animó un poco.

    -¿También dijiste eso?...puede ser que no entendías el “pingûinezco”-Siguió con la corriente el lemuriano, refiriendo a que tal vez aquellas aves no voladoras podían tener un idioma secreto, incomprensiblemente…silencioso.

    -¿Ves qué estaba loco?, hasta dije que hablaba con los pescados y me respondían “nada”-Prosiguió el castaño contándole lo que había dicho su otro yo.

    -Peces y pescados que “NADAn”…es un clásico…-Le sonrió el peliazul, después dándole una teoría al respecto:
    -¿Y qué tal si eso se trata del reflejo de un miedo?, creo recordar que no querías venir exactamente por eso…-

    -Eso espero…también me preguntaba qué significaba el hecho de que no aparecías en la visión. Llegué a creer que era porque hoy morirías-Confesó el de Cetus, por dentro con cierto alivio que no había transcurrido tal y como pensaba.

    -Por lo que parece aún no te libras de mí…pero quién sabe qué podría pasar en los siguientes años, o quizá en un momento. Nunca se sabe, podría caer una ballena del cielo.-Le dijo Telos, medio en serio, medio en broma, mientras hacía un gesto como comprobando si llovía.

    -No bromees con eso…quizá sólo sería mi armadura-Sonó al principio enojado su camarada, pero al final dándole un toque de humor ya que justamente representaba la constelación del animal que hablaban.

    -Tienes razón…pero de todas maneras podría matarme-Sonrió el muviano.

    -Sería demasiado insólito que después de tanto una armadura que cayera del cielo te matara-Opinó Gamel imaginando la escena.
    -Bueno…hay otra esperanza de que eso no ocurra…-Dijo.

    -¿Qué tu armadura no se rebele?- Preguntó con una risa el peliazul, y es que su amigo no refería al mismo tema.

    -¡No!...bueno, ¡sí!, pero lo que quiero decir es que si no estabas, eso podría significar que tuviste que irte de éstas tierras por algo. ¿No te ha pasado esa idea por la mente?-No evitó esbozar una sonrisa el castaño, después volviendo a una de sus preocupaciones.

    -Mmm, no, no había pensado en irme de aquí. De hecho eso no está si quiera en consideración. Pero podría ser una posibilidad, aunque desconozco qué sería de fuerza mayor como para que eso ocurriera.-Le aclaró la duda el chistoso, y es que ni se le había pasado por la mente ni estaba interesado en tal idea.

    -Al parecer otra vez solo me quedan dudas al respecto. Espero que no se revelen de manera tan repentina como ocurrió con Morten- Se lamentó Gamel.

    -Ya le hallarás el sentido, mientras tanto intenta no obsesionarte con encontrarle una respuesta. No te pierdas en el futuro y olvides el presente-Aconsejó Telos al respecto.

    -Es cierto, pero es más fácil decirlo que hacerlo…creo que éstas visiones son para mí más una carga que algo que pueda llevar sin problema alguno…-Se apenó el de ojos color miel, y es que en verdad le resultaban más una molestia, o podía ser que eran un agravante de su propia negatividad.

    -¿O puede ser que tengan algo para enseñarte…?-Sugirió el lemuriano.

    -Sí…qué son capaces de agobiarme…aún no logro adaptarme a ellas después de tantos años…y dudo que lo logre-Continuó en su amargura el castaño.

    -Podrás con ello, solo no te pongas negativo y pienses que no podrás-Animó el peliazul, y es que le era más que evidente que ése era precisamente el obstáculo que enfrentaba su amigo.

    -Lo intentaré…o quedaré loco y no por lo mismo que el yo de aquella visión…-Se propuso Gamel siendo que el preocuparse por lo que podría pasar con una visión, sumado a lo que ya de por si pasaba no era algo nada saludable para su mente.
    -…A propósito…sobre negatividad…¿Qué te pasó cuando usaste las “Amatistas del alma”?, ¿por qué estabas por atacarme?-Recordó.

    -Sentí una parte de eso que agobiaba a Morten, su furia…y a su vez aumentó al mismo nivel los miedos que tenía. Era como si por un lado deseara descargar esa ira contra alguien, y por otro temía concretarlo.-Explicó el muviano, tratándose de una especie de contradicción.

    -¿Y cuándo te atacaste a ti mismo entonces te deshiciste de eso?-Pretendió terminar la idea el de Cetus, más se encontró con una realidad que no esperaba.

    -No…solo conseguí controlarlo –Admitió Telos.

    -¿Entonces podrías llegar a atacarme?-Preguntó el castaño temiendo tener que llegar a esa instancia. De milagro se habían salvado y si bien parecían fuera de peligro, aún se encontraban bastante fatigados.

    -Afortunadamente ese miedo justificado es más fuerte que esa cólera sin sentido-Respondió el lemuriano pensativo y en un tono afable. Justamente no era de los que atacaran sin una razón, y solo eso ya bastaba como para impedir atacar a alguien que no fuese sí mismo.

    -No parece que te afectara…-Dijo con cierta sorpresa el de ojos color miel, ya que de no habérselo dicho, nunca se habría dado cuenta.

    -Que no lo manifieste no significa que no esté ahí, solo que tengo más motivos por los que intentar sobreponerme. Por ejemplo cuando me pediste para usar tu sangre para arreglar la armadura sentí temor, al igual que cuando ya no me quedaban fuerzas y estaba al borde del colapso, pero…-Explicó el peliazul, antes que el castaño lo interrumpiera.

    - Te entiendo…si eso aumenta todo lo negativo que estés sintiendo…si hubiese sido yo, habría quedado al borde del suicidio…-Confesó Gamel, a quien sin duda le parecía que ello podría haber ocurrido, más le pareció percibir un inusual dejo de tristeza en su camarada a causa de los dichos. ¿Quizá eso había sido obra de esa energía negativa, o eran imaginaciones suyas influenciadas por saber eso que le ocurría?

    -¿Por qué decidiste usar las “Amatistas del alma” si no tenías seguro lo que pasaría?-Decidió continuar la conversación para que ese comentario se perdiera, aunque ya dicho, era seguro que así no sería.

    -Pude percibir que esa luz que Morten llevaba en su interior ganaba de a poco algo de fuerza cuando usaba las “amatistas sangrientas”… –Recibió como respuesta en un tono ni alegre ni decaído.

    - …¿Entonces comprendiste que en tu caso podría darse a la inversa?, ¿y por eso intentaste que él atacara de esa manera más veces?...¿y después te expusiste a sus amatistas sangrientas?…-Completó la idea el castaño.

    -Eso traté, de otro modo desconozco cuanto más hubiese aguantado.
    Recordé la última vez que vimos a Regeru, y me pregunté si al intentar lo mismo que Nebiros podía hacer que Morten me atacara más fuerte…-Explicó Telos refiriendo al caso inverso, aunque de todas maneras similar en que hubiesen decidido usar ambas fuerzas una contra la otra.

    -…¿eso para que ésa “luz” de la que hablas ganara más fuerza?, tiene sentido, pero entonces, ¿por qué acabamos sepultando a Morten en la nieve?- Indagó Gamel con esa duda que le había dejado el final de la batalla.

    -Entre tanto la entidad que lo poseyó no prevalezca en gran manera sobre la voluntad del verdadero Morten, no podrá intentar salir. Algo que ocurriría en menos tiempo si no hubiese sido así. No conocía otro medio, de manera que es por lo que tuve que optar dadas las circunstancias. – Respondió el lemuriano pensando también en el hecho de que debía haber otra manera, y ahora que al parecer tenía la oportunidad, había sobrevivido, debía indagar en ello. ¿Pero dónde encontrar si quiera un indicio?

    -¿No morirá ahí encerrado?-Preguntó el castaño. Ya le quedaba más claro lo que había sido el final de la batalla, y gracias al hecho de haber empoderado aquella pequeña luz que estaba dentro de quién pretendió asesinarlos fue que habían logrado salir con vida.

    -No. Se encuentra en un estado intermedio más cerca de vivo que de muerto. Si en el fondo lo desea, podría salir con algo de esfuerzo (por la nieve bajo la que está). Pero bien sabe del riesgo que eso supone ya que quien invadió su interior podría volver a tomar el control…
    Al menos es lo que me pareció percibir a través de su cosmos, justo cuando estabas por usar el último ataque. Realmente me ha dejado con muchas interrogantes al respecto -Le aclaró el peliazul.

    -Es cierto…aunque no puedo evitar quedarme con lo que presencié en vez del hecho de que no fue su culpa…no…no es eso…debido a que esa entidad nunca mostró su identidad solo la asocio de esa manera. Pero estoy seguro, fue la misma sensación que sentí en aquel sueño hace un tiempo…si vuelve muchos morirán…
    Si volvemos a encontrarlo, habrá que estar preparados, porque creo que regresará con más fuerza…-Dijo Gamel, desanimándose un poco más. Si en ese día no había podido dar batalla, ¿qué sería más adelante?, ¿es que sería capaz si quiera de mejorar a tal punto de luchar de manera pareja?

    -Lo intentaremos-Expresó Telos en tono amable, a la vez que volvía a dibujársele una sonrisa.

    -Parte de eso es dificultarle que vuelva a encontrar la armadura dorada, como dijiste, esconderla. ¿Pero en dónde y cómo encontraremos alguna referencia para acordarnos del lugar entre medio de éste desierto blanco?-Preguntó el castaño, cambiando de tema, e intentando ocultar aquello que lo apenaba.

    -Invierno austral, ¿Qué te parece?- Sugirió de manera algo enigmática el lemuriano.

    -¿A dónde podríamos llegar con tanta oscuridad y estrell…? ¿Pretendes que nos guiemos de esa manera hasta un lugar en específico?-Se dio cuenta de la idea Gamel.

    -Podría ser un recurso-Dijo brevemente Telos.

    -Pero a diferencia de ti, no tengo tanto conocimiento de lo que hay en el cielo, y menos en este lugar al otro lado de mi tierra natal. No podrás guiarnos tú ¿verdad?-Lamentó el de ojos color miel con un repentino deje de remordimiento que se sumó al abatimiento que pretendía esconder.

    -Depende de ti, pero podría ayudarte. Será cuestión de observación, a diferencia que en el norte no es tan sencillo, pero tampoco difícil.-Explicó el de Cerberos.

    -En tal caso aún falta para que llegue el invierno, así que deberemos prepararnos. Tendríamos que volver a la costa…¿Crees que podrías ir ahora?, admito que mientras no recuperemos las fuerzas sería lo mejor alejarnos de este sitio. No es que no confíe en que por ahora Morten no volverá a salir, pero me parece mejor prevenir. Además que después de lo que pasó hoy, estoy seguro que me falta entrenar más…-Volvió a insistir en su amargura el castaño.

    -No te desanimes Gamel, no es precisamente eso, solo necesitas dejar de convencerte que todo está mal. Pero entrenar nunca está demás y después de lo que pasó, creo que a ambos no nos vendría mal.
    Y de ir, claro que sí, si lo que quieres es salir de aquí cuanto antes lo intentaré…-Animó el peliazul, y es que el problema del de Cetus era su negatividad.

    -Disculpa si es demasiado precipitado, para serte sincero tampoco me encuentro del todo bien, pero será preferible regresar a dónde estábamos, es mejor lugar para permanecer hasta recuperarnos que aquí.-Justificó el noruego.

    -No hay problema. Llevaré la armadura de Cerberos y la de Ofiuco si no te molesta…y si por tus brazos no puedes con la de Cetus…-Se ofreció Telos a ayudar antes de ser interrumpido.

    -No, descuida, yo puedo, no eres una carreta como para llevar todo, además que recuerdo que dijiste que aún sientes la herida de tu pierna. Sería agregarte peso inútilmente.-Rechazó el de ojos color miel de la manera menos tajante posible. Sus brazos aún podían dolerle, pero eso no significaba que no podía hacer un esfuerzo para llevar la caja de su propia armadura, ya que únicamente le requería ponérsela a modo de mochila en la espalda.

    -Solo me hacen falta unas ruedas…-Comentó el lemuriano al respecto, mostrándose pensativo, aunque evidentemente en broma.
    -No pude evitarlo…-Rió al respecto de lo dicho, antes de responder a lo último–Y aún la siento, pero de manera leve-

    -Está bien carreta parlante, entonces vamos…-Dijo Gamel, dibujándosele una sonrisa en el rostro al respecto de los dichos de su camarada, quien quizá percibiendo el estado de abatimiento que el castaño intentaba guardar (pero no podía), intentó alegrarlo por lo menos de manera efímera.

    Antes debían guardar las armaduras, más algo que parecía tan simple, nuevamente hizo topar al de Cetus con sus brazos recuperados más de una manera muy frágil, tanto que a veces llegaba a dudar de ése hecho, o al menos no parecían que fuesen a resistir mucho en su lugar bajo cierta presión.
    De todas maneras, obstinadamente intentó arrastrar con uno de sus hombros la armadura. Esa sensación de impotencia al no poder cumplir algo que antes le resultaba sencillo lo potenció al intentar algo quizá más lento, pero con lo que igualmente acabó cumpliendo su objetivo de meter la coraza de plata en su caja. De manera tosca, claro está.

    Telos, por su parte, estando prácticamente al lado de todo lo que debía llevar, comenzó haciendo que la plateada urna de Cerberos fuese a su lado. Y de ahí se puso a guardar lo que hubiere utilizado para reparar la armadura de Ofiuco.
    Por momentos parecía dubitativo, mantenía su mano a varios centímetros por sobre la herramienta de turno que encontraba, como dudando de si ésta estaba allí realmente. Otras veces no tenía tal sutileza, por lo que apenas erraba su objetivo, y terminaba agarrando un gran puñado de nieve, que quizá como una suerte de autocastigo en broma, acababa estampado contra su propia cara, y sin más seguía en su búsqueda, como si nada hubiese pasado.

    Habiendo terminado de guardar las herramientas, apoyó ambas manos en el níveo suelo, ya que lo siguiente no era algo tan sencillo de hallar ni tomar. Tanto la pila de fragmentos de armadura que había quedado, como algunas partes diminutas que se habían dispersado producto del viento polar fueron moviéndose como lento caudal de un río a la caja, siendo la luz del sol la que aportaba gran parte de ese efecto.

    Después, ya con las cosas de menor tamaño guardadas, metió su armadura maltrecha así como la cadena de ésta, y finalmente gracias a los tiradores que tenía la llamada “caja de pandora”, llevó ésta misma a modo de mochila.
    Ahora restaba saber cómo haría para llevar la dorada coraza de Ofiuco, ya que ésta carecía de una caja en la cual dejarla. La única opción era cargarla en brazos, y es que tampoco disponían de ninguna soga para asegurarla.

    Así, por primera vez después de finalizados los incidentes, el lemuriano pudo volver a levantarse, ésta vez sin la misma dificultad que había mostrado hacia el final de la batalla con Morten. De todas maneras las fuerzas que tenía se encontraban en un punto apenas similar al que estaban instantes después de que el pelirrojo consumara el ataque más sangriento en su contra, pero le eran más que suficientes.

    Ya habiendo logrado llevar la propia urna de su armadura en la espalda, hasta ése momento Gamel había quedado observando la escena y aguardando, pensando en todo lo que había ocurrido. Un instante de la batalla regresó a su mente, una y otra vez, tan vívido, tan cruel como había resultado, y sin poder evitarlo. No había duda, tendría que cargar con ese dolor por mucho tiempo.

    Tan pronto cuando Telos se acercó, los camaradas partieron sin decir nada, cada uno sumido en sus pensamientos.
    En el camino que lentamente recorrían podían observarse los indicios de su batalla, principalmente hoyos en la nieve, y marcas del paso de técnicas, pero también se encontraban algunas manchas de sangre, así como un gran surco en el terreno que a Gamel le trajo a mente algo extraño que había pasado.

    -En la batalla te oí decir unas palabras que no parecían tener sentido…le hablabas a alguien que según tus dichos era tu amigo pero lo habías asesinado. Realmente te oías apenado por ello. Y después…después reflexionaste sobre un castigo-Le comentó y comunicó el castaño a su camarada, rompiendo el silencio, por si tal vez no recordaba lo pasado. Pero la realidad era otra, el lemuriano bien sabía de eso que estaba hablando, y repentinamente detuvo su marcha.

    -Gamel…en esa visión pude reconocerte en esa persona a la que le arrebaté la vida.
    No supe ver lo que realmente valía la pena solo hasta perderlo, estaba totalmente cegado por otros intereses que no eran tan importantes.
    Solo conocer o al menos haber visto eso hizo que enfrentara mi miedo. No quería volver a ser tan imprudente como en esa visión de perder algo importante ni tampoco permitir que la vida de alguien se extinguiera sin al menos intentar defenderla. Es el caso en el que estaba en la batalla, y como una especie de revancha, la de ese mismo gran amigo que eres-Le reveló, rememorando a su vez en sus adentros aquella experiencia.

    -No puedo imaginarte cometiendo nada de eso que dijiste que hiciste en la visión…simplemente es totalmente contrario a lo que eres. ¿Fue solo visión verdad?- Dijo el de Cetus deteniéndose y después volteando hacia su camarada. Le era casi que imposible imaginar un ataque voluntario en su contra por parte de quién le hablaba, y menos uno que llegara a asesinarlo.

    -Tal vez sí, tal vez no…pero llegó justo cuando las dudas me invadían, y es lo importante-Respondió éste, mostrándose pensativo por el caso. Poco después de aquella experiencia, se había dado cuenta de manera inequívoca lo que ocurría con Morten, y en parte por cómo se habían dado los sucesos.

    - En un momento yo también llegué a dudar de ti-Admitió Gamel, el cual debido a la manera de luchar del lemuriano le había hecho pensar en verdad muchas más veces que no lo lograría.

    Por su parte Telos le sonrió como respuesta, después haciéndole saber una reflexión a la que había llegado partiendo de aquella visión que había tenido, y de algunos comentarios hechos por el noruego:
    -Cuando recuerdo ese dolor, ese sentir, pienso en la responsabilidad que dices sentir en ciertas situaciones en las que estoy involucrado…discúlpame, incluso en las visiones te lastimo con las decisiones que tomo, en ningún momento ha sido mi intensión provocarte algún tipo de culpa. Como también te he estado diciendo, no tienes porqué buscar culpables, en todo caso, cúlpame a mí-

    -No tienes porqué disculparte, al contrario creo que el que te debe una disculpa soy yo por haber estar siendo amargado cuando debería alegrarme porque no hacía mucho estábamos condenados a una muerte casi segura y ahora estamos mejor.
    Te debo las gracias, todo este tiempo he estado hablando de la culpa que me genera todo lo que pasó, pero no he hecho lo más importante que es agradecerte por haber estado, por tus sacrificios. No lo valoré debidamente por haber estado centrado en el deseo de que nada hubiese ocurrido. Pero posiblemente si no hubieses intervenido ante el patriarca aquel día, ahora estaría muerto. Por eso te lo agradezco mucho-Dijo Gamel intentando quitarse un poco de la negatividad que lo estaba caracterizando.

    -“Hubiera” fue uno de los caminos que dejamos atrás, además de los que cada uno pretendía tomar en aquel momento, pero acabamos en el mismo, lo que después de todo terminó siendo positivo-Respondió el de Cerberos, después apresurándose a aclarar el por qué antes de que su camarada considerara las cosas negativas que quedaron. -Realmente no lo sabemos, pero a juzgar por lo que ha ocurrido, solos no habríamos acabado la batalla.- Así mismo en tono afable le devolvió la gratitud:
    -Soy quien te debe las gracias, me ayudaste cuando no podía defenderme por mis medios y además que de otro modo quien sabe si habría podido levantarme una y otra vez.-

    -En verdad no fue nada… creo que entonces el agradecimiento es mutuo-Concluyó el de ojos color miel, al encontrar que ambos pensaban en lo mismo.

    -Estamos a mano-Sonrió el lemuriano aunque el castaño no creía lo mismo del asunto.

    -Sigo considerando que no, pero dejémoslo en eso…- Contestó éste no queriendo sonar muy tajante, aunque al ser algo en que tenían opiniones insalvables, prefirió que el tema quedara ahí, y después continuó caminando de manera lenta unos segundos antes de volver a voltear, ya que su camarada aún no se había movido desde dónde estaba, y bromeó.

    -Vamos “perrito de tres cabezas”, busca, busca el camino…-Dijo Gamel, refiriendo al hecho que al estar el sol y tener aquel campo blanco sin mucha referencia, no tenían otra que apelar a seguir el mismo camino por el que habían llegado, y ahí el peliazul podía hacer algo al respecto, ya que de manera similar a cómo un perro podría seguir un rastro de aroma, él podía hacer lo suyo con el cosmos.

    -¿Arff?...¡Guau!-Respondió Telos al principio inclinando la cabeza para un lado, cómo uno de los gestos que hace el animal referido, para después volverla a enderezar. Y de allí se acercó a dónde estaba el chistoso, para continuar la caminata.
    -Si soy un perro de tres cabezas por Cerberos...tú serías una ballena por Cetus, por lo que te toca cantar…-Comparó al rato el lemuriano como una simple ocurrencia referida a la armadura del castaño.

    -¿Qué yo qué?, sabes que no se me da bien eso…-Contestó Gamel con tono de incredulidad aunque evidentemente nada ofendido.

    -No es cierto…-Sonrió el peliazul con cierto tono cómico.

    -Que si lo es-Afirmó el de ojos color miel.

    -No-o-Insistió de la misma manera que antes Telos.

    -¡Qué sí!-Exclamó el castaño.

    -Sé que no lo quieres admitir- Continuó con aquella discusión en broma el lemuriano.

    -¿Y cómo es que terminamos hablando de cantar?-Preguntó Gamel.

    -¿Aleatoriedad?- Respondió el de Cerberos.

    -¡Maldita aleatoriedad!-Sonrió el noruego.

    -¿Vas a cantar?-Volvió a persistir el muviano.

    -¡Que no!...-Levantó la voz el castaño, siguiendo la trama de aquel diálogo con aires a chiste. Para después parecer cambiar de idea: -Bueno, sí…¡pero tú también!-Le dijo.

    -Es por éste lado…-Anunció Telos, refiriendo al camino que debían tomar para volver a donde se encontraban antes de que la batalla con Morten se desatara.

    -No me cambies de tema…-Replicó en tono de broma Gamel.

    -Es solo tu imaginación…-Pareció disimular el lemuriano, antes de continuar con lo que hablaban. Aquel diálogo tan particular y que sin duda no tenía nada de intelectual pero si de divertido (o al menos para ambos personajes). -Claro que sí…aullaré como perro… ¡auuuu!-Exclamó.

    -¡Más bien como lobo!, ¿entonces qué más haría una ballena para quedar a mano?-Preguntó el de ojos color miel, refiriendo a que el de Cerberos no solo estaba siguiendo un rastro como un perro, sino que también cantaba como uno, por lo que al de Cetus le faltaba una cosa para quedar dos a dos.

    -¿NADAr?-Respondió Telos con cierta gracia, recordando algo que su camarada había dicho antes, y a modo de decirle que no había problema con quedar a mano o no.

    Su conversación mientras continuaron el viaje estuvo plagada de situaciones similares en las que las cosas quizá sin sentido hacían su aparición de tanto en tanto para salvar algunos comentarios sobre la batalla (que no eran tan alegres). Pero a pesar que parecían sin razón, para los chistosos tenían su significado. Y es que si no deberían recurrir a hablar del clima…despejado con algunas brisas y con un frío veraniego agradable de helar los huesos (¡eso porque todavía no llegaba el invierno!). O sino del porqué los pingüinos se iban sin agradecer, algo que de todos modos por muchos meses fue un tema esporádico que los hacía poner teorías, cada una más disparatada.

    Mientras seguían alejándose, entre medio de esa charla, un pensamiento rondaba en Gamel, una reflexión que posiblemente le quedaría marcada por siempre…

    “Es algo difícil de describir y tan ambiguo a la vez. Por un lado, cada vez que lo veo siento un terrible remordimiento que me quema por dentro, por otro lado, es el recordatorio de que nunca estamos solos, un amigo está en las buenas y en las malas”





    "Bonus tracks" (solo por la letra en español, porque el tipo de música no pega ni con moco con el fic xDDD):

    Última edición por Muerte_Rigurosa; 01-01-2017 a las 10:42 AM.

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